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Versión Impresa del Semanario Analisis | Jueves, 30 de marzo de 2006
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30/03/2006 -  tiempo  3' 48" - 8554 Visitas A 100 años de la muerte de una precursora Teresa, la primera dama de Concepción
Teresa Ratto falleció el 2 de abril de 1906. Este domingo se cumple un siglo de su adiós triste, prematuro e inesperado. Fue la primera mujer que egresó del entonces machista Colegio del Uruguay, la primera médica de la provincia y la segunda del país, protegida por Cecilia Grierson. Feminista, precursora en la lucha por los derechos de la mujer, integrante del primer Centro de Estudiantes que hubo en la Argentina, Teresa se consumió ardorosamente en una epidemia a la que dedicó todos sus esfuerzos. A su muerte la despidieron el Centro de Estudiantes de Medicina, José Zubiaur y destacadas luchadoras feministas.
Américo Schvartzman
(desde Concepción del Uruguay)


Teresa Ratto falleció el 2 de abril de 1906. Este domingo se cumple un siglo de su adiós triste, prematuro e inesperado. Fue la primera mujer que egresó del entonces machista Colegio del Uruguay, la primera médica de la provincia y la segunda del país, protegida por Cecilia Grierson. Feminista, precursora en la lucha por los derechos de la mujer, integrante del primer Centro de Estudiantes que hubo en la Argentina, Teresa se consumió ardorosamente en una epidemia a la que dedicó todos sus esfuerzos. A su muerte la despidieron el Centro de Estudiantes de Medicina, José Zubiaur y destacadas luchadoras feministas.

Es una historia triste, casi tanto como la sonrisa de Teresa en la vieja fotografía. En pocos años, Teresa Ratto estableció varios récords: fue la primera mujer que pidió ingresar a estudiar al Colegio del Uruguay (y luego la primera bachiller del país), la primera médica de la provincia y la segunda de la Argentina. Por si fuera poco, integró el primer Centro de Estudiantes que hubo en la Argentina y fue fundadora de una de las primeras organizaciones feministas: el Centro de Universitarias. Unas cuantas marcas para un paso fulgurante e inesperadamente breve: a los 29 años, después de batir todos esos registros, Teresa falleció por una peritonitis. Con ímpetu juvenil y en poco tiempo, había desafiado todos los esquemas retrógrados de la época y se lanzó a cumplir con su vocación, ocupando de hecho un plano de igualdad con los hombres, inscribiendo su nombre de ese modo junto al de las precursoras argentinas en la lucha por los derechos de la mujer. Su mentora, tanto en los estudios como en esas convicciones, había sido Cecilia Grierson, la primera médica del continente sudamericano y organizadora del Primer Congreso Feminista Internacional realizado en la Argentina, junto con Alicia Moreau y otras destacadas militantes de la época.

Aunque una calle la recuerda desde 1975 –el año en que el entonces intendente Carlos María Scelzi la homenajeó reemplazando el anterior de Washington– no son tantos los uruguayenses que conocen la historia de esta mujer que fallecía un siglo atrás, después de haber dejado jirones de su vida, su vocación y su saber científico en una epidemia de difteria, una enfermedad infectocontagiosa.

Teresa, tras estudiar en la Escuela Normal, se propuso lo que por aquellos años parecía un imposible: continuar una carrera universitaria, para lo cual necesitaba el título de bachiller. No fue fácil ingresar al Colegio del Uruguay, la institución fundada por Urquiza para formar a la clase dirigente del futuro, rol que conservaría unos pocos años más. Lo previsto, lo aceptable, era que fueran hombres quienes allí se prepararan. Pero Teresa insistió y contó con el apoyo de un rector distinto, abierto y progresista, como lo fue José Benjamín Zubiaur. Intercambios epistolares con el ministro y argumentaciones diversas de Zubiaur finalmente prosperaron y así fue que la joven uruguayense pudo ingresar a primer año. Los estudiosos de la historia del Colegio, como Celomar Argachá (El Colegio del Uruguay a través de sus rectores) cuentan que Zubiaur no sólo posibilitó el acceso de las primeras alumnas sino también de las primeras docentes de sexo femenino, como Juana Martín y Albertina Pons.

En 1895 Teresa concluyó sus estudios de bachiller en el Colegio y se fue a estudiar Medicina a la UBA. Con Cecilia Grierson como mentora, Teresa egresó en 1903 y se puso a trabajar de inmediato: “Parecía que le sonreían la felicidad y la fortuna”, dirá luego en una carta la doctora Grierson, lamentando el deceso. “Su alma era un nido de amor para la humanidad que sufría”, escribió por su parte Zubiaur, su “maestro, alumno y amigo”, como se definió en su despedida. El mismo Zubiaur es quien asegura que el doctorado no era en ella un objetivo de ambición personal, sino el mejor medio para desempeñar “la misión altruista que se había impuesto”.


(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)
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