La Municipalidad de Paraná avanza desde fines de diciembre en un plan integral de prevención ante la llegada del fenómeno de El Niño, que trae aparejada la amenaza combinada de lluvias intensas y una eventual crecida prolongada del río Paraná. Así lo detalló el subsecretario de Planeamiento Sectorial, Xavier Bilbao, quien explicó que el municipio se anticipó incluso a la declaración oficial del fenómeno climático.
En diálogo con Un martillo para darle forma - Radio Plaza, Bilbao enmarcó la situación en un análisis de gestión de riesgo que combina vulnerabilidad y amenaza. Sobre el primer factor, fue contundente con un dato que expone el atraso estructural de la ciudad: "tenemos cobertura en la ciudad de aproximadamente un 20% de toda la red de drenaje que tenemos", con más de 90 kilómetros de cauces y 25 de conductos pendientes de una infraestructura hidráulica adecuada. A esa vulnerabilidad estructural se suma, según explicó, la fragilidad de las márgenes de arroyos y el borde costero de la barranca, expuestos a procesos de inestabilidad ante lluvias intensas.
El funcionario señaló que la ciudad enfrenta dos amenazas simultáneas y de naturaleza distinta. Por un lado, la crecida del río Paraná, que —a diferencia del río Uruguay, de subas rápidas de hasta un metro por hora— tiene un crecimiento "más paulatino" y es monitoreada junto al Instituto Nacional del Agua, en articulación con organismos de Brasil que informan sobre la onda de crecida aguas arriba. Bilbao advirtió que, en un contexto de El Niño con mayor humedad regional, una vez que el río supere los niveles de evacuación "puede permanecer durante tiempos prolongados", como ocurrió entre 1982 y 1983, cuando los niveles altos se sostuvieron entre seis y ocho meses. Aclaró, de todos modos, que no hay certeza de que ese escenario se repita y que el municipio irá profundizando las acciones a medida que se confirmen los pronósticos.
El municipio ya identificó los sectores más expuestos ante una eventual crecida del río: Puerto Sánchez, Puerto Viejo, Bajada Grande y Arenales-Toma Nueva, cada uno con un plan de atención particular según los niveles de afectación y las dotaciones disponibles en la zona. La segunda amenaza, la de tormentas de alta intensidad y corta duración, genera caudales torrenciales en los arroyos de la ciudad, que por sus pendientes pronunciadas drenan con rapidez pero también con fuerte poder erosivo sobre las márgenes, donde se ubican infraestructura, servicios y viviendas.
Consultado sobre el abordaje del comité de emergencia, Bilbao remarcó que se trata de un trabajo multidisciplinario que involucra a distintas secretarías municipales —ambiente, salud, convivencia ciudadana, desarrollo humano y la parte operativa, a cargo de Defensa Civil— sin que ninguna abandone sus planes de trabajo habituales, sino "intensificando" tareas ya en marcha, como el cronograma de mejoramiento de calles, servicios públicos y limpieza de canales. Entre las acciones previstas mencionó simulacros en los sectores más debilitados de las márgenes de arroyos.
El funcionario insistió en que la estrategia no puede depender solo del Estado: pidió colaboración de la comunidad, particularmente en materia de residuos y en la decisión de no circular por calles anegadas durante lluvias intensas, mencionando puntualmente los casos de Calle Grisla, Armas Fuertes y Misiones, con calzadas que suelen quedar inundadas. Según explicó, cada persona que circula pese a la advertencia demanda recursos de Defensa Civil que quedan restados de la atención en los puntos más críticos de la ciudad.







