"El umbral de lo humano", conversatorio con el actor y escritor Mauricio Dayub, moderado por el periodista Alejo Paris.
El actor, dramaturgo y escritor paranaense participó este domingo de “El umbral de lo humano”, uno de los conversatorios de la tercera jornada de la XIV edición de la Feria del Libro Paraná Lee. Con la carpa colmada, presentó los libros de “El Amateur” y “El Equilibrista” y conversó con el periodista Alejo Paris sobre la escritura, sus comienzos, el deporte, los personajes que marcaron su infancia y el vínculo con Paraná. Al final volvió por un momento al actor: contó una historia del Club Recreativo que el público celebró.
El actor, director y autor Mauricio Dayub estuvo este domingo en la Feria del Libro Paraná Lee y la carpa se llenó para escucharlo. El encuentro llevaba por título “El umbral de lo humano” y tuvo como punto de partida los libros de las obras “El Amateur” y “El Equilibrista”, aunque la conversación, moderada por el periodista Alejo Paris, fue mucho más allá.
Hubo recuerdos de infancia, historias de clubes, los años difíciles en Buenos Aires, su manera de escribir y también una pregunta que recorrió buena parte de la charla: qué queda de una persona detrás del actor, del éxito, del personaje que otros construyen alrededor suyo.
“El Amateur” apareció como una pieza central de ese recorrido. El paranaense Dayub contó que la escribió cuando todavía no era dramaturgo y llevaba varios años intentando abrirse camino como actor en Buenos Aires. Iba de canal en canal, dejaba fotos y currículums, buscaba oportunidades y no veía con claridad si todo ese esfuerzo lo estaba llevando hacia donde quería.
“Me tuve que poner a escribir esa historia para sentir que estaba haciendo algo, que en algún futuro me podía ayudar a tender un puente invisible entre lo que yo quería y lo que tenía en ese momento”, recordó.
La historia que eligió no estaba lejos. Había nacido en Paraná y él la había visto de chico: un ciclista decidido a pedalear durante cinco días y cinco noches alrededor de la Plaza 33 Orientales. Al principio, recordó, los vecinos no parecían tener demasiada fe. Después empezaron a acompañarlo. Llegaron deportistas para correr a su lado y mantenerlo despierto, músicos, un escenario y finalmente el reconocimiento de toda una ciudad.
Mucho más tarde Dayub entendió que, sin proponérselo, también estaba contando algo propio. “Nunca me imaginé ni que lo iba a relacionar con Ícaro, ni que la obra se iba a convertir en un clásico, ni que se iba a hacer una película, ni que se iban a editar los libros”, señaló. Escribirla, dijo, había sido una necesidad. Y acaso esa falta de cálculo fue la que permitió que una historia íntima pudiera reconocerse también en la vida de otros.
En otro momento, se le preguntó a Dayub cuánto había influido el deporte que practicó desde chico en la manera en que construyó sus espectáculos. Dayub respondió con una definición: “Ser actor es escribir con el cuerpo arriba del escenario”.
Recordó sus años ligados al básquet y explicó que esa experiencia terminó dándole recursos que aparecerían después en el teatro. “Mis espectáculos son un poco deportivos”, dijo. El cuerpo, agregó, podía expresar aquello que no llegaban a decir las palabras.
La escritura, en cambio, tuvo un comienzo más trabajoso. Dayub contó con humor que preparaba el ambiente, ponía música, prendía un sahumerio, se hacía un té y trataba de “sentirse Borges”. Escribía una frase y no conseguía seguir.
Hasta que decidió levantarse a las cinco o seis de la mañana y escribir antes de escuchar las noticias, en el silencio y la duermevela de esas primeras horas. “Yo estaba convencido de que mi posibilidad estaba exclusivamente en la calidad de lo que hiciera”, recordó sobre aquel tiempo en que todavía nadie lo conocía.
Tampoco se asumió enseguida como autor. Incluso después de los premios obtenidos por “El Amateur”, de la película y de las primeras ediciones, seguía pensando que una sola obra podía haber salido “de casualidad”. “No me consideré autor hasta que pude escribir la segunda, la tercera”, contó.
Paraná, los ídolos y las personas comunes
Paraná regresó varias veces a la conversación. Una de esas entradas fue a través del cuento “¿A dónde van los ídolos?”, nacido de un recuerdo de adolescencia.
Dayub evocó a Mario Avellaneda y un gol decisivo para Atlético Paraná que había escuchado por radio cuando tenía 12 o 13 años. Aquella tarde, mientras jugaba al básquet en el Club Recreativo, vio entrar al mismo hombre al que horas antes había imaginado como un héroe. Llegó caminando, como cualquier otro día. Los pocos que estaban allí comenzaron a aplaudirlo.
De aquella escena quedó una idea que lo acompañó durante años. “Ahí entendí que el éxito, triunfar, es ser un tipo común que simplemente un día puede más que los demás”, dijo. No alguien obligado a sostener todo el tiempo una pose de héroe. Para Dayub, algo de eso está también en *El Amateur*: la disciplina, el esfuerzo y la posibilidad de alcanzar un momento extraordinario sin dejar de ser, después, una persona común.
Ese tema llevó la charla directamente hacia “El umbral de lo humano”. Dayub recordó que una mujer, después de una función, se acercó emocionada y le dijo: “Usted, en tiempos de inteligencia artificial, nos humaniza”.
La frase lo sorprendió. “Che, ¿cómo vamos a necesitar que nos humanicen si somos humanos?”, respondió entonces. “No nos creamos cosas que no corresponden”.
También allí apareció Paraná. Dayub habló de una ciudad en la que ciertas distancias se desarman rápido, donde resulta más difícil sostener una impostura. “Yo siento que acá te pueden bajar rápidamente preguntándote qué te pasa. Ya está”, señaló.
Algo de eso se vio cuando terminó el conversatorio. Dayub firmó libros, se sacó fotos y saludó a quienes se acercaron a encontrarse con él. Entre ellos hubo exvecinos y conocidos de otros tiempos.
Una jugada de lujo para el final
Antes de despedirse, Dayub volvió al lugar que mejor conoce. Dejó por unos minutos el formato de entrevista y contó una historia.
Otra vez el Club Recreativo y el básquet. Dayub tomó la pelota, habló de un jugador extraordinario que tiempo después regresó como técnico y de una enseñanza que le quedó de aquellos años, luego de rememorar una jugada de lujo y un fallido tiro al aro. “Ganar, gana cualquiera; hacer una jugada de lujo, sólo los mejores”.
La historia se convirtió también en una idea sobre su manera de trabajar. Esa “jugada de lujo”, contó, es algo que intenta buscar tanto en la vida como en cada espectáculo.
El público celebró el relato y el cierre tuvo algo de síntesis involuntaria. Durante buena parte del conversatorio Dayub había hablado de héroes que vuelven al club, de un ciclista que insiste cuando nadie cree demasiado en él, de un actor desconocido que escribe porque no sabe qué más hacer, del cuerpo entrenado en el deporte y de las historias de Paraná que terminaron entrando en sus obras.






