Sección

Memoria Frágil: Las barcazas de la muerte

Entre nieblas, remolcadores y aguas oscuras, el río Paraná fue escenario de tragedias que marcaron a toda una generación. “Las barcazas de la muerte” es el nuevo documental del programa “Memoria Frágil”, que reconstruye los hundimientos que aceleraron la llegada del Túnel Subfluvial y dejaron heridas que aún persisten en la memoria costera.

El programa “Memoria Frágil” (Canal 9, Litoral) volverá sobre dos tragedias casi olvidadas del río Paraná: los hundimientos de las barcazas registradas en 1962 y 1966, antes de la construcción y habilitación del Túnel Subfluvial. A través de testimonios, archivos y reconstrucciones históricas, el documental revive una época en la que cruzar de Paraná a Santa Fe era una travesía incierta, marcada por la precariedad, los accidentes y la lucha silenciosa de camioneros y familias que perdieron mucho más que mercaderías en las aguas turbias del río.

“Memoria Frágil” reconstruye el dramático choque de una barcaza cargada con camiones y un buque holandés frente a la capital entrerriana, episodio que terminó con vehículos hundidos, toneladas de carga perdidas y la muerte de un chofer atrapado en su cabina. También recupera el accidente ocurrido cuatro años después en la zona de Bajada Grande, cuando una barcaza militar y una balsa del Ministerio de Obras Públicas colisionaron en plena noche, dejando dos víctimas fatales cuyos cuerpos jamás fueron hallados.

Más allá del impacto de las tragedias, el documental pone el foco en las historias humanas que quedaron detrás de cada accidente: los camioneros detenidos e incomunicados, las indemnizaciones que nunca llegaron o resultaron insuficientes, la solidaridad entre trabajadores y vecinos, y el esfuerzo casi artesanal por recuperar los vehículos rescatados del fondo del río para volver a trabajar.

Con una mirada sensible y profundamente regional, “Las barcazas de la muerte” rescata un capítulo poco conocido de la memoria litoraleña y muestra cómo aquellas tragedias terminaron acelerando una decisión histórica: la construcción del Túnel Subfluvial Raúl Uranga–Carlos Sylvestre Begnis, inaugurado en 1969 para unir definitivamente ambas orillas.

Las barcazas de la muerte

Antes de que el Túnel Subfluvial uniera definitivamente las dos orillas, cruzar el río Paraná era una tarea cotidiana, lenta y siempre incierta. Vehículos particulares, ómnibus y camiones cargados con la producción agropecuaria de toda una región dependían de un sistema de balsas y barcazas que iban y venían entre Paraná y la costa santafesina. El tránsito fluvial era mucho más intenso que el de hoy, y los accidentes entre embarcaciones, una posibilidad latente. La década del sesenta dejó dos de ellos grabados a fuego en la memoria de la costa: el primero, en marzo de 1962, frente a la propia Paraná; el segundo, cuatro años más tarde, en la zona de Bajada Grande.

José Romero

“Esto tiene origen, como toda ciudad ribereña, necesita -al no tener infraestructura-, puentes o caminos que permitan cruzar el río… Necesita de la comunicación fluvial a través de lanchas, lanchones y demás. La comunicación con Santa Fe, con el resto del país, como somos Entre Ríos, rodeado de ríos, demandó que el Estado nacional pusiera al servicio de las provincias, de las ciudades ribereñas, la logística y el recurso no solo humano, sino tecnológico de época para poder comunicar. Hasta antes del ´28, la comunicación con Santa Fe o el interior del país se hacía a través de embarcaciones pequeñas o medianas que se alquilaban para poder acceder a trasladarse. Viene una organización y empezaron a haber lanchas de pasajeros. Las lanchas de pasajeros, como las que vemos hoy en El Tigre, no difieren mucho de aquella época, pues son un poquito más modernas, pero transportaban personas. Pero, seguía habiendo otro inconveniente. La provincia era productiva por cereales, tejas, leña y carnes. Y había que llevarlo a otras provincias para poder generar un recurso económico, una producción agropecuaria y demás. Eso hace entonces que, con la construcción del Puerto nuevo de Paraná, el primer puerto logístico de ultramar que hubo en el río Paraná, se pensó con una visión a 100 años, en aquel momento. Manuel Belgrano trajo esa idea modernista de verlo en otros países. Lo mismo que (Domingo Faustino) Sarmiento, que estuvo de Estados Unidos y vino enloquecido por el ferrocarril, y el sistema polimodal de transporte. La producción al ferrocarril, el ferrocarril a los puertos y de los puertos hacia otros países o hacia el país. Con el movimiento del puerto se pensó entonces también en la comunicación. La comunicación traía un crecimiento político, social, económico y cultural. Entonces, esas pequeñas lanchas de pasajeros se convirtieron en balsas automóviles en la década del ´50 para no solo transportar pasajeros, sino que camiones, vehículos, ¿sí? que permitían ese intercambio comercial con el centro del país. Hasta ese momento pensemos que estábamos aislados, no estaba el puente Zárate, no estaba Fray Bentos, no estaba Rosario-Victoria, no estaba el túnel subfluvial”.

 

Mariano Rinaldo

“Lo primero que uno piensa sobre sobre la zona Mesopotámica, o sea, la unión de Entre Ríos, la unión de las provincias … la unión de Entre Ríos y Santa Fe, es que es el Túnel es una obra de infraestructura tremenda. Eso todos lo sabemos… sabemos lo que implicó. Por qué fue subfluvial. Es decir, por estas tensiones entre Nación y Provincias. Pero, además de eso, es muy similar a lo que ocurrió con el puente Rosario-Victoria. Es decir, son problemáticas de larga data. Si uno puede rastrear en diferentes tipos de fuentes, ya sean del siglo XX o del siglo XIX, fuentes históricas, y uno puede encontrar que esta problemática del cruce del río viene de muy larga data. Entonces, la solución que encontraron tanto (Raúl) Uranga como (Carlos) Sylvestre Begnis a fines de la década del ´60 es una solución a un problema que venía manifestándose desde hacía ya tiempo”.

