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Memoria Frágil: La tarde trágica que Cerrito no olvida

La tragedia de Cerrito no pertenece solamente al pasado. Permanece en las familias que todavía pronuncian aquellos nombres, en quienes sobrevivieron con heridas que cambiaron para siempre sus vidas y en una comunidad que aprendió a convivir con una ausencia que el paso del tiempo nunca consiguió borrar. El 1° de octubre de 1985, un viaje de jubilados hacia Concordia terminó en una de las tragedias más dolorosas de la historia de esa localidad. Ocho personas murieron inicialmente y una novena víctima falleció semanas después. Entre ellas había una niña de apenas nueve años.

Pero, contar esta historia cuatro décadas después no significa regresar al lugar del accidente solamente para enumerar muertos, reconstruir un choque o volver sobre las imágenes más terribles. Significa recuperar las voces de quienes quedaron. Los testimonios de sobrevivientes, familiares y periodistas permiten comprender que una tragedia colectiva también se prolonga en silencios, preguntas, recuerdos, esfuerzos cotidianos y formas inesperadas de reconstruir la vida.

En ese punto adquiere sentido el documental de “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral). Porque hay historias que no desaparecen de un día para otro: se van quedando atrás, a medida que mueren sus protagonistas, se pierden los documentos y las nuevas generaciones dejan de reconocer los nombres. La memoria, entonces, necesita ser buscada, escuchada y puesta nuevamente en circulación. No para conservar una herida abierta, sino para impedir que el olvido termine borrando aquello que una comunidad necesita comprender de sí misma.

Los propios protagonistas lo advierten. “El silencio condena”, dice José Leonard, y reclama hablar de aquellas personas no solamente desde el dolor, sino también desde el amor. Eduardo Nani reconoce que cada vez quedan menos integrantes de aquel grupo y que, con ellos, también puede comenzar a desaparecer el recuerdo.

“Memoria Frágil” vuelve sobre aquella tarde para hacer justamente eso: recuperar una historia que todavía tiene algo que decirle al presente. Porque recordar no es quedarse detenido en 1985. Es devolverles un nombre y una voz a quienes ya no pueden contar su propia historia y, al hacerlo, evitar que el tiempo convierta una tragedia en apenas una fecha del calendario.

La tarde trágica que Cerrito no olvida

Era martes, 1° de octubre de 1985. Una tarde de calor pesado, de esas en que el sol baja lento sobre el río Uruguay. Tres colectivos de la empresa San Vicente habían salido de madrugada desde el Centro de Jubilados Nacionales de Cerrito. Un día de paseo: la represa, la fábrica de jugos, una vuelta por el centro de Concordia. Iban abuelos, matrimonios, algunos hijos y nietos que se colaron en el viaje a fuerza de insistir. Iba también una nena de nueve años, recién cumplidos, que quiso ir de la mano de una maestra vecina a la que quería como a una tía. Esos buenos momentos en pocos minutos se convirtieron en tragedia. Cerrito se transformó en luto y dolor. Y nunca más se olvidó lo sucedido.

De los tres micros que viajaron, los más nuevos se los dieron a los mayores. El más viejo, con el motor adelante, quedó para los más jóvenes. Ese colectivo anduvo mal todo el día. Al atardecer, cuando la caravana emprendió el regreso, ese colectivo por fin parecía andar bien. El micro salió por el Acceso Sur. Un cruce sin rotonda a la salida de una curva, en un bajo, donde había que mirar a los dos lados y atravesar un carril de la ruta 14 para tomar el propio. Esta tarde, en ese instante, apareció un camión. Entró por el costado del colectivo y le dio vuelta. Del pasillo hacia un lado, no quedó nadie. Del otro lado, los sobrevivientes se encontraron en un segundo entre fierros, chapas y gente perdida. Bajaron como pudieron. Buscaron a los suyos entre los cuerpos tendidos sobre el pasto. El fuego no fue inmediato. Pero cuando avanzó se comió al camión y al colectivo, y a algunos de los que no habían podido salir.

No llegaba ambulancia. No llegaba nada. Una camioneta que pasaba, con un colchón en la caja, cargó heridos y arrancó hacia el hospital Felipe Heras. Así, en la caja de una chata, llegaron algunos. Unos pocos fueron a parar al Sanatorio Garat. Otros no llegaron.

 

