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01/09/2005 -  tiempo  6' 38" - 6326 Visitas La historia oculta de la paranaense María Elena Cisneros, la última mujer de José López Rega La pianista del Brujo
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María Elena Cisneros vive en Paraguay, con la fortuna de López Rega.
La paranaense María Elena Cisneros está residiendo en Asunción (Paraguay) desde fines de la década del ´90, donde ha montado una Escuela de Música. El dato sobre el destino de la última mujer del ex líder de la temerosa Triple A, José López Rega, se desconocía y lo revela el libro La fuga del Brujo, el último trabajo del periodista Juan Gasparini, que en exclusivo se anticipa en esta edición de ANALISIS. La mujer se quedó con bienes y dinero del ex ministro de Bienestar Social de Juan Domingo Perón. Tiene “dos cuentas millonarias” en bancos suizos, pero nadie sabe exactamente cuánto es el dinero que dispone. En los últimos años de vida, López Rega vivió en Suiza con nombre cambiado: por sugerencia de su mujer, utilizó la identidad de su suegro, Ramón Cisneros, fallecido en 1990. La madre de María Elena Cisneros aún vive en Paraná.
Por Juan Gasparini (*)

La paranaense María Elena Cisneros está residiendo en Asunción (Paraguay) desde fines de la década del ´90, donde ha montado una Escuela de Música. El dato sobre el destino de la última mujer del ex líder de la temerosa Triple A, José López Rega, se desconocía y lo revela el libro La fuga del Brujo, el último trabajo del periodista Juan Gasparini, que en exclusivo se anticipa en esta edición de ANALISIS. La mujer se quedó con bienes y dinero del ex ministro de Bienestar Social de Juan Domingo Perón. Tiene “dos cuentas millonarias” en bancos suizos, pero nadie sabe exactamente cuánto es el dinero que dispone. En los últimos años de vida, López Rega vivió en Suiza con nombre cambiado: por sugerencia de su mujer, utilizó la identidad de su suegro, Ramón Cisneros, fallecido en 1990. La madre de María Elena Cisneros aún vive en Paraná.

Prácticamente inmersos en las incertidumbres de la clandestinidad, el Brujo y los Cisneros, que se encontraban en Los Pájaros, se resistieron inicialmente a salir disparando de Suiza. Tal vez no apreciaron hasta el 24 de noviembre de 1982, cuando se publicó la noticia, la real envergadura de lo ocurrido dos semanas antes en el zafarrancho fotográfico orquestado por la agencia Efe. María Elena y su madre concordaron ante la policía suiza en los interrogatorios, que se dieron una tregua. La fecha de partida a las Bahamas, vía Londres, se fijó para el 1° de diciembre de 1982. Mientras tanto pasaron el tiempo “visitando amigos” para distanciarse del avispero periodístico, mudando de vivienda. Una de esas viviendas debió quizás encontrarse en el vecino Cantón de Friburgo, porque dos días antes de partir las dos mujeres se presentaron en el criadero de perros de la localidad de Ferlens, dejando en pensión un bichon-maltes que habían comprado pocos meses antes, al no poder llevarlo “al país que se iban”. En la calle las aguardaban dos desconocidos en un Peugeot que no pudo ser identificado, probablemente alquilado, uno de los hábitos de María Elena pues los Cisneros nunca tuvieron automóviles a su nombre en Suiza.

Suponiendo que el verdadero Ramón Cisneros estaba en la Argentina, disminuido físicamente a causa de un ataque cerebral que tuviera varios años antes, o que los esperaba en Miami, estación terminal del viaje con escala en las Bahamas que su esposa e hija iban a comenzar con el Brujo desde Ginebra, el punto de reunión para emprender la expedición debió ser el domicilio particular de María Elena en Ginebra, dado que ya tenía uno. Empeñada en ser reconocida como concertista de piano y compositora, y de paso tener su propio permiso de residencia permanente, ella se había inscripto como “estudiante” en el conservatorio de la ciudad, alquilando desde hacía siete meses un apartamento en el 6 Chemin Petit-Senn, del barrio de Chêne-Bourg. Como puede apreciarse en la fotocopia del registro consular de argentinos residentes en Suiza, que se adjunta en el Anexo, el 20 de abril de 1982 María Elena mandó reemplazar su domicilio original declarado en septiembre de 1978, asimilado al de sus padres en Villeneuve, por el suyo autónomo de Ginebra. Ese apartamento lo mantuvo hasta el 30 de junio de 1995, dándose de baja en el Control del Habitante del Cantón anunciando que se iba para Asunción, Paraguay.