José Romero

“Esa comunicación que se daba en 8 viajes de ida y vuelta en total entre Paraná y Santa Fe. Salía del Club de Regatas Santa Fe a las 6:45 de la mañana, cuando el tiempo lo permitía. Si no había marejada, si no había neblina, etcétera, etcétera. Y llegaba al Puerto Nuevo de Paraná, ahí se embarcaba. Ya para el 1918 se empezaba a hablar de este crecimiento exponencial del Puerto Nuevo de Paraná, y la necesidad de comunicar, no solo el Puerto Nuevo de Paraná, con el Puerto Viejo, porque la mercadería en tránsito que quedaban en los depósitos fiscales… Para aquellos que no son de Paraná, los depósitos fiscales, lo que hoy es la Sala Mayo, esos edificios grandes, ahí se depositaba la mercadería en tránsito. Y había una mercadería que tenía que salir rápido, urgente. Y para lo rápido y urgente, a veces, la demora entre cargar y descargar era un problema. Es así que se decide crear la primera avenida fluvial para comunicar los 2 puertos. Y esto, vuelvo a reiterar, por el gran crecimiento y demanda que tuvo Paraná portuaria”.

La madrugada del 19 de marzo de 1962 todavía no había terminado de aclarar cuando una barcaza cargada con camiones se aprontaba para zarpar hacia la costa santafesina. Eran las cinco y media, quizá las seis de la mañana. En cubierta, los vehículos estaban acomodados según una regla no escrita que mandaba ubicar las cargas más altas en el medio. La nave llevaba esa madrugada nueve camiones, la mayoría con frutos del país: cueros salados, lanas, cereales y también ganado en pie, que solía tener prioridad sobre cualquier otra mercadería. A pocos minutos de la maniobra, un buque de bandera holandesa que navegaba aguas arriba colisionó contra la barcaza. El impacto fue tan violento que la dejó escorada y embarcando agua. El remolcador la enganchó como pudo y empezó a tironear, pero las averías ya eran irreversibles. La embarcación fue arrastrada río abajo, peleando metro a metro, hasta la zona donde funcionaba la antigua fábrica de cemento Portland. Allí, en aguas de entre 5 y 7 metros de profundidad, terminó por hundirse, llevándose consigo los nueve camiones y la totalidad de la carga.

Bochi Matteoda

“Aquel día estábamos en la cola. Bueno, yo, especialmente, me tocaba, era último, porque siempre ponían los 2 camiones con carga alta al medio, porque no entraban mucho, entraban 4. En ese tiempo tenían todos fondos acoplados de 2 ejes, no había más. Y justo cuando voy a entrar, me paran. Porque venía un camión jaula de aquel tiempo con un ´Mercedito´ de los viejos, porque ya no se ven más, cargado con animales. Y lo había agarrado el barro, que hacía como 2 días que venía cargado, qué sé yo… la historia en ese tiempo donde no había ruta, no había nada. Y, bueno, me quedé ahí un rato y siento bocinas fuertes, qué sé yo, todo eso. Era la primera hora, cinco y media - 6 de la mañana, de recién estaba aclarando en ese momento. Y el barco lo agarró. Lo agarró el remolcador, lo llevó peleando, peleando y peleando hasta que la fábrica de Porland, que era en ese tiempo y ahí se hundió. Y el primer camión que se hundió fue el de pescado. Y el único muchacho que se murió de los que viajaban en ese momento es el que había entrado por mí… que yo lo dejé entrar porque él venía… Quedó durmiendo parece -según decían- que quedó durmiendo en el asiento… y ahí lo apretó el asiento y no pudo salir. Ahora de ahí no se sabe bien si se murió antes o cómo fue. Pero, no lo pudieron sacar. Ese fue el único que se ahogó, que se murió ahí”.

 

Elsa Esquivel

“El choque tuvo que haber sido a la mañana, porque yo regreso de la escuela y había gente en mi casa. Estaban en el living y estaba un tocadiscos de los de antes, con mueble que venían, Y todos escuchábamos LT14… En su momento creían que habían caído los 2 camiones. No es que se supo… creíamos todos que eran 2 camiones. Iban diciendo de a poco. No se sabía mucho. Hasta que después uno va escuchando e iba armando las configuraciones de las cosas. Éramos varios escuchando el relato de la radio para saber qué había pasado con la gente que iba manejando los camiones. Siempre iba, para que me acuerde, el ´Bochi´ Matteoda y ´Pescado de Lujo´, que es Weissel, ´Pescado de Lujo´ le decían y no me puedo acordar ahora por qué le decían ´Pescado de Lujo´. Y, bueno, y ´Pescado de Lujo´, según los relatos de ellos, se salvó porque estaba arriba de la carga… Arriba de la carga y salta cuando fue el choque, él alcanzó a saltar. No sé para dónde, pero, él no sufrió nada por suerte”.

José Romero

“Una vez que estas balsas estuvieron prestas, las 2 estaban en boxes, entre una que iba, la otra que venía, y ese traspaso permitió, por ejemplo, que en el año ´49, en el año fueron 290.000 vehículos que se transportaron, 11.000 camiones. ¡Miren las cifras para esa época! ¡Miren qué importancia tenía! No solo en la comunicación de las personas, que estaba efectivizada por las lanchas y por la balsa automóvil, porque la balsa automóvil también oficiaba de transporte… en la parte elevada, los pasajeros; en la parte baja, los vehículos. Sino que también permitía que la provincia y la ciudad recibiera esa tecnología, esos insumos que a nosotros nos servían para poder apoyar este crecimiento que el Puerto Nuevo le fue dando a la ciudad. Cambió la fisonomía, transformamos gracias a ese crecimiento, a la comunicación efectiva y segura que tuvo la ciudad de Paraná”.

