Samba Na Esquina, veinte años de un grupo que hizo camino en la calle
Por Gabriela Gómez del Río
Empezaron entre amigos, con algunos pandeiros, un cavaquinho y canciones que llegaban desde Brasil. Después estuvo una esquina de Paraná. Y un encuentro de cada 31 de diciembre que se repitió hasta volverse parte de la historia del grupo y también de la ciudad. Samba Na Esquina cumple veinte años.
Mauricio Guastavino, director musical e integrante desde los comienzos, recorre con ANÁLISIS ese camino: los primeros ensayos, quiénes fueron pasando por la formación, la música brasileña como territorio de búsqueda y una calle que, con el tiempo, terminó siendo su lugar más propio.
La esquina era San Martín y Victoria, donde estaba la casa de Mauricio. Samba Na Esquina todavía no se llamaba así. Se juntaban a tocar, a probar instrumentos, a sacar canciones.
La cuenta formal empieza en 2006, aunque Guastavino aclara que para entonces ya llevaban un tiempo reuniéndose.“Estamos cumpliendo veinte años porque hace veinte años que formalizamos que éramos un grupo y empezamos a trabajar con esta propuesta. La verdad es que desde unos años antes ya nos veníamos reuniendo a tocar y aprendiendo sobre los instrumentos típicos del samba”, explica.
Percusionista, instrumentista de cuerdas, licenciado en Música Popular, docente en la UNL y director musical de Samba Na Esquina, Guastavino lleva el origen un poco más atrás.
“Esencialmente parte de una virtud que no es nuestra, sino de una cultura y de una música que es la brasilera, que tiene una fuerza enorme y una belleza increíble”, resume.
Con su hermano Pedro empezó a explorar especialmente el pandeiro. Tocaban, escuchaban, aprendían. “Consigo un cavaquinho y aprendo a tocarlo, y esto de repente comenzó a generar un repertorio”, relata.
En aquellas primeras reuniones también estaban su hermano Pablo, Juan Costa y Sebastián Báez. Después se sumaron Natalia Damadian, Jorgelina Barbiero, Fernanda Álvarez y Gretel Schroeder. No había demasiada planificación: la convocatoria podía ser, simplemente, juntarse un viernes.
“Eso se transformó en ‘che, nos juntamos en la esquina de casa hoy viernes a la noche, ¡cáiganse!’. Era verano, iba surgiendo el samba y cada vez fuimos cantando más canciones”, comenta el músico.
Con el tiempo llegaron invitaciones para tocar, algunas contrataciones y otras necesidades bastante concretas: micrófonos, cables, una consola.
Los discos que vinieron de Brasil
Un tiempo vivido en Brasil amplió ese mundo. Guastavino conoció de cerca las rodas de samba y regresó a Paraná con discos, artistas y referencias que entonces tenían bastante menos circulación por estas latitudes.
Fundo de Quintal, Beth Carvalho, Teresa Cristina e Grupo Semente, Roberto Ribeiro, Nelson Cavaquinho, Dona Ivonne Lara, Cartola, Luiz Carlos da Vila. Más allá de la bossa nova y de la MPB más conocidas en Argentina, aparecía una tradición enorme por descubrir.
“Al volver con todas esas novedades, más la inquietud de tocar y compartir, la música misma se hizo camino”.
Paraná también ofrecía un terreno receptivo. “La ciudad de Paraná y el litoral tiene una cultura muy rica con la música litoraleña, pero también ha sido un lugar bastante abierto y permeable en cuanto a algún vínculo con la música uruguaya y la música brasilera”, expresa.
A la distancia, Guastavino encuentra una palabra para explicar buena parte de aquella búsqueda: “La curiosidad es el motor esencial para que eso suceda”.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1173, del día 20 de agosto de 2026)






