Milagros Rafaghelli, magíster en Educación, docente y secretaria académica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, analizó en el programa El Séptimo Día, por Radio Plaza 94.7, los resultados de las pruebas PISA que causaron preocupación por la educación en el país, sus alcances y límites, el desfinanciamiento educativo y el desafío que plantea la inteligencia artificial. Sostuvo que los datos deben leerse en contexto y reclamó políticas educativas capaces de convertir los resultados de las evaluaciones en acciones concretas.
Rafaghelli planteó inicialmente la necesidad de precisar qué muestran esos datos arrojados por esta evaluación que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos a nivel mundial: “Los sistemas de evaluación generan o construyen una representación de una realidad educativa. En esto, los números son muy tiranos y lo que muestran es una parte de la realidad. Lo primero que tenemos que pensar es que hay otra parte de la realidad que no se transparenta en estos números. Los sistemas de evaluación son sistemas políticos: construyen una realidad y, por supuesto, se espera que a partir de esa realidad se elaboren distintas acciones”.
Al precisar qué mide la evaluación, señaló: “PISA no evalúa contenidos curriculares o contenidos de los programas de formación de la escuela secundaria, sino lo que los documentos denominan competencias generales, competencias para el desarrollo de la vida. Lo que se evalúa son situaciones, problemas, y se trata de identificar cómo los estudiantes resuelven esas situaciones o las capacidades que tienen para aplicar los aprendizajes de la escuela a la vida cotidiana”.
En esa línea, añadió: “Si bien los campos disciplinares son Matemática, Lengua y Ciencias, no se evalúan tanto los contenidos que se enseñan en la escuela, sino qué pueden resolver los estudiantes con lo que se enseña. Las pruebas tienen que ver más con cuestiones de razonamiento, realizar interpretaciones o solucionar problemas hipotéticos”.
La magister en educación señaló que la participación argentina en este tipo de evaluaciones debería estar acompañada por decisiones y políticas educativas derivadas de sus resultados. Acerca de la utilidad de participar en PISA, sostuvo: “Es importante entender quién elabora las pruebas PISA y todo esto nos tiene que llevar a preguntarnos qué hacemos con sus resultados. Desde el momento en que Argentina decide participar, entiendo que tenemos que hacer algo. Los años anteriores nos han demostrado que no son claras las acciones que se derivan de los resultados”.
Sobre el debate que se abre tras cada difusión de los resultados de esta evaluación, advirtió: “En las primeras semanas en que se difunde la comunicación todos nos interpelamos por las características o por los resultados de las pruebas, pero aparecen con menos claridad cuáles son las políticas educativas que se llevan adelante para revertir la situación”.
Al evaluar las respuestas institucionales, afirmó: “Hay estudios de investigación que analizan qué se ha hecho en Argentina con los resultados de las pruebas PISA, y lo que aparece es que se ha hecho poco. El tema se discute en los medios de comunicación, con más o menos profundidad, y aparecen menos tratamientos o elaboración de políticas y de trabajo a nivel de la administración central o de la gestión de la política educativa”.
Por eso, dejó planteadas estas preguntas: “¿Qué es lo que queremos hacer? ¿Queremos que la educación en la Argentina vaya por esos lados? ¿Cuál es el sentido de participar de las pruebas PISA si no se van a llevar adelante acciones como consecuencia de lo que muestran los resultados?”.
Una evaluación universal frente a contextos diversos
Rafaghelli también se refirió al debate sobre el uso de evaluaciones estandarizadas en países y regiones con condiciones sociales y educativas diferentes. Sobre las diferencias entre los contextos donde se aplican las pruebas, observó: “Algo que se discute mucho de los sistemas universales o tan estandarizados es el significado de preparar para la vida en regiones, contextos y países tan diversos entre sí. Queda la pregunta de si realmente pueden existir capacidades comunes para aplicar a la vida cotidiana cuando esa vida cotidiana, en distintos países, regiones o regiones de un mismo país, es tan diferente”.
Al situar el debate en el plano nacional y regional, aclaró: “No estoy poniendo en duda el instrumento en sí. El sistema genera estadísticas y es un dispositivo de política educativa. Lo que nos tenemos que preguntar en nuestro país y en nuestra región es qué hacemos con esos resultados si queremos hacer algo. Por eso pongo el debate en no olvidar el contexto en el que se producen los datos”.
