Bienvenidos a Semanario Analisis Digital
puntos
10/05/2012 -  tiempo  10' 38" - 1169 Visitas Ex conscripto aludió al traslado de detenidos en un avión Hércules, desde el Aeroclub de Gualeguaychú Crescenzo admitió que hubo jóvenes detenidos en la Policía Federal y señaló al subcomisario Ceballos: “Si alguno hizo una macana, fue orden de un superior”
Click para Ampliar
“Nunca oí un grito, nunca vi una picana, nunca vi una persona que se retirara cojeando", aseveró.
“Yo era un hombre de la expresión cultural, no sé nada de torturas”, aseveró el comisario retirado Francisco Crescenzo, quien amplió su indagatoria. No obstante, admitió ver a un grupo chicos “demorados” en la delegación de la Policía Federal de Concepción del Uruguay, y no descartó que en el operativo hayan estado involucrados el agente Darío Mazzaferri y el sargento Julio César Rodríguez -ambos de la Oficina Técnica. “Si alguno hizo una macana, lo hizo por orden de algún superior”, afirmó y señaló al subcomisario Gregorio Ceballos. Por otra parte, en la audiencia de este jueves prestó testimonio Luis Ricardo Silva, quien refirió a su cautiverio en el centro clandestino que funcionó en el Escuadrón de Comunicaciones de Caballería Blindada II de Paraná. Allí tuvo contacto con Carlos Martínez Paiva y con Victorio Erbetta -todavía desaparecido. Señaló que Erbetta había mantenido un encuentro con el arzobispo de Paraná, Adolfo Servando Tortolo: “Esa noche lo sacaron a Coco y nunca más volvió”, afirmó. También declaró un ex conscripto que presenció el traslado de detenidos políticos en un avión Hércules, desde el Aeroclub de Gualeguaychú. Por Betiana Spadillero Gaioli,
de ANALISIS DIGITAL


La instancia de testimoniales en la causa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos en Concepción del Uruguay está llegando a su fin. El expediente se acumula a los de Concordia y Gualeguaychú, por los cuales se llevó por primera vez al banquillo de los acusados al ex ministro del Interior Albano Harguindeguy; además de otros ex policías y militares imputados.

Sin embargo, lograron evitar la instancia de debate el represor retirado con el grado de general de División del Ejército, Ramón Genaro Díaz Bessone -quien fue corrido del proceso por razones de salud- y Darío Mazzaferri –uno de los cabecillas de Inteligencia de la Policía Federal, que permanece prófugo desde 2007.

Crescenzo: “Nunca vi una picana”

Mostrando la necesidad de hacer uso de la palabra, moviéndose por la sala de audiencias y en una suerte de aflicción, Francisco Crescenzo pidió nuevamente disculpas por sus expresiones espontáneas, que son el producto de la “desazón” que le causan las afirmaciones de los testigos.

“No quise agraviar a nadie”, aseveró, al tiempo que sostuvo que los ex detenidos políticos “están inventando una verdad”.

De todos modos, admitió ver a un grupo de unos cinco chicos en la delegación de la Policía Federal de Concepción del Uruguay, que estaban contra una pared. “Supe que estaban demorados, que se investigaban sus antecedentes. Jamás me interesé por saber más”, reseñó.

Crescenzo reafirmó que quien “ordenaba y ejecutaba todo” era el subcomisario Gregorio Ceballos, segundo jefe de la delegación. Según indicó, de él dependían Darío Mazzaferri y Julio César Rodríguez -ambos de la Oficina Técnica-, quienes “posiblemente” hayan tenido alguna relación con la detención de los jóvenes.

“Nunca oí un grito, nunca vi una picana, nunca vi una persona que se retirara cojeando. Creo que todos los que estábamos ahí éramos buenas personas, si alguno hizo una macana, lo hizo por orden de algún superior”.

El imputado se desvivió en elogios a sus ex compañeros de la fuerza de seguridad. Habló del “amor” que le tenía a la provincia el comisario Jorge Vera, su interés por cazar perdices y la contemplación de aves. De Mazzaferri dijo que “era un muchacho de muy buenos sentimientos”.

La lista sigue, pero la enumeración en sí misma es vergonzosa, a criterio de esta cronista.

En resumidas cuentas, a contrapelo de los dolorosos relatos de víctimas de la represión ilegal y sus familiares, Crescenso negó irregularidades y se manifestó ofendido por cualquier afirmación en contrario.

"En Comunicaciones escuché los gritos más crueles"

“El 12 de agosto de 1976, había ido al club de mi barrio a compartir un asado. A la medianoche, vienen dos señores. El presidente del club, Licho Sánchez, me dice que me buscan…”.

