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10/12/2006 -  tiempo  3' 51" - 5701 Visitas Publicado en el diario “La Capital”, de Rosario La soberanía perdida
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Carlos Reutemann posee grandes extensiones de tierras en Santa Fe.
“Estudios de la Federación Agraria Argentina (FAA) arrojan que el diez por ciento del territorio nacional -alrededor de 270.000 kilómetros cuadrados-, se encuentra en manos extranjeras”, dispara ya en sus primeras líneas el trabajo de Daniel Enz y Andrés Klipphan. Documentaciones y datos como los de la FAA, de organizaciones no gubernamentales y de departamentos oficiales, testimonios de pobladores, historias de vidas y publicaciones periodísticas, son esgrimidas por los autores de Tierras S.A. para trazar el nuevo mapa de la soberanía desterrada.
Por Alfredo Montenegro

“Estudios de la Federación Agraria Argentina (FAA) arrojan que el diez por ciento del territorio nacional -alrededor de 270.000 kilómetros cuadrados-, se encuentra en manos extranjeras”, dispara ya en sus primeras líneas el trabajo de Daniel Enz y Andrés Klipphan. Documentaciones y datos como los de la FAA, de organizaciones no gubernamentales y de departamentos oficiales, testimonios de pobladores, historias de vidas y publicaciones periodísticas, son esgrimidas por los autores de Tierras S.A. para trazar el nuevo mapa de la soberanía desterrada.

El texto, en el que el formato de libro no altera o distrae el oficio de los dos periodistas, recopila y profundiza las recientes noticias sobre lagos, caminos, cerros y reservas acuíferas a los que nuevos alambrados, tranqueras y guardias privados prohíben el acceso, a pesar de que eran espacios públicos. Klipphan y Enz resaltan que, además de los grandes propietarios surgidos tras el desarrollo de la chacrita de los bisabuelos inmigrantes, ahora se imponen “los grupos empresarios y sociedades anónimas, emanados con fondos financieros que remiten a encubiertas procedencias”.

En la lista de nuevos terratenientes sobresalen nombres como los de Benetton, Tompkins, Joseph, Lewis, Turner, Kissinger, Korchenewski, Stallone, Willis, Schwarzenegger, Yabrán, Tinelli, Roviralta, Eurnekian y Ginóbili. Pero el trabajo también incluye el caso santafesino, con la presencia de personajes de la región: Ianozzi, Capózzolo y Batistuta, entre otros. Además, se citan investigaciones sobre casos de pueblos acosados por remates, como ocurrió en Los Amores -en el norte santafesino-, que fue investigado por Leonardo Graciarena, de La Capital.

En ese registro de trabajos de otros investigadores, se utilizan estudios del Instituto de Cultura Popular (Incupo) y libros como Reutemann, el conductor, escrito por el periodista rosarino Horacio Vargas. También se registra a quienes desde el poder político escudaron y se beneficiaron con el remate del suelo nacional. Así, se repasa la huella del plan económico iniciado por la dictadura, la profundización de esa política durante el menemismo y la secuela nunca frenada que provocó -según los autores- una “reforma agraria al revés”, al privatizar inmensas zonas del país.

La documentación registrada habla con crudeza al citar algunos de los muchos datos recopilados: “Un terreno con una superficie 4.500 veces mayor que la ciudad de Buenos Aires está en manos de un europeo”; “hasta septiembre de 2006, unos 40,5 millones de hectáreas correspondientes a las mejores tierras cultivables del país estaban en venta o en proceso de ser vendidas”, o aquellas estadísticas que indican que “se le quitaron 270.000 kilómetros cuadrados de zonas esenciales y estratégicas para el desarrollo colectivo”.

Por otra parte, se remarca que la concentración de propiedades latifundistas y de recursos naturales significa también ataques al medio ambiente y la salud. Ese proceso es contextualizado con el devenir de políticas que parten desde la campaña del general Julio Argentino Roca, para desertificar el sur en procura de ampliar las fronteras agropecuarias, exterminando a los pueblos originarios. En ese sentido, el estudio resalta las consecuencias de esa incursión militar financiada por los hacendados, quienes serían los nuevos propietarios de extensas regiones.

La reseña histórica detalla la imposición de la política agroexportadora que, tras ser sellada a fuego por la dictadura militar, fue legalizada por el gobierno de Carlos Menem, cuando -como indican los autores- “1.773.000 hectáreas en zonas de seguridad pasaron a manos extranjeras”.

Tierras S.A. no resulta sólo un informe descriptivo del tema, con su arsenal de datos y la inclusión de historias de vida de los nuevos señores de las pampas. Por otra parte, quizás adjuntar al libro un índice onomástico hubiera sido una herramienta muy útil para guiar mejor a los lectores y las posteriores profundizaciones del tema.
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