Marcelo Nani, sobreviviente del accidente

“Tenía diez años en ese momento. Fui porque íbamos con papi, con mi vieja, con mis abuelos y era un viaje de jubilados. Entonces, fuimos en familia. Papi no quería ir y lo insistieron y mis abuelos no querían ir, también lo insistimos para que fueran con nosotros… Y bueno, el viaje transcurrió dentro de todo bien. Salimos de Cerrito, un colectivo nuevo y otro colectivo más viejito. El colectivo más nuevo lo dejaron a los más viejos, por decirlo así; y los otros jóvenes fueron en el viejito. Bueno, fuimos bien, llegamos a Concordia y allá empezó a tener problemas el colectivo. Tenía problemas, se paraba, no marchaba y estuvieron todo el día renegando con ese colectivo. Papi era camionero y él sabía algo de eso, de motores y entonces él ayudaba con otros muchachos, amigos de él que también eran camioneros, entre el chofer y todo eso lo hacían andar al colectivo. Así fuimos, recorrimos y Pindapoy me acuerdo la fábrica de jugos, fuimos a la represa, por el centro y qué sé yo… y bueno… siempre renegando con ese colectivo. La cosa es que llegó un momento cuando íbamos saliendo que ya era tarde, el colectivo más o menos empezó a andar bien y Papi iba adelante, sentado. Ese colectivo traía el motor adelante. Un colectivo viejo. Entonces ahí, sin que se parara el colectivo, él hacía sus maniobras y seguía marchando sin parar el colectivo. Bueno, salimos de Concordia antes de llegar a la Ruta 14, marchaba bien y él iba parado en la escalera. En un momento se vino a sentar y fue en ese momento que el colectivo salió a la ruta 14… el colectivo en sí, y se encontró con el camión. Chocaron de frente, de costado, o sea. El camión entró por el costado del colectivo y volcó. Y bueno, yo estaba del lado izquierdo. O sea, nosotros quedamos sentados en los asientos, pero del pasillo para allá sacó todo. Ahí es donde estaban todos. Esa gente murió toda. Y bueno, en un segundo aparecimos entre fierros y chapas y gente perdida. Bajamos del colectivo y yo me encuentro con mi vieja y me dice ¿Y papi dónde está? No sé… Así que empezamos a buscar, a buscar hasta que lo encontramos a él y había otra gente ahí y los sacamos, los sacamos, pusimos en el suelo. Yo me acuerdo que mi abuela estaba también ahí tirada en el suelo… que ellos murieron los dos abuelos y bueno… quedamos ahí esperando hasta que en un momento del camión se empezó a ver una llama, se empezó a prender fuego y se prendió fuego el colectivo con el camión, todo. Nosotros alcanzamos a corrernos ahí y después no llegaba ambulancia, no llegaba nada. Había gente así, ahí andaba gente ayudando, pero hasta que en un momento una camioneta, una camioneta de alguien que pasó ahí, llevaba un colchón atrás, nos cargó… nos cargó atrás a nosotros y a una señora. Al costado había una señora que estaba muy mal. Yo no me acuerdo quién era. Esa señora estaba muy mal. Ya estaban agonizando. Y así nos llevaron al hospital “Felipe” … Ahí estuvimos… no me acuerdo bien … Me parece que fue una semana que estuvimos ahí. Yo estaba bien: unos cortes, algo así. Mi vieja también había tenido unos cortes. Bueno, pero él (por el padre) había llevado la peor parte que estaba con las piernas, el problema comprometido con las piernas”.

 

Juan Carlos Leonard, familiar de víctimas

“El accidente del 1° de octubre de 1985 del San Vicente, creo que eran tres … pero uno fue que se accidentó, ocurrió a las 18 horas en Concordia. En un cruce, creo, de rutas. En ese momento, cuando no había WhatsApp, no había celulares, yo estaba en una reunión del banco que trabajaba acá en Paraná y habían llegado las noticias. Mi papá había viajado también, pero iba en el colectivo número dos. Bueno, en ese accidente fallecieron ocho personas en forma instantánea (…) Fue muy trágico. Al otro día ya estaba como intendente electo el doctor Carlino, declara duelo y ninguna actividad en el pueblo de Cerrito. El velatorio se hizo en la Iglesia ´Nuestra Señora de la Merced´. Siete velaron ahí. Siete cajones corridos. Algo impresionante. Porque la señora Marín de Landra, a pedido del marido que estaba internado grave, la velaron en la casa”.

José Luis Sack, periodista

“Yo era locutor en turno en LT 15 Radio del Litoral. Empecé a trabajar allí en el año ´82 como locutor. Y, bueno, esas cosas de la vida, me tocó estar en turno en ese 1° de octubre… A ver, creo que siempre es bueno contextualizar para los televidentes. En esa época ¿qué manejábamos? El teléfono con rueditas, esperar que marque, no había otra comunicación. Eso era lo más. Y después, la famosa teletipo, que era una máquina que escribía permanentemente y que entonces el cablero, el informativista tenía una regla, iba cortando, iba cortando las noticias de acuerdo a lo que necesitaba. Eso era la comunicación, lo inmediato, instantáneo de aquella época. Entonces, vos te imaginás, estábamos… Yo estaba trabajando una tarde normal. De repente siento que tocan el portero de la radio. Abro y me encuentro con caras muy conocidas, gente, digamos que yo conocía, que eran de Cerrito. Bueno, y ahí comenzamos a conocer realmente. Ahí me empezaron a contar lo que pasaba y bueno, a medida que me iban contando era una cosa que me partía el alma, porque si bien yo estoy trabajando, estaba trabajando en Concordia, pero soy de Aldea Santa María, mi corazón es de allá”.

 

En Cerrito no había casi teléfonos. La noticia llegó por la radio, a la hora en que esperaban el regreso de los micros. Los vecinos se juntaron en la esquina de la Municipalidad, frente a la Comisaría y la Compañía de Teléfonos. Otros se apiñaron en la vereda de la única casa de la cuadra que tenía teléfono, a esperar que sonara. Muchos subieron al auto y salieron para Concordia, 260 kilómetros de ruta a ciegas. Del otro lado del mapa, en Concordia, la radio local se convirtió esa noche en un centro de información improvisado. Gente de Cerrito golpeó el portero de la emisora y se quedó en el hall hasta la medianoche, con mate y café, mientras los locutores marcaban una y otra vez el teléfono del hospital. Eran ocho los muertos. Faltaba saber quiénes. Y algunos cuerpos, calcinados, había que ir a reconocerlos.

