Milei acelera inflexible desde las redes, rompe puentes con el PRO y marcha sin consensos

“Los gobiernos de América Latina le han dejado a la comunicación toda la responsabilidad de gobernar, creen que con un tuit ya hacen que las cosas sucedan, siguen en su deseo de estar en pantalla mediática como mecanismo de la política y miran las encuestas como espejo de la democracia”.

La introducción del texto que Angie Katherine González, Matías Pone, Omar Rincón y Catalina Uribe Rincón editaron para el libro “(No) Es la comunicación... es la política”, de la Fundación Friedrich Ebert, que recopila ensayos de dos docenas de autores con experiencias de México, Uruguay, Argentina, El Salvador, Guatemala, Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, entre otras administraciones, no había tenido hasta ahora un destinatario tan nítido como Javier Milei.

Entre la noche del viernes y el sábado, el Presidente escribió y reposteó en la red social X cientos de mensajes –algunos de ellos muy inofensivos- contra el gobernador Ignacio Torres por los fondos de la coparticipación que reclama el chubutense en torno a los $13.5000 millones. Es la más reciente pelea pública de Milei que abrió una complicadísima disputa con los jefes provinciales de todo el arco político, en la semana en la que Guillermo Francos, desdibujado, intentó un acercamiento con algunos de ellos. “Estamos en estado de alerta y movilización”, confió un gobernador del centro del país.

Decidido a gobernar –al menos a publicitar y disciplinar- a través de las redes sociales, el Presidente está decidido a transitar los meses más complejos de su gestión, a partir de marzo, sin consenso ni resortes políticos, enfrentado con la mayoría del sistema y anclado en las encuestas que, según su mesa chica, todavía arrojan un nivel de aprobación similar al de fines de diciembre.

Milei cree que está en el camino correcto, que antes de mediados de año podrá domesticar la inflación –a costa de un profundo enfriamiento de la economía- y que su conducción no necesita copiloto, a pesar de que el humor y las conductas sociales empiezan a mostrar evidentes signos de agotamiento y, en algunos casos, de violencia. La semana pasada, en una ciudad relevante de una provincia del centro, el delito que más creció, según una de las comisarías de la zona, fue el robo de garrafas que, vacías y para su carga, cotizan en torno a los $70.000. Preocupado, un dirigente libertario escuchó de un amigo, mientras esperaba en la fila del subte porteño para cargar la tarjeta SUBE, que el único tema de conversación en esos ámbitos ronda en torno a los precios. Las situaciones se repiten a diario y atraviesa a todos los estratos socioeconómicos.

En el entorno del Presidente saben que la situación socioeconómica es alarmante. Pero no están dispuestos a alterar la hoja de ruta. Según el monitor nacional de febrero de la consultora Taquion, que analiza la conversación digital, 9 de cada 10 argentinos ajustó sus gastos y 7 de cada 10 lo hizo por necesidad, pero existe un 46% que “está dispuesto a esperar 6 meses o más para ver mejoras”. En ese dato se sustenta la estrategia oficial y el ajuste ortodoxo ejecutado por el ministro Luis Caputo. El dilema es hasta cuándo.

Milei desnudó su pensamiento el pasado lunes, en la charla amigable que mantuvo con Luis Majul en LN+. “Yo no me desvío nunca: yo sé cuál es mi objetivo y soy recto e inflexible hacia ahí, y voy hacía ahí. Tengo convicción, sé lo que quiero, sé cómo lo quiero hacer. Vamos invictos, el problema es que algunos no la ven”, aseguró el jefe de Estado sentado al borde del sillón. Y remató, en caso de que la sociedad no resista su programa económico: “Me iría a mi casa sin problema”.

El jueves al mediodía, muy cerca del mandatario, desde su riñón, en una oficina de Casa Rosada, complementaban los dichos presidenciales: “Lo van a tener que sacar muerto”.

Un rato antes, el vocero Manuel Adorni había confirmado la decisión de Milei de “cerrar definitivamente el INADI”, una promesa de campaña que el gobierno ratificó ahora para tratar de suavizar el impacto del ajuste y desviar la atención mediática y social. “Tenemos que darle de comer al león”, sonrió un colaborador presidencial que conoce al dedillo la estrategia política y comunicacional.

