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04/12/2006 -  tiempo  20' 59" - 6861 Visitas Publicado en el sitio chileno “Patagonia link” Patagonia for Sale
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Tierras S.A. Crónicas de un país rematado es el título del libro de los periodistas Daniel Enz y Andrés Klipphan, publicado recientemente por editorial Alfaguara, que luego de tres años de rigurosa investigación, abordan en detalle el proceso de extranjerización de la tierra y los recursos naturales en Argentina (sigue en interior).
Tierras S.A. Crónicas de un país rematado es el título del libro de los periodistas Daniel Enz y Andrés Klipphan, publicado recientemente por editorial Alfaguara, que luego de tres años de rigurosa investigación, abordan en detalle el proceso de extranjerización de la tierra y los recursos naturales en Argentina.

Y traigo a colación este tema, porque constituye una voz de alerta -valida también para los chilenos- para comprender, como la acumulación desproporcionada de tierras por parte de extranjeros, con los fines que sea, puede llegar a constituirse en un serio y grave conflicto de intereses que puede afectar nuestra seguridad nacional e incluso, nuestras legitimas aspiraciones de desarrollo… como ha ocurrido recientemente, en menor escala y guardando las proporciones, por supuesto, cuando el ministerio de Obras Publicas (chileno) Eduardo Bitrán, debió hacer prevalecer los intereses nacionales por sobre los de la fundación ecologista “The Conservation Land Trust” de propiedad de Douglas Tompkins, quien sugirió que el trazado de la ruta, de 100 kilómetros que permitiría unir la localidad de Pto. Montt con Palena, para sacar del aislamiento a una población 19.000 personas en la Décima y 95.000 en la Undécima región, pasara por fuera de su terruño (Parque Pumalín) aduciendo -en primera instancia, pues luego, como ha sido tradicional en su discurso, implementará otras estrategias comunicacionales- como argumento, que este camino: “adulteraría el ecosistema de su santuario…”. El trazado costero sugerido por Tompkins, independientemente de consideraciones de factibilidad, costos u otros aspectos que pudiesen ser sometidos a análisis y discusión, es solo un problema de competencia del estado de Chile y su “marketing ecológico”, una flagrante intromisión en nuestra soberanía. En pocas palabras y como los expresara claramente el ex Presidente y actual senador de la República, Eduardo Frei, en relación a Tompkins y dice: “Es de una frescura increíble, ahora no permite ni que se hagan los caminos en Chile. ¡Se cree dueño del país este señor!”.

Este episodio, que puede resultar intrascendente para algunos, bien vale la pena tenerlo presente, porque guarda mucha similitud con lo que ha pasado en Argentina. En el vecino país, la acumulación de tierras en manos extranjeras, ha llegado a tener ribetes de escándalo público, no solo por la cuantía de la superficie involucrada, sino también, por su emplazamiento geoestratégico. Y aunque resulte difícil creerlo y a modo de referencia, que nos permita cuantificar la magnitud del conflicto de intereses que pudiese suscitarse, Tierras S.A… nos aporta ejemplos escalofriantes: “el mayor terrateniente privado de la Argentina es el grupo Benetton, dueño de casi 900.000 hectáreas. Es decir: 4500 veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires. Pero hay también, otros rutilantes extranjeros de los que, si se suman sus posesiones, se podría decir que son dueños del equivalente a las provincias de Buenos Aires y Córdoba juntas. O de la suma del territorio de dos países europeos como Inglaterra y Bélgica. En el listado se incluye a nuestro conocido multimillonario eco-filántropo Douglas Tompkins –con propiedades que colindan a ambos lados de la frontera, por las que pude transitar libremente sin someterse a jurisdicción alguna- el inglés Joseph Lewis y Ted Turner -el mayor terrateniente de Estados Unidos y fundador de la cadena informativa CNN- que han adquirido gran parte de las tierras más productivas y las mayores reservas de agua dulce del país” trasandino…

Y vamos por parte... En la década del ‘60, David Rockefeller financió una investigación patrocinada por Henry Kissinger, la que culminó en el llamado “Iron Mountain Plan”. Este, pasó a constituirse en el soporte ideológico de Washington, para ganar presencia en zonas geográficas de interés estratégico para Estados Unidos, con el propósito de mantener su posición hegemónica a nivel global. Entre muchas de las alternativas barajadas, abrazan la causa “'ecologista”' por ser la que genera la menor cantidad de rechazos y sospechas de la población…