En el barrio de Chêne-Bourg la recuerdan como una joven mujer que vivía sola, y que en un negocio en desuso contiguo a su departamento daba cursos nocturnos de piano y canto para niños dos veces por mes, un sueño acuñado desde que ejerciera de maestra jardinera en su Entre Ríos natal. Su vecina de Ginebra, Marie Betty Rayroud, que le prestaba gratuitamente el deshabitado local, nunca supo si con ese tipo de enseñanza, de no haber sido gratuita, hubiese colmado sus necesidades para vivir. En todo caso, a ese nivel era una fuente de ingresos insuficiente para una estudiante de rango universitario que debía pagar matrícula y afrontar los gastos corrientes de cualquier habitante de una de las ciudades más caras del mundo. La apreciación sirve para entender que María Elena era una mantenida de López Rega. No hay otra explicación a que la falta de dinero nunca fuera un obstáculo en su existencia suiza, motivada por las dos prioridades que la guiaban sin cesar: tomar clases en el Conservatorio para mejorar su formación, e intentar que sus composiciones fueran propaladas en las ondas helvéticas, lo cual no fue coronado por la suerte.

En ese afán, golpeando puertas y ofreciendo vanamente sus partituras y discos se enamoró locamente de un conocido presentador televisivo de Ginebra, Jean Philippe Rapp, con el que su vecina Marie Betty Rayroud dice que tuvo un romance, aunque el periodista lo niega, limitando la relación a contactos con la pianista, interesada en difundir su música en la cadena donde aún trabaja. Antes de partir de Suiza, Marie Betty le presentó un joyero a María Elena, que la desembarazó por una suma perdida en las contabilidades de lo inconfesable, del anillo autografiado que el general Augusto Pinochet le había regalado al Brujo. Esa muestra de solidaridad letal tuvo que deberse a servicios brindados en la Operación Colombo, la eliminación durante 1975 de 119 opositores en Chile, pero haciéndolos pasar como muertos de la Argentina, atribuyéndoles sus identidades a cadáveres de víctimas de la Triple A, enmascarando la matanza como una serie de enfrentamientos internos y ajustes de diferencias entre adversarios de Pinochet. La burda versión fue difundida internacionalmente el 15 de julio de 1975 en el único número de la revista argentina Lea, publicada por una editorial del Ministerio de Bienestar Social dependiente de López Rega, según la instrucción penal que llevara adelante en Santiago de Chile el juez Juan Guzmán, quien procesara al ex dictador y a otros 16 militares. Los hechos fueron anteriores a que se institucionalizara el Operativo Cóndor el 29 de octubre de 1975, es decir con antelación a que Lopecito se fuera de la Argentina el 19 de julio de ese año, o sea, cuando el ministro de los Perón espoleaba a la AAA, y Augusto Pinochet, por ejemplo, decretaba matar a su predecesor en el comando del Ejército, el general Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert, asesinados en la noche porteña del 29 al 30 de septiembre de 1974. Como se sabe, ese crimen tiene sentencia firme de la Corte Suprema. En la condena de unos de los victimarios, el agente de la DINA en Buenos Aires, Enrique Arancibia Clavel, ha quedado probada la complicidad de la Policía Federal Argentina en el doble homicidio, en la cual el Brujo era comisario general.

Cuando el matrimonio Prats llegara a su domicilio de Malabia 3.359, en el barrio de Palermo, hubo un corte de luz en el alumbrado público y “evacuación de policías” en las inmediaciones para que los autores del atentado pasaran desapercibidos, en cuya preparación dispusieran de la ayuda, para tareas de inteligencia, del comisario Juan Carlos Gattei, subordinado jerárquico de López Rega.


(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)
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