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19/12/2018 -  tiempo  3' 51" - 308 Visitas Movimientos de mujeres, fake news y denuncias en internet La marea feminista: joven y tecnológica
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Las reivindicaciones y problemáticas de género marcan el debate público actual.
Las reivindicaciones y problemáticas de género marcan el debate público actual. Una agenda global cuyo impacto local abre grandes interrogantes y desafíos. Luciana Basso, investigadora de la Universidad Nacional de Entre Ríos, habló con ANÁLISIS sobre cómo se posicionan en este escenario grupos, instituciones y otros actores sociales. La especialista se refirió a las particulares características de esta última ola verde. También reflexionó sobre la polémica desatada por la circulación de noticias falsas en un medio provincial, así como abordó la discusión que se está dando al interior de las organizaciones sobre los escraches que víctimas de la violencia machista realizan en las redes sociales. Silvio Méndez

“No hay vuelta atrás”, afirma con mucho optimismo la comunicadora, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Luciana Basso, sobre lo que se ha definido como la cuarta ola feminista. Un movimiento que cada vez gana mayores espacios en la calle, en los debates públicos y dentro una discusión cultural más amplia respecto a las problemáticas y reivindicaciones de género.

“Ojalá la sociedad pueda estar a la altura de las demandas sociales; las instituciones, la justicia, la educación, la salud pública”, dice, porque “la interpelación no va a cesar”.
Basso se define como feminista y en diálogo con ANÁLISIS cuenta que su vínculo con la temática creció al calor de un trayecto académico que nació en su pasantía como estudiante y continuó en estrecha relación con la educación popular. Del fenómeno destacó el hermanamiento de las mujeres y la elaboración de estrategias colectivas frente a cuestiones que las atañen en común.

—¿Cómo se podría definir este momento de las luchas que encabezan las mujeres?
—En el feminismo se habla de olas, que ha tenido la primera, la segunda, la tercera ola. Esta sería la cuarta ola, que tendría que ver con una participación muy grande de colectivos de mujeres, lesbianas, travestis y trans de edades muy tempranas. Hay compañeras muy jóvenes, del secundario, que comienzan a acercarse al movimiento y comprender que las reivindicaciones que el movimiento feminista ha levantado por siglos, tienen que ver con la vida propia y el cotidiano. Para mí ahí está el salto. Cuando las chicas del secundario se cuelgan el pañuelo verde en las mochilas, algunas de 12 y 13 años, están entendiendo que esa lucha por el derecho al aborto tiene que ver con el derecho a la autonomía de los cuerpos. No simplemente con la circunstancia de un momento de la vida reproductiva de las mujeres. Es ése el planteo; es mucho más profundo. Ahí está lo fuerte de este momento histórico. Porque además se plantea como un sujeto político distinto, nuevo. Lo que hicieron en el Colegio Nacional Buenos Aires en su recepción, de poder denunciar con nombre y apellido situaciones que atravesaron durante su formación secundaria, tiene que ver con este entendimiento y fuerte impronta de ciudadanía política de pertenecer a un movimiento. Esta cuarta ola es de las hijas, porque son chicas jóvenes, y porque son reivindicaciones que no son entendidas como de un colectivo particular, sino como afectación a la vida cotidiana. Esta idea de que lo personal es político, que puedo y necesito poder tener reivindicaciones de lo formal que posibiliten herramientas y estrategias para tener una mejor vida. Pero que si no las tengo en mi intimidad, que si no soy capaz de ver qué ocurre dentro de mi casa, de mi cama, dentro de las relaciones que establezco, entonces hay una parte que está faltando. Y las chicas comprenden eso.

—¿Qué la diferencia de las anteriores olas?
—Es una acumulación en términos de lucha y reconocer la historia del movimiento. Que alguien de 13 o 14 pueda comprender que no es una lucha puntal, que no falla el anticonceptivo, sino que es por la soberanía de los cuerpos. Si la primera apuntaba a los derechos formales, a poder votar, luego se apuntó a los derechos económicos y sociales, disponer de nuestros salarios y de nuestro propio cuerpo de poder regular la maternidad, de poder decidir cuántos hijos tener, con quién y en qué circunstancias; bueno todo eso se acumula en este pedido y lucha por la soberanía de nuestros cuerpos. Hay derechos formales, subjetivos, económicos y políticos, pero aparece fuertemente que pese a que en la formalidad los reconocen, no están garantizados. Porque no tendríamos las cifras de aborto clandestino si esto fuera cierto. Y no tiene estrictamente que ver con la vida personal, de que se participa porque me hice un aborto. Participo porque la posibilidad del derecho al aborto legal, seguro y gratuito en un hospital es cuidar no sólo mi vida, sino la vida de todas las mujeres.


(más información en la edición gráfica 1092 de la revista ANALISIS del 20 de diciembre de 2018)
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