En 1986, Douglas Tompkins, comienza a buscar alternativas de inversión, que logra materializar en 1989 con la venta de sus activos. En 1990, crea “Foundation for Deep Ecology” y a través de ella canaliza sus fondos personales -producto de la venta de Espirit y North Face, más la línea Patagonia de su esposa- y de dos de las mas importantes organizaciones ecologistas: “International Forum on Globalization” (IFOG), y el “Funders Network on Trade and Globalization” (FNTG). La primera (IFOG) cuenta con el apoyo financiero de “Rockefellers Brothers Fund”, la “Turner Foundation” y la “'Ford Foundation”, todas vinculadas al banco JP Morgan Chase. La segunda (FTNG) surge como iniciativa de IFOG y sus operaciones financieras están relacionadas con el “Rockefeller Family Fund”.

Para hacer limpia la operación, IFOG comienzan a organizar y movilizar a todas las organizaciones ecologistas del planeta, con el propósito de que ellas ayuden a “preservar” sus intereses. Financian sus actividades administrativas y compran extensas propiedades, las que ponen bajo su administración, preocupándose de que sean las organizaciones locales, en atención a sus “profundos intereses ecológicos” las que impidan que el estado de otro destino a estas riquezas; que atesoraran para los tiempos de escasez… Tal como lo visualizaba Kissinger… las futuras guerras del Siglo XXI serán por los recursos naturales y surgirán cuando las potencias agoten sus reservas de petróleo, gas, agua, aire, madera, tierras agrícolas y otras… siendo esta forma de apropiación, bastante menos impopular que invadir un país. Elegante!!!

A principios de la década del ‘90, algunos países del “tercer mundo” comienzan a declarase en “cesación de pagos”. Una forma de recuperar la deuda, es propiciar el “canje de territorio por deuda”. La estrategia de los grupos financieros es clara: por una parte adquieren zonas de interés estratégico, ricas en recursos naturales, con el propósito de mantener su posición hegemónica y por otra, recuperan su deuda a través de esta peculiar modalidad de cobro.

Y bien vale tener presente estos antecedentes y no olvidarlos, pues uno de los casos más paradigmáticos, en lo que a compra de territorios para una “supuesta” preservación ecológica se refiere, lo protagoniza el magnate estadounidense Douglas Tompkins. Este personaje dedicado, ahora, a la “ecología profunda” -negocio muy rentable, en la actualidad, por lo demás- se ha convertido en poco tiempo, junto a su esposa Kristine McDivitt, en el dueño absoluto de una porción importante de la Patagonia argentina y también de la chilena.

Tompkins inició su carrera ecologista a principios de los '90 con la puesta en marcha de dos de sus múltiples fundaciones ecológicas. En los primeros años de la década Tompkins creo Foundation for Deep Ecology (1990) y Conservation Land Trust (1992). Pocos años después pondría en marcha la Word Land Trust y la Patagonia Land Trust, todas piezas de un mismo rompecabezas internacional, del cual Tompkins, solo parece ser la cabeza visible de una intrincada y poderosa red, que tiene influencias, políticas, económicas y sociales a nivel mundial.

Sus primeros pasos por las estepas patagónicas los dio en 1991 cuando adquirió tierras en la Décima región de Chile. No le fue fácil adquirir estas grandes extensiones, sin embargo, en años sucesivos, consigue a fuerza de tenacidad, dólares y argucias legales -léase vacíos- y una buena dosis de ingenuidad y miopía de parte nuestras autoridades, más el apoyo de unos devotos y crédulos ecologista nacionales, reunir algo mas de 500.000 hectáreas (las conocidas) que incluyen las 85.000 que se incorporaron al actual Parque Nacional Corcovado, que compra en sociedad con el eco-filántropo norteamericano Peter Buckley y otras, que pudo agregar utilizando a Timmy Goldsmith, como palo blanco, para que apareciera la Fundación Goldsmith como compradora - ligada a poderosos grupos eco-fundamentalistas inglesas- y de esta manera poder eludir, no solo el creciente malestar publico, sino también, bajarle el perfil a la dura amonestación que recibió por parte de CONAF (Corporación Nacional Forestal) por haber derribado, sin autorización vegetación nativa y protegida, en bahía Tic Toc, para construir una de las ocho pistas de aterrizaje que se le conocen, al interior de sus propiedades (1997) y desde las cuales despega, usando tecnología de navegación última generación, que le permite volar de noche y a muy baja altura, por territorio altamente complejo (bosques y montañas) sin que pueda ser detectado, incluso por radares de última generación, ni someterse a jurisdicción alguna… (Diario La Segunda del 20 de marzo de 1997, página13).

