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25/08/2011 -
1' 2" - 441 Visitas Un juicio largamente aguardado La fotofobia del Lucifer
“Duerme el derecho pero no muere”, reza un antiguo aforismo jurídico. Y a pesar de que la sociedad ha debido aguardar demasiado tiempo para que el brazo de la justicia les llegue a represores y apropiadores de bebés, finalmente se va produciendo el desfile, no tan erguidos ni marciales como estaban habituados, de uniformados que violan las leyes de Dios y de los hombres, se adueñaron de la vida y del destino de seres humanos y transformaron en niños en huérfanos apenas haber nacido, porque sus padres pasaron a engrosar la nefasta lista de desaparecidos.
Luis María Serroels
Utilizaron todos los medios prohibidos por las leyes escritas y por la ley moral, para secuestrar, torturar y asesinar a miles de ciudadanos de cualquier edad, sembrando primero el terror y luego el dolor como correlato inenarrable.
Se valieron de los delatores profesionales, cultores de la alcahuetería rentada, que se solazaban acopiando y entregando datos para congraciarse con sus jefes de área, sabedores de que tras sus informes cotidianos surgirían los futuros muertos y desaparecidos. Mientras tanto, en algún lugar, la “parrilla” maldita aguardaban las víctimas del asquerosamente célebre conductor de watios en manos de expertos torturadores.
Y como un componente más de su menú cargado de maldad, prepotencia y espíritu sanguinario, tomaban bebés recién nacidos –cuyos padres y abuelas legítimos jamás conocerían-, para entregarlos a terceros como vulgar objeto en falsos actos de conmiseración, cuando en realidad estaban poniéndole el moño a una cadena de vandalismo.
(Más información en esta edición del Semanario ANALISIS) |
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