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05/12/2018 -  tiempo  5' 34" - 227 Visitas La población carcelaria está compuesta en su mayoría por jóvenes sin estudios ni empleo Santa Fe: hay un policía cada 125 habitantes pero las tasas de homicidio son las más altas de la historia
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La población carcelaria en Santa Fe está compuesta en su mayoría por jóvenes sin estudios ni empleo.
Mientras el gobierno nacional habilita a los policías a disparar por la espalda aún sin dar la voz de alto, un repaso sobre la población de las cárceles de la provincia de Santa Fe muestra quiénes son sus habitantes: jóvenes, varones, desocupados y con altos niveles de deserción escolar. Los autores de delitos de guante blanco brillan por su ausencia. Mientras la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, derechiza aún más su discurso, con el aval del Presidente Mauricio Macri, algunos datos de Santa Fe muestran la ineficiencia de esas políticas: en 2001 había un policía cada 200 habitantes, mientras que hoy hay uno cada 135. Y la situación de violencia ha empeorado como nunca antes.
Por Nicolás Lovaisa (*)

La “inseguridad” es uno de los temas que está permanentemente en la agenda de los medios, tal como lo demuestra el informe “Monitoreos de Programas Noticiosos de la Ciudad de Buenos Aires” del año 2016, que incluye cinco canales de televisión abierta con cobertura nacional. Allí se analizaron un total de 17.197 noticias y la categoría “Policiales e inseguridad” fue la tercera con más cantidad de noticias, detrás de “Política” y “Deportes”, pero segunda en “Duración”, sólo detrás de “Política”. El estudio precisa que un 58,1 por ciento de las noticias que fueron unificadas bajo el tópico “Policiales e inseguridad” tienen como protagonistas a niños y adolescentes.

Ante semejante presencia en los medios, uno podría suponer que la tasa de homicidios de Argentina está entre las más altas del mundo o, al menos, de la región. Los números, sin embargo, demuestran lo contrario: el país tiene la segunda tasa de homicidios más baja de Sudamérica, y sus guarismos se asemejan mucho más a los de países europeos que a los de, por ejemplo, Brasil, tal como puede verse en un informe de la ONU realizado en 2013. En ese año, la tasa de homicidios en Argentina fue de seis homicidios cada 100 mil habitantes. El año pasado, según el Sistema Nacional de Información Criminal, fue 5,2. Por citar otro ejemplo: en 2017 hubo 2.279 asesinatos en el país. En el mismo período hubo 5.420 víctimas fatales en accidentes de tránsito. Casi el doble.

Hace dos días, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, decidió autorizar a las fuerzas de seguridad nacionales a disparar sin dar la voz de alto y sin que medie agresión directa previa. Lo hace en un momento previo a un año electoral en el que el gobierno nacional no tiene ningún dato positivo económico para mostrar, y tras el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. Esa iniciativa volvió a darle voz en las redes a los que piden “bala para los delincuentes”, ante un supuesto “garantismo” que otorga “más derechos a los delincuentes que a las víctimas”, y que suele apuntar contra los sectores más humildes de la sociedad. Un simple repaso por la población carcelaria indica otra cosa.

En la provincia de Santa Fe, el 71 por ciento de las personas que están en la cárcel eran desocupados al momento de ingresar. El 6,2 por ciento no está escolarizado, el 46,2 por ciento no terminó la primaria y el 8,6 por ciento no terminó la secundaria. La cantidad de graduados universitarios que está tras las rejas es cero. El 35 por ciento ni siquiera recibió condena. Y no hay un sólo detenido por infracción a la Ley Penal Tributaria, delito de "guante blanco". Si bien es un delito federal, en las cárceles provinciales sí hay detenidos por tenencia, comercialización y tráfico de estupefacientes, que también pertenecen al ámbito federal. Un ejemplo bien concreto: Mario Rossini, ex titular de Bolsafe Valores, ex columnista económico de varios medios locales, autor de una de las estafas más grandes de la historia de Santa Fe, fue beneficiado con la prisión domiciliaria. Pero ese garantismo no molesta.

Otro dato que no parece tener demasiado asidero con la realidad es el de los “extranjeros que vienen a delinquir, porque Argentina es un colador”: el 99 por ciento de los presos en Santa Fe nacieron en el país. Ese razonamiento ni siquiera es válido si se tiene en cuenta a aquellos argentinos oriundos de otras provincias que hayan delinquido aquí: el 95 por ciento de los internos ya residía en Santa Fe al momento de su detención.

La población carcelaria tiene un perfil fácil de identificar: jóvenes, varones, excluidos del mercado laboral formal y con escasa escolarización. No casualmente es un perfil similar al de las víctimas de homicidios de la ciudad de Santa Fe, donde las tasas de homicidios del distrito suroeste superan en ocho veces a las del distrito centro, con el que comparten límites, tal como demuestra un informe del diputado Leandro Busatto, publicado en 2016.

En ese mismo trabajo se detalla que, en 2001, en la provincia había un policía cada 200 habitantes. Hoy, esa cifra creció: hay un uniformado cada 125 habitantes. Sin embargo, las tasas de homicidio treparon a los niveles más altos de la historia. No significa que la policía sea responsable de eso, pero está claro que la ecuación "más policía, menos delitos" no resultó. Y es un razonamiento muy similar al de aquellos que creen que si la policía tiene licencia para matar, tal como le viene otorgando Bullrich a sus fuerzas desde el caso Chocobar, la situación va a mejorar.

¿Por qué se insiste con una fórmula que ya fracasó? ¿Hay un interés real por solucionar esa problemática, o subyace un interés electoral? Una posible respuesta la dio Michel Foucault, en una conferencia en Brasil, en 1976: “La delincuencia tiene una cierta utilidad económico – política en las sociedades que conocemos. La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente: cuantos más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuantos más crímenes haya, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad cada nuevo día. Desde 1830 en todos los países del mundo se desarrollaron campañas sobre el tema del crecimiento de la delincuencia, hecho que nunca ha sido probado, pero esta supuesta presencia, esta amenaza, ese crecimiento de la delincuencia es un factor de aceptación de los controles”.

(*)Director de nicolovaisa.blogspot.com. Autor del libro “Tiempo recuperado”, sobre las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe. Periodista en radio en La Red, Radio Nacional Santa Fe, e Infojus Noticias.
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