Bienvenidos a Semanario Analisis Digital
 -  tiempo  6' 56" - 8481 Visitas A manera de prólogo, por Miguel Bonasso
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Miguel Bonasso.
En la Argentina contemporánea, el novelista policial Raymond Chandler se hubiera muerto de hambre, porque le hubiera costado encontrar una trama más negra, perversa, intrincada y decadente que la que suministran los medios a diario. Leyendo el segundo libro de Daniel Enz compruebo que esa tendencia de nuestra sociedad a la novela negra también es patrimonio de nuestras provincias; en este caso Entre Ríos. Abogados que mueren empalados en su estudio con pelos púbicos en la boca; policías de la dictadura que ofrecen seguridad o la cancelan drásticamente cuando alguien paga; ex militantes de los setenta que se convierten en sátrapas del tercer milenio; senadores que mandan construir mansiones fastuosas (aunque irremediablemente cursis); funcionarios que navegan entre el Estado y Alfredo Yabrán; putas y putitas; corruptos y corruptitos, fiscales y jueces que dejan caer las causas o les echan arena encima, como los gatos con sus cajas de mierda; expertos de la Fuerza Aérea que siempre le echan la culpa de los accidentes al piloto, son apenas algunos de los sórdidos personajes de esta saga siniestra que desnuda la invencibilidad del estado mafioso; tanto a nivel nacional como en la escala entrerriana.
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 -  tiempo  43' 4" - 13709 Visitas Capítulo 1: Los militantes Eduardo Emilio Romero estaba preocupado por los padecimientos económicos de su entrañable amigo. Una tarde de abril de 1991 llegó a la casa de su compañero, munido de un sofisticado maletín (sigue).
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 -  tiempo  54' 15" - 11423 Visitas Capítulo II: El nuevo poder El olfato siempre fue una de sus virtudes. Y en esos días estaba convencido de que le iban a ofrecer la postulación. Había crecido como nadie, pese a su juventud y unos pocos actos le hicieron ver que tenía llegada a la gente, aún fuera de su terruño. Simuló paciencia, pero por dentro era un hervidero.
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 -  tiempo  62' 17" - 19955 Visitas Capítulo VI: Amigos, negocios y visitantes Adolfo Donda Tigel no sólo era uno de los hombres clave en la estructura de conducción de la ESMA sino que, además, era considerado uno de los más duros. Estaba adiestrado como un perro de caza para liderar los operativos de secuestro en la calle, torturar y, si era necesario, también ejecutar. El 10 de agosto de 1979 comandó la captura de Víctor Melchor Basterra, un dirigente del gremio gráfico. Después de casi veinte horas de tortura con picana eléctrica y golpes, lapso en el cual Basterra sufrió dos paros cardíacos, fue obligado, el sábado y domingo siguientes, a ir con sus captores a diferentes lugares de cita con compañeros del denominado Peronismo de Base (PB), al que pertenecía. En esas recorridas fueron secuestrados Guillermo Clera, Lito Bordolino, Juan Carlos Anzorena y Nora Irene Wolfson. Los dos últimos aún permanecen desaparecidos. Muy cerca de Donda había otro personaje que transitó por Concordia en los primeros tiempos del retorno democrático, aunque no por muchos días, porque decidió huir cuando fue denunciado públicamente: el prefecto Héctor Daniel Febre -conocido como Selva-, quien coordinaba los trabajos de falsificación de documentos y era el encargado de los niños nacidos en cautiverio. Donda también fue el autor del secuestro de un ex conscripto entrerriano. El joven se dio cuenta de que era Donda Tigel porque lo conocía de Diamante. "Yo me sorprendía cuando me preguntaba por mi tío o mi primo y mencionaba lugares que únicamente conoce la gente del pueblo", recordó.
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 -  tiempo  36' 31" - 10641 Visitas Capítulo VIII: Calero El jueves 28 de febrero de 1991 el contador paranaense Ricardo Baronetti se levantó un poco antes de las 5. Despertó a su familia, desayunaron y partieron hacia Chapadmalal. El Peugeot 504 iba bastante cargado. Los tres hijos del entonces director administrativo del Ministerio de Bienestar Social, Cultura y Educación de Entre Ríos quisieron llevar buena parte de sus pertenencias, como para que no les faltara nada en los días de veraneo. Pero en el coche, además, iban los padres de su esposa Liliana (sigue).
