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13/09/2018 -  tiempo  2' 35" - 568 Visitas Columna de opinión Seis años desde la Tapa de ANÁLISIS
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"Es tiempo de actuar, señores representantes de la Iglesia Católica. Agilicen ese camino de justicia en la Iglesia; toda la comunidad estará agradecida".
Seis años demoró la justicia. 20 años en que la Iglesia sigue dormida y sin querer ver el daño causado, repitiendo su mecanismo de llamarse al silencio; solo sueltas palabras de perdón, abstractas, sin actuar. Al menos hasta ahora, sin ánimo de hacerlo luego del contundente y unánime fallo de la justicia en la causa que se tramitó meses pasado en los Tribunales de la ciudad de Paraná. Cuánto tiempo transcurrido, cuánto sudor y lágrimas, incertidumbres, que aún hoy transitan conocidas y anónimas víctimas de curas que siguen batallando en instancias judiciales; sin poder quebrar por estos tiempos chicanas de astutos abogados defendiendo, en representación de los sacerdotes, hechos repudiables en todo sentido; atroces, como es abusar sexualmente de chicos, niños, a quienes sus papás dejaban al cuidado o en confianza momentos de formación, recreos, paseos, charlas, viajes, pero que se transformarían en las más temibles pesadillas psicológicas y sentimentales, hiriendo, casi de muerte. Heridas que persisten, en los factores psicológicos, biológicos y sociales. Ya es tiempo de justicia para todos, basta de impunidad, de encubrir, de prolongar calvarios innecesarios.
De Hernán Rausch (*)
Especial para AnÁLISIS DIGITAL


Abrazo y animo a todas esas víctimas en busca de justicia, a no bajar los brazos, con la frente en alto, valientes sobrevivientes que hoy pueden gritar su dolor y encarnar la lucha desmedida que otros no se animan o no han tenido la oportunidad de realizar estos pasos. Está en nuestras manos y en la de aquellos que nos representan, que esto sea posible y eficaz; por todos aquellos jóvenes y adultos solos, avergonzados, indiferentes, sumergidos en temores y vergüenzas, paralizados por el que dirán en la sociedad, por ellos también es la lucha. Adelante!!.

Después de seis años llegó –en parte- a su fin, en la justicia civil, un largo camino recorrido de denuncias, planteos, audiencias, pasos de extensos expedientes de juez en juez, tribunales, idas y vueltas sobre hechos sucedidos en nuestro Seminario, hacia un grupo de chicos sedientos de diversión y compañerismo, inocentes, obedientes a sus padres, fieles a sus enseñanzas y a la de su madre la Iglesia, de que los sacerdotes eran hombres de Dios, incorruptibles, intachables, dignos de respeto, confianza y admiración.

Pero la suerte de estos calificativos no fue suficiente para evadir la justicia terrenal a la cual fue sometido semanas atrás el P. Justo, “P” de “padre”, ya que aún sigue siendo “padre” sacerdote, un representante de Cristo en la tierra, que escandalizó a pequeños, y ahora también a grandes. Siento que el mismo Jesús sentenció esta actitud, condenando a quien infiriera en esta amorosa tarea de acobijar niños, sino obran así, someterlos con una piedra de moler, al fondo del mar.

Al parecer la Madre en representación de las altas esferas, hace oídos sordos y vista gorda a este pasaje de la escritura: “Después dijo a sus discípulos: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños”. San Lucas 17,1-6.

Es tiempo de actuar, señores representantes de la Iglesia Católica. Por favor, muchos fieles así lo reclaman, en anonimato, en silenciosa oración, buscando explicación de sus confusos actos, pasos erróneos, al parecer escapando de la realidad que nos toca atravesar por estos tiempos de luz. Sí. También nosotros, los bautizados abusados, estamos echando luz al camino de Dios, de la vida, de la religión. No nos maten, queremos dar vida, esperanza, vida sana, pero para eso se debe sanar desde adentro, de arriba hacia abajo, purificar, transformar, no eliminar, sino comprender y rebautizar.

Depende de ustedes, agilicen ese camino de justicia en la Iglesia; toda la comunidad estará agradecida.

(*) víctima del cura abusador Justo Ilarraz
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