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28/09/2011 -  tiempo  3' 37" - 4840 Visitas La drástica decisión de Solanas: una mezcla de melancolía y soledad del poder Triste, solitario y final
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La violenta muerte de Raúl Patricio Solanas conmovió a la comunidad política, pero también a buena parte de la opinión pública. El ex funcionario y ex legislador hacía un buen tiempo que casi no era tenido en cuenta en la cúpula del oficialismo. Fue hallado cuatro días después de haberse ausentado de su vivienda y nadie lo buscó. Un hombre de la custodia gubernamental vivía a menos de 120 metros de su casa de fin de semana en Strobel. Cómo fueron los últimos días del ex funcionario y los mensajes al oficialismo en los meses previos de los que no se tomó nota, en un informe especial de cuatro páginas en esta edición del semanario ANALISIS. D. E.

Nunca se sabrá qué pasó por la cabeza de Raúl Patricio Solanas la semana pasada, cuando optó por el suicidio. Ni tampoco cuánto preparó su muerte. Cuesta entender que no lo pensó más de una vez, en esa inmensa soledad del lugar, en Strobel, donde tomó la autodeterminación. La pequeña casita de fin de semana que tenía en calle Colón al final -en el poblado del Departamento Diamante-, en un camino vecinal que termina en su vivienda y en el arroyo La Ensenada, está rodeada de árboles y silencio. Demasiado silencio. Únicamente se escucha el silbido del viento en la copa de los árboles; alguna vaca del campo ya casi sin eucaliptos, ubicado en frente -y que por mucho tiempo perteneciera a la familia Etchevehere- o los sonidos de dolor de alguno de los porcinos de la chanchería, del otro lado del arroyo, que genera un permanente olor nauseabundo en los alrededores.

Es una zona de paz y belleza natural, pero para los vecinos de la zona también de muerte. Allí había un puente de hormigón, que se extendía sobre el arroyo y que cayó en la década del ’60, consecuencia de una intensa lluvia y una abrupta crecida. Los pilotes de hormigón quedaron bajo el agua. La mayoría de las muertes que se produjeron desde entonces fue por desconocimiento de la gente que iba hasta la pequeña barranca, se arrojaba al agua y moría al golpear la cabeza contra los pilotes. Nadie sabe calcular el número de víctimas que hubo en estas últimas décadas. “Pero son muchos los que se mataron”, indica un viejo baqueano que ya no va a pescar como antes, pero que cada tanto acude a disfrutar la tarde.

De esa bella zona se enamoró Raúl Solanas en tiempos en que era uno de los diputados más críticos del último gobierno de Sergio Montiel. “Vos estás loco; hay que hacerla entera a esta casa”, le dijo una mañana su entrañable amigo, el ex diputado provincial Luis Márquez (PJ-Victoria). “Vamos a ir despacito”, le respondió Solanas, convencido de que había encontrado un lugar en el mundo para descansar y desenchufarse de todo.

La humilde casa, que, apenas desembarcó pintó de rosado (por lo cual sus amigos la conocían como La rosadita) es una vieja construcción de la década del ’50 o el ’60, con varias ventanitas típicas de viviendas de campo (de no más de 40 centímetros de altura) y de techo bajo. Tiene una bella arboleda, una pequeña cancha de fútbol donde solamente acudían sus más entrañables amigos y una pileta de plástico de escasas dimensiones. Un viejo portón verde, dos perros cariñosos y un par de reflectores para la noche. “Es una boca de lobo; casi no hay luz en esa zona”, se acotó.

Ni antena de Directv, ni tv por cable, ni antena común de tv. Tampoco se observa cable telefónico. De hecho, la señal para telefonía celular es intermitente o muy baja en ese poblado de casi 5.000 habitantes y en especial en esa zona. Solamente en determinados lugares se puede escuchar algo, pero con dificultad. Raúl Solanas iba seguido a su vivienda de campo y nadie podía dar con él, salvo que en algún momento llegara a ver el número, para después llamar. Era como su reducto; lejos del poder, de las demandas y los reproches.

La vivienda más cerca está a no más de 120 metros. Allí vive un suboficial de la Policía de Entre Ríos, que presta funciones en la Custodia Gubernamental de Sergio Urribarri al que, evidentemente, nunca le pidieron que acudiera a buscarlo al ex legislador ante su prolongada ausencia ni para convocarlo al acto de campaña del gobernador, de Blanca Osuna, Julio Solanas y Ubaldo Pato Fillol, en las instalaciones del club Echagüe, el viernes 23 de septiembre, para que el que se encargaron de llamar a numerosos dirigentes y ciudadanos de Paraná. La tía del suboficial era la persona de confianza de Solanas, a la hora de ir a hacer alguna limpieza a la casa, pero acudía cuando el malogrado funcionario la llamaba.

(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)
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