Minutos después, el ministro Mariano Cúneo Libarona dijo tener en la mira a “otros dos súper INADI”. Fuentes oficiales abundaron además en que en las próximas semanas el gobierno ventilará detalles de la auditoría realizada por la SIGEN sobre el estado del Estado que arrojó algunos resultados con los que, de comprobarse, la Casa Rosada procurará obtener un rédito mediático de altísimo impacto.

Parte de esa “herencia” estará presente en el discurso que el jefe de Estado planea brindar el próximo viernes en la apertura de sesiones ordinarias. Será, según trascendió, un monólogo más breve que largo, y Milei apostará, otra vez, a confrontar con el sistema tradicional de la política al que, en el caso del Parlamento, tildó de “nido de ratas”. Le escapará, una vez más, a los consensos. Aunque la novedad, en este caso, estará más en las formas que en el contenido: el mandatario planea hablar desde un atril –hasta este fin de semana se analizaba su ubicación en el recinto- y no sentado en la presidencia de la Cámara baja, como se acostumbra por protocolo.

Asesorado por su amigo Santiago Caputo, el verdadero cerebro de la estrategia oficial, integrante, junto a Karina Milei, de la única mesa chica en la que el jefe de Estado se siente bien cómodo, Milei está convencido de que no necesita de consensos para aplicar su programa económico de ajuste.

“Nos alcanza con nuestra ‘minoría intensa’”, dijeron a Infobae colaboradores presidenciales.

Milei, según su entorno, está enfocado exclusivamente en las principales variables macroeconómicas con las que pretende sustentar su programa: la eliminación del déficit fiscal, la acumulación de reservas y la estabilización del dólar, las tres herramientas con las que buscará dolarizar la economía. Fuentes oficiales explicaron que, para eso, intentará además eliminar el cepo, para atraer inversiones, un objetivo todavía lejano.

Es, casi con exclusividad, el único rubro del gobierno que el Presidente sigue con especial atención. También seguridad, a cargo de Patricia Bullrich. Hay oficinas del Estado que están paralizadas. En Roma, en la reciente gira papal, Jorge Macri, que también tiene dificultades en el inicio de la gestión, se lo intentó plantear a Milei en una charla a solas.

El resto de las áreas son supervisadas por el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, que en estos meses acumuló tanto poder como recelo. El gabinete está plagado de internas palaciegas. La última semana fue el turno de Sandra Pettovello, íntima amiga presidencial: el faltazo presencial del martes a la reunión habitual de gabinete -acusó una fuerte congestión- originó una catarata de versiones. A los chispazos en Desarrollo Social, bajo el ala de Pablo de la Torre, se sumarían en los próximos días cortocircuitos en educación, a cargo de Carlos Torrendell, por el inicio de clases y el conflicto salarial y presupuestaria en las universidades.

Pettovello es tan vehemente como su jefe y amigo, el Presidente. Hace un tiempo atrás, por caso, el personal de seguridad de su ministerio irrumpió en su oficina a preguntar si todo estaba bien por la acalorada discusión que la ministra de Capital Humano mantenía a solas con Oscar Zago, el jefe del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara baja. En esa bancada también afloran internas: puertas adentro apuntan a la diputada Marcela Pagano, que intentó, sin éxito, quedarse con la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda. Este miércoles, Milei recibirá a todo el bloque, 48 horas antes de su discurso del 1 de marzo.

Los conflictos internos y el sistema de toma de decisiones que ideó Milei trascienden al gabinete, y motivaron en todo este tiempo una creciente preocupación en los aliados. En particular, en Mauricio Macri, que se cruzó mensajes de WhatsApp en estos días con el jefe de Estado y que prevé conversar con él a solas cuando vuelve de Washington, después del fin de semana.

Macri coincide y apoya el programa fiscal, pero está preocupado por el estilo de conducción intransigente del mandatario, y el costo social del ajuste. En la semana, en la reunión que encabezó en sus oficinas de Olivos, se pronunció, según testigos, de la siguiente forma sobre el presidente: “Es como un marciano, no tiene conexión sensitiva con la gente”. De sus colaboradores trasciende, además, una creciente inquietud por el rol de la secretaria General de la Presidencia: “Tiene un poder psicológico sobre su hermano que es impresionante”.

Hasta la semana pasada, en despachos del PRO se especulaba con la posibilidad de un acuerdo que, con el correr de los días, empezó a esfumarse, y que entró en una zona de máxima tensión con el enfrentamiento público de estas horas entre la Casa Rosada y el gobernador de Chubut.