Durante 1997, insiste en forma majadera para lograr la adquisición de dos islas: Guafo y Talcán, ubicadas estratégicamente en el golfo de Corcovado y próximas al limite sur de su propiedad, que ocupan una posición estratégica en el océano; al punto que, en ellas, la Armada de Chile y el Ejercito posee intereses estratégicos. La excusa esgrimida para justificar su desproporcionado interés por las islas, es aún más infantil o derechamente xenofobica… “Quería enviar a todos los colonos que se encontraban en sus propiedades a una isla y allí rehacerles sus vidas”… Explicación que algunos ilusos consideraron como una medida “profundamente humanitaria”, mientras otros, entre los que me incluyo, sostenemos que esta se parece más a la “limpieza étnica” que propicio Adolf Hitler en contra del pueblo Judío…

En 1998 entra en litigio con el colono Omar Tampier, a quien intenta maliciosamente silenciar para que no reclame al Ministerio de Bienes Nacionales, 15 hectáreas que el considera legítimamente de su propiedad, indicándole que pierde su tiempo… ya que “el” (Tompkins) goza de fuertes y decisivas influencias a nivel del Ministerio de Bienes Nacionales y que sus “propiedades, además, están afectas a derecho foráneo – la Fundación Pumalin se constituyó en 1991 en California, Estados Unidos – y también opera bajo la Ley de Impuesto y Renta de este país, por el hecho de que la administración de sus predios está encargada a organizaciones con sede en ese país”…
Así fue como virtualmente cortó en dos al territorio chileno, ocasionado en mas de una oportunidad una serie de conflictos con los pobladores, las comunidades aborígenes, los colonos y hasta con las autoridades del gobierno central o regional…

A finales de la década de los ‘90 Tompkins decidió cruzar la Cordillera de los Andes y desembarcó en la provincia Argentina de Santa Cruz. Adquiere en el sur argentino la estancia Monte León que está ubicada a unos 200 kilómetros al norte de Río Gallegos, sobre la Ruta 3 y al sur de la localidad de Piedra Buena, con 69.750 hectáreas y 40 kilómetros de costa. La estancia Dor-Aike que es adyacente a Monte León, sobre su lado noroeste, con una superficie de 37.125 hectáreas y 21 kilómetros de orilla sobre el río Santa Cruz. Las 24.300 hectáreas de la estancia Sol de Mayo que bordean la frontera chilena y que está situada al sur de Los Antiguos, justo entre los grandes lagos Buenos Aires y Pueyrredón. También se convirtió en propietario de la estancia El Rincón, vecina al Parque Nacional Perito Moreno, con una extensión de 14.170 hectáreas.

Sin embargo, Douglas Tompkins, no satisfecho con su parte de la Patagonia, se traslada hasta otra región de vital importancia en el mapa geoestratégico de los recursos naturales argentinos. Un sector del denominado acuífero Guaraní, ubicado en la Triple Frontera (Argentina, Paraguay y Brasil) que posee una de las mayores reservas subterráneas de agua dulce de Latinoamérica. Tompkins compró territorios en las provincias de Corrientes y de Misiones por un total de 225.000 hectáreas, que forman parte de una extensa área de humedales que dan originen a los esteros del Iberá. Los Esteros, están ubicados en el centro y nordeste de Corrientes y constituyen un sistema que incluye 62 lagunas y varias islas flotantes. Con una extensión de 13.000 kilómetros cuadrados, conforman “la mayor reserva de agua dulce del país”.

Douglas Tompkins, se convierte así, en el mayor propietario privado de recursos naturales vinculados al agua en la Patagonia y los Esteros del Iberá, donde es dueño de unas 90.000 hectáreas de zonas de seguridad. También controla el nacimiento y la desembocadura del río Santa Cruz, el de mayor caudal en la Patagonia Argentina.

¿Por que el agua? Según las últimas proyecciones de la ONU, para mediados de siglo, estimaciones pesimistas indican que 7.000 millones de personas sufrirán escasez de agua potable y en el mejor de los casos y siendo muy optimistas esto afectara a 2.000 millones, es decir, para el 2050 el promedio de abastecimiento de agua por habitante caerá un tercio, producto de la perdida en el planeta de a lo menos 18.000 kilómetros cúbicos de agua dulce.

