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Prevenir juntos: una lección de federalismo

Cuando las decisiones de gobierno adquieren una importancia que excede largamente el anuncio que las origina, hay que ubicarse en una expresión clara de política de Estado.

El acuerdo alcanzado por Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos para compartir información, coordinar recursos y prestarse asistencia frente a eventos meteorológicos extremos pertenece a esa categoría.

No se trata solamente de un convenio administrativo ni de una nueva instancia de coordinación entre tres gobiernos provinciales. Es, fundamentalmente, una decisión en defensa del interés general: cuando los fenómenos climáticos no reconocen límites políticos y administrativos, tampoco deberían encontrarlos las capacidades del Estado para prevenirlos y responder ante ellos.

La Región Centro ha dado, en este sentido, un paso que merece ser valorado y, sobre todo, imitado a nivel país.

Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos acordaron poner en marcha un sistema regional de información, alerta y coordinación ante eventos meteorológicos extremos. La iniciativa contempla integrar información meteorológica, hidrológica, territorial y de infraestructura; conformar equipos técnicos; elaborar mapas regionales de riesgo; avanzar en protocolos comunes de actuación; realizar capacitaciones y simulacros e involucrar a municipios y comunas.

También establece algo tan sencillo como decisivo: si una provincia enfrenta una emergencia que supera su capacidad operativa, las otras podrán asistirla con personal, vehículos, maquinaria, equipamiento, sistemas de comunicación, insumos y conocimiento técnico.

En materia de emergencias, esa capacidad de ayudarse mutuamente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte; entre pérdidas recuperables y la devastación.

Las inundaciones, las tormentas severas, las sequías, los incendios rurales y urbanos o los desbordes de cursos de agua no conocen fronteras administrativas. Una cuenca hidrográfica atraviesa jurisdicciones; una tormenta puede comenzar en un territorio y producir sus mayores consecuencias en otro; una interrupción vial puede afectar cadenas productivas que abarcan a varias provincias. Pretender responder a esos fenómenos exclusivamente desde cada jurisdicción es, muchas veces, aceptar de antemano una limitación innecesaria.

Por eso, compartir información no significa resignar autonomía. Todo lo contrario: significa hacer más eficaz el ejercicio de las responsabilidades propias para fortalecer las autonomías.

La prevención es, además, una de las áreas en las que la cooperación pública puede producir mejores resultados con recursos relativamente modestos. Un dato compartido a tiempo, un mapa de riesgo actualizado, una alerta que llegue a todos los actores involucrados o un protocolo previamente acordado pueden evitar pérdidas materiales y, en circunstancias extremas, salvar vidas.

El desafío cobra una dimensión todavía mayor frente al fenómeno de El Niño. Más allá de las particularidades que pueda presentar su evolución, la experiencia indica que estos fenómenos exigen mirar más allá del pronóstico de las próximas 48 o 72 horas. Prepararse implica observar tendencias, analizar escenarios y construir información que permita anticipar decisiones para los meses siguientes.

Esa mirada de mediano plazo es precisamente la que vuelve relevante el acuerdo logrado entre las tres provincias. No alcanza con saber qué tiempo hará mañana. Es necesario construir una visión común sobre lo que puede ocurrir durante el verano e incluso hacia el otoño de 2027, de modo que los gobiernos puedan orientar con anticipación sus políticas de prevención, sus recursos y sus obras.

En ese punto, la integración de capacidades existentes adquiere un valor especial.

Córdoba cuenta con el Observatorio Hidrometeorológico, un ámbito de cooperación entre organismos nacionales, provinciales y municipales que integra información meteorológica e hidrológica y utiliza herramientas satelitales, modelos numéricos y radares para elaborar pronósticos. Santa Fe y Entre Ríos, por su parte, poseen también capacidades, organismos y experiencias que pueden enriquecer esa red.

El resultado de poner esos conocimientos en común debería ser mucho más que la suma de las partes: una mejor cobertura territorial, mayor capacidad de análisis y mejores herramientas para decidir.

Algo similar ocurre con la gestión de las cuencas. Córdoba y Santa Fe han desarrollado experiencias de trabajo que vinculan al Estado con universidades, consorcios y otros actores relacionados con la conservación de suelos, la infraestructura vial rural y la gestión hídrica. La participación de instituciones como la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional del Litoral demuestra, además, que las políticas públicas más eficaces suelen ser aquellas capaces de incorporar conocimiento científico y técnico.

Entre Ríos tiene allí una oportunidad para profundizar su propia experiencia y aprovechar la integración regional para fortalecer sus capacidades.

Lo verdaderamente valioso, entonces, es la decisión de dejar de pensar las emergencias como problemas exclusivamente provinciales. La Región Centro comparte territorio, producción, infraestructura, rutas, recursos hídricos y, sobre todo, riesgos. También comparte una enorme cantidad de conocimiento que puede ser puesto al servicio de una estrategia común.

Cada provincia, por supuesto, tiene la obligación de hacer su propio trabajo. Pero la cooperación no reemplaza esa responsabilidad: la potencia.

Hay una razón adicional para destacar este acuerdo. En tiempos en los que buena parte del debate público suele concentrarse en las diferencias entre jurisdicciones, resulta saludable que tres provincias demuestren que el federalismo también puede construirse desde la coincidencia, la cooperación y la reciprocidad.

El federalismo no debería reducirse a una discusión sobre recursos o competencias. También se construye cuando los gobiernos deciden compartir información, coordinar políticas y poner sus capacidades al servicio de ciudadanos que, frente a una emergencia, no preguntan qué límite provincial atraviesa el problema. Simplemente necesitan que el Estado esté allí.

Ese es el verdadero sentido político del convenio firmado por Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Y por eso merece ser reconocido.

La imagen que dejan las tres provincias trabajando juntas es mucho más que auspiciosa: es la de un Estado que entiende que prevenir es mejor que reparar, que anticiparse es mejor que improvisar y que compartir capacidades es más inteligente que duplicar esfuerzos.

Si el fenómeno de El Niño finalmente genera situaciones de riesgo, la Región Centro tendrá una herramienta institucional para enfrentarlas mejor. Si los eventos extremos no alcanzan la magnitud temida, el esfuerzo tampoco habrá sido inútil: habrá quedado instalada una red permanente de cooperación, información y respuesta que seguirá siendo útil frente a futuras contingencias.

Ese es, probablemente, uno de los mayores méritos de la iniciativa.

Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos están demostrando que la integración regional puede dejar de ser una expresión declamativa para convertirse en una política concreta. Una política que protege vidas, resguarda actividades productivas, reduce riesgos y hace más eficiente al Estado. En definitiva, tres provincias se están preparando juntas para enfrentar un fenómeno que ninguna de ellas puede controlar por separado.

Ese debería ser el mensaje para todo el país: el federalismo también se construye compartiendo información, recursos, conocimiento y solidaridad. Y cuando se trata de prevenir emergencias, hacerlo juntos no es una opción política más: es una obligación frente al interés general.

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