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13/11/2017 -  tiempo  2' 43" - 4403 Visitas Columna de opinión Sorpresa y conmiseración de abogados denunciantes
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Sergio Urribarri.
Al menos los denunciantes no estamos enterados de nada de lo que dicen el ex gobernador y su abogado co-defensor. De todos modos, llegar a descubrir "testaferros" o "prestanombres" cuando se investigan hombres del poder, no es faena sencilla, como el dato que los balances contables no arrojen dudas e inconsistencias, no da seguridad de nada, ya que, como es de público y notorio, se dibujan y hacen a medida de las necesidades de quien lo solicita, a cambio de dinero. No conocemos, fuera de toda especulación, el resultado de ninguna pericia ni la respuesta de ningún oficio de los muchísimos librados. Nadie, salvo el doctor Barrandeguy, nos ha informado nada. Por Rubén Pagliotto y Guillermo Mulet *
Especial para ANÁLISIS DIGITAL


La semana entrante, constreñidos por las revelaciones probatorias efectuadas a través de la prensa (la libre y la no tanto) y en ejercicio de nuestro derecho a ser debida, oportuna y completamente informados, nos constituiremos en la Fiscalía que lleva adelante la Investigación Penal Preparatoria (IPP) de la causa por supuesto enriquecimiento ilícito contra Urribarri y familia, para efectuar una completa lectura y análisis de las pruebas a las que aluden tan enfática y desafiantemente Urribarri y Barrandeguy.

De todas formas y más allá de eso: el lunes mismo comenzaremos a organizar una colecta a nivel provincial en beneficio del señor Sergio D. Urribarri, así puede mitigar y superar la estrechez económica que, según su abogado, le genera incomodidades y dificultades para afrontar el pago del saldo deudor de su modesta casa del lago (La Península), ya que la conmiseración de los caídos en desgracia, debería ser una práctica humanista a modo de imperativo ético ineludible.

Aunque seamos "denunciadores" y adversarios políticos (con antagonismos éticos muy marcados) del ex gobernador, en modo alguno ello neutraliza ni empequeñece nuestra sensibilidad y espíritu solidario con los más necesitados. Y hoy, Sergio lo está. Agradecemos mucho y sinceramente al doctor Raúl Barrandeguy que nos haya puesto en conocimiento del avance de la causa y del resultado de muchas pruebas reunidas y producidas. Nos alegramos, de corazón y genuinamente, de que el ex gobernador y su curial celebren y auspicien que cualquier ciudadano de a pie pueda denunciar funcionarios ante sospechas de corrupción. Todo eso, indudablemente, es motivo de alegría cívica y regocijo republicano.

En cambio, nos entristece, y mucho, muchísimo, la difícil y escarpada situación económica y financiera por la que estaría atravesando la familia Urribarri - Aguilera. Sumamos a su mala racha, también, no solamente que su sueño entrerriano y presidencial se frustró por esas cosas del destino (y el dedo hacia abajo de "Ella", que lo prefirió al monosilábico motonauta) y que la Nación, con ello, se perdió la irrepetible y única oportunidad de ser transformada en modelo de crecimiento, desarrollo y fortaleza de sus instituciones, por el más importante político y estadista que ha parido este país en los últimos 50 años, sino que además se debe adunar -con beneficio de inventario a su favor- la maledicencia de dos ignotos abogados locales de escaso coturno intelectual que, como representantes del "partido del mal y la difamación", le promovieron denuncias penales en su contra y de algunos de sus más estrechos colaboradores que lo acompañaron con abnegación y patriotismo durante sus dos mandatos.