Macri intentó mediar. Fatigó teléfonos. Le pidió a Torres que esperara 24 horas para iniciar alguna gestión. Como no tuvo éxito, el mandatario provincial, que con 35 años ya fue diputado, senador y electo gobernador, y maneja unos niveles de audacia superiores a la media, avanzó con un reclamo público por los $13.500 millones que, según él, el gobierno le pisó en concepto de coparticipación a pesar de que había presentado varias propuestas de refinanciación de la deuda que su antecesor, Mariano Arcioni, logró patear para este año por su afinidad con Sergio Massa y la anterior gestión.

Hay, sin embargo, algunos dirigentes cercanos que consideran que el mandatario provincial se excedió en su vehemencia. Asesores de Torres creen que, de todos modos, la Casa Rosada ya lo tenía apuntado.

La respuesta de Milei fue lapidaria: en las redes, acusó a “Nachito” -así lo llamó, socarronamente- de impulsar una “amenaza chavista” cuando el gobernador advirtió que podía cortar el suministro de gas y petróleo. El Presidente, de gira por Estados Unidos, invitado a hablar en un encuentro republicano, dedicó 24 horas a repostear desde su cuenta de X comentarios bien críticos de Torres.

La escalada le presentó el fin de semana un dilema mayúsculo para Macri que en los días previos había recibido al gobernador junto a Rogelio Frigerio, de Entre Ríos. El ex presidente se encamina otra vez a presidir el PRO, una situación que le deja escasísimo margen para explorar un acuerdo con la Casa Rosada si se mantiene, con esa intensidad y agresividad, el conflicto con uno de los mandatarios provinciales con mayor proyección del espacio.

“¿Qué pasa si Macri sale en breve en el prime time a decir que quiere ayudar a Milei pero que no se deja ayudar?”, se preguntó este sábado un operador del PRO. El ex presidente no quiere llegar a ese punto. Cree, como Milei, que si el programa económico no naufraga es inexorable que ambos espacios confluyan ideológicamente en un frente común el próximo año. Pero todavía debe resolver qué rol querrá tener este año y el vínculo con algunos dirigentes partidarios, como Bullrich. “Macri tiene que resolver cómo quiere quedar en la historia. Nosotros no vamos a resolverles a ellos la interna”, opinó un colaborador presidencial.

Milei ya hizo saber que no quiere compartir su liderazgo. El ministro Caputo, que está fanatizado con el libertario, dijo durante la semana, en TN, que hay “un solo comando”, y rechazó un acuerdo de gobernabilidad.

Hasta que estalló el affaire Chubut y la rebelión de los gobernadores -este sábado se mantenían conectados para planear los pasos a seguir, más allá del camino judicial-, circulaban nombres de dirigentes que podían desembarcar en el gobierno. Fue motivo de conversaciones, vía WhatsApp, entre el ex presidente y Santiago Caputo -chatean, según fuentes macristas, más de lo que trasciende-, cuyo teléfono recibe mensajes de todo el círculo rojo. Entre esos nombres se mencionó a Hernán Lombardi y Julio Garro, en Turismo y Deportes, o Joaquín de la Torre. La posibilidad de conformar un interbloque en Diputados también parecía desvanecerse, a pesar de la insistencia de Cristian Ritondo por presidir la Cámara baja, una jugada que fastidia particularmente a Martín Menem.

El enfrentamiento de Milei con Torres inaugura, de todos modos, no solo un dilema para el PRO y los aliados, sino también una aventura incierta para el gobierno, que hasta ahora había propiciado disputas públicas, con excepción de la exitosísima, carismática y popular Lali Espósito, con dirigentes o instituciones con alto rechazo social. El gobernador chubutense es parte del sistema tradicional de la política, sí, pero es un actor de la renovación y tiene una buena adhesión en toda la Patagonia.

En su estrategia de inflexibilidad política, Milei mandó a analizar en estas horas un movimiento que podría tener consecuencias directas. Según confiaron altas fuentes oficiales, en Presidencia se estudian cambios en Migraciones, en la Aduana y hasta en la empresa AYSA. En las tres áreas se mantiene una influencia importante del peronismo. En algunos casos, de sectores vinculados a Massa, que tenía previsto reaparecer este sábado en un evento del Frente Renovador, en consonancia con el congreso del PJ bonaerense, pero que aplazó su participación para el próximo fin de semana.

Fuente: Infobae

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