Es obvio, entonces, que no son solamente arbolitos, pajaritos o paisajes bucólicos, prístinos o la biodiversidad de nuestra patagonia, el centro de su interés… Entre Argentina y Chile, disponemos casi de un cuarto de las reservas mundiales de agua dulce que posee el planeta -entre lagos, lagunas, glaciares y otras fuentes- y más aún, no están contaminadas…La crisis del “agua” a nivel mundial será una realidad en un futuro próximo, incluso antes de lo previsto. Quien disponga de estos recursos, jugará un papel decisivo en los destinos del mundo…

Ahora bien, para conseguir acumular tan desproporcionada cantidad de territorios, no solo basta disponer de los recursos, sino también de una metodología de gestión. Según la diputada santacruceña Judith Forstmann, que ha seguido muy de cerca estas operaciones en Argentina, en reciente entrevista radial, explico como se realizan: “Una vez adquiridas las tierras por Patagonia Land Trust la metodología adoptada por Tompkins, es entregar en fideicomiso la propiedad al Estado, para crear un parque, una reserva u otra figura, que cuente con el patrocinio del estado. En otras ocasiones a utilizado una fundación ecologista, la cual necesariamente debe tener personalidad jurídica, como la Fundación Vida Silvestre en Argentina. A ellas les impone condiciones difíciles de cumplir, las que de no materializarse, le permitirían al magnate estadounidense asegurar el retorno de estas áreas a su propiedad o al menos, a las fundaciones ecologistas nacionales que lo acompañan en sus maniobras. Al usar esta figura del fideicomiso, al menos en Argentina, se “elude” el cumplimiento de una serie de normativas o requisitos legales para los que la Superintendencia Nacional de Fronteras, exige una conformidad “previa” para autorizar su compra y que bajo esta modalidad, no es exigida…pues es el “estado” el aval y beneficiario de esta altruista “cesión”… Este ardid jurídico, ha permitido la concentración de tierras en manos de extranjeros, con la in defección absoluta del estado y la legislatura, que esta atada de manos para cautelar los intereses y el patrimonio de la nación, pues buena parte los proyectos de ley que permitirían impulsar el control y la limitación de semejantes compras, se encuentran “cajoneados”, como dicen ellos, vale decir, durmiendo eternamente en algún escritorio.

Según el jefe de la bancada del Partido Justicialista, José María Díaz Bancalari, en otra larga entrevista realizada recientemente en el Congreso de la Nación, opinó que: “es claro que, a diferencia de países como Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña u otros, la Argentina “no cuida sus tierras y sus recursos naturales”, y que hasta en naciones de la región como Perú y México se imponen condiciones excepcionales para que los extranjeros compren tierras. En el país azteca, dice Bancalari, la legislación es tajante: “Sólo los mexicanos por nacimiento o naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, aguas y sus accesorios o para obtener concesiones de explotación de minas o aguas”. El diputado oficialista destaca que en ese país, cuando un extranjero quiere adquirir tierras, debe pedir permiso a la Cancillería y acatar la ley mexicana; y que, en caso de litigio, no puede recurrir a estrados extraterritoriales o invocar la protección de su gobierno. Tampoco puede comprar en la zona de seguridad”. Desde ya, no es lo que sucede en la Argentina”… y por supuesto, ni que hablar de Chile…donde la miopía y sordera, son un mal endémico… o talvez, será por aquello que dice: “y veras como se quiere en Chile, al amigo cuando es forastero”… (canción tradicional), tan asentado, en nuestra proverbial forma ser de nuestro pueblo…

El apasionamiento compulsivo de Tompkins por crear y aumentar la superficie de sus “paraísos ecológicos”; preservarlos sin población y hacerlos inexpugnables, resulta singularmente sospechosa…Los conceptos de “ecología profunda” que inspiran su gestión, por si solo, no son un argumento suficientemente consistente y convincente para explicar su oscura conducta... Esta, en cambio, comienza a adquirir sentido cuando pensamos en ella como una “careta” para encubrir intereses expansivos y monopólicos, tras los cuales se alinean fundamentalistas que pretenden seguir manteniendo su posición hegemónica a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia, aún más allá de las crisis medioambientales que enfrentaremos en los próximos años.

