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Entre la transparencia y las viejas prácticas: las advertencias que enfrenta el poder en Entre Ríos

Imagen de archivo de la Casa de Gobierno de Entre Ríos.

Hay momentos políticos en que los funcionarios y gobernantes deberían tomar nota en nuestra provincia. Este que estamos transitando es uno de ellos. En la cárcel del 1900 (hace ya 126 años), en una celda en soledad absoluta, rodeada de marginalidad, violencia, odio, adicciones graves y perversidad, se encuentra preso, seguramente por un buen tiempo, un exgobernador, un exministro, un exfuncionario. Deben cumplir condena por delitos de corrupción, por manejos irregulares en el Estado entrerriano, por desvío de fondos públicos. Y todos estos días me he preguntado cuánto preocupó y preocupa -si es que preocupa- a funcionarios, legisladores, gobernantes, esa imagen tan dura. Cuánto los pone en alerta, cuánto los obliga a cambiar conductas y ser realmente conscientes que manejar dineros públicos en estos tiempos tan difíciles es una alta responsabilidad y que quien comete errores -para mejorar su vida, su situación patrimonial, reunir fondos para la campaña política- puede terminar, en un tiempo no determinado, en una celda parecida, por un criterio idéntico de fiscales y jueces.

Rogerlio Frigerio hizo campaña política para llegar a la Gobernación buscando todo el tiempo diferenciarse de esas prácticas que enmarcaron al urribarrismo y al kirchnerismo y también a un sector que continuó manejando dineros públicos en una Gobernación o en intendencias de nuestra provincia. Y puso la vara alta con transparencia y ficha limpia en el Estado entrerriano, ésta última no terminó de sancionarse y vale preguntarse por qué se demora tanto. Pero, la pregunta es si cada uno de sus funcionarios entendieron eso que pregonó el gobernante, si la aplican realmente todo el tiempo o si siguen existiendo nichos de irregularidades hormigas, enquistados en diferentes lugares de la Casa Gris, la Legislatura u organismos descentralizados, que quizás aún no se observan con nitidez, en función de movimientos que creen inteligentes, hábiles y lejos de cualquier control.

Los gobernantes, los funcionarios, los legisladores oficialistas deberían tomar nota también que estamos a escasos meses de terminar el tercer año de gestión y se ingresará en el último de este mandato. Y siempre, en la historia de Entre Ríos, los últimos 14 o 15 meses de administración es cuando se empiezan a disparar y ampliar los criterios para profundizar desvíos en licitaciones, compras directas, robo hormiga de viáticos, viajes que se cobran, pero no se hacen, acuerdos con sobreprecios. Pasó en cada gestión, en más o en menos. Y más se profundiza cuando ese gobernante tiene serias chances de llegar a un nuevo mandato. Siempre las segundas gobernaciones fueron las de mayores índices de movimientos irregulares en el manejo de la cosa pública. Por eso, insistimos: cada vez que alguien quiera sacar una tajada con dineros públicos, que piense en un instante que en calle Marcos Sastre de Paraná hay en estos momentos un exgobernador, un exministro, un exfuncionario y familiar directo del primero, que durante años se creyeron impunes y terminaron su historia política entre rejas.   

 

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Rogelio Frigerio es un político hábil y experimentado al que difícilmente se le escape que el innegable desgaste que viene sufriendo la figura del presidente Javier Milei puede trasladarse a su imagen. La aprobación con la que contaba Milei en el primer tramo de su gobierno claramente ya no es la misma. Las encuestas, aún con diferencias, en general muestran una caída sostenida en ese sentido.

Es cierto que la inflación, que es uno de los temas que históricamente más preocupa a los argentinos, está algo bajo control. Algo. Pero, lo que no se nota es que la estabilización macroeconómica se traduzca en mejoras de la vida cotidiana. El endeudamiento de los hogares es un tema que se instaló fuerte en la agenda. Incluso los endeudados se están empezando a organizar. ¿Se irán convirtiendo en una expresión similar a la de los ahorristas afectados por el corralito de 2001? El tiempo dirá. Pero, cuando a la pobreza profunda que no para de crecer se le suma el disgusto de la clase media, cuando se hace real aquel eslogan de “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, las cosas no terminan bien en la Argentina.