 

José Leonard, familiar de una víctima

“Yo tenía cuando pasó el accidente 6 años, porque esto fue en octubre, en diciembre cumplía 7 años. Y lo que recuerdo -porque hace 41 años de esto-, lo que significó fue como, bueno, una tristeza enorme en ese momento, porque era de repente mi hermana que era la mayor no va a estar más y fueron meses en el cual… un niño de 6 años no entendía lo que pasaba y veía dentro de una familia, el silencio de una madre y, sobre todo, de un padre que tuvo que ir a reconocer a su hija, que la vio partir y no volvió nunca más (…) Nunca se olvidó el hecho del accidente. Creo que esto fue un ejercicio que fuimos haciendo toda la familia, desde mi madre, mi padre… el ir cada domingo al cementerio a recordarla”.

Guillermo Gegenschatz, ex corresponsal de LT 14

“Fue una tragedia que golpeó muy fuerte a la comunidad de Cerrito. La peor tragedia de la historia. Yo recuerdo que después de las 7 de la tarde del día 1° de octubre… bueno… corrió el rumor y la gente comenzó a juntarse en la esquina de lo que hoy es 9 de Julio y Colón, donde estaba la Municipalidad, enfrente de la Comisaría y la Compañía de Teléfono. Estaba todo ahí. La gente comenzó a juntarse ahí. Te imaginas que eran muchos los vecinos de Cerrito que habían viajado. No recuerdo bien si eran 2 o 3 colectivos. Es por eso que la angustia inmediatamente asoló en muchos porque tenían familiares y querían saber cuál era la situación de sus familiares. No sabían si iban en el colectivo siniestrado o en los otros. Era una situación de mucha angustia. Muchos inmediatamente tomaron sus vehículos y se fueron a Concordia. Fue una noche larga para los que quedamos acá tratar de obtener información. Personalmente, como mi actividad de comunicador, trataba de hablar con algunos periodistas de allá de LT 15. Fundamentalmente, no había otros medios de comunicación más que las radios AM y no había redes, no había otros medios. O sea… que se hacía lo que se podía tratando de obtener la información certera. Se podían equivocar en nombres y en eso. O sea que había que ser muy preciso al momento de dar alguna información. La pauta la tuvimos a las 7 de la mañana del día siguiente para poder comunicarlo”.

 

Eduardo Nani, sobreviviente del accidente

“Y bueno, del accidente era algo que yo prácticamente no quería ir. Pero, estaban unos amigos y siempre: “Cómenos ahí… que vamos para juntarnos con los viejos… vamos a dar una vuelta”. Y bueno, hasta que dije que sí. Y salimos, salieron tres colectivos. Entonces, había dos que eran unos pedazos colectivos. Y había uno que estaba bastante lindo. Entonces, le dimos a las personas grandes… le dimos el colectivo más lindo. Y nosotros nos fuimos con un cachivache, era lamentoso. Y en Concordia, porque yo había dejado como camionero del Molino Cerrito, entonces tenía mucho conocimiento en el tema del camión. Y bueno… llegamos a Concordia y andaba mal, mal y mal… Incluso le digo yo, vamos a quemarla a esta porquería. Y bueno, y salimos de Concordia… Y yo, mi mujer iba detrás del chófer en el segundo asiento. Y yo al lado de ella, ¿no? Y cuando salimos ahí, me iba a ir a sentar, iba marchando. Y yo me iba a sentar con mi mujer. Y no sé… no sé… me cruzó eso así, en el momento que el colectivo se chocó con el camión. Y bueno… lo que yo recuerdo ahí, que Marcelo era chico y mi mujer iba también. Me sacaron medio arrastrándome porque en ese momento la gente medio se queda que no sabe qué hacer. Así que de ahí me sacaron y me dicen, bueno, dice acóstate, quédate acá, dice hasta que venga la ambulancia. Me tiraron otro poquito más lejos… y me acosté así. Cuando me acosté. Se me borró todo. Y ahí, no sé… tiene que haber sido al otro día que recuperé, ya me encontré sin piernas, me encontré con lo que no se podía andar. Y bueno, había que seguir. No quedaba otra, tenía el hijo chico. Y bueno, de ahí para adelante fueron… qué sé yo… Uno las mira y la acostumbraba a andar, a trabajar. Y bueno, ya tenía medio armado un tallercito. Entonces empecé a hacer trabajitos, soldaduras, a hacer cositas así. Tenía una patineta así, con ruedita. Y con eso me cambiaba de un lado al otro. Y Marcelo era chico, me alcanzaba las herramientas. Y así fuimos trabajando hasta que después ya me puse las piernas, caminaba normalmente. Así que seguí con el taller. Gracias a Dios nos fue bastante bien, que ahora es él el que lo sigue… y bueno… había que seguir para adelante”.