Desfinanciamiento y condiciones del sistema educativo
Sobre la situación actual de la educación, la especialista vinculó las dificultades presupuestarias con las condiciones laborales docentes, la formación continua y la relación del sistema educativo con otros ámbitos sociales. Al describir el escenario general, sostuvo: “La situación del sistema educativo en su conjunto es compleja. Sin lugar a duda, el factor económico, el desfinanciamiento, no solamente a las universidades sino en todos los niveles del sistema educativo, es caótico. Pero, además, el sistema educativo interactúa con otros sistemas económicos, sociales y tecnológicos que hoy también atraviesan una crisis. No podemos mirar la educación sola, sino ensamblada en estos otros sistemas que la vuelven compleja”.
Respecto del impacto en el trabajo docente, explicó: “La cuestión presupuestaria lleva a los docentes de todos los niveles a la necesidad de tomar más horas. Tener que tomar más horas a veces significa resentir espacios de formación, de seguir actualizándose o de no estar en las mejores condiciones para llevar adelante los procesos formativos. Desde luego que ese es un condicionante que atraviesa”.
Sin embargo, destacó el trabajo sostenido desde las instituciones públicas: “Sería erróneo creer que no se está haciendo nada al respecto. Desde las universidades públicas hay un esfuerzo permanente por mantener propuestas formativas a docentes de educación inicial, primaria y secundaria, de manera tal que puedan seguir actualizándose y perfeccionándose”.
También valoró la respuesta de quienes continúan capacitándose: “Son un montón de docentes los que asisten, no sin esfuerzo. Siguen perfeccionándose, siguen aprendiendo. Quienes completan sus trayectos formativos presentan trabajos innovadores y los llevan adelante en sus instituciones. A pesar del contexto por el cual seguimos luchando, también hay espacios de formación y de interés en continuar con la formación y no debilitar la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje”.
La “tiranía de los datos” y el sentido común
Al referirse al modo en que se comunican los resultados de las evaluaciones educativas, Rafaghelli advirtió sobre el efecto que puede producir una difusión descontextualizada: “Algunos autores lo llaman mostrar la tiranía de los datos. Es cierto: Argentina retrocedió, la media de los estudiantes argentinos está por debajo. Es una manera de informar y publicar resultados que son ciertos, pero cuando esa publicación se descontextualiza se forma una representación y un sentido común de que es todo caótico, no se está haciendo nada o este retroceso es culpa de alguien”, señaló.
Frente a esa lectura, propuso contextualizar la información: “Estos espacios para conversar, aclarar y contextualizar, sin quitarle valor al sistema en sí, nos tienen que ayudar a problematizar y entender esos resultados: el contexto de producción, qué es lo que están indagando y ser conscientes de que tenemos que seguir trabajando por mejorar la calidad de la educación en Argentina, pero también seguir preguntándonos a quién estamos educando, para qué país, con qué sentido e intereses”.
Al enumerar los condicionantes cotidianos, indicó: “El financiamiento es un problema, las situaciones edilicias en muchas escuelas son un problema, la falta de acceso a tecnologías en este contexto también es un problema y la situación económica de las familias es un problema. Todas estas complejidades atraviesan al sistema educativo, no para paralizarnos, sino para ser conscientes de que generamos las mejores propuestas que podemos en este escenario”.
La educación frente a la inteligencia artificial
Finalmente, la docente abordó el uso de la inteligencia artificial en las tareas escolares y la necesidad de definir qué relación debe establecer la educación con esa tecnología: “Parte de nuestra responsabilidad es evitar que la realidad nos pase por encima y, aun en estas condiciones, parar en algún momento para reflexionar y preguntarnos qué relación queremos establecer desde la educación con la inteligencia artificial. Está claro que, como herramienta cultural, no la podemos negar”, planteó.
Sobre su presencia en distintos ámbitos profesionales, agregó: “Hoy todas las profesiones o los campos disciplinares recurren a los sistemas tecnológicos para potenciar y enriquecer la investigación y la intervención. En el sistema educativo nos tenemos que preguntar cómo nos relacionamos con esa inteligencia”.
Finalmente, vinculó ese desafío con el sentido de educar: “La inteligencia puede colaborar en enriquecer y potenciar la inteligencia humana, pero nunca reemplazarla, lo cual nos lleva a volver a pensar, en este contexto, las características de la inteligencia humana. Sin duda, es una de las condiciones actuales que interpelan al sistema educativo. Siempre está la pregunta: ¿educar para qué?, ¿para qué país?, ¿para qué sistema?”.






