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09/06/2017 -  tiempo  8' 52" - 782 Visitas Tres testimonios en el juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en el TOF de Paraná Juicio al represor Mazzaferri: “No queremos a ningún genocida más libre por las calles”, pidió Hugo Angerosa
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Mazafferri se presentó nuevamente al debate este jueves y escuchó el testimonio de las víctimas.
Hugo Emilio Angerosa contó su experiencia, frente al Tribunal Oral Federal (TOF) de Paraná, integrado por los rosarinos Beatriz Caballero de Barabani, Otmar Paulucci y Jorge Gallino. Dijo que primero desapareció su hermano mayor, mientras hacía la residencia de Medicina en Rosario. “Creo que mi detención tuvo que ver con la desaparición de mi hermano, porque con mi mamá nos movimos mucho buscándolo. Entiendo que a mí terminaron llevándome como un mensaje para que paráramos un poco con la búsqueda, y en algún punto lo lograron”, interpretó. Ante la mirada atenta de su hermana que estaba entre el público, la diputada Leticia Angerosa (FpV-Gualeguaychú), el hombre narró cada detalle del terror que vivió entre septiembre y octubre de 1976. Refirió sobre las duras torturas que le aplicaron, aseveró que una de las peores vivencias fue escuchar las vejaciones a Jorge Felguer, con quien compartió el cautiverio en la sede de la Policía Federal de Concepción del Uruguay. Subrayó que tiene a otra hermana menor desaparecida -Blanca Estela Angerosa-, que estuvo en el centro clandestino El Vesubio y que la joven tuvo un hijo al que llamó Pedro en el Hospital Militar Campo de Mayo, a quien están buscando. “Ya aparecieron 122 nietos, nosotros estamos buscando a Pedro”, recalcó. Antes de levantarse de su silla, Angerosa pidió “que se haga justicia, no queremos a ningún genocida más libre por las calles”. Este jueves también declararon Juan Carlos Rodríguez y Marta Élida Felguer. El debate se reanudará este viernes. N.B. de ANÁLISIS DIGITAL

José Darío Mazzaferri estuvo prófugo durante cuatro años de la Justicia Federal. Se lo buscaba para que respondiera por los delitos de lesa humanidad que se le imputan, mientras estuvo integrando la sede de la Policía Federal de Concepción del Uruguay. El represor debió sentarse en 2012, en la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná, junto Francisco Crescenzo, Julio César Rodríguez (policías federales), Juan Miguel Valentino, Naldo Miguel Dasso, Santiago Carlos Kelly del Moral (militares), Marcelo Alfredo Pérez y Juan Carlos Mondragón (policías provinciales). En esa megacausa también estaba imputado el ex ministro del Interior Albano Harguindeguy, que falleció el 29 de octubre de ese año, y el ex comandante del Cuerpo de Ejército II Ramón Genaro Díaz Bessone, que fue separado del proceso por enfermedad y finalmente murió la semana pasada.

Mazafferri se presentó nuevamente al debate este jueves y escuchó el testimonio de las víctimas que declararon frente a los magistrados rosarinos. Sus abogados defensores son Guillermo Morales y Martín Montegrosso. Al represor que tuvo un importante cargo en la Policía Federal y fue ascendido en 2005, se lo acusa de delitos aberrantes en relación a siete víctimas. Los jóvenes eran alumnos de distintas escuelas secundarias que habían organizado una volanteada en repudio al golpe de Estado de Jorge Rafael Videla a meses de haberse concretado. Esos volantes fueron realizados por un mimeógrafo que les prestó la Juventud Peronista, pero no era de su propiedad. Los jóvenes, algunos enrolados en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y algunos allegados, todos eran adolescentes que formaban parte de la corriente emancipadora por la que atravesaba el mundo y fundamentalmente la juventud.