Bochi Matteoda

“Como a los 3-4 días por ahí, me parece, consiguieron guinche, y ya lo engancharon, que fue el primero, el de pescado que sacaron… cuando mientras venía el agua, venía toda la carga, todo… todo… porque lo engancharon de abajo, al revés. Lo engancharon mal, en una palabra. Debieron haber puesto cables más largos para sacarlo con todo, ¿no es cierto? Cuando se agarró la lana todo con el peso, todos los cueros, todo al agua, todo al agua. Y bueno, pero no se había roto nada prácticamente… pero todo mojado… se perdió toda la carga. Sé por los comentarios que como a los 2 años recién le pagaron algo del accidente ese, que era de mercadería, por supuesto”.

El balance humano podría haber sido mucho peor. En cada cabina solía viajar el chofer y, casi siempre, un acompañante. Esa madrugada, sin embargo, la mayoría de los camioneros estaba lejos de sus vehículos en el momento del impacto. Murió una sola persona: un conductor que se había quedado dormido en el asiento de su camión y al que la propia cabina, con el choque, terminó atrapando. Cuando se intentó rescatarlo, ya era tarde.

Elsa Esquivel

“Los sábados se cargaban. El sábado era todo el día, se hacía la carga. La empresa de mi papá y de José Baranov era Esquivel y Baranoff, y en los camiones abajo se colocaban los cueros, que era como salados, así como una milanesa, que se ponían y así se llevaban a las curtiembres de Buenos Aires. Y arriba se ponían la lana. Por eso se llamaba frutos del país, que era comprar los frutos. En esa época no hay como hay ahora todo lo sembrado que teníamos en la zona. Se dedicaban a otras actividades. Por eso se compraban mucho los cueros, distintos tipos de cuero y la lana, que era el fuerte, comprar lana en el campo”.

José Romero

“El crisol de raza … Paraná lo tuvo gracias a esta aceleración cultural que tuvo las balsas que tuvo el Puerto Nuevo. Fíjense la importancia, ¿no? Yo les comentaba que para el ´49 esa estadística que era sorprendente. Entre 1950 y 1960 son 10 años. En 10 años, esa demanda conllevó a que pensaran en una comunicación más fluida, más segura, más dinámica. Así se generó el proyecto del puente Paraná-Santa Fe… un puente de 2 vías con un ferrocarril en el medio… y un túnel”.

 

Bochi Matteoda

“De todo era. Porque se llevaba de todo en ese tiempo, ¿viste? Y no había otra cosa. Pero te digo que era poco, o sea, el lino se llevaba más. En ese tiempo se cosechaba mucho el lino y se llevaba a Esperanza, a Rafaela, que había una fábrica que te hacía aceite de lino. Y cada tanto pasaban los camiones, pero no una abundancia de... Y todo el que tenía que buscar algo, no había otra novedad, porque no había otro cruce. Sino estaban las balsas en Zárate Brazo Largo, pero otra… Tenía que ir y hacer una cola porque no había puentes, no había nada.

Elsa Esquivel

“Y acá también, acá también, y no se lo pagaron porque dijo Uranga… Uranga era el gobernador, que tenían recursos, que más vale se arreglaba la prioridad que era la barcaza y todas esas cuestiones. El camión, cuando lo estaban sacando, se cae de vuelta por el peso que tenía… Y, prácticamente, lo arreglaron después del camión, yo sí me acuerdo. Ese camión era naftero. El del ´Bochi´ me parece que era gasolero, porque había uno que era naftero y otro que era gasolero. Los primeros gasoleros que salían. Y, bueno, qué sé yo, otras cosas así. ¿Cómo es? No me acuerdo, sé que no se lo habían pagado, no sé si después con los años se lo habían pagado. Eso no recuerdo. Sé que no le habían pagado”.

La operación para reflotar los camiones empezó tres o cuatro días después, cuando llegó un guinche con capacidad suficiente para trabajar a esa profundidad. El primero en salir a la superficie fue el camión que transportaba pescado. La maniobra, sin embargo, se ejecutó de manera defectuosa: los cables se engancharon por debajo, y al elevar el vehículo, lanas y cueros se desprendieron y volvieron al río. La pérdida material fue casi total.

Bochi Matteoda

“Los de la barcaza hacíamos cola de allá para acá. Y los de acá, que íbamos por calle Salta, que se entraba, y en ese tiempo todavía estaba empezando el Club Ministerio, que tenía una puerta … pero a veces no nos dejaban estacionar porque tenían fútbol, que entraba la gente, qué sé yo… se estacionaba todo ahí, en esa mano. A veces la cola era hasta calle Santa hasta arriba. Qué sé yo, 15-20 camiones. Estaba un día y medio, dos días para embarcar (…) Estaba la balsa… la balsa era otra cosa… llevaba camioneta, que llevaba camiones… esa era otra carga, porque no podía ir con carga alta porque tenía, no sé, 3 metros y medio era la altura. Para los camiones más con bajas podíamos ir por ahí y también tantos kilos en ese tiempo, que llevaba 15-16 mil kilos. Era otra carga. Y ahí estaba la balsa y después estaba la barcaza que fue donde nos chocaron a nosotros. Y ahí se tomaba la balsa y te llevaba hasta Santa Fe. Y después se hizo en el tiempo del túnel. Anduve con un camión de esos, un día y medio… dos días cargado. Me habían dado carga que Transporte Esquivel (…) Y ese muchacho que era de Paraná nos dio una carga para el Túnel, que se estaba haciendo el Túnel. Anduve dos días para poder descargar. No había nadie… y por ahí vino un ´viejito´ morocho y dijo, bueno, vamos a bajarlo ahí. Que, si hubiera sido hoy, estoy todo en mi casa con todas las herramientas, por decir, te juro. Fui uno de los primeros que trajo un viaje ahí, que lo habían empezado, que lo habían hecho, recién estaban haciendo excavación”.

