Claudio Saez
Imagine levantar un edificio de diez pisos sin planos, sin cálculo de cargas y sin la firma de un ingeniero civil. Al principio, la construcción sostiene el techo y soluciona una necesidad urgente. Pero a medida que se suman niveles, se instalan tuberías de forma improvisada y se sobrecargan las columnas, la estructura se convierte en una bomba de tiempo. Ante la primera tormenta o el menor sobrepeso, todo el asentamiento se desploma.
Esta es la realidad de las favelas urbanas: construcciones que crecen por necesidad e intuición, pero al margen de la ingeniería. Y hoy, exactamente esto mismo está ocurriendo dentro de grandes instituciones, clínicas y organismos públicos, no con ladrillos, sino con código digital.
El fenómeno del vibecoding: la ilusión del edificio propio
Con la llegada de la inteligencia artificial, nació el vibecoding: la práctica de pedirle a una IA que programe una aplicación completa usando lenguaje cotidiano, sin necesidad de saber programar ni entender la arquitectura que hay detrás.
Para un empleado o jefe de área en una gran organización, esto parece un milagro: en un par de horas crea una app para gestionar turnos en la guardia de una clínica, controlar el inventario de un depósito o procesar reclamos ciudadanos, todo sin pasar por el área de Sistemas.
La app "funciona". Se ve bonita y resuelve el problema del día a día. Pero, al igual que la casa construida en la favela, no tiene cimientos.
Los cimientos invisibles que la IA no construye sola
Cuando un software no pasa por las manos de profesionales de la ingeniería de sistemas, carece de los pilares fundamentales que sostienen a cualquier gran organización:
- Estructura y resistencia (Escalabilidad): La app creada por la IA funciona sin problemas para 5 usuarios. Pero cuando la institución intenta conectar a 500 personas al mismo tiempo, el "techo digital" se viene abajo y el servicio colapsa.
- Seguridad y privacidad (Puertas sin cerradura): El código generado por prompting directo suele dejar brechas críticas de seguridad. En una clínica, esto significa exponer historias clínicas y datos de pacientes; en una entidad financiera o pública, filtrar información confidencial o quedar a merced de ciberataques.
- Lógica de precisión (Errores imperceptibles): Las IAs pueden sufrir "alucinaciones" lógicas. Un error sutil en la conversión de unidades o en la prioridad de una base de datos puede pasar desapercibido hasta que provoca un desastre operativo: desde el cálculo erróneo de la dosis de un medicamento hasta la pérdida de trazabilidad en fondos o insumos.
Por qué la analogía nos obliga a reaccionar
En el mundo físico, a nadie se le ocurriría inaugurar una nave industrial o un pabellón hospitalario levantado por aficionados sobre un terreno inestable. Sin embargo, en el mundo digital, muchas instituciones están operando sobre "favelas de software": aplicaciones improvisadas, creadas con IA sin supervisión técnica, que sostienen procesos críticos de la organización.
La inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria para acelerar la innovación y crear prototipos en tiempo récord. Pero la tecnología sin gobernanza ni criterio profesional no democratiza la eficiencia: solo digitaliza la informalidad.
En sectores donde la falla de un sistema no es un simple inconveniente, sino un costo millonario, una brecha de seguridad o un riesgo para la vida humana, la ingeniería profesional sigue siendo el único plano que garantiza que el edificio no se caiga.






