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14/03/2018 -  tiempo  2' 34" - 551 Visitas Columna de opinión “Sepa el pueblo votar”
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Necesitamos legisladores honorables, no apropiadores de votos ni de poder.
Las aspiraciones personales nunca deberían ser más que las necesidades del conjunto. Esto, dicho en términos generales, pero si esas aspiraciones particulares se dan en ámbitos donde se supone que se debe bregar por los intereses comunes, y esos intereses del conjunto se ven desplazados por personalismos viciados de mezquindades, algo se estará saliendo de cauce. El Concejo Deliberante de Paraná es un espacio donde el camino andado no puede pensarse en más de un caso, como sinónimo de madurez y a la pertenencia partidaria no se la debe confundir con lealtades de esperar en términos políticos.


Por José Carlos Elinson
(especial para ANALISIS DIGITAL)


En la actividad gubernamental, ejecutiva o legislativa, no hay propietarios de cargos ni potestades que excedan lo estipulado en las normas según las cuales deberá procederse en la función. Todo está reglado por leyes y ordenanzas en lo formal y sentido de la honorabilidad en lo cotidiano.

Cuando estos preceptos, obligatorios o no, se desconocen, la representatividad popular cae en un vacío legislativo muy cercano a la anomia, tal su gravedad.

Para ciertos, no todos, ediles de la ciudad, las pertenencias y lealtades a determinados conjuntos parecen haber mutado a pertenencias y lealtades para con sus propios intereses particulares.

Aprenderán con disgustos, frustraciones y condenas sociales que el poder es una circunstancia pasajera, que la verdad está en la cotidianeidad, en el trato con la población, en la apertura hacia la gente y no hacia sus propios intereses.

Sabrán a fuerza de experiencias dolorosas que los juramentos y las promesas están para ser cumplidos y no para la foto, que a la ciudadanía no la afectan los intereses personales de quienes ejercen cargos sino los resultados de su paso por los cargos.

Lo lamentable de esos aprendizajes es que se llevan a cabo mientras el pueblo espera que alguien piense y haga por y para él.

Hay otros concejales, la mayoría, que fieles a los principios que abrazaron cuando ofrecieron sus servicios a los partidos políticos que los contienen y a través de ellos a la ciudadanía, ven entorpecida su tarea merced a personas que equivocaron el rumbo y olvidaron compromisos.

Perder o malograr un periodo legislativo por mezquindades personales se da de bruces con el ideario democrático y republicano a cuyo amparo era de esperar que estos personajes transcurrieran sus cuatro años de servicio al pueblo y no a sí mismos.

El Concejo Deliberante de Paraná podría quedar formado en lo que hace a sus autoridades a gusto de unas pocas personas y a espaldas de los intereses de las mayorías.

Es lo que tenemos o, como dicen los chicos, es lo que hay, pero al mismo tiempo, lo que no debería haber nunca más. Necesitamos legisladores honorables, no patrones, no apropiadores de votos ni de poder para manejarlos a su antojo en orden a sus intereses particulares.

En ese sentido deberá hacerse carne en el electorado aquella deformación de la expresión original de Roque Sáenz Peña: “Sepa el pueblo votar”.(1)

(1) La alocución original del Presidente Sáenz Peña fue “Quiera el pueblo votar". Lo dijo al presentar la Ley que luego llevaría su nombre, Ley Sáenz Peña, que establecía el voto secreto y obligatorio. Luego la expresión cambió en el uso popular a “sepa el pueblo votar”.
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