Pensar desde la orilla: los 100 años de Aníbal Sampayo
Mucho más conocido por sus canciones que por su nombre, el autor de “Kychororo” y “Cielo en flor” dejó en su obra poética y en un puñado de ensayos su pensamiento sobre el río, el trabajo, la tradición y el lugar del ser humano, desde una matriz artiguista que dialoga con la filosofía política contemporánea.
Por Américo Schvartzman
Por estos días se cumplió un siglo del nacimiento de Aníbal Sampayo, y la efeméride es una buena excusa para hacer algo diferente con él: pensarlo, además de escucharlo.
Sampayo es, sobre todo, una melodía que tarareamos alguna vez sin saber bien de quién era. Sus canciones se volvieron tan populares que dejaron a un lado su nombre. Y hay anécdotas vinculadas a su obra que resultan fascinantes: desde Spinetta contando que la primera canción que aprendió a tocar fue “Kychororó” (“Me la acuerdo casi como si fuera un tema mío”, dice el Flaco entrevistado por Juan Carlos Diez en el libro “Martropía, conversaciones con Spinetta”, Aguilar, 2006) hasta los carceleros que, en una comisaría entrerriana, terminaron cantando con Sampayo preso a comienzos de los 70 (lo cuenta el propio Aníbal en su libro “El canto elegido”).
Sus hits, al igual que los pájaros de su canción, no conocían ni conocen de fronteras. Canciones de Sampayo fueron grabadas por Mercedes Sosa, Víctor Jara, Jorge Cafrune, José Larralde, Liliana Herrero y Quilapayún, entre muchos otros artistas. Intérpretes de Paraguay, Brasil, Venezuela y hasta de Japón grabaron sus obras. Pero su figura sigue siendo mucho menos conocida que sus creaciones.
Su labor creativa enorme se ramifica en direcciones que a primera vista parecen no tocarse: canciones que él mismo llamaba “inofensivas” y se volvieron clásicos populares; piezas didácticas para gurises sobre aves regionales e instrumentos típicos; la monumental cantata a Artigas, además de otras cantatas todavía inéditas; coplas juguetonas como “Mi picazo parejero”; o que narran tragedias como “Cerro de la matanza”; retratos de gente real, anónima o casi (ya que muchas aparecen con sus nombres reales), en sus oficios y penurias; cantos de militancia pura y dura, ligadas al MLN Tupamaros y a Raúl Sendic, la opción a la que le entregó esfuerzos vitales casi sacrificiales, y a la que sus cantos acompañaron incluso en los cambios de estrategia, como “Orientales al frente”, de 1971, cuando el MLN se suma al Frente Amplio; y por supuesto canciones excelsas, sublimes, donde su sensibilidad poética se despliega sin ataduras, como “Cielo en flor”, “Compañero río” o “El árbol y el viento”.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1173, del día 20 de agosto de 2026)