El testimonio de Luis Ricardo Silva reconstruyó el accionar represivo de las fuerzas de seguridad y el horror del centro clandestino de detención más sanguinario de Paraná: el Escuadrón de Comunicaciones de Caballería Blindada II. Tenía 21 años cuando fue detenido por razones políticas, era presidente del centro de estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), participaba en actividades de la Acción Católica y se identificaba con el peronismo.

“Recuerdo que Licho Sánchez les decía que no me podían detener porque el club tenía personería jurídica, pero Recalde, que era uno de los oficiales, le dijo ‘no te interpongas, porque viene el Ejército y nos lleva a todos’”.

“Me llevaron a la delegación y me dejaron en el calabozo. No me hicieron preguntas, evidentemente, tenían la orden de llevarme a Paraná. El traslado se produjo en un celular o una camioneta de la Policía”, relató ante el Tribunal Oral Federal. Refirió que cuando llegaron a la capital provincial pasaron “por la plaza que está en frente al bar Los Alpes, hablaron con el cabo Alzogaray” y lo llevaron a Comunicaciones.

Recordó el maltrato que sufrió, y contó que como no estaba encapuchado uno de los uniformados lo gatilló varias veces. “Si abrís los ojos te vuelo la cabeza”, le advirtió.

Silva estuvo privado de su libertad en Comunicaciones desde el 13 de agosto hasta el 8 de octubre de 1976, tras lo cual fue trasladado a la Unidad Penal Nº 1 de Paraná. “Estábamos encerrados las 24 horas del día, nos llevaban encapuchados y atados de pies y manos. Ahí escuché los gritos más crueles, producto de la tortura. Esos días fueron un infierno. No teníamos contacto con nadie. Nos dolía cuando venía alguien más”, confió conmovido.

“Lo ví destrozado a Carlos Martínez Paiva, porque entré sin capucha. Estaba en uno de los calabozos. Estaba cadavérico, muy lastimado, muy torturado. Jamás recibió atención médica, todo lo contrario”, describió.

Además, aludió al detenido-desaparecido Victorio Erbetta, quien fue recibido por el arzobispo de Paraná, Adolfo Servando Tortolo. “Le había regalado cajas de cigarrillos, los repartimos entre todos… Esa noche lo sacaron a Coco y nunca más volvió”.

Si bien aclaró que no fue testigo de otras torturas, ratificó que “escuchaba los gritos” de los demás presos. “Sí pude ver que quien me interrogaba y me ahorcaba. Fue (el capitán auditor Jorge Humberto) Appianni”, asentó, y recordó que este hecho fue denunciado en la Causa Área Paraná, en la cual el entonces integrante del Consejo de Guerra está imputado por delitos de lesa humanidad.

Interpelado por el Ministerio Público Fiscal, el testigo se refirió a su relación con Oscar Alfredo Dezorzi. “Con el Ruso estudiamos en la UTN en Paraná, vivía con él y otros compañeros de Gualeguaychú. La última vez que lo ví fue cuando me hizo una visita. Supe por la madre que estuvo en Comunicaciones… No lo ví, pero no puedo negar que haya estado ahí”.

En cuanto a Norma Beatriz González, recalcó que “era una gran persona” con la cual compartía diferentes actividades, mayormente vinculadas al trabajo desde la Acción Católica. “Recuerdo que cuando salí de la cárcel el Gordo Chappe, que era dueño del Supermercado Picaflor, me invitó a una fiesta y ahí me contó que cuando la llevaron a Noni los siguió en el auto”. Al pasar el puente del río Gualeguaychú, los secuestradores detuvieron su marcha, se bajaron, le apuntaron con las armas y le martillaron refiriéndole “volvete inmediatamente o te volamos la cabeza”, relató.

En la cárcel de Paraná estuvo preso desde el 8 de octubre de 1976 hasta el ’82, “cuando comenzó lo de Malvinas”. Señaló que el traslado le dio cierta tranquilidad porque había quedado a disposición del Ejecutivo: “Si me mataban, sabían que estaba allá”, explicó.

Las vejaciones y golpizas salvajes que sufrió en la UP Nº1 -que tenía como interventor a Anselmo Appelhans- son detalladas en la Causa Área Paraná. “(Afredo) Duré y (Oscar) Balcaza nos sacaban para torturarnos. Había médicos que nos tomaban el pulso y decían que pararan, que nos iban a matar”.

En marzo-abril de 1982 fue nuevamente llevado a Gualeguaychú, donde estuvo algunas semanas. Luego, permaneció detenido en Caseros, Sierra Chica y por último en La Plata, donde se produjo su liberación.