Juan Carlos Leonard, familiar de víctimas

“Una noticia que trascendió por todos los medios y creo que, a nivel internacional también, porque tengo parientes en Buenos Aires y se integraron enseguida. No era tan fácil como ahora porque ahora hay internet y todo aquello… era mediante los teléfonos de línea. Bueno, yo regresé a mi casa de esa reunión del banco… llegué como las 8 de la noche. Era un revuelo el pueblo … había muy pocos teléfonos base. En mi casa había uno y la barriada estaba afuera de la vereda esperando los llamados. Porque era el teléfono que todavía lo tengo, el 268 donde se informaba y ahí informaban quiénes habían fallecido”.

Recién a las siete de la mañana del 2 de octubre la radio de Paraná pudo dar la información con certeza, cuando los familiares directos ya lo sabían. Hubo quien llamó a la radio a preguntar si estaban seguros de lo que decían. Lo estaban. El intendente de Cerrito, el doctor Gaspar Carlino, declaró duelo. El pueblo se detuvo. Dos días después del choque, en la Parroquia “Nuestra Señora de la Merced”, el padre Ernesto Palermo veló a siete de los muertos, uno al lado del otro. A la octava víctima la velaron en su casa. La iglesia abrió sus puertas de par en par: té, café, un lugar donde sentarse a llorar. Al funeral con los cuerpos presentes llegó el arzobispo de Paraná. Monseñor Estanislao Karlic, con casi toda la curia. La fila para entrar al cementerio de General Paz no se terminaba nunca. Gladys de Landra. Federico Nani y Melitona de Nani. Luis Metrailler, Pedro Metrailler y Nelly de Metrailler. María Lovera. Patricia Leonard, nueve años. Y unas semanas después, la novena: María Paula Beltramino de Metrailler, que había venido del Sur solo para compartir el viaje con los jubilados.

 

José Leonard, familiar de una víctima

“Nosotros, en ese momento, hace justamente 40 años atrás, cuando pasó todo esto, justamente … fueron otros tiempos… No se hablaba de psicólogo, de ayuda profesional y al final creo que el hecho de un suceso tan trágico como es un accidente, más donde no solamente fallecen adultos, porque era un viaje de jubilados, sino una niña de 9 años. Claro, yo si echo la mirada hacia atrás, creo que la mejor ayuda que tuvo mi madre fue primero su familia. Segundo, mucha gente amiga que estuvo con ella porque tengo los recuerdos, fíjate, tengo en mis recuerdos casi todo lo trágico y muy poco lo bonito de haber vivido con mi hermana. Y lo trágico fue ver a mi madre… pues bueno, ahí sentada y creo que rodeada o acompañada de sus seres queridos… que eso fue para mí lo más importante de sus hermanas, de la gente que la quería, de su familia, de su marido. Y luego, sin embargo, también si echo una mirada atrás digo: a mi padre le faltó eso también. Es verdad que tenía gente muy amiga, pero creo que no pudo hablarlo, no pudo verbalizarlo. Entonces, tal vez porque en ese momento el hombre no llora, el hombre es el más fuerte. Pero, bueno, creo que entre ellos o con la comunicación que tenían se fueron ayudando. Y en mi caso, también para mí fue un sostén muy grande el hecho de que después hayan nacido mis hermanas. Me cambió mucho la historia, ¿no?”.

Guillermo Gegenschatz, ex corresponsal de LT 14

“Fue muy impactante. Bueno, la decisión fue velar a 7 de los 8 fallecidos en la Parroquia y a uno lo velaron en la casa familiar de la familia Alandra. Sí, fue muy impactante. El párroco era el cura Albino Smith, que por supuesto tuvo una misión espiritual muy ardua -de alguna manera- para ayudar a contener tanta congoja en la comunidad. Transcurrió ese día y al otro día a la mañana fueron sepultados la mayoría en el Cementerio de General Paz”.

José Luis Sack, periodista

“Es muy difícil tratar de que el profesional supere a la persona ¿no? … a lo humano. Entonces, sí … más vale por ahí cuando se relataban las cosas nos quebrábamos, llorábamos un poco y seguíamos con el trabajo ¿no? Pero, por eso digo … es muy difícil separar el sentimiento de lo profesional … Uno tiene… la gente cree que uno tiene que estar ahí impertérrito ¿no? O sea … una estatua… y uno siente también y sufre y se pone muchas veces en el lugar del otro”.

 