Elsa Esquivel

“Era así: salían desde Viale… tenían que irse el domingo, imagínate que tenían que dormir en el camión… es cierto lo que dice ´Bochi´, y de ahí iban hasta la isla. De ahí tomaban la otra barcaza, y había que esperar también. En la otra barcaza… eran mucho más chicas que estas, las grandes que cruzaban desde Paraná a la isla, y después de la isla iban a Santa Fe… a la otra parte de Santa Fe, a la laguna vendría a ser esa parte. Está todavía, yo paso y miro para abajo, está todavía donde se cargaba por segunda vez, y de ahí iban a Buenos Aires. Y en Buenos Aires se bajaban… debajo del puente de Avellaneda estaban los galpones que seguramente alquilaban, y ahí descargaban. Y a su vez, en esa época tenían transporte de bultos, que le llamaba. Se cargaba los 2 camiones de vuelta con los bultos y repartían en toda la zona. O sea, que era un trabajo importante lo que hacían, o sea, que cuando se cae el camión ese, hasta que lo arreglaron, tenían que trabajar con otro camión y después distribuir. Acá tenían otros camiones más chicos que distribuían en toda la zona los bultos que le llamaba. Así que, bueno, esa era la empresa que tenían”.

Bochi Matteoda

“Y todo Prefectura era en ese tiempo, ¿viste? Y Policías, por supuesto, que estaban ahí, qué sé yo, que no te dejaban arrimar ahí, que estaban, qué sé yo, porque todo el mundo fue a mirar de cómo lo sacaban, más vale. En ese tiempo no había tanta gente como ahora.. y ahora vos vas y ahí tienes que, qué sé yo, mil personas. En ese tiempo -¡qué sé yo!-, habíamos sido 10-15-20. Yo siempre me acuerdo que cuando sacaban de acá y cuando llegó allá, que terminó el agua, cortaron las piolas, toda el agua, todo. Y lo sacaron solo al camión, está prácticamente sano, sí. Después lo trajeron acá para ver qué cosa, pero no tenía nada, ¿no es cierto? Mojado todo nomás, ¿no? (…) La carga se perdió toda… para el agua… Que ahí había en ese momento, que estaban ahí los barquitos que iban a descargar y cargar portland ¿viste? Tenía que haber 6-7 metros, dice en ese lugar en las partes de lo más hondo… 6-7 metros tenía en ese momento nos decían… no sé, hablaban de 5 metros, ¿viste? Y el camión quedó para abajo todo, ¿viste? De aquí que lo sacaron para arriba… tuvo que haber habido 5-6 metros”.

Para los dueños de los camiones y de las cargas, lo que vino después fue una segunda batalla, esta vez burocrática y mucho más larga. Las indemnizaciones tardaron entre dos y tres años en empezar a llegar, cuando llegaron, y los montos fueron muy inferiores al valor real de lo perdido. Mientras tanto, las empresas tuvieron que volver a empezar prácticamente desde cero: alquilar otros camiones, contratar fletes ajenos para no perder los contratos, esperar a que aparecieran los repuestos o fabricarlos a mano cuando no llegaban. La solidaridad entre camioneros y entre vecinos suplió, en buena medida, la ausencia de respuestas oficiales.

Elsa Esquivel

“En mi casa había teléfono. En esa época era el teléfono a manija… pedir el número a la telefónica… y, bueno, se demoraba, a veces, como eras amigo de la gente en la telefónica, te hacían la gauchada y te conseguían la conferencia enseguida. Pero, muchas veces, no. En la barraca había teléfono, en la casa de José también había teléfono, y en mi casa sí había también teléfono. Imagínate que el de la barraca era el 01. El primero en Viale. Y aparte, no es como ahora que todo el mundo pedía un teléfono y te lo daban… tenías que esperar un montón hasta que te daban una línea telefónica. Y en mi casa era el 069 … ese era el fijo. Y, bueno, esos son los recuerdos de una época, qué sé yo. Ese día se estaba alrededor de la radio, iban y venían. Nosotros capaz que jugábamos, no nos dábamos cuenta de lo que pasó. Porque es así, o sea, uno no dimensiona cuando es chico lo que está pasando. Pero, sí recuerdo, no lo recuerdo a mi papá andar por ahí, pero sí me recuerdo de que todos escuchábamos la radio LT 14, eso sí (…) Fíjate vos que en la foto están las grúas. Ha sido al lado de donde se embarcaban, ¿viste? Porque fíjate vos que el camión que está cargado con vaca, está entrando. A mí me da la impresión que lo chocan cuando, la otra barcaza estacionada, parada, y el camión de la vaca entrando, porque fíjate que está un pedazo de camión para afuera en la foto. O sea, que el otro camión, nosotros creíamos que eran los 2… porque el otro camión no alcanzó a subir. Así que, no sé si no habrá alcanzado a subir porque no dio tiempo que chocaron justo o porque ya no había más lugar. Pero, siempre se priorizaba el animal que subiera, y no los camiones con carga”.

Bochi Matteoda

“Te digo que 2 años o 3 fue que me que dicen, porque siempre estábamos, ¿viste? Y nos decían… Qué sé yo. Como a los 2 años le llegó algo en aquel tiempo que, bueno, también, pero ya lo valía más la lana, ya valía más todo, que no era significancia lo que aumentaba, pero aumentaba. Como a los 2 -3 años les dieron algo, yo sé que le dieron… no sé, dijo un día: ahí llegó el pago -dice-, están locos… no sé si le habrían dado, pero era plata, pero no lo que pudo haber sido lo que fue. Porque había que tener factura, todo lo que corre. En ese tiempo a veces viajábamos con una guía a Buenos Aires. Chau y hasta luego… era otra novedad, era otra cosa, ¿viste? (…) A veces estaba bravo el río, ¿viste? Pero, tenían buen remolcador. Lo agarraban y lo pasaban más despacio. Una vez que subimos, nos hizo esperar… dice, vamos a esperar un ratito que afloje. Y otro peligro había cuando pasaban los barcos. Pasaban barco de carga y quedaban ¿cómo te puedo decir? … 50 metros … 50-70 metros del medio del río donde pasaban los barcos con mucha carga y, no había otra novedad. Venían esos barcos, y esos barcos no sé de dónde venían. Era un barco grande. No, grande como lo de ahora, ¿no es cierto? Pero, un barco que era en ese momento grande para verlo. Y agarró justo la barcaza que salía. No sé cómo la enganchó, Decí que el remolcador, porque medio lo soltó el remolcador, pero ahí le arrimaron enseguida… le volvieron atar un poco con cable, qué sé yo… lo amarran, y ahí la empezó a arrastrar, arrastrar, hasta que llegó hasta el lugar limpio, que era la fábrica de Portland. Y ahí se fue abajo (…) Porque hay mucha gente que … el camionero siente y 5 camiones iban seguidos, y de los 5 casi todos tenían acompañante. Y al final ese el único muchacho, porque todos ya todos habían pasado al, y otros que no sabían … que cuando vieron el coso … ya fueron, lo rescataron, que lo sacaron ahí, lo hicieron pasar … la ayuda”.