“Estamos buscando a Pedro”

Hugo Angerosa tenía 24 años cuando desapareció su hermano mayor y lo llevaron detenido. Hoy dijo que siempre le interesó la política, pero nunca participó. Contó que el 18 de febrero de 1976, cerca de las 23, estaba cenando en su casa de Gualegauychú. Sus padres estaban afuera “fresqueando con unos vecinos”. “Vino la Policía. Hicieron entrar a mis padres y a los vecinos a la casa. Rodríguez me preguntó a dónde dormía yo. Revolvieron todo. Mostraron una orden de allanamiento, pero no encontraron nada. Otros que habían quedado afuera andaban por arriba de los techos, a las corridas. Actuaron como mafiosos. Yo había hecho el servicio militar unos años antes y conocía a algunos, de ahí me había ido muy bien”, recordó. También ubicó en esa escena a su hermana menor, a su cuñada y a su pequeño sobrino. “Le dijeron a mi cuñada que su esposo estaba detenido en Santa Fe”, relató.

Desde entonces, él y su madre comenzaron a buscar a su hermano. Primero llamaron por teléfono a la vecina provincia. Luego viajaron a Rosario y también a la ciudad de Santa Fe. Se reunieron con funcionarios del Ejército, con representantes de la Iglesia, jueces y hasta fueron a ver a legisladores provinciales. No lo encontraron y volvieron a Gualegauychú. “Ese año hicimos muchas gestiones para encontrarlo”, acotó. Estando en esa ciudad del sur entrerriano, la familia Angerosa se enteró que el hermano mayor efectivamente fue detenido por el Ejército en Santa Fe que intentaría determinar si era “un subversivo”.

El testigo-víctima dijo que a finales de septiembre de ese año, la policía volvió a su casa de Gualegauychú, esta vez para llevárselo a él. “Me cargaron en un Torino. Estaba en el piso del auto, vendado. Creo que salimos a la ruta. En un momento el auto se detuvo y se escuchó el baúl. Cargaron a otra persona. Luego entramos en un camino de ripio hasta que llegamos a un lugar. El auto entró en un garaje. Nos bajamos. Nos hicieron subir una escalera caracol. A las pocas horas de estar ahí, escuché muchísimos gritos y la picana. Cuando se calmó eso, vinieron hacia mí. Me aplicaron la picana en el pecho, me pegaron patadas. Me dijeron que hable. Entonces narré mi vida y dije que no tenía actividad política. Me tuvieron esposado y vendado. Cuando me dormía, me pegaban con un palito en la boca y me decían que no me duerma”, graficó.

Las torturas se repitieron. Las oídas sobre las torturas a Jorge Felguer también. “En un momento, escuché que sonaba un teléfono y alguien preguntó si esa era la sede de la Policía Federal de Concepción del Uruguay. Eso sonó clarito, lo escuché bien”, acotó. Angerosa dijo que pasaron no menos de cuatro o cinco días así, siempre vendado y pasando hambre. “Un día nos dijeron que nos iban a liberar. Nos dieron antes un mate cocido y una galleta. Fue lo único que comimos durante esos días. Después nos cargaron en el auto otra vez, a mí me pusieron en el baúl. Salimos a la ruta, paramos y me tiraron a un camión. Me llevaron al regimiento de Gualeguaychú. Me tuvieron que sacar la venda con nafta porque estaba pegada. Tenía la cara muy lastimada. Esa noche me trajeron una comida bastante aceptable. Ahí estuve unos días hasta que me liberaron”.

Angerosa dijo que todo eso le pareció “un sueño”. Relacionó su detención a la búsqueda que hizo con su madre de su hermano. “Me da vergüenza lo que hicieron. Torturar es de delincuentes, mafiosos y cobardes”, calificó. Aclaró que la persona a la que torturaron con él fue Jorge Felguer. “Él quedó muy mal”, sentenció. Identificó entre sus secuestradores a El Moscardón Verde” Rodríguez.

Luego contó sobre su hermana menor, detenida en El Vesubio mientras estaba embarazada. “La llevaron a tener su hijo Pedro. Pero no pudo ni amamantarlo y se lo robaron”, acotó. “Recuperamos 122 nietos, nosotros estamos buscando a Pedro”, asentó y antes de concluir pidió “justicia”. “Queremos que el imputado reciba la condena que se merece, que no le pase lo mismo que nos pasó a nosotros. Quiero decirle que vamos a seguir luchando, en paz y sin violencia, yendo por los canales de la justicia. Nunca más y ningún genocida más en libertad por las calles”.