Marcelo Nani, sobreviviente del accidente

“Después de un tiempo, una semana me parece o por ahí, que fue que él volvió, tomó de vuelta conciencia y se encontró con que le habían amputado las 2 piernas y le dice a mi vieja: ¿qué hacemos acá? ¿Dónde estamos? Le dice: Estamos en Concordia. Después le contaron lo de los padres que habían muerto. Y dice: ¿Qué hacemos acá? … Y no… acá tenemos que estar hasta que el médico diga que te dé el alta. No, yo me quiero ir. Yo me quiero ir. Y bueno… así fue que los médicos no querían y bueno bajo su responsabilidad lo trasladaron a la Clínica Modelo. En la Clínica Modelo estuvo tres meses internado con un principio de cangrena, lo volvieron a operar y estuvo bastante mal hasta que se recuperó… se recuperó. Después de 3 meses le dieron el alta. Yo me quedaba en una casa de unos tíos en Paraná y volvimos después de 3 meses a casa. Era a llorar … y sí… porque acá viste… entonces… Cuando él se encontró con un sillón de ruedas, que no quería estar con el sillón de ruedas, viste ahí… un día me dice … tenía el taller, tenía un taller de pintura. Yo era chico, estaba ahí siempre en el taller, pero yo no sabía trabajar. Él sabía trabajar, pero le faltaban las piernas. Así que un día me dice, no quería saber nada con el sillón de ruedas … y me dice andá al taller, abrí el taller. Búscame unas tablas, una sierra y unos rulemanes. Así que el tipo ahí se puso y se armó una patineta y andaba en la patineta, ¿viste? (…) Él se armó una patineta y con la patineta se iba desde la casa al taller. Abrió el taller y bueno, no tenía nada que hacer. Pero, él estaba ahí, se distraía un poco, algo hacía. Y bueno, en un momento, después le hicieron unas piernas que eran unos conos de yeso con una muleta que eran como unos muñones para adaptarse a las piernas que le iban a hacer ortopédico. Así que bueno, él con muletas por ahí no podía caminar bien, qué sé yo… Y si un día me dice vení, trae una pala, háceme 3 pozos acá, plantó 3 palos, hizo una barra como una paralela así y ahí empezó a caminar: iba y venía. Iba y venía. Y ahí empezó con las muletas a caminar y con esas piernas… hasta que le hicieron las piernas y después que le hicieron las piernas, caminó. Pudo caminar normalmente todos estos años. Así que empezó a trabajar de vuelta. Yo le ayudaba y salimos adelante… así salimos. Se puede, siempre se puede. Es ponerse y decir voy a salir y salimos adelante (…) Él tenía un Dodge 1500. Era un modelo, un auto modelo 80 por ahí. Muy lindo, estaba original. Cuando fuimos al viaje, el auto quedó en Cerrito. Bueno, después de un tiempo le dice a uno de los muchachos, de los amigos: ´Tráigamele el auto´. Y para qué quiere el auto, si vos no vas a manejar, no podés… bueno… tráiganme el auto Así que metió el auto al taller y ahí se puso con caños y cables y qué sé yo y lo adaptó todo para andar a mano … Todo manual, sin las piernas. Y bueno, en contra de todo lo que le decíamos que no salgas en eso… Salió acá, dio una vueltita así y volvió. Bueno, ahora tenemos que salir a la ruta. No. Nadie lo quería acompañar, o sea, no había nadie”.

Olga Bonsi, mamá de una víctima

“Como que fuera hoy yo recuerdo lo que pasó. Porque fue más o menos a esta hora que nos avisaron del accidente. Porque ellos fueron… tres colectivos de María Grande, a ese viaje de Concordia de los jubilados… y ella… ella era desesperada quería ir a ese viaje. Porque acá cerquita vivía una señora, una docente que ellos dos iban a la escuela con ella. Y ella eran tan pegados con ella que quería ir a ese viaje que era ese viaje… y bueno, entonces yo le decía ´Patri´ no, le digo porque es muy lejos y tenés que madrugar. Pero, yo pensaba que iban en coche motor… en esa época había coche motor y no … eran colectivos… y fue eso así y bueno… y a las 6 de la tarde del otro día avisaron de eso… La señora después dice… ella decía que no… que ella no tenía culpa de lo que pasó. Bueno, que era el destino de ella, ¿no es cierto? Porque yo digo, era el destino de ella, de ese día y … bueno…, ¿qué va a hacer? (…) Ya en ese año que la perdimos a ella… yo había perdido a otra nena antes de ella, de seis meses. Y después me vino ella y a los nueve… ha sido un mes que ella había cumplido los nueve años el 1° de septiembre… que los otros días fue… Ella había cumplido nueve años y pasó esto el 1° de octubre y después en ese año yo quedé embarazada después de ellas tres… Y bueno, gracias a Dios me vieron bien sanas y todo y son muy buenas hijas y estudiosas”.

Nadie habló de destino en el hecho trágico. El intendente Carlino lo dijo con todas las letras en los días siguientes: la causa había sido el trazado irresponsable del Acceso Sur de Concordia a la Ruta Nacional 14, un cruce sin rotonda que ya venía cobrándose víctimas. Contó que había visto la desesperación del intendente de Concordia, Jorge Busti, golpeando puertas en Buenos Aires para que alguien desarmara esa trampa mortal, y su lucha contra la maraña burocrática. Ese cruce -dijo- podía repetir la tragedia en cualquier momento. La causa judicial se cerró sin condenados. Las familias cobraron los seguros. Y 41 después, el expediente probablemente ya fue expurgado. Lo único que quedó en pie fue el cruce, hasta que lo rediseñaron.

 

Juan Carlos Leonard, familiar de víctimas

“Ya se calculaba porque se sabía quiénes habían ido en el colectivo número uno. Salieron tres del Centro Jubilado… creo que eran tres colectivos y fue el primero el que tuvo el accidente, los otros venían atrás. Mi papá venía en el segundo, que no pasó nada. Era una tarde de mucho calor, eso sí que yo lo recuerdo (…) Y me quedo lo del velatorio y después el entierro que fue masivo … no se terminaba más de entrar al cementerio General Paz. Casi todos fueron en nichos porque en ese momento no estaba el Parque de la Paz”.