“Después me tuve que ir de mi pueblo, porque nadie me daba trabajo. Me fui al sur y me tuve que volver porque me citaron para declarar en otra causa”, narró.

En su declaración, Silva remarcó el vínculo afectivo que lo unía con sus compañeros detenidos y algunos de ellos desaparecidos. Por momentos apelando a su oficio de cantautor, reivindicó la lucha por una sociedad más justa e instó al Tribunal que haga Justicia. “Nos torturaron pero no nos mataron el alma”, desafió.

Iriarte refirió al traslado de prisioneros en un avión Hércules

Oscar Iriarte era conscripto en el Regimiento de Gualeguaychú en 1976 y su jefe directo era el subteniente Santiago Kelly del Moral. “En esa época se hablaba de que teníamos que tener cuidado en las guardias, que habían copado regimientos y matado a conscriptos”, comentó. Y refirió a un allanamiento en un campo, donde “se decía que había terroristas, pero al final era una tapera abandonada”.

Ante la pregunta del fiscal José Ignacio Candiotti, aludió a un cruento episodio que vivió en el Aeroclub de esa ciudad. “Soy testigo primordial un traslado de prisioneros en un avión Hércules. Estaba apostado a 20 metros de la cola del avión, iban a llegar presos de la Penitenciaría. Cerca de mí había dos oficiales de la Penitenciaría Federal, tenían un armamento muy moderno para la época. Comentaban entre ellos las brutalidades que hacían con los presos. Era como una diversión para ellos tratarlos mal”.

“Tuve que presenciar cuando llegó el colectivo con los presos, eran unas 20 ó 30 personas. Los bajaban a patadas, les quitaban los pocos elementos personales que llevaban. Ni a los animales se los trataban así…”.

“A las trompadas y patadas los encadenaron al suelo del avión. Después se fueron. Creo que iban a Coronda”, describió muy conmovido. Reintegrándose, señaló que hasta el Aeroclub lo llevó Kelly del Moral, junto a otros conscriptos. “Éramos soldados rasos, no podíamos pensar, decíamos ‘sí’ y punto”, asentó.

Además, indicó que los presos políticos eran todos varones y que no conocía a ninguno de ellos. Tampoco recordó la fecha, pero indicó que era una mañana.

Sobre la detención de Jorge Felguer, reconoció que lo vio cuando salía de uno de los cuartos “donde se decía que había presos”, en contradicción con la declaración en etapa de instrucción. “No sabía de qué se trataba la causa y tenía mucho miedo, por eso dije que ‘no’”, aclaró.

Enseguida, señaló: “Cuando lo vi me sorprendí. Entonces cuando salí de franco, fui a la casa, hablé con la madre y le dije que estaba preso. Al otro día le pasé por debajo de la puerta un paquete de cigarrillos y una esquelita que decía ‘quedate tranquilo, tu familia ya sabe’.

Manifestó además que “se comentaba entre los soldados que los sacaban a la noche y los llevaban a una especie de granja”, que estaba a unos 800 metros. “Nos imaginábamos que para torturarlos. Se sabía que había presos, pero no cuántos”, aludió. Tampoco pudo precisar las vinculaciones con otras fuerzas, aunque indicó que un tiempo estuvo Gendarmería en el regimiento.

Por último, respecto a la figura del segundo Jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada II, Gustavo Martínez Zuviría, aseguró que “era un tipo muy despreciable, un sádico”. Y graficó: “Una vez un soldado tuvo un accidente y quedó rengo, y el señor en el medio del playón le decía que era mentira y lo agarró a patadas en la rodilla. Por eso lamento que hoy esté muerto”.

Otro testigo

Mauricio Ramón Cabral vivía frente a la casa de Hugo Angerosa en Gualeguaychú. “Alrededor de las 12 de la noche, golpearon en mi casa. Era la Policía provincial, que me decía que precisaba un testigo porque iban a llevar detenido a un vecino, que era Angerosa”, relató.

Señaló que durante el procedimiento lo “sentaron en un sofá, con dos militares a los lados, con armas largas”. Además, había un oficial redactando una especie de acta. “Angerosa le pidió leer esa nota y antes de irse les dijo a sus padres ‘quédense tranquilos que no tengo nada que ver’”. El deponente no recordó si le informaron a qué fuerza quedaba a disposición, ya que en el operativo también participaba el Ejército.

Foto: El Diario
Enviar Imprimir
ULTIMA EDICIÓN
Destacadas
Deportes
Servicios
Envianos
tu noticia
Las mas leídas
Analisis Digital | Director | Denuncias | Contáctenos |  Pagina de Inicio |  Agregar a Favoritos |