Las paredes de Todas las Manos
Este mes se cumplieron 40 años del inicio de uno de los programas culturales más emblemáticos de la ciudad de Paraná: “Todas las Manos”,integrado por un grupo de artistas que piensa, crea y trabaja para concretar murales en la capital entrerriana. Hasta fin de mes se puede visitar la muestra que recorre parte de los recuerdos de estas cuatro décadas en el Museo de la Ciudad.
Por Ferny Kosiak
Desde hace 40 años que en la capital entrerriana es raro ver paredes en blanco. Tenemos una de las ciudades más coloridas, intervenidas por murales de artistas, de vecinos, de gurises que se arriman a los integrantes del programa Todas las Manos cuando desembarcan en el barrio, en la vereda de una escuela.
Me reuní con el equipo actual de este grupo de artistas paranaenses para reconstruir parte del trabajo desarrollado en estas décadas como también para poder pensar una práctica tan singular como la suya. En la actualidad el programa “Todas las Manos” está integrado por Héctor Godoy, Florencia Albornoz, Alejandro Barzola, Cecilia Zapata, Juan Galarza, Andrés Leiva, Mauricio Ojeda, Beto Rodríguez bajo la dirección de Sergio Damonte.
Este grupo de nueve artistas recorre una ciudad en expansión, con demandas por parte de vecinales, instituciones o por los mismos intereses de Todas las Manos: el arte ya no está en un museo, ni siquiera está en las calles céntricas de la ciudad, está en todas las paredes de los barrios paranaenses como política cultural. Andrés Leiva comenta: Es una experiencia inédita de políticas públicas que nace en el 86 con el advenimiento de la democracia. No es menor que haya surgido ahí, y no antes. El programa siempre ha tenido esa preponderancia y el desafío del Estado es que no se pierdan este tipo de políticas, de otra manera no se podría haber realizado todo este despliegue en toda la ciudad; hablamos de una ciudad distinta en el 86, una ciudad que casi se terminaba en los bulevares y ahora es una ciudad con barrios muy alejados, desarrollos culturales y urbanos distintos. Ahí se necesita de la participación y la consustancialidad de las personas que están en el territorio. Sin ella no se puede hacer nada. Ninguno es el genio que viene con la idea que va a revolucionar a todo el barrio, sino que va a proponer y en cierta medida se va a nutrir de todas las experiencias que le va aportando la ciudadanía, la gente, lo que emerge ahí.
Esta política cultural se inició durante la primera gestión de Humberto Varisco. Desde 1985 la artista Celia Schneider venía realizando en Paraná una actividad llamada Pintadas Comunitarias que consistía en extender grandes telas al aire libre, en diversos espacios de la ciudad, para que los vecinos las intervinieran. Celia, junto a Fredy Pintos y al entonces Secretario de Cultura, Gito Petersen, comenzaron a idear la creación de un programa que desembocara en las paredes, que propulsara el arte del muralismo. Fue así que el sábado 2 de agosto de 1986 se dio el espontaneo inicio del programa, en una plaza seca que estaba ubicada en la esquina de 25 de mayo y Belgrano, en una celebración por el Día del Niño. Siguieron un par de trabajos más de ese grupo inicial integrado por Celia, Ramón Ifrán y José Suárez. De poco comenzaron a sumar a los artistas locales como Asiaín, Simonelli, Tati Zapata y también a los vecinos, invitándolos a ser partedel trabajo en la vereda o a idear un mural partiendo de la premisa de que no se podían incluir ideas partidarias, ni religiosas. En principio el programa nació como una idea para ganarle las paredes a las pintadas políticas y llenarlas con obras de arte, sintetiza el actual director de Todas las Manos, Sergio Damonte, y agrega: Lo que hizo Celia fue revolucionario en ese sentido, incorporar el mural a la geografía de la ciudad, el arte que salía de las puertas del museo a la calle.
En el año 2019 la Editorial Municipal de Paraná publicó Las paredes andan diciendo, el libro realizado por Lucrecia Pérez Campos y Fortunato Galizzi. En un exhaustivo trabajo documental, se rescatan más de 30 años del programa a través de imágenes recolectadas y el testimonio de quienes propulsaron el nacimiento de Todas las Manos. Gito Petersen recuerda la vuelta democrática y expande las palabras de Damonte: Si bien era entendible que luego de sucesivas pintadas políticas se generaran quejas de muchos vecinos en los medios locales, considerábamos que además significaba la comprobación del retorno a la libre expresión democrática. Lo que debíamos encontrar entonces, era un programa de participación popular que permitiera la transformación, la mejora y la restauración de los espacios desaprovechados o mal utilizados.
Cuando uno piensa que en las calles de Paraná existe un museo al aire libre, también entra la cuestión de los críticos de arte que se convierten en vándalos. Ramón Ifrán recordaba un mural pintado en los ochentas donde una muchacha obesa disparaba un misil y cómo la gente llamaba a la radio para criticar esa obra.Recuerdo un mural de calle 25 de junio donde hace unos años el artista Miguel Vesco había representado distintas religiones y la inclusión del símbolo budista omote manji, a simple vista similar a la esvástica nazi, y cómo rápidamente fue “intervenido” por algún transeúnte con pintura en aerosol a mano. Alejandro Barzola señala que eso cambió en los últimos años: Nosotros dejamos una huella en la pared y, a causa de esa interacción, los vecinos se apropian de la obra y la cuidan para que no ocurran cosas negativas. Al congeniar, al interactuar, al hacer partícipe a la comunidad, esa gente cuida la obra como si fuera suya, que realmente es suya, ¿no?
Ese acercamiento de la comunidad, de poder trabajar con niños, no solo vino de la mano de una voluntad intrínseca en los miembros del programa sino también de un cambio en las materialidades del arte que desarrollan. Hasta hace poco más de veinte años,la pintura para los murales era esmalte sintético que requería solvente, un material agresivo a la hora de trabajar con personas que no supieran manipularlo. Andrés Leiva recuerda un trabajo hecho hace un tiempo en el barrio Paraná 14: En un momento estaba todo el barrio, como que emergió, salieron todos, no los podíamos parar. Ya era de noche y seguían pintando. Cuando ya nos estábamos yendo, vimos a una nenita que seguía pintando, ni se había enterado de que se había terminado y quería seguir. Y eso te da la pauta de la potencia que tiene todavía la pintura en función a tantas otras tecnologías que compiten con esa tensión, la potencia liberadora para que esa persona esté trabajando una materia, no una virtualidad, sino materia inerte que va generando símbolos. Eso, para mí, es el motor diario y fundamental para que día a día sigamos sosteniéndolo. Héctor Godoy rescata ese trabajo con las infancias agregando: Es hermoso cuando se involucran los chicos de una escuela y se emocionan, pintan; eso me llama mucho la atención, me hace llegar a casa muy contento, porque ves la felicidad de esos chicos.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1173, del día 20 de agosto de 2026)






