Hacia un liberalismo humanista

Por Jorge Cura

Argentina ha experimentado a lo largo de su historia una interconexión compleja entre la libertad y la igualdad. La histórica tensión entre estos dos valores surge debido a la percepción de que la promoción de la igualdad puede limitar la libertad individual y la libertad restringir los derechos comunes. 

Cuando en una sociedad predomina la libertad sobre la igualdad son los emprendedores y los más capacitados quienes tienen mayor posibilidad de éxito impulsando el progreso. Esta dinámica puede dejar mucha gente relegada ampliándose la brecha entre los ricos y los pobres.

Además, la falta de igualdad puede generar desconfianza en las instituciones gubernamentales, generar tensiones sociales en los grupos relegados y poner en riesgo la gobernabilidad.

En cambio, cuando el sentido de la igualdad predomina sobre la libertad, hay una mayor intervención del Estado en la economía reiterándose el concepto de la redistribución de la riqueza, muchas veces obviando que un mayor PBI es el fruto del esfuerzo, del trabajo y de asunción de riesgos por parte otros argentinos.

Un enfoque excesivo en la igualdad a expensas de la libertad individual puede llevar a la pérdida de incentivos para la innovación y el emprendimiento, la reducción de la iniciativa individual y la creatividad. Sin meritocracia, se inhiben los emprendedores y el progreso se lentifica o desaparece.

Para consolidar una democracia estable es esencial encontrar un equilibrio entre igualdad y libertad.

La libertad es una concepción epigenéticamente heredada y ejercida por el ser humano desde hace más de 2.500.000 años, con la aparición de los primeros homínidos. 

Al ser heredada y asumida como parte natural e indivisible del individuo, la libertad tarda más que la igualdad en ser idealizada como valor político lo cual ocurrirá recién a partir del medioevo.

La igualdad es idealizada en una etapa mucho más reciente, alrededor del siglo V antes de C., en la Antigua Grecia -Platón sería uno de los primeros en referirse a ella-; desde entonces, como valor político, continúa su evolución, impulsada por pensadores inmersos en las contingencias de los contextos sociales de sus distintas épocas.

A partir del medioevo la igualdad continúa su evolución conjuntamente y en tensión con la libertad.   

Estos dos valores, por sí solos, cumplirían con los preceptos de Justicia, sin embargo, su aplicación deja al descubierto diferentes magnitudes de desigualdades sociales lo que demuestra que la concepción de ser iguales ante le ley muchas veces implica que lo justo no es siempre equivalente a la idea de igualdad.

El principio de igualdad, fundamental en cualquier sociedad democrática, ha sido un faro guía en la historia argentina. Sin embargo, la igualdad ante la ley no siempre se traduce en igualdad de oportunidades, especialmente en regiones geográficamente desfavorecidas. La brecha entre el discurso igualitario y las disparidades socioeconómicas plantea desafíos significativos para la construcción de una sociedad verdaderamente equitativa.

La igualdad de oportunidades es un principio básico social para perfeccionar el ejercicio de la igualdad, aunque, al no definirse taxativamente sus alcances, la evaluación de su aplicación sigue mostrando socialmente resultados deficientes. 

La equidad, aunque ya Aristóteles se refería a ella, es un concepto que comienza a ser discutido como valor recién a partir de 1960, en el ámbito del feminismo político-académico sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres

En tanto, el objetivo de la igualdad es distribuir los recursos y las oportunidades de manera uniforme, el objetivo que persigue la equidad es la distribución ecuánime de esos recursos. 

La equidad, como concepto político, cobra relevancia al abordar las diferencias contextuales de los destinatarios considerando las circunstancias personales, sociales, económicas y la diversidad geográficas al aplicar políticas públicas atendiendo a la igualdad de oportunidades.

La definición taxativa de la equidad, en la norma de su aplicación, debe contemplar explícitamente las circunstancias para compensar las desigualdades propias de los diferentes contextos: geográfico, cultural, económico, social, de edad, habilidad, orientación sexual, étnico, etc., en los que se desarrolla la vida del individuo o los grupos a los que se destinan las políticas públicas. 

Si solo de educación habláramos, tanto los chicos que habita en la puna salteña como los que residen en los centros urbanos deberán recibir la misma igualdad de oportunidades educacionales para aspirar a tener éxito en sus vidas.

La aplicación de la equidad, así definida, demandará un formidable esfuerzo político y un amplio apoyo de la sociedad para eliminar las desigualdades sociales o, por lo menos, mitigarlas.

Este esfuerzo determinará la magnitud de la solidaridad y fraternidad que queremos ofrecernos los argentinos para viabilizar la aplicación de la “equidad” partiendo desde su definición y su relación con los principios de igualdad y de igualdad de oportunidades para alcanzar un escalón más en la lucha contra las desigualdades en el heterogéneo contexto social geográfico, cultural y económico de nuestro país.

Hoy, en esta realidad universal, un liberalismo humanista podrá incorporar la igualdad/equidad, la libertad y la educación como tres valores totalmente interdependientes.  

Es que la educación no es todo, pero sin educación no hay nada.
•    No hay libertad sin educación; sin educación faltan los conocimientos imprescindibles para ejercerla en esta jungla de regulaciones. 
•    No hay educación sin libertad; educación sin libertad es adoctrinamiento. 
•    No hay igualdad sin libertad; igualdad sin libertad es masificación 
•    No hay justicia sin libertad; justicia sin libertad es sólo condena. 
•    No hay solidaridad sin libertad; solidaridad sin libertad es imposición. 

Sin libertad no hay igualdad, ni educación, ni justicia, ni república, sólo fascismo, populismo demagógico…

Para avanzar hacia una sociedad más justa, es imperativo abordar los desafíos y contradicciones que obstaculizan la realización plena de la educación, la libertad, la igualdad y la equidad para, así, garantizar que todos los miembros de la sociedad tengan igualdad de oportunidades de acceder a los recursos necesarios para tener éxito en sus vidas.
 

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