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 -  tiempo  20' 53" - 7792 Visitas Capítulo IX: La caída -¿Qué hacemos, Chiqui? -preguntó la fiscal Susana Medina de Rizzo. -Voy a ordenar la detención de las tres personas que reconoció la testigo. Tratá de estar en cada uno de los operativos -respondió el juez de Instrucción Héctor Enrique Vilarrodona.
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 -  tiempo  42' 8" - 8711 Visitas Capítulo X: La fuga -Ministro, se fugó Balla. -¿Cómo que se fugó? ¿De la propia Jefatura de Policía? -Alguien lo sacó del Casino de Oficiales. Todavía no sabemos quién ni cómo. Al jefe de Policía de la provincia, Julio Luján González, le temblaba la voz cuando se decidió a avisarle a Hernán Orduna lo sucedido poco después de las 2.30 del 7 de noviembre de 1991 (sigue).
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 -  tiempo  43' 36" - 7445 Visitas Capítulo XI: Juicio y condena -¿Cómo se llama usted? -preguntó el hombre de la Justicia. -Leonardo Céparo. -¿Qué edad tiene? -16. -¿Qué es lo que quiere declarar? -A los pocos días de conocido el secuestro del escribano Calero caminaba por Avenida Almafuerte, en dirección hacia el centro de Paraná, cuando observé el automóvil de Alcides Pérez, quien trabaja como chapista en el taller del prestamista Humberto Tórtul. El estaba en el mostrador de un bar. -¿Y qué era lo que hacía? -Estaba conversando con otra persona que no conozco y le dijo: "A Calero lo mataron por orden de Tórtul, por un supuesto negocio de dólares". -¿Escuchó algo más? -Pude oír que al escribano lo llevaron hasta la zona del Túnel Hernandarias, donde lo cargaron en el yate del abogado del prestamista, el doctor Jorge Ghebart, y lo fondearon en el río con una batería atada a un alambre. -¿Pudo saber de los supuestos autores? -Allí dijeron que participaron Eduardo Romero, Jorge Fadil, Luis Lenzi y el comisario Ríos, de la Tercera. Habían robado una lancha para hacer creer que el hecho se cometió con esa embarcación y de esa manera no involucrar al doctor Ghebart.
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 -  tiempo  48' 2" - 10416 Visitas Capítulo XII: Captura y después El lunes 21 de febrero de 1994 sonó temprano el teléfono en el despacho del jefe de Policía de Mario Moine. El comisario inspector Humberto Kuttel -reemplazante del renunciado Eloy Fernando Heinze- levantó el tubo y escuchó la voz de uno de sus subordinados que lo llamaba desde la localidad bonaerense de Merlo, donde hacía más de un mes que estaba comisionado. "Señor jefe, hoy lo agarramos. El plan está delineado y todos los recaudos están tomados", dijo el policía, considerado un hombre de confianza del director de Operaciones y Seguridad, Carlos Góngora, quien decidió el envío del grupo. Casi dos horas después, Kuttel volvió a ser requerido telefónicamente. "Balla está detenido", se le informó. Entre los allegados a Moine era la noticia más importante de los últimos tiempos. Faltaban escasos minutos para la asunción del nuevo ministro de Gobierno, Hermo Pesuto -en reemplazo de Darío Quiroga- y la euforia, aunque en ningún momento fue trasladada a los numerosos invitados presentes, resultaba casi incontenible.
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 -  tiempo  55' 9" - 18198 Visitas Capítulo XVI: Los fantasmas de Nogoyá Jorge Castillo abandonó de madrugada el club donde se había realizado, en horas de la noche del 17 de septiembre del ‘94, un asado de la línea interna del PJ. Era el precandidato a intendente de Nogoyá por el sector de Jorge Busti y estaba orgulloso porque, en verdad, tenía suficientes cartas para considerarse un futuro ganador en la puja con el postulado por el moinismo. Pero no eran días tranquilos, sino de un gran nerviosismo.
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