Eduardo Nani, sobreviviente del accidente

“Lo que más o menos se recuerda, que la otra vuelta me decía Marcelo, estuvimos como tres meses en Concordia hasta que me trajeron. Y ya les digo, de ahí para adelante empecé con… tenía un auto, empecé a adaptarlo un poco, agarraba así el embrague y freno, y el acelerador lo hacía con el pie. Y así anduve hasta este año. Me fui a Mendoza, me crucé a Chile con una casa rodante y la camioneta manejando yo. Y bueno, ahora ya me levanté el acelerador porque me dijeron ´no, no, ya no podés´ … Qué sé yo… los reflejos todavía me andan bastante bien, pero los seguros y todo eso son medio bravos meter la pata (…) Una parte de la que más o menos se comunicaba era el tema de la Policía. Y bueno… El tema era que se sabía que se habían chocado y que habían muerto. Nadie sabía quién era. Era una desesperación para todos lados, según lo que me cuentan. Y bueno, había que seguir nomás”.

Cynthia Leonard, familiar de una víctima

“Si, nosotras nacimos un año después, un poquito más de un año porque el accidente fue en octubre y nosotros nacimos en julio. Ah no, antes, antes del año, antes del año (…) Y sí, ahora que soy consciente… porque soy tía y veo a mis hermanas con sus hijos, la verdad que perder a un hijo debe ser un dolor muy grande. La verdad que no sé cómo hicieron mis padres porque… no hizo un año del accidente y tener esa fuerza, esa voluntad. Nunca lo vimos caer digamos, siempre para adelante (…) Puede ser sí una bendición o un alivio a ese dolor, así lo llamaría yo. Aliviar ese corazón, esos corazones de mis padres y de mi hermano (…) Mi hermano tenía siete años… siete para ocho y mi hermana nueve años cumplidos”.

 

Olga Bonsi, mamá de una víctima

“Justo mi esposo trabajaba en Vialidad y había acá cerca una balanza. Él se fue a buscar a unos compañeros para ir a trabajar en la ruta, en la balanza… y escucha la radio que dicen que los que han viajado a Concordia han tenido un accidente. Así me dijo… pero no podíamos, no daba nada la radio, vio, no nos podríamos comunicar nada. Y después avisaron, acá bien en la esquina, vive mi sobrino, el que fue a Paraná y andaba su papá, también, mi suegra, andaban… pero, ellos andaban en el otro (colectivo) el que venía atrás, el San Vicente que venía atrás y mi hija venía en el primero. Y ellos, los que vinieron primero en ese colectivo, ese fue el del accidente. Y entonces ahí se escuchaba y se avisaban… después avisaron que tenían que ir a reconocer… porque ese colectivo se prendió fuego, y entonces había que ir a reconocerlos. No sé cómo pudieron salir las otras personas (…) Yo tengo mucha fe y bueno voy a la Iglesia, les pago Misa, todo, todo… bueno… yo digo que era el destino de ella, pobrecita… de ella y bueno, qué va a hacer”.

Guillermo Gegenschatz, ex corresponsal de LT 14

“Es difícil decir que se olvida. Quizá quedó un poco atrás en la memoria, pero no se olvida. Semejante tragedia, lo que tenemos algunos años más y que la vivimos de tan cerca, no se olvida (…) Yo lo he visto a Dardo Nani que quedó con un problema para trasladarse y demás… pero con una fortaleza enorme continuar con sus actividades. Él era chapista y yo sabía que él seguía trabajando. Así que sí, queda ese recuerdo de la entereza con que muchos lo afrontaron después, ¿no?”.

José Leonard, familiar de una víctima

“Es duro porque al final siempre, siempre tienes ese recuerdo, ¿no? Cuando uno va creciendo, creces con esa por esa parte de qué hubiese sido eso, ¿no? Y tengo 50 años, todavía a mí me cuesta mucho hablar de su parte.  Pero, siempre digo que el destino es el que es y al final me queda esa otra parte que es… creo que ella está en los otros tres nacimientos, ¿no? Y… pero … bueno, siempre te queda esa parte de qué hubiese sido y qué hubiese hecho de su vida, cuál sería hoy su profesión, si hubiese enfrentado diferentes circunstancias en la vida… entonces, a veces cuando a uno le extraña mucho vuelve a ese niño de seis años para -sobre todo- ver si sigue esa parte viva. Porque creo que nadie se va si uno no permite que se vaya. Para mí es esa existencia que sigue estando, ¿no? Fíjate, han pasado 41 años, o sea, siempre me emociono al hablar en esta parte, porque creo que uno echa esa falta de la hermana mayor. Pero, el destino fue ese momento y si ella no hubiese partido, hoy no estarían mis hermanas y hoy no tendría dos sobrinos. Entonces, son los grandes interrogantes de la vida”.

