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16/02/2011 -  tiempo  5' 27" - 4008 Visitas La artista santafesina fue una de las figuras centrales en la Fiesta Nacional de la Artesanía Soledad Pastorutti: "La injusticia me hace llorar de bronca"
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La artista fue una de las figuras centrales en la Fiesta Nacional de la Artesanía.
Con 15 años arriba de escenarios, 13 discos editados y más de 1500 shows (de Buenos Aires a Tel Aviv y de Londres a Canadá, incluyendo el récord de 153 mil personas en La Rural 2004); actriz de película, telenovelas y comedia; conductora de TV, Soledad Pastorutti tiene claro cuál es su mayor logro cuando se le pregunta: "mi hija". Dice también que tiene una relación especial con Entre Ríos: "casi se puede decir que en Entre Ríos comenzó mi carrera. Mis primeras actuaciones fueron acá junto con Santa Fe y sur de Córdoba. Estuve en Victoria, Paraná, Gualeguaychú y vinimos a Colón cuando todavía la Sole no era lo que es ahora... Entre los santafesinos y los entrerrianos hay una similitud muy grande, en idiosincrasia, cultura, música. Antes cruzábamos en balsa, en barco, ahora hemos hechos puentes... No nos separa nada".
Por Verónica Toller

"La llegada de Antonia me cambió la vida -dice al sitio de noticias El Entre Ríos-. Más allá de cualquier cansancio, es increíble la energía que ella me da. A veces llego sin dormir, como pasó anoche, que volví a Arequito a las 8 de la mañana; no había dormido y necesitaba recuperar energías. Ella se despertó cuando llegué, y la vi sonreírme... Es tan placentero".

Más allá de la felicidad, Soledad tiene un desafío: integrar esas dos partes de su vida, su hija y su carrera. El viernes 11 viajó de Arequito a Colón, atendió a su bebé, protagonizó un show desbordante, saltó, bailó, cantó; ofreció una conferencia de prensa después de medianoche; derrochó naturalidad y simpatía (cero divismo), firmó autógrafos, abrazó y se dejó abrazar hasta las 2 de la mañana, y dialogó con EER a esa hora. "Cuando los shows son relativamente cerca de Arequito, dejo a Antonia en casa -responde-. Si no, viaja conmigo, mientras es chiquitita y no tiene compromisos de jardín o escuela. Más adelante, veremos. No sé si es fácil pero sí sé que se puede. Pudieron tantas mujeres antes, con menos comodidades y más hijos... Pudo mi bisabuela, mi abuela, mi mamá: cómo no voy a poder yo".

Ahora, junto al poncho y las botas, lleva mamaderas, pañales y chupetes. Dice que la vida es lucha, "pero no sé si es tan lucha para mí. Hago lo que me gusta, disfruto mucho del escenario, la gente me acompaña. No siempre es ohoh, pero hace 15 años que puedo vivir de esto. Tengo una familia maravillosa. Estoy feliz".

Lleva un Rosario de madera en la muñeca. "Me lo acaban de regalar. Soy católica y devota de la Virgen del Luján, pero no suelo andar así. Apenas uso el anillo de casada y estos aros que me costó ponérmelos hoy, porque me los arrancan", cuenta.

No solo Antonia le da fuerzas. "Más de una vez, llego al escenario medio chinchuda –reconoce-, porque, por ejemplo, debía cantar por contrato a la una de la mañana y termino subiendo mucho más tarde. Entonces, es el público quien va revirtiendo un montón de situaciones internas mías, y genera que el show sea una maravilla".

- ¿Cómo hacés para lograr que el show sea nuevo cada vez, cuando tenés que repetir todo en cada presentación?

- Creo que tiene que ver con la espontaneidad y el hecho de que todos los escenarios son diferentes. Distintos los lugares, las luces, los sonidos, la disposición de la gente. Lo bueno de los artistas populares es que, a diferencia de cuando el show es tuyo y disponés todo como querés, en un festival tenés que compartir escenario y organización con otros. Uno sabe que en cada lugar encontrará algo diferente, y debe tratar de lograr que su show sea un éxito, pese a cualquier cosa.

Ya en el escenario, la química entre Soledad y sus músicos es notable: saca a bailar a uno, canta a dúo con otro, imita a un tercero... Y se ríen, mucho. "Viajo con ellos y compartimos mucho tiempo juntos –explica-. Estamos en las buenas y en las malas. A veces, por ser mujer o por el nombre, me toca parar en un lugar más privilegiado. Pero en general, pedimos estar todos juntos, como una familia. Celebro más que sean buenas personas que buenos músicos".

Desde el 8 de enero y hasta el 10 de abril, la viajera Soledad y sus músicos seguirán de gira. Promocionan el último CD, Vivo en Arequito, título que tiene varios sentidos: grabado “en vivo” en el lugar “en que vive" (reside) y donde, además, "vive" (está su vida). Es que, "cuando me siento triste / vuelvo a mi pueblo. / Cuánto misterio tiene este encuentro / que es capaz de curar tanto mal", escribió.

"Después de la gira me tomo vacaciones. No sé hasta cuándo voy a parar", apunta.

- "Parar". Para componer, por ejemplo. ¿Cuándo hacés eso?

- Estoy pasando un momento difícil para componer. Tengo dos días libres entre semana. Y entre que reseteo la máquina (tengo que dormir), atiendo a la bebé, armo encuentros con los abuelos y con las dos bisabuelas que todavía disfruta Antonia... Es difícil encontrar mi momento. Pero parar es importante. ¡Debe ser que me lo repito para recordar que tengo que cumplirlo!

- Hablemos de tus proyectos: ¿para cuándo la película con Larguirucho?

- Se va a filmar este año para que salga el año que viene.

- Querés grabar un disco con temas latinoamericanos.

- Por el momento, Vivo en Arequito funciona bien, así que vamos a esperar un poco.

- "Quiero acercar a los jóvenes al folklore", has dicho.

- Con la Fundación que lleva mi nombre estamos haciendo encuentros, charlas con ese fin. Por suerte, hay zonas del país donde los jóvenes están muy cerca del folklore.

- Se te ve siempre radiante. Y uno se pregunta qué te hace llorar...

- La injusticia. Lloro de bronca. También puedo llorar de emoción, como con la lucha de las madres y los padres que tienen hijos con otras capacidades que los van a necesitar toda su vida al lado...

Es que el huracán de Arequito no solo canta o actúa. En su tema La salida cuenta que sueña "sueños que tienen ventanas por donde puedo mirar". Recibió ya dos premios nacionales a la Solidaridad, por trabajar en cuestiones de bulimia, anorexia, HIV, educación.

"Hago cosas, pero son pequeñas ante lo que uno podría llegar a hacer –dice-. Donde me convocan, trato de estar. Hay mucha materia pendiente. Este año espero poder lograr muchos de mis sueños con la Fundación. Y cumplir la promesa de volver que le hice a una monjita de Santa Victoria Oeste, que hace una obra muy linda con gente no tiene para comer todos los días".

Ya lo escribió en Crónica de otra muerte anunciada: "denuncio que no es justo tanta muerte, / que el silencio nos aleja, / que hay caminos diferentes. / Responsable, yo me siento responsable".

Verónica Toller: Periodista
Profesora de Literatura, Castellano y Latín
Contacto: mvtoller@gmail.com
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