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14/08/2014 -  tiempo  1' 53" - 1694 Visitas El “Ciclón” levantó por primera vez la corona continental Copa Libertadores: San Lorenzo, el flamante monarca de América
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San Lorenzo festejó a lo grande en el Nuevo Gasómetro.
San Lorenzo venció por la mínima expresión a Nacional de Paraguay y se consagró por primera vez en su historia como campeón de la Copa Libertadores de América. El único gol del partido lo anotó Néstor Ortigoza, de penal, a los 35 minutos de la primera etapa. Sin jugar bien, pero con mucha garra y entrega, el elenco que dirige técnicamente Edgardo Bauza logró el triunfo que necesitaba para alzarse con el trofeo más importante a nivel clubes de esta parte del mundo. Así el Ciclón logró el título más importante de sus 106 años de vida; si bien sufrió, también se desahogó como nunca. En el plantel campeón de América hubo dos entrerrianos que ocuparon un lugar en el banco de los suplentes: el defensor uruguayense Walter Kannemann (que jugó varios minutos) y el mediocampista ofensivo paranaense Juan Ignacio Cavallaro.
San Lorenzo se consagró campeón de la Copa Libertadores de América por primera vez en su historia y cristalizó así un sueño que nació en el siglo pasado y lo hizo realidad al vencer como local a Nacional, de Paraguay, por 1 a 0, en un Nuevo Gasómetro colmado y palpitante.

El gol con el que San Lorenzo se convirtió en el último de los cinco grandes de Argentina en ganar una Libertadores fue convertido por Néstor Ortigoza, de tiro penal, a los 35 minutos del primer tiempo.

Pero no tuvieron ni tiempo para respirar los 40.000 hinchas Azulgranas que coparon el estadio Pedro Bidegain, porque en la primera acción del partido Derlis Orué hizo estallar el balón contra el palo izquierdo del arco defendido por Sebastián Torrico.

El mensaje para el Ciclón y su gente era claro: iba a sufrir esta final ante el sólido conjunto paraguayo, que se siente más cómodo cuando la obligación es de su rival. Bien cerrado atrás y manejando la pelota con una transición raída en el medio, los dirigidos por Gustavo Morínigo se adueñaron conceptualmente del desarrollo y merodearon el área sanlorencista tratando de perforar con disparos de media distancia.

Los de Edgardo Bauza, en tanto, sufrían el mal de ausencias, pero no extrañaban solamente a Ignacio Piatti, que vio el partido por internet desde Canadá, sino lo que potencialmente le aportaba Ángel Correa durante la fase de grupos.

Es que el Patón optó por jugar con dos delanteros como Mauro Mattos y Martín Cauteruccio, pero el uruguayo fue el relevo de Piatti, lo que significó una merma importante en la cuota de juego que el equipo necesitaba para quebrar el monolítico entramado defensivo visitante.

Seguramente impelido por la necesidad de una victoria a la que lo empujaba la historia y el gol postrero de los paraguayos en el final del partido de ida (1-1), Bauza se decidió por dos atacantes netos cuando las circunstancias indicaban más juego por los costados que por el medio.
Lo que hubiese sido una fiesta si San Lorenzo hubiese terminado 1 a 0 arriba en Paraguay, transformó este encuentro en una final, y como tal, con los aditamentos apuntados, el Cuervo la padeció.

Pero cuando el destino ampara, como le pasó a San Lorenzo durante toda esta Copa, de las piedras pudo sacar agua a los 35 minutos, cuando Martín Cauteruccio pretendió enviar un centro desde la izquierda que fue interrumpido en el área por la mano derecha del desgarrado (no iba a jugar y apareció sorpresivamente en la formación inicial) Ramón Coronel y llegó la chance soñada.

Desde los 12 pasos el encargado fue el infalible Ortigoza, que colocó el balón a la izquierda del santiagueño Ignacio Don, quien se arrojó hacia el otro lado, y así Johnny se ganó un lugar en el bronce.

La conquista confundió a la visita, que se vio en la obligación de salir a buscar la igualdad, lo que no es justamente una especialidad de la casa, y en ese lapso de atribulación San Lorenzo pudo respirar un poco, hasta el final de la etapa.

Pero se recompuso Nacional en el complemento, sobre todo en lo anímico, y fue en búsqueda de la historia también, planteando un cotejo con características inversas a las del primer período, vale decir con el equipo visitante yendo y San Lorenzo respondiendo.

Claro que para esto el conjunto de Boedo necesitaba otro rapidito arriba, que profundizara sobre todo por afuera, pero Bauza tardó 20 minutos en registrar esa variante, hasta que finalmente Gonzalo Verón ingresó por Cauteruccio, permitiéndole a Héctor Villalba no ser la única fuente donde abrevar a la hora de ejecutar el contraataque.

Sin embargo esto le permitió a San Lorenzo solamente discutirle posturas a Nacional pero no posesión, algo que advirtió Bauza para relevar posteriormente al extenuado Villalba por Enzo Kalinski y armar así un triple cinco.

El 1 a 0 no brindaba seguridades y entonces se produjo el cambio final de Walter Kannemann para aferrarse a la Copa con uñas y dientes, pero saliendo de la cancha entre lágrimas el emblemático Pipi Romagnoli.

Y esa imagen fue la que abarcó a todos los hinchas sanlorencistas, los que estaban en el estadio y los que no. Desde la dirigencia encabezada por Matías Lammens y Marcelo Tinelli hasta el último trabajador del club. Y quizás, sin sacrilegios, hasta el propio Papa Francisco habrá soltado un lagrimón. Es que esto será historia.
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