Cuatro años después, en los primeros meses de 1966, el río volvió a cobrarse vidas y mercaderías. Esta vez el escenario fue Bajada Grande, en la zona conocida por los lugareños como Cancha Grande: el tramo más ancho del Paraná frente a la ciudad, donde las embarcaciones de distintas dependencias terminaban inevitablemente cruzándose entre sí.

 

Darío Issac Militello

“Me acuerdo que eran en el año 1966. Mi papá tenía 2 camiones de esa época, y transportaba carga general en esa época… en esa época justamente estaba trabajando para Casa Cacciabue, que era una casa mayorista, en avenida Las América. Me acuerdo que iba cargado con envases vacíos de cerveza para Santa Fe. Y yo, por lo general, dos por tres me colaba… tenía 8-9 años. Y esa noche me acuerdo muy particular porque yo quería ir, y él -una corazonada- me dijo: ´no, no´ … por ahí el tema de los mosquitos y el tiempo, qué sé yo … En esa época había que hacer muchas colas. Y esa época, él sabía qué pasaba porque se iban arrimando entre los camioneros… era otra historia el río Paraná. No estaba al Túnel. Y, bueno, salió él. Yo me quedé. Y al otro día, después que pasó eso, yo creo que fue… tengo entendido para mi mente que hace muchos años era verano, o ya llegando otoño, esta época, un poquito antes. Y lo que sí me acuerdo es que, al otro día, llega mi papá… yo era chico y veo que mi papá se pone con mi mamá a hablar y se lo oye llorar. Yo nunca lo había visto llorar a él. En esa época tenía más o menos -por lo que calculo- tenía 20-21 años. Y le decía que se había chocado la balsa y se habían hundido los 2 camioncitos que tenía, que era todo lo que tenía. Ahí lo habían incomunicado, que eso es lo que me pareció raro a mí, que había sido el accidente tipo 10 de la noche en Bajada Grande fue el accidente, en la parte más ancha del río Paraná. ´Cancha Grande´ le dicen a esa parte. Y, bueno, era una balsa … en esa época se manejaba la balsa… la balsa que se llamaba o balsa militar, que era una barcaza que era tiraba por un remolque, que era unida por unos rieles inmensos, gruesos, de acero, y cargaba, no muchos camiones, pero cargaba varios. Y era del Ejército. Y estaba la otra que era la balsa realmente, balsas hechas para transportar del Ministerio. Y siempre él decía que había como pica entre las 2 balsas, porque entre la balsa y la barcaza, porque es como que jugaban la balsa… cuando se encontraban en un punto, en esa zona se encontraban siempre, porque uno iba a desembarcar a una parte y el otro desembarcaba en otra. Yo creo que la balsa, la barcaza, que le llamo barcaza, la militar, salía de Paraná y creo que iba hasta el puerto de Santa Fe, iba directamente a Santa Fe, eso yo tengo entendido. Hacía un trayecto mucho más largo. Y la balsa cruzaba de Paraná a la isla. Y en un momento se cruzaban, siempre ahí, cerca… Y algún día se van a chocar, decía mi viejo siempre. Y se chocaron, justo iba él, de noche, se juntaban arriba de un camión ya hacía calor, se juntaban arriba de un camión que tenía fardo de pasto, cada uno llevaba su comida y comían y charlaban arriba. Y, bueno, después viene un hombre gritando ´nos chocan, nos chocan´, y, bueno… y chocó… los chocó, y empezaron a caerse los vehículos. Se caían al agua, entraban a chocarse entre ellos. Y un tío mío, un hermano de mi papá, que era el que manejaba el otro camión, Héctor, mi tío Héctor, también un joven de 18-19 años, jovencito, tenía en esa época. Y él había ido a acostarse en un camión, a leer una revista, a dormir en un camión que tenía, que en esa época no todos tenían cama cuchetas. Y mi papá, bueno, cuando se chocan en la desesperación, empezó a buscar al hermano. Y el hermano, mi tío lo buscaba a él y no se encontraban. Y así fue que saltó uno y después se vieron y era de noche, con toda la confusión en el río. Mi viejo no sabía nadar, mi tío tampoco”.