¡Qué iniquidad! ¡Cuánta ruindad y miserabilidad humanas! ¿Será mentira, también, lo del modesto Audi 0 km que los dueños de Canal 9 y del juego en Paraná le regalaron a Sergio Urribarri y Ana Lia Aguilera? ¿Serán mentira las causas penales que tienen entre las cuerdas al doctor Juan Canosa y al próspero empresario cloacal Hugo Righelato; al imprentero mayorista Juampi Aguilera y sus acólitos; al señor Pedro Báez, que estuvo a cargo de la cultura y la comunicación de su gobierno; al ingeniero Jorge Rodríguez, que presidió la DPV; lo de su hijo Mauro Gabriel como CEO de una mesa de dinero que funcionó en el Senado provincial y sus vinculaciones con el narco local "Petaco" Barrientos; al contador Luis Erbes, su secretario de Hacienda y Finanzas; a los contadores Schunk y Valiero por el caso de las cosechadoras (de cartón) que en Angola devinieron en vergüenza internacional y nos calificaron como poco (o nada) serios? ¿También serán denuncias mendaces y perversas las causas criminales donde se investigan los gastos de la cumbre de presidentes celebrada en 2014 y a empresarios como Marizza y Szczech, entre otros, enlodados hasta el cuello por sobreprecios y beneficiados con negociaciones incompatibles?

En fin, todo puede ser. Pero de algo estamos seguros, segurísimos: que el ex gobernador (más allá del encendido voluntarismo defensivo de su abogado -al menos de uno de ellos-) no se animaría a jurar por sus hijos y nietos que ni un solo centavo del erario provincial fue a parar a sus bolsillos de modo irregular e ilegítimo. No solamente que no se animaría, sino que es improbable que alguien en su sano juicio desafiara con semejante apuesta, comprometiendo a la sangre de su sangre, a su propio linaje. Algo que sí podrían haber hecho personas de la talla moral de Arturo Illia, Margarita Barrientos, el doctor Abel Albino, Mandela, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, el cura Mujica o el obispo Angelelli. Pero no alguien tan entreverado con la opacidad y gestiones nada transparentes, ubicado en la geografía moral en arcanas latitudes, muy distantes de estos otros ejemplares ciudadanos.

Quiera la divina providencia y el presupuesto provincial que lo nuestro haya sido un error de cálculo y una mala información que nos dieran algunos de los que fueran sus colaboradores y mentores. Si así fue, los fiscales deberían renunciar por ineptos y nosotros, además de tonto, dedicarnos a vender acciones de Kriptax, Agropremium y Ancorar (i.e., del holding Urribarri -Aguilera) a inversores serios y locales. Quizás muchas sean absorbidas por el Banco de Formosa que antes apalancó financieramente al soñador entrerriano y hoy le ha soltado la mano y le niega fondos para superar su lastimosa y ruinosa situación financiera. Quizás su amigo del alma y financista oculto de sus experiencias políticas, Diego Cardona Herreros, al leer esta suerte de manifiesto de pobreza de Sergio Daniel, se apiade y le arrime algunos morlacos que alivien el peso de sus deudas y su precipitado proceso de pauperización.

Definitivamente señor Urribarri y doctor Barrandeguy, no es bueno menos aún a esta altura del año y de los acontecimientos que han desnudado corrupciones, corruptelas y corruptos por doquier, que nos intenten tomar de estúpidos. Un ex cajero de banco como Sergio Daniel Urribarri, sin profesión, empresas, fortunas ni talento, jamás de los jamases podría haber llegado a tener, siquiera, un 10 por ciento de lo que hoy exhibe el ex gobernador, sin computar lo mucho que seguramente debe haber escondido. Hay dos cosas o virtudes que el ex gobernador no tiene y de eso estamos muy seguros y apostamos doble contra sencillo: vergüenza y valor para enfrentar a un simple ciudadano que lo querelló por calumnias e injurias.

Con actitudes como ésta y como las demostradas al hacerse habilitar (con la anuencia de un procurador general tiempista y timorato) un día inhábil judicial a las 20 horas para ir a declarar y no enfrentar la prensa libre, nos basta y sobra para no respetarlo y ratificar, una vez más, que su altura ética es muy inferior a la física.

* Abogados, denunciantes en causas de corrupción
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