Hay dos tipos de cercos: los permitidos y regulados por la normativa vigente. Y los que no tienen ningún control profesional y pueden causar severos accidentes
Estos últimos años, se observa con mayor frecuencia en distintas propiedades de la ciudad de Paraná, la instalación de los cercos electrificados.
Se trata de un dispositivo cada vez más usado que busca una protección perimetral a través del tendido de alambres colocados sobre muros, portones o rejas.
Según registró este miércoles el programa Cuestión de Fondo (CdF), que se emite por Canal 9 Litoral, muchos de ellos fueron instalados sin ningún tipo de control profesional ni supervisión técnica.
En su mayoría, no cuentan con normas de seguridad, e implican un severo riesgo para la vida y la integridad física de vecinos, peatones y hasta niños.
Aclaración importante: la instalación de cercos eléctricos para inmuebles es legal en Argentina, siempre que cumplan con claras medidas de protección.
La normativa establece que el cerco eléctrico debe ser disuasivo sin representar un riesgo para la salud (la mayoría de ellos, abastecidos por baterías de 12 voltios). Además, debe contar con carteles claramente visibles, una altura mínima de instalación y un voltaje controlado.
El chiquito paranaense
En el caso de la capital entrerriana, la situación de cercos conectados a 220 tomó especial atención cuando un niño recibió una fuerte descarga eléctrica que casi le cuesta la vida al tocar una estructura metálica conectada directamente a 220. El hecho ocurrió en una vivienda de calle Lamadrid, propiedad del sacerdote César Smith.
Trabajo policial y control urbano municipal
La Subjefa de la División Operaciones de la Policía de Entre Rios explicó que las denuncias por situaciones referidas a cercos eléctricos se reciben en las comisarías, o a través del número 911. “En el caso que sean detectados y denunciados, se le da inmediata intervención al área de Control Urbano de la Municipalidad de Paraná. El trabajo y las pericias pertinentes lo realizan ellos en cuanto al corte inmediato de energía eléctrica”.
“El problema con los cercos es que la energía puede causar lesiones graves y hasta la muerte”, señaló la funcionaria policial a Cuestión de Fondo.
La vida, antes que todo
Lisandro Amavet, Defensor del Pueblo de la ciudad de Paraná, explicó que luego del caso del niño que sufrió una fuerte descarga eléctrica en la vivienda del sacerdote, el organismo recibió un mayor número de consultas e inquietudes por parte de vecinos referidos a los cercos.
Además, Amavet explicó que desde la institución lo que se busca es “crear conciencia y que la salida no debe ser individual, sino que tiene que ser de trabajar en comunidad y a través de del estado en pos de crear seguridad.
“Esto tiene que ver con la limpieza, la iluminación, con el encuentro y el diálogo entre vecinos. Se deben trabajar los problemas de inseguridad interinstitucionalmente dentro de cada barrio y cada zona de la ciudad”.
“Nosotros creemos que más allá de las cuestiones legales que puede traer para la persona que pretende resguardar su propiedad con un cerco electrificado, hay una cuestión ética que es importante tener en cuenta: la valorización de la vida por sobre cualquier bien. Debemos entender que con este tipo de dispositivos eléctricos, se pone en riesgo la vida de muchas personas”.
Responsabilidad civil y penal
El abogado Juan Pablo López Ciarroca explicó a Cuestión de Fondo que “la persona que ingresa sin autorización a un inmueble no libera automáticamente al propietario de la responsabilidad”.
“El derecho permite proteger los inmuebles siempre a través de medidas razonables y no letales. No autoriza de ningún modo la colocación de una trampa que puede producir lesiones graves o incluso la muerte”, aclaró.
López Ciarroca considera fundamental distinguir entre dos tipos de cercos perimetrales: uno profesional, que cuenta con una batería que brinda impulsos controlados. Y, en segundo lugar, los cercos que se encuentran conectados a la línea de calle (220 v), que producen una peligrosidad mortal y consecuencias mucho más graves”.
“En materia civil, los cercos eléctricos son considerados cosa riesgosa. Y el dueño o quien tiene su control, es su responsable. En el ámbito penal, la responsabilidad es personal y es necesario debe demostrar que hubo un incumplimiento de lo que se llama ‘deberes de cuidado’. Además, la conducta del propietario, debe ser la que provocó el resultado. Ahí se configura un delito de lesiones culposas, homicidio culposo. Y yendo a un caso extremo de que una persona deliberadamente y a sabiendas de las consecuencias de lo que representa un cerco a 220 voltios, podríamos discutir un dolo eventual que conlleva penas más elevadas”.