José Isaac

“Tengo relato de mi papá que nació en el ´41. Estuvo en el accidente ese, y me contaba y, bueno, pude precisar hablando con mi mamá la fecha más precisa, que, según el relato de ella, ocurrió a fines de enero del ´66. Mi papá tenía 24 años, habían tomado la balsa militar y estaban viajando de madrugada, de noche. Y él le pidió prestado el camión a un amigo que le decían ´El Chivo´, no sé quién es… porque tenía cabina dormitorio, y se acostaba a dormir. Y él viajaba con su hermano, que iba en otro camión, el tío Rubén. Y cuando ocurrió el accidente a la madrugada sentía ruido y es que se azotaban los camiones, se chocaron las balsas. Mi papá no lo vio, porque estaba durmiendo. Y tío Rubén estaba arriba, en la cafetería creo, bajó y le golpeaba el camión por todos lados, hasta que lo logró despertar… eso me contaba mi papá en vida, me acuerdo. Y los camiones se azotaban para un lado, para el otro, se quería bajar, se le pegaba la puerta, no podía… él era flaco, atlético, en ese entonces, hasta que logró un huequito en la puerta y se bajó. De ahí ayudaron gente a salir, todo… y de última, ellos saltaron de la barcaza desde una altura muy alta porque se estaban hundiendo, a un remolcador… iban en la balsa militar ellos. Se chocaron la balsa militar y la del Ministerio. Y según el relato de mi mamá, la del Ministerio no paró, siguió nomás. O no se percató que los tocó porque quedaron como tirando… porque después mi papá se entera… Porque ya te digo: él estaba durmiendo en la cabina del dormitorio del camión ese, y le costó un montón bajarse, pero por la juventud de él, cuando se corrieron los camiones, se pegaban uno contra otro… Y, se hundieron los camiones, el camión de él, el de mi tío. Tuvo 2 fallecidos: una señora y un soldado, y, bueno, los camiones se fueron al agua. Aproximadamente un mes, lo sacó una grúa flotante que estaba trabajando en el Túnel, sacó los camiones y, bueno, ellos lo desarmaron, no hubo ningún seguro, nadie que le pague nada, Los desarmaron, motor, caja y diferencial, sacando arena, todo, lo limpiaron y lo hicieron andar a los 2. Y siguieron trabajando. Con todo ese contratiempo y el desarme, no sé lo que le habrá llevado, pero eso es lo que me relataba mi papá en vida”.

Darío Issac Militello

“Al otro día lo detuvieron, que eso me llamó la atención, incomunicado hasta las 7-8 de la mañana, y al tiempito fueron… una isla que se llamaban Isla Flotante, que estaban haciendo el Túnel, en el ´66 fue lo del túnel que se inauguró en el ´69. Llevaron la Isla Flotante hasta ese lugar, y tiene una grúa gigante, que es con la que bajaron los tubos, y sacaron. Lo que yo siempre digo que hubo buzos… acá en este río hay que tener en cuenta que hay buzos táctiles porque no hay nada, no se ve nada… cuando tocaban algo, enganchaban y así fueron enganchando camiones, autos. Y tengo entendido, estoy seguro de eso, que falleció una mujer grande y un soldado. Y el soldado que llevó el nombre después del atracadero de balsa del Ejército que llevó el nombre de ese soldado, en honor a ese soldado que falleció. Que no sé en qué circunstancia… hay varias cosas que dicen, pero yo no sé bien en qué circunstancia murió, pero sé que falleció. Y nunca más lo encontraron, a los cuerpos nunca más lo encontraron. Igual que a la barcaza tampoco, nunca más se la encontró (…) Bueno, otra anécdota también económica es que a mi viejo nunca le pagaron nada. Solito tuvo que arreglar su camioncito de vuelta. No sé el seguro, fueron 2 o 3 más los que pudieron cobrar, y él no cobró nada, hasta que volvió a armar los camiones de vuelta y empezó de vuelta. Pero, eso más o menos es lo que yo recuerdo de lo que pasó en el río Paraná, año 1966”.

 

José Isaac

“No tengo la idea del costo económico. Sí del del sacrificio de ellos, de desarmarlos ellos. Eran mecánicas sencillas, viejas generación, y ellos entendían, así que arreglaban todo lo de ellos. Y, bueno, entonces, lo desarmaron enteritos y a lavar el diferencial, arena, lavar la caja de velocidad, porque no podía andar con arena, tapar el motor y lavar todo y armar de vuelta, y lo hicieron andar. Así siguieron con el trajín de ellos, de camioneros (…) He visto a mi papá inventando con pedazos de hierros, haciendo pieza o llevando al tornero, que tenía en Bajada Grande un tornero que trabajaba y hacía el desarmado o le sacaba el eje entero de adelante del camión y lo llevaba cargado en una camioneta y lo llevaba al tornero. Le hacían las piezas, le fabricaban como decías vos, y venía ahí, lo armaba completo. Un trabajo pesadísimo, eran camiones muy gruesos, pensar que eran viejos, eran reforzados (…) La verdad que eran viajes lentos, principalmente, cuando venían de Santa Fe a Paraná… río arriba, muy lento… contaba mi papá que había que hacer cola y esperar, y, bueno, ese ´decansito´ que tenía hace… cuando iban de noche se acostaba a dormir mi papá, o sea, los camioneros se conocían todos, no eran muchos en ese entonces. Y ya te digo, ese día del accidente, él estaba durmiendo. La cabina dormitorio de un camión de un conocido”.

En la noche del accidente operaban en esa misma franja dos balsas que cumplían rutas distintas, pero compartían un punto de paso obligado. Una de ellas pertenecía al Ministerio de Obras Públicas, estaba propulsada por sus propios motores y unía Paraná con la isla. La otra, conocida como barcaza, pertenecía al Ejército argentino y se desplazaba arrastrada por un remolcador, atada con gruesos cables de acero, en un trayecto más largo que llegaba directamente al puerto de Santa Fe. Entre las tripulaciones de ambas embarcaciones había una rivalidad de larga data, un “pique” cotidiano que, según se decía en la costa, alguna vez iba a terminar mal.