También a Milei se le está agotando esa idea de sus votantes de hacer una especie de sacrificio y aguantar hasta que él pueda encaminar las cosas; porque en el medio aparecen el caso $Libra, Manuel Adorni, las coimas en Andis (discapacidad) y otras cuestiones que agotan la paciencia social de cualquier electorado. Sería exagerado hablar de que estamos ante el principio del fin del fenómeno Milei, sobre todo, porque en la oposición no se termina de configurar una propuesta creíble. Pero, está claro que las cosas ya no son como eran y la reelección no es un hecho asegurado en ningún pronóstico serio.

Frigerio seguramente toma nota de cada movimiento, sobre todo, en este tiempo en el que tiene que tomar decisiones cruciales respecto al cronograma electoral y a las alianzas políticas de cara a los comicios del año que viene. Y empiezan a verse algunas señales sutiles de cierto distanciamiento.

Por ejemplo, nadie en el gobierno provincial se pronunció ni con un tuit respecto a este intento de Milei de colocar a Malvinas en el centro del discurso. Por ejemplo, Mauricio Colello, secretario General de la Gobernación, y sin duda la persona de mayor confianza del entorno del mandatario -que lo acompaña desde el 2015 en adelante- marcó la semana pasada que no es el estilo del gobierno ni de Frigerio andar haciendo declaraciones rimbombantes respecto de nada y que lógicamente no critican de esa manera al gobierno nacional.

Pero sí dijo que, si bien comparten con el gobierno nacional cuestiones que tienen que ver principalmente con el equilibrio de las cuentas públicas, hay otras cosas en las que “tenemos un matiz distinto”, señaló. Esas fueron las palabras exactas que usó Colello antes de mencionar el criterio diferente respecto de la obra pública, que para Milei es algo de lo que el Estado no se debe ocupar y en la provincia se intenta sostener un plan de infraestructura e incluso se acude a financiamiento internacional. Por supuesto que también Colello mencionó las presentaciones ante la Corte que el gobierno sostiene por Salto Grande y la deuda de Anses con la Caja de Jubilaciones.

Quien se ha erigido como una de las voces políticas más fuertes del oficialismo en la Legislatura, el senador radical Rubén Dal Molín, se pronunció en similar sentido e incluso fue un poco más allá cuando charlamos en el programa de radio “A quien corresponda” (Radio Plaza, Paraná) esta semana. Dijo que comparten miradas con el gobierno nacional, por ejemplo, respecto del equilibrio fiscal. Pero, admitió que no comparten los criterios respecto de la obra pública, de la educación pública, de la salud pública. “Hay cuestiones que nos unen y hay cuestiones que nos diferencian”, dijo textualmente el presidente del bloque oficialista en el Senado.

 

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En otra cuestión en la que el gobierno provincial se diferencia del nacional es en el trato con el periodismo. Es cierto que acá no tenemos funcionarios y mucho menos al gobernador insultando a periodistas en las redes del modo inédito y preocupante en el que lo hace el presidente de la Nación.

Pero, sí hay que decir que por estos tiempos existe cierta tensión, al menos con determinados medios que en la historia reciente no se caracterizaron por elogiar al poder de turno. Un día molesta un título, otro día molesta una pregunta, otro día molesta un pedido de informes, otro día molesta un comentario.

En Entre Ríos, la gran mayoría de los periodistas (salvo excepciones muy marcadas y conocidas en nuestra región y provincia) trabajamos honestamente, con demasiado esfuerzo para sostenernos, en medio de una crisis arrasadora que también nos afecta todo el tiempo. Y el gobernante muchas veces no lo entiende así o no lo quiere entender. Siempre les costó entender que la sana crítica es sinónimo de pluralismo y credibilidad y afianza la libertad de expresión en nuestra provincia. Es más fácil para los hombres del poder poner en foco a quien trata de hacer un periodismo independiente, serio y responsable y acordar con quien no tiene límites para ceder ante los ofrecimientos que llegan desde diferentes rincones, justamente porque hacen política, recaudan y no les interesa para nada el periodismo profesional.

Quizás deban recordar los gobernantes que ese periodismo ejercido en libertad, de modo comprometido y marcando los errores de abuso de poder que se cometen, es el que se termina reconociendo en los diferentes estamentos sociales, aunque nadie lo quiera decir. Los hechos recientes están a la vista. Y sería bueno que se tome nota. Para que no se vuelvan a cometer errores y que los escenarios, como los que se viven en estos días, no se reiteren en tiempos fututos, quizás no tan lejanos.

(*) Editorial compartida en el programa de televisión “Cuestión de Fondo” (Canal 9, Litoral) del miércoles 9 de septiembre de 2026.

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