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21/04/2017 -  tiempo  5' 43" - 199 Visitas Un lujo que no es vulgaridad En el Gran Paraná hay solo cinco librerías cada 100 mil habitantes
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Cinco librerías cada 100 mil habitantes es el promedio de librerías en Paraná.
El área metropolitana o el llamado Gran Paraná reúne un aproximado de 300.000 personas al tener en cuenta los habitantes de la capital provincial, Oro Verde, San Benito y Colonia Avellaneda. Entre estas ciudades entrerrianas suman 13 librerías y se entiende por estas a comercios que tienen venta de libros al público. Si se cuentan algunos locales que también venden libros en determinados meses del año, con esfuerzo se pueden contabilizar 15 negocios en el rubro y entre todos apuntan a clientes diferentes. El promedio da cinco establecimientos cada 100.000 habitantes. Existe un ranking internacional que fue elaborado por una organización con nombre en inglés: World Cities Culture Forum (Foro Mundial de Ciudades Culturales). Este trabajo se dio a conocer a principios de 2015 e incluyó a 25 grandes urbes de todo el mundo. El informe arrojó que Ciudad Autónoma de Buenos Aires figura con 25 librerías cada 100.000 habitantes y, al parecer, es la más lectora de todas. La escolta fue Hong Kong, con 22; Madrid, sumó 16; y Shanghai, llegó a las 15. Los últimos lugares los ocuparon Singapur y Estambul, con solo tres, dos menos que Paraná.

Días atrás, en la capital provincial cerró una de las librerías de la Peatonal. Si bien trascendió que fue por una decisión de unificar con otro local cercano de la misma empresa, en los hechos hay un comercio de este rubro menos a partir de este mes.

En una recorrida por diferentes librerías de Paraná las opiniones son dispares, pero hay coincidencias. Es la economía en su conjunto la que no anda bien, hay poca plata en la calle y el libro no es un insumo de primera necesidad. Si a eso se le suma una falta de incentivo general a la lectura, el panorama no parece ser tan fácil. Es que un libro nuevo, uno de esos best sellers de gran cantidad de páginas, pueden llegar a costar 500 pesos en promedio –los hay de más de 1.000– aunque también existen versiones de bolsillo que ayudan un poco a las necesidades de lecturas con billeteras más flacas.

Un lujo que no es vulgaridad

Germán Altuna, titular de una de las librerías más tradicionales de Paraná ubicada en calle Buenos Aires antes de Cervantes, dijo a UNO que son varios los factores que afectan al libro y desde hace 10 años.

Las fotocopiadoras universitarias, por ejemplo, abarataron los costos para los textos estudiantiles, pero disminuyeron las ventas de libros académicos, al menos en las librerías.

También mencionó a la tecnología y al libro electrónico, donde una parte de los lectores, de a poco, se vuelca hacia esa posibilidad.

Además sostuvo que varias editoriales escolares comenzaron a vender sus libros directamente a las escuelas a fin de abaratar costos, saltearon al librero. “Los entregan ellos mismos y el mercado se reduce. No respetan el canal de librería”, dijo, y agregó: “Después, en los últimos años, las editoriales más grandes fueron cooptando a las más chicas y se quedaron con una sola línea, la de imprimir best sellers o aquellos títulos de ventas en general. Así hay mucho material que no se reimprime y eso también lleva a que falten libros, ligado a que hubo años en donde las importaciones también pusieron trabas con editoriales que se fueron”.

Pero además, Altuna explicó que en los últimos años hasta las grandes cadenas de supermercados venden libros.

Como en otros rubros, lo difícil es mantener los costos fijos cuando disminuyen las cantidades de libros que se venden, aunque más o menos sostengan el volumen de dinero. Cierto es que hay pocos estudios al respecto y menos de alcance local y particular. “Noviembre fue muy malo, diciembre mejoró, pero enero y febrero fueron flojos también. En marzo y abril repuntó con las escuelas y recién en mayo y junio vamos a tener lo números más claros. Veremos qué es lo real”, dijo Altuna.

En Paraná existen librerías que se encargan de traer los títulos nuevos y aquellos que requieren los diferentes estamentos educativos. Después están aquellas que son religiosas, una estatal de la provincia que atiende solo de mañana, una con libros jurídicos, y otras con títulos viejos pero que cuentan con locales destinados a la venta al público.

Después hay papelerías que en determinado momentos de año se encargan de ofrecer aquellos libros que requieren las escuelas más cercanas a sus comercios.

Rosana Pittia es otra de las conocedoras del rubro con años de experiencia y cuyo local también se encuentra en calle Buenos Aires. Es válido aclarar que en la Peatonal de Paraná, al momento y con el cierre de aquel local, solo queda un establecimiento que pertenece a una cadena en el rubro.

Pittia, sobre la realidad del sector, dijo: “Es que el libro se convirtió en un objeto de lujo. No solo porque es caro, porque hay libros clásicos que están a buenos precios, sino porque se lee poco. Las mismas maestras dejaron de leer y entonces ¿cómo fomentan la lectura en los estudiantes?”.

También mencionó que la venta de libros por Internet, no tanto los digitales, sino como medio de compra, es otro de los aspectos que afectan al rubro. Al hecho se suma que a veces los libreros dedican tardes enteras a la pelea por conseguir determinado título, al que en la web un cliente accede más rápido.

En su local particular, este comienzo de año fue positivo, pero la incertidumbre está puesta en mayo, cuando pasen la principales ferias del libro del país, como la de Buenos Aires y se ingrese en ese ritmo de ventas cotidiano.

Para poder salir adelante varios comercios, al igual que el de Pittia, implementaron ventas con tarjetas de crédito. El problema es que en el rubro los márgenes son tan chicos que de esta manera no obtienen ganancia, pero al menos salvan los costos.

Pittia señaló que es momento de encontrar las iniciativas que permitan acercar nuevos lectores: cafés literarios, círculos de lectura y hasta talleres donde las librerías cumplan un papel.

Claudio M. Roldán es vendedor de libros, atiende al público, conoce lo que la gente quiere cuando la ve acercarse. “Lo que hay es incertidumbre, de no saber qué va a pasar. Hay menos plata y eso impacta en un producto que no es de necesidad primaria. Se puede vivir igual sin un libro, pero sabemos también que es fundamental para la cultura, y como sea tiene que estar presente a lo largo de la vida, desde que uno es niño hasta en los más viejos”.

Por las tardes cada tanto ingresan a las librerías una o dos personas por vez. “Para que funcione, necesitamos cinco revolviendo estanterías a cada rato”, agregó Roldán.

Como sea, habrá que ver cómo les va a los libreros en el resto del año, pero un buen resultado, a la larga, es beneficio para todos.

Fuente: APFDigital
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