 

José Luis Sack, periodista

“Para nosotros inclusive estábamos todos shockeados porque nunca habíamos… O sea, yo como trabajador de los medios nunca había cubierto o había estado digamos en un accidente de tanta magnitud. Y recuerdo… a ver… lo que te voy a contar no es fácil. Pero… recuerdo que… a los 2 días, al día siguiente, a los 2 días, cuando estaban limpiando ahí la zona del puente, todavía encontraron restos de lo que había quedado de las personas calcinadas. ¡Terrible lo que te estoy contando, es terrible! Todavía me cuesta poderlo ponerlo en palabras porque fueron momentos muy difíciles… y bueno… dicen que el tiempo borra las heridas. ¡No! Yo creo que no. Las puede ordenar, las puede uno tratar de entender. Pero, hay cosas que no se borran (…) Tratábamos en lo posible… a veces hay informaciones que no son muy convenientes decir darlas al aire ¿no? Por lo que provoca. Nosotros siempre, al menos yo fui muy respetuoso del dolor ajeno. Entonces, para muchos hoy en día lo toman y lo explotan y es un sensacionalismo. Y yo a veces, en ese momento, creo que preferí pecar por omisión que dar a conocer muchas cosas. Porque no sé si jugó, si jugó la persona y creo que la persona superó profesional, es decir, el sentimiento de una persona que tiene que relatar y tratar de relatar usando las palabras … digamos … no tan difíciles de pronunciar, porque tenemos que imaginar a 250-260 kilómetros, había familias enteras que estaban ahí al lado de la radio, escuchando … una palabra de más, una palabra de más significaba quizás lágrimas, tristeza… cuando vos tenías que dar la lista… es horrible. Es una situación que uno no se la desea a nadie, más allá de que era nuestro trabajo, nuestro deber informar. Pero, sobre todo, porque cuando vos vas leyendo, vos te imaginas, digamos, decir… ves a esa persona porque las conocías. Entonces, es tan difícil poder explicarlo. Pido disculpas porque a veces se me corta un poco la voz, o sea, se me quiebra la voz, pero fue un momento muy difícil”.

 

Cynthia Leonard, familiar de una víctima

“En la familia siempre se habló del accidente, siempre fue… Mi mamá, cuando siempre le preguntaban ´Uy las trillizas, ¿cómo hicieron para tener trillizas? ´. Siempre fue el relato: ´Antes del accidente… Porque para no quedar solo con mi hermano, bueno encargamos... se encargó un hijo y salieron tres como bendición. Pero, siempre se relató el accidente (…) Y mi hermano sí, seguramente sí, siempre. Él siempre cuenta que mi hermana insistía mucho en ir a ese viaje con una tía y mi hermano también quería ir. También insistía y mi mamá decía no, no, uno solo nada más. Así que… así lo debe tener muy presente (…) Y sí, para el pueblo perder a tantas personas, los vecinos, porque se conocían todos. En ese entonces eran poca gente. En un pueblo se conocen todos y más en esa época… y sí … habrá sido difícil. Y compartían familia también porque en mi caso, mi familia, bueno, mi hermana y tengo a primos también … primos políticos que perdieron a su madre o a algún tío… algún primo… así que eran todos allegados (…) Sí, grave y después que quedaron con secuelas. Sí, sí recuerdo… recuerdo en los relatos que siempre se cuenta y bueno la mujer que acompañaba a mi hermana… que mi hermana y mi hermano la quieren como una tía y que nosotros también. después tuvimos relación también había quedado… no había quedado bien emocionalmente (…) Sí, principalmente para mi mamá porque nosotros, bueno como te decía hoy, siempre cuando le preguntan cómo llegamos nosotras… siempre estaba el relato atrás del accidente de mi hermana. Y mi mamá lo contaba naturalmente, obviamente, con dolor, se le caiga alguna lágrima. Pero, nunca culpando a alguien y yo creo que siempre hablar de eso es como sacar un poco ese dolor (…) Cuando yo cuento que soy trilliza… cuando me preguntan, ¿tenés hermano? Sí, les digo: ´Tengo dos hermanas y somos trillizas´… ¡Oh! Cómo hizo tu mamá y siempre preguntan y le digo bueno nosotras llegamos porque para que mi mamá no quede con un solo hijo encargó un hijo más y salimos tres. Pero, porque tuvo una hija que sufrió un accidente … así que siempre está el relato atrás … y siempre la tenemos presente mi hermana, siempre nacimos con esa historia y siempre la tenemos presente. Cuando éramos chicas y los fines de semana siempre se acostumbraba a ir al cementerio, así que siempre nacimos con bueno … ´ustedes tienen una hermana´ … No la conocíamos -obviamente físicamente- pero sí que estaba en otro plano”.

Se dice que ese octubre no quedó nadie en Cerrito sin ir al cementerio. Eran todos vecinos, todos parientes, todos amigos. Con los años, “la Y” fue rediseñada y hoy el acceso a Concordia sale más arriba. Cada 1° de octubre la fecha vuelve, aunque cada vez con menos flores y menos gente del grupo original.

 

Marcelo Nani, sobreviviente del accidente

“Sí, hay cosas que por ahí me no me acuerdo, pero bueno, ahora más o menos lo he revivido todo eso de vuelta y sí, me acuerdo. Sí, yo era chico, así … 10 años, seguí con mis estudios, después seguí con el colegio y trabajaba con él, por ejemplo, a la mañana; a la tarde iba al secundario y terminé el secundario y ya después me quedé a trabajar con él en el taller. Y me quedé a seguir y sigo hoy en el taller trabajando, mis hijos también me acompañan … así que él nos dejó un buen ejemplo de trabajo y de voluntad”.