Darío Issac Militello

“Estaban desamparados. En esa época eran otras épocas… y no es como ahora, hay montones de derechos adquiridos que antes no existían. Pero, bueno, el tesón de mi viejo volvió… trabajó de chofer con unos amigos, con otro camioncito, hasta que pudo arreglarlo lo de él. Se ayudaban mucho en esa época. Eran muy muy amigos, muy ´pegados´ los camioneros en esa época, como todo el mundo era en Paraná… Paraná era mucho más chiquito, 20 veces más chico de lo que es ahora. Y yo te comentaba hoy que la palabra y la amistad eran muy grande. Entonces, bueno, eso no quitaba que no sufriera todo lo que sufrió para poder salir, pero la resiliencia de mi viejo fue grande y volvió a salir (…) Los paranaenses no nos damos cuenta del río que tenemos acá, gigante… que, así como es de lindo, es de peligroso. Y, bueno, y la historia que encierra, ¿no es cierto? (…) Era totalmente distinto. A pesar que todavía nosotros los provincianos seguimos… uno va a Buenos Aires, va a otro lugar, bueno, ni hablar si uno va a otro lugar adelantado y dice adelantado, pero se pierden muchas cosas. Todavía somos pueblo chico, pero en esa época no… en esa época era totalmente distinto. Había más empatía… pasaba algo y estaban todos. Por eso a mi viejo le costó, pero le costó menos porque los amigos se ayudaban y salían. Y antes no había todos los repuestos como es ahora. Antes hasta fabricaban los repuestos, porque no había, los tienen que fabricar. Pero, bueno, eso es lo que yo más me acuerdo de del accidente ese”.

José Isaac

“A mi papá lo conocía todo el mundo. Héctor Isaac era él. Una vez el camión se quedó, veníamos de Villa Urquiza por la balsa y estaba lloviendo por mangas. Y se encontró con barro adelante, venía rápido… al otro día trabajaba… venía con conmigo y con mi hermana, éramos chicos. Y era una zona abovedada de tierra, el camión empezó a patinar vacío, empezó a patinar y se le tumbó, acostado en 2 ruedas… así. Se bajó, se descalzó, no se vía nada. Me acuerdo del miedo que teníamos. Nos alzó a los 2 y caminó derecho hasta la ruta. Hizo dedo y nos llevaron enseguida. Paró un camionero nos trajo y nos llevó hasta mi casa. Y 3-4 días más tarde, cuando se secó, se fue… lo llevaron también un camionero… bajó por ahí, habló a un tractor de por ahí de la zona, lo engancharon del chasi del camión y lo enderezaron. Se había roto una parte de la carrocería, el espejo, y siga viaje el camión… ponga en marcha y siga. Pero, sí, cuando le pasaba algo, salía la a ruta a parar a un camionero, les hacía dedo, paraban todos, se conocían… todos conocidos. Y él hacía lo mismo. Ha venido con alguno y venía cargado y enganchaba despacito y los traía de tiro, porque no había grúa, nada, se remolcaban los camiones… Es así... Una sociedad chica la de los camioneros y se conocían todos y se ayudaban entre todos”.

Darío Issac Militello

“Se transportaba todo… todo… todo. Era por acá o sino por Zárate… que también estaban las balsas en esa época. Y acá creo que fue uno de los últimos lugares… bueno, acá siempre hubo… no sé por qué, nunca se hizo un puente, problemas políticos. Y en esa época, bueno, lo que va por debajo del río era provincial y se reunieron los gobernadores y pudieron -en este bendito país- ponerse de acuerdo e hicieron esa obra gigantesca. Yo paso todos los días por ahí,… y digo: no lo puedo creer que estoy por debajo del río, de ese río estamos, ¡qué obra! Y los paranaenses pasamos como cuando vamos a la peatonal y vamos por debajo del túnel y parece que es lo mismo, y no… Es una obra que el mundo entero, ahora no sé, pero estamos hablando de año ´69, se inauguró, que estuvo como 10 años en hacerse eso. Y era producto de que no se podía más, no se podía más. Las balsas era un tránsito por el río… hubo muchos accidentes, muchos. Era viajar a Santa Fe, el colectivo de toda la zona esta para conectarse con aquella, dejaba acá y te cruzaban en lanchas. Que las lanchas muchas veces hubo accidentes, y a veces daba miedo las lanchas porque iba así del agua… cuando el río está tranquilo, no pasa nada; pero cuando el río estaba bravo”.

Esa noche, alrededor de las diez, las dos embarcaciones coincidieron en la zona habitual de cruce. Lo que ocurrió después se reconstruyó con mucho esfuerzo y muchos vacíos. Hubo un grito de alerta, el choque, y enseguida el movimiento brusco de los camiones, que empezaron a desplazarse sobre la cubierta y a golpearse entre sí. La barcaza militar fue la más castigada: se hundió en pocos minutos, llevándose consigo varios camiones, automóviles y la carga que esa noche incluía cueros, bebidas, alimentos, garrafas e incluso sustancias inflamables. La balsa del Ministerio, según los relatos de quienes estaban a bordo, no se detuvo y siguió su rumbo como si apenas hubiera percibido el contacto. El saldo humano fue de dos muertos: una mujer mayor que viajaba como pasajera y un soldado del Ejército asignado al servicio. Ninguno de los cuerpos fue encontrado. La barcaza tampoco. Los buzos enviados a la zona trabajaron a ciegas, en aguas turbias donde la visibilidad es prácticamente nula, y debieron guiarse al tacto. Cerca de un mes después del choque, una grúa flotante que en ese momento operaba en la construcción del Túnel Subfluvial fue trasladada hasta el lugar y empezó a enganchar, uno por uno, los camiones y los autos sumergidos. A los camioneros sobrevivientes los detuvieron esa misma noche y los mantuvieron incomunicados hasta el amanecer. Para muchas familias, eso fue lo primero que se vivió como una segunda violencia, sumada a la pérdida del medio de subsistencia. Las indemnizaciones, otra vez, fueron tardías, parciales y, en muchos casos, inexistentes. Hubo dueños de camiones que jamás recibieron un peso. Tuvieron que desarmar pieza por pieza los vehículos rescatados, motor, caja de velocidad y diferencial, lavarles la arena del río, encargar a algún tornero del barrio los repuestos que faltaban y volver a ponerlos en marcha por su propia cuenta. Recién entonces regresaron a la ruta. Con el tiempo, el atracadero militar de balsas terminó llevando el nombre del soldado que perdió la vida esa noche, en homenaje a una de las dos víctimas que el Paraná nunca devolvió. El accidente quedó después como uno de los argumentos más repetidos para acelerar la decisión política que, en 1969, terminaría inaugurando el Túnel Subfluvial Raúl Uranga–Carlos Sylvestre Begnis que unen las ciudades de Paraná y Santa Fe.

