Joaquín Gea Sánchez
La variante de la frase de James Carville que titula la nota, no pretende ofender a nadie sino destacar uno de los principales problemas de la economía argentina. En esta ocasión, es el sector privado y no el público el que detenta el problema. Dentro del sector privado, son los particulares y no las empresas. Los números se repiten a diario y en todos lados. Por mencionar apenas un par de ellos: alrededor de 20 millones de personas están endeudadas y, de ese universo, unos 6 millones tienen dificultades para cumplir con sus compromisos.
Aunque sean las personas y no las empresas ni el Estado quienes cargan directamente con el problema de la deuda, como en economía todo se relaciona, termina siendo la economía en su conjunto la afectada. Las personas, después de afrontar las cuotas de sus préstamos, disponen de menos ingresos para consumir. Las empresas, por lo tanto, encuentran una demanda más débil para sus productos y servicios. Y, finalmente, el Estado recauda menos impuestos como consecuencia de una menor actividad económica. Menos recaudación implica menor gasto, para este gobierno nacional responsable fiscalmente (enhorabuena).
A continuación, ensayaré una explicación (y señalaré una responsabilidad). Luego, para finalizar, propondré dos medidas (a falta de una).
Por empezar, la decisión de endeudarse para gasto corriente (llegar a fin de mes), en el caso de las familias, se justifica si las circunstancias que impiden alcanzar el nivel de gasto pretendido son transitorias. En finanzas, se denominan problemas de liquidez, para diferenciarlos de los de solvencia. A principios de 2024, la economía argentina atravesó un fuerte pico inflacionario y un cambio brusco de precios relativos, con aumentos especialmente significativos del dólar y de los servicios públicos. El resultado fue una caída del ingreso real de buena parte de los asalariados. En aquel momento, encumbrados funcionarios del gobierno nacional pronosticaban una pronta recuperación de la actividad. Es razonable pensar que esas expectativas influyeron en las decisiones de los hogares. Si la pérdida de poder adquisitivo era transitoria y la recuperación estaba a la vuelta de la esquina, endeudarse podía aparecer como una forma de atravesar el bache. “Ya vendrá la recuperación”, pudieron haber pensado muchos. “¿Para qué ajustar tanto el presupuesto familiar si en unos meses los ingresos van a mejorar?” Por ello, también existe una responsabilidad del elenco gobernante en el cuadro de situación actual.
Como medida preventiva hacia el futuro, sugiero mirar la experiencia de Uruguay y su legislación sobre usura. La normativa uruguaya establece límites.
a las tasas de interés que pueden cobrar los acreedores, tomando como referencia las tasas promedio del sistema financiero. Por encima de este techo, el prestamista pierde derecho a reclamarlos y hasta puede enfrentar pena de prisión. La norma alcanza a todos los actores del mercado de crédito, desde los bancos hasta las billeteras virtuales.
Como medida de carácter local, considerando la cantidad de docentes y demás empleados estatales endeudados, podría utilizarse al Banco de Entre Ríos, agente financiero de la provincia, como instrumento para implementar un programa de refinanciación de esas deudas. Con la siguiente cláusula: que las deudas se ajusten por paritaria provincial, para calzar los aumentos de las cuotas con las subidas de sueldo. No se alteraría la relación cuota/haber, y sería posible establecer tasas reales de un dígito. La paritaria sigue a la inflación, así que esos activos no perderían para el banco poder adquisitivo, y éste se beneficiaría con una recuperación salarial. Es una medida parcial. Micro, si se quiere, aunque no por ello inútil o de baja efectividad. No hay que olvidar que los constituyentes entrerrianos, en 2008, aprobaron la creación de un Banco de la Provincia que tenga “una política crediticia que aumente el potencial económico de sus habitantes”. No comparto la idea de crear un banco. Adhiero plenamente al objetivo. Cuando se comparte el objetivo, se busca el instrumento. He aquí uno.
(*) Joaquín Gea Sánchez es magíster en Finanzas y profesor universitario.