De aquellas, el “efecto invernadero” o calentamiento global del planeta, producto de la excesiva emisión de CO2, es tal vez, la de mayor trascendencia y complejidad…Ya en 1992, durante la cumbre de Río, los países acordaron, en virtud de la evidencia científica de que se disponía, adoptar medidas de nivel global para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, no es hasta la firma del protocolo de Kyoto (1997) -que limita la producción de CO2 a un valor cinco por ciento inferior a lo que producían en 1990- cuando los países desarrollados se ven obligados a comenzar a reconvertir sus industrias o adquirir “bonos de carbón” – bonos de aire limpio- para no exceder estos limites…

Con el propósito de dar cumplimento a esta norma -entre 2008 y 2012- y hacer menos oneroso la aplicación del Protocolo, se establecieron ciertos instrumentos flexibles que permitirían a los países desarrollados reducir sus emisiones, por la vía de inversiones extraterritoriales. En el espíritu original del acuerdo, se preveía la inversión extraterritorial, como una forma de favorecer la inversión en tecnologías de producción limpia con el propósito de contribuir a la reducción global de CO2. Sin embargo, Estados Unidos, se ha negado a ratificar el acuerdo, hasta que no se incorporen los bosques y áreas silvestres, como un decisivo agente reductor… dando origen a una controversia que no es meramente conceptual y que dice relación, con la forma de generan los bonos… De validarse la tesis norteamericana, extensas zonas de bosque nativo o zonas silvestres, adquiridas -con excepciones tributarias y a valores residuales- en el continente americano en los últimos 15 años, ingresarían al lucrativo mercado de los “bonos de carbón” y a través de inclusión de esta sutileza conceptual, podrían mantener sus actuales niveles de actividad industrial, sin tener que reconvertirlas o hacer inversiones onerosas.

Según Point Carbón -firma Noruega dedicada al análisis del comercio de emisiones de gases de invernadero- la venta de “bonos de carbón” podría llegar a la nada despreciable suma de 260.000 millones de dólares anuales, lo que equivale a transacciones de 1.000 millones diarios, para principios de 2010. Entonces…preservar sus “paraísos terrenales”, no sólo constituye un objetivo de carácter estratégico, sino también, una forma de acceder a “bonos de Carbón” renovables y a las jugosas ganancias que se proyectan. Y cono no es un negocio de rentabilidad marginal, e aquí que surge la verdadera cara del “colonialismo verde”… que esta dispuesto desalentar, por cualquier vía o usando cualquier estrategia, el establecimiento de focos de desarrollo económico -en Chile: salmones, explotaciones forestales, caminos, turismo, generación de energía eléctrica, industria pesquera, minería y otras- que pudiesen afectar o interferir en sus intereses hegemónicos…No por nada, connotados representantes de la banca mundial como: Jan Mosse, Teddy Goldmith, Jeremiah Henderson, R. Schidlowky y Rick Klein -socio de Tompkins- poseen en el sur de Chile, otras 500.000 hectáreas. Con suerte, el “colonialismo verde” -que yo definiría como la metástasis verde- es la forma más benigna, hasta ahora, del colonialismo. La versión actualizada (3.1)…es una invasión limpia, silenciosa, talvez, la menos cruel y por ello, la menos evidente y resistida por la población; al punto de ser asumida con resignación, cual destino divino, que condena al subdesarrollo endémico a sus pueblos…

La fase terminal de esta “metástasis verde”, no es otra que el parasitismo de nuestros recursos naturales y sus beneficios estratégicos…Entonces, no es del todo desquiciado, plantearse la posibilidad de que estos grupos económicos -dada la magnitud escalofriante de superficie, riquezas y futuras utilidades que proyectan obtener- estén dispuestos, en defensa de sus derechos de propiedad legítimamente adquiridos, de acuerdo a la legislación vigente y contando con la “desinteresada” anuencia de un selecto grupo de colaboradores nacionales (vende patrias) generar las estructuras necesarias –jurídicas, administrativas, políticas, publicitarias y disuasivas (milicias)- que le permitan consolidarse como un estado autónomo e independiente, el cual pudiese involucrar, a territorios soberanos de mas de un país, como de hecho sucede con las propiedades adquiridas en la frontera chileno argentina, entre la que podemos mencionar, solo a modo de ejemplo: Proyecto Trillium, con 256.000 hectáreas de bosques nativos colindantes con la frontera con Argentina, junto al Lago Blanco, en Tierra del Fuego o PASCUA-LAMA de propiedad de Barrick Gold Co. -segunda minera más grande del mundo- con propiedades en la frontera de la III Región de Chile (75 por ciento) y el 25 por ciento en territorio Argentino. Y así sucesivamente, por los siglos de los siglos... amen. Patagonia for Sale.
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