Otros dos testimonios

Juan Carlos Rodríguez tenía 18 años en 1976 y estaba en quinto año de la Escuela Normal Mariano Moreno de Concepción del Uruguay. Vivía solo con su madre en aquella ciudad y pertenecía a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

Hoy contó frente a los jueces que fue detenido aquel año, durante las vacaciones de invierno, por personal de la Policía Federal y alojado en la sede local. “Me llevaron en un Dodge 1.500 que manejaba Mazzaferri. Adentro del auto me golpearon y me dijeron que tenía que hablar del mimeógrafo con el que imprimimos unos volantes. Yo pedí permiso para avisarle a mi mamá que estaba detenido, porque fui a atender la puerta de mi casa de un momento a otro y no volví. Pero Rodríguez me contestó que no me preocupe porque no la iba a ver más. Me oriné encima”, recordó.

Rodríguez fue alojado en la sede de la Policía Federal junto a estudiantes de la UES y otros jóvenes. “Nos dijeron que estábamos detenidos a disposición de la Oficina Técnica, que supuestamente estaba en el piso de arriba. Me dejaron solo unas horas y después volvieron con la misma historia del mimeógrafo. Me llevaron a un calabozo. Enfrente había un baño y estaban torturando a alguien, se escuchaban gritos. Me asomé a mirar y el que estaba torturando me dijo que después me tocaba a mí y tapó la ventanita con una toalla”, rememoró.

El testigo contó que estuvo dos o tres días ahí, y que también los llevaban al Casino de Suboficiales. “Yo no sufrí la picana, nunca. Sí me pegaron. Creían que nos pasábamos material bibliográfico y preguntaban por eso. No nos dejaban bañar, afeitarnos, ni dormir. Una vez dijeron que nos iban a liberar. Unos de los que estaba detenido con nosotros, Valente, se preparó para salir pero le dijeron que él no se iba porque no era de la UES. En ese momento él ya tenía dificultades para hablar y siempre dijo que eso era una consecuencia de las torturas que le aplicaron. Antes de dejarnos en libertad nos dieron un discurso”, recordó.

Después de terminar quinto año, Rodríguez se fue a Buenos Aires donde estuvo estudiando y trabajando. Volvió con la democracia a Concepción del Uruguay. “Sé que el grupo de personas que estuvo detenido con nosotros en la Policía Federal y no era de la UES, primero fue trasladado a Gualegauychú, luego a Paraná y finalmente alojado en Coronda por dos años”, agregó.

Marta Élida Felguer es hermana de Jorge. Este jueves declaró por videoconferencia desde el Juzgado de Concepción. “Mi hermano estaba haciendo el servicio militar en Villaguay y fueron a buscarlo para llevarlo a Concepción del Uruguay y luego a Gualeguaychú. Lo trasladaron en un auto con los ojos vendados con cinta adhesiva y lo torturaron. Tardó como 20 años hasta que pudo empezar a contar algunas cosas. Cuando lo secuestraron, nosotros, como familia no sabíamos, pensábamos que estaba en Villaguay. Nos enteramos que estaba en Gualeguaychú porque lo vio un conocido que era soldado y nos avisó. Entonces fui al regimiento de Gualeguaychú a preguntar y Valentino me dijo que sí estaba ahí. Quisimos verlo pero no nos permitieron porque Valentino nos dijo que estaba detenido porque muchos chicos estaban matando militares”, relató.

La mujer describió que tanto su hermano como el resto de su familia quedó en “un estado precario” luego del secuestro de Jorge. “Él era una persona jovial, alegre, con dedicación a la música pero quedó en un estado de indefensión psíquica. Tuvo problemas físicos, de salud. Nunca pudo arraigarse en ningún lugar porque siempre se sintió perseguido y con miedo”, asentó.
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