 

José Romero

“Y viene, el proyecto del Túnel Subfluvial, una de las obras más grandes de Sudamérica. ¡Hoy no se ha igualado! Entonces, si hacemos una retrospectiva, si no fuera por la necesidad de la comunicación, primero con balsa de pasajeros, balsa para automóviles, no hubiéramos tenido esta banda de necesidad de generar un túnel que hasta el día de hoy nos comunica con creces, con Santa Fe y con todo el país. Paraná creció -como dije- de manera exponencial gracias al puerto, gracias a la comunicación con las balsas de automóviles. Saber que las balsas cumplían esa función social, productiva, económica. El Centro Comercial de Paraná tiene en sus libros de registro algo importante de lo que era para la ciudad de Paraná las balsas. Pensar que eran vecinos que se capacitaban dentro del Ministerio de Obras Públicas en lo que era navegación. Se le daban permiso como maquinista para poder operar. El mantenimiento lo hacían vecinos de Paraná en el Ministerio. La ciudad proyectándose como una gran industria de navegación, al servicio de los ciudadanos, al servicio de los vecinos, de las provincias y del país”.

José Isaac

“Sí, sí… dicen que eso fue un cambio, pero evolutivo, muy bueno. O sea, ellos acá tenían que hacer cola… cola para subir a la balsa cuando venían de Santa Fe… cola en la cervecería, o después muchos años más tarde, la Giol, que estaba en Santa Fe, que yo era chico e iba con ellos, íbamos por el Túnel. Y bueno, antes también el sacrificio de descargar. No había sampi ni nada. Se contrataban changarines, hombreadores, y nosotros cuando íbamos ya por el Túnel hacia Giol, que yo lo acompañaba, cargaba 460 cajones de vino vacío, que yo lo ayudaba. Acá iba a la Giol, hacía cola y todo, descargaba los 460 vacío y cargaba 460 llenos. Y venía acá… porque se hacían 2 viajes a veces. Y descargaba los llenos -460- y cargaba de vuelta 460 vacíos… se iba, y a veces no llegaban a cargarlos, trabajaban corrido, y quedaba hasta el otro día. Se venía con un camionero, y el camión quedaba ahí en la cola… nadie te tocaba nada en ese entonces. Y se venía a dormir a su casa y al otro día se iba con otro camionero que tenía viaje, o el mismo que iba a buscar otro viaje y se cargaba al otro día el otro, el segundo flete. Eso ya estando el Túnel… queda todo más práctico ya. Pero, ahora es con tarimas y sampi. Se levanta en un ratito, descargan un chasis, ¿no? Antes, se buscaban changarines que hombreen y hombreaban horas y horas, hombreando cajones (…) Las barcazas en la que se hundió el camión de mi papá era una barcaza militar que no tenía motor, era ´acinchada´ por el remolcador. El ´barquito chiquito´ tiene mucha fuerza.. eso lo llevaba de tiro. Y la del Ministerio, por lo que vimos, lo que buscamos, la del Ministerio sí tenía motores, no era remolcada”.

Darío Issac Militello

“La felicidad total… la felicidad total. El otro día íbamos con mi señora a Santa Fe y nos acordamos que llegamos a las 7 de la tarde y vamos y fuimos y a las, salimos de acá a las 7 y media y a las 8 ya estábamos en Santa Fe. Yo le decía: mirá vos cómo es… me acordaba de eso, yo siempre me acuerdo. Lo que era antes ir a Santa Fe … por eso, los productos llegaban a Santa Fe con un precio y acá era 10 veces más caro, porque se hacía toda esa economía y los números. Inclusive, ahora siempre es un poquito más barato Santa Fe, pero antes era imposible, porque transportar era … ir a Santa Fe antes y en auto, en camión, y por las colas, uno o dos días, a veces más días. A veces cuando había mal tiempo, más días. Y tenía prioridad, antes siempre tenía prioridad lo que llevaban pescado, lo que llevaban, frutas, las verduras, ellos pasaban directo, no hacían cola, pasaban, o sea, no hacían tanta cola. Capaz que estaba medio día haciendo (cola), pero había épocas… con 3-4 días de cola. Los camioneros, inclusive, dejaban el camión, y había uno… que se iban para las casas a dormir, y los otros quedaban corriendo camiones. Por eso, el compañerismo, dejaban la llave y entraban. Ahora dejas la llave, y al otro día no está más el camión. Pero, era esa la solidaridad que había antes… por eso los compañerismos. Cuando llegó el Túnel, nos cambió la vida a todos. Nos cambió la vida a todos. Por eso, siempre digo hasta cuándo irá a durar ese Túnel, porque ojalá que el mantenimiento… es una hora faraónica para Paraná. No hay nada… eso no sé cuánto tiempo duró, pero está tan bien hecho. Yo siempre cruzo por ahí, me parece un imposible, que estamos ante semejante río, que estamos pasando, uno de los ríos más largos del mundo, más caudaloso”.

José Romero

“Una reflexión, diría yo, que nuestros políticos no se olviden de la mirada de aquella ciudad -Paraná- ciudad portuaria. Fuimos una ciudad ribereña, nos convertimos en una ciudad portuaria, y a partir, aunque no exista el puerto operativo como lo fue antaño, el crecimiento de Paraná se lo debe a eso. Un espacio en nuestra historia ciudadana tiene que estar dedicado. Y el agradecimiento a ustedes que están con esta ´Memoria Frágil´, rescatando estos pequeños oasis de historia que nos hacen tomar conciencia de dónde venimos y hacia dónde vamos”.

 

Memoria Frágil: Las barcazas de la muerte

 

 

Edición Impresa

Edición Impresa