 

Guillermo Gegenschatz, ex corresponsal de LT 14

“Uno fue haciendo un seguimiento de cómo transcurrían los días… No me acuerdo cuántos días falleció otra señora, que era la señora de Pedro Metraller. Ellos estaban viviendo en el Sur, pero justo habían venido para compartir con los jubilados. Y falleció otra persona más. O sea que por mucho tiempo uno quedó de alguna manera impactado y tratando de hacer un seguimiento de cómo evolucionaban los casos. Muchos estuvieron en terapia intensiva, uno después fue… he estado hablando con gente que estuvo en el colectivo y relataba cómo se vivió ese momento, algunos sobrevivientes, ¿no? Realmente fue tremendo. Como bien relataba … también… o había un periodista que era Enrique ´Kiko´ Badano en LT14, y él vivió muchos años acá en Cerritos. Conocía casi toda la familia y también relató en ese momento la horrible tragedia de que tuvo Cerrito en ese momento”.

José Leonard, familiar de una víctima

“Siempre fui un agradecido de Cerrito porque -fíjate- lo que tú decías: fue un Cerrito muy solidario, una Concordia muy solidario, una Entre Ríos que creo que también acompañó todo esto en ese momento, porque creo que fue uno de los momentos muy duros en 1985 cuando pasó esto. Yo lo único que siempre pido es que la gente cuando mire hacia atrás, no se olviden de todo esto. Porque al final el silencio condena y creo que hay momentos que esto hay que hablarlo, hay que traer a estas personas, no para vivirlo desde el dolor, sino para vivirlo un poco desde el amor, que es un poco mi objetivo. Así que, pero bueno… al final uno está a flor de piel porque esto me parece muy bonito, esta parte de no olvidar. Pero, bueno, yo la recuerdo siempre con mucho amor y al final son hechos que te marcan, pero que también te cambian y te hacen ver que hay que disfrutar cada momento. Hay que abrazar a todos los que unos tenemos al lado porque nunca sabemos hasta qué momento estamos aquí, ¿no?”.

Eduardo Nani, sobreviviente del accidente

“Ya medio que se va perdiendo de a poco. Antes se iba al cementerio, se llevaba una flor, que se yo. Y ahora medio como que nos vamos olvidando. Y ya del grupo empiezan a quedar pocos y ¿qué va a hacer? (…) Y recuerdo mucho… lo que pasa que por ahí uno quiere olvidarlo. Pero, están grabados en la cabeza de uno y es difícil sacarlos. Ya le digo, no fue nada fácil. Y voy ahí y quería saber también qué es lo que había pasado. Porque mis padres estaban acá. Pero, no sabían qué había pasado. Y mis padres estaban muertos y no sabíamos nada… Sí, fue algo muy, muy bravo, muy penoso para todo el pueblo. Se dice que no quedó nadie sin ir al cementerio. Y bueno… Tenemos que seguirlos recordando porque son nuestros familiares. Eran todos familiares, eran todos amigos”.

José Luis Sack, periodista

“Dios no se deja ganar en generosidad. A veces hay cosas que no las entendemos, ¿no? Y después, bueno el de Arriba se encarga de poner un poco las cosas en su lugar y darnos un poco de tranquilidad y de paz, que a veces -reitero- no es fácil, pero bueno … es parte de la vida ¿no? (…) Yo viví también así de cerca un accidente familiar, donde también tuvimos que velar a cuatro personas y es durísimo… es durísimo… durísimo. Me imagino lo que habrá sido en ese momento la Parroquia ´Nuestra Señora de la Merced´ de Cerrito. Todas las familias. Ver todo esos... difícil, es muy difícil. Ojalá que la gente con esto aprenda a valorar la vida. A veces nos quejamos de tantas cosas, capaz es una pavada, pero le ponemos el acento a tantas cosas que después te das cuenta que no sirvieron para nada. Esto es el sentido. Agradecer a Dios poder respirar, poder despertarnos. Mi dicho es ´Escuchando el despertador de mañana, lo demás se resuelve´. No sé si por la cantidad de hechos que tuve que cubrir, que fueron muy duros, o sea, en mis 44 años trabajando en los medios y también después como gente de noticias en un canal de televisión de acá tuve la posibilidad de ver todo, ¿no? O sea, no me la contaron porque muchos años también fui cronista. Hice una carrera de corresponsal de guerra en su momento y bueno, me entrenaron en el Ejército acá durante muchos meses. Después una circunstancia personal hizo que tuviera que quedarme un poco más, un poco más tranquilo, ¿no? Pero sí, cubría siempre noticias de afuera, era cronista de calle, diríamos. Así que por eso vi muchas cosas y la de Cerrito fue la que sin duda me marcó para siempre”.

Los que la vivieron de cerca aquella tragedia y otras tantas dicen que el tiempo no borra las heridas: las ordena, las acomoda, permite entenderlas. Pero no las borra. Y que el silencio, al final, condena. Por eso hay que seguir contándolo. No desde el dolor, sino desde el amor.

 

“Cerrito, 1° de octubre de 1985. Para no olvidar”.

 

Memoria Frágil: La tarde trágica que Cerrito no olvida

 

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