Sobre el adoctrinamiento de alumnos en escuelas

Por María Angélica Caíno (*)

Dado las reiteradas difusiones de  padres organizados y legisladores  denunciando adoctrinamiento a los alumnos en las escuelas, me permito explicitar mi posición pues, es un tema profundamente pedagógico al tratarse de contenidos y valores, los cuales constituyen objetos esenciales de formación en la escuela. 

Ante todo, algunas especificaciones sin cuyas consideraciones, es imposible tratar el tema con algún nivel de racionalidad.

¿Qué es adoctrinamiento? Podemos acordar un significado amplio: inculcar determinadas ideas o creencias a favor de algo, alguien, grupos. Y entonces podemos acordar que si la escuela forma esencial, prioritaria, seria y fuertemente en contenidos y valores, es inculcadora, adoctrinadora.

¿Es correcto legitimar cualquier adoctrinamiento? Seguramente acordamos que sólo aquellos valiosos, objetivamente, para todos o la mayoría, como lo es la vida digna y todos los conceptos y valores implicados en su cuidado y optimización.

¿Podemos aceptar que la escuela forme en contenidos y valores que benefician sólo a grupos? Es esperable que así no sea porque, en tal caso estaríamos cometiendo discrecionalidades, otorgando privilegios a algunos sobre los otros y, esto indudablemente choca con el primer ingrediente de la vida digna que es la justicia.

Es propicio entonces explicitar que, si la escuela forma en valores compartidos, como lo es la vida digna, debe inculcar este valor, adoctrinar en todo lo que sea el cuidado y sostenimiento de vida digna –en el sentido de contar constitutivamente con todas las condiciones necesarias: salud, vivienda, alimentación, vestimenta, educación, organización social psíquicamente sana, medioambiente saludable y beneficioso para la vida…- y, en este marco, le corresponde enseñar aquello que promueve condiciones beneficiosas para ello y,  aquello que atenta contra ella.

En este sentido, la formación en lo ecológico, lo ambiental –sobre todo en nuestra provincia de Entre Ríos con modelo productivo tóxico dependiente y récord mundial en envenenamiento ambiental encabezando estadísticas de enfermedades en la niñez a nivel nacional, y todo científicamente demostrado-, constituye un aspecto fundamental a enfatizar en la enseñanza, al igual que otras cuestiones como la de género, posturas históricas y políticas opuestas, la sexualidad, por nombrar contenidos y valores que motivan mayor cantidad de denuncias.  Estamos hablando, en todos estos casos, de aspectos sobre los cuales la ciencia valida conclusiones distintas y muchas veces opuestas, que son sostenidas por quienes adhieren a una u otra posición y crea enfrentamientos lógicos entre ellos.

Pero, admitamos que en todos los casos mencionados existe una vara para medir una inculcación, educación, adoctrinamiento positivo o negativo. En el caso de lo referido a la sexualidad, lo ecológico y la problemática de género, no cabe duda de la positividad de dar herramientas a los niños para lidiar con estas cuestiones que también sufren; y cuyas ausencias –de dichas herramientas- los deja en situación de riesgo, indefensos y sin recursos para protegerse a sí mismos y al medio que los contiene y les da vida. Los posicionamientos históricos, políticos, filosóficos…diferentes, no tienen por qué considerarse “tendenciosos” –en su connotación negativa-, ni con sectarismos implícitos; simplemente, podemos consensuar, hay diferentes posicionamientos en la historia, la política, la economía… y todos validados desde los métodos de investigación de las Ciencias Sociales. Y, si lo que inculca el docente es distinto a lo que enseñamos en casa, bienvenido sea que nos enteremos para que demos más argumentos opuestos y garanticemos así, por lo menos, la posibilidad de elegir, aunque más no sea, entre dos tendencias. Y, si no podemos flexibilizarnos y comprender la eficacia, la utilidad, lo saludable de formar nuestra niñez y juventud, también con contenidos y valores opuestos a los vigentes en la sociedad, que son desde donde generalmente se suscitan las denuncias, reflexionemos para entender entonces que, quien inculca y adoctrina, generalmente, en un sentido negativo, es la misma sociedad cuya economía, producción, organización, lazos humanos, relaciones laborales,… producen y educan informalmente, en contenidos y valores en contra de la vida, de la salud física y psíquica y, sin ninguna oposición ni posibilidad de crítica  porque, cuando se hace, a la vista están los resultado. ¿Por qué la sociedad nos adoctrina informalmente –fuera del ámbito reconocido para formar- la sociedad?  Porque nos hace creer que no importa que el agua se contamine, que los niños se enfermen… porque lo importante es aumentar la producción, por ej., de soja. Y, ¿a quién beneficia esa producción? Poco es el empleo que genera porque están las máquinas, a nosotros no nos alimenta, se vende al exterior y los dólares que entran son para que los compren los que los mandan al exterior….  Y esto educa informalmente y produce una inculcación mayor que la de la escuela, porque se respira, se vive con aceptación total.

También la sociedad nos educa, nos inculca, nos adoctrina informalmente en la indiferencia de la explotación de la mujer porque está vigente, aprueba que gane menos que el hombre por igual trabajo, porque sufre femicidio, porque carga la historia de ser la que procrea y cría pero no decide… y esto se vive con total naturalidad ¿Y esto es cuidar la vida digna? ¿Es este aprendizaje generador de organización humana saludable, justa?. También la sociedad adoctrina y educa informalmente cuando padres dan a sus hijos ejemplo de maltrato al docente cuando se les enseñan que el 24 de marzo comenzó en la Argentina un proceso de persecución y matanza de opositores a un gobierno militar el cual, no solo literalmente asesinó gente, sino que instaló las bases para terminar con avances científicos, productivos, derechos de trabajadores logrados con sangre, incrementó descomunalmente la deuda externa…  Y todo esto ocurrió y la sociedad trata de barrerlo con la escoba del tiempo. Y ¿cuida la salud física y psíquica dejar crecer a la juventud en desconocimiento de lo que los puede alertar para no repetir la historia como víctimas? Además, y éste es el adoctrinamiento más deleznable e ignominioso,  convivimos, con toda naturalidad, con seres humanos mendigando que buscan comida en los basurales. ¿Hay alguna vivencia cotidiana, que adoctrine niños y jóvenes, más abyecta e indeseable contra la vida y su dignidad humana que ésta? No hay metodología de enseñanza y aprendizaje más eficaz, más profunda, que la vivencia de la cotidianeidad.

Para mayor argumentación de lo explicitado anteriormente y desprendernos de prejuicios o tendencias afectivas no productivas, no podemos dejar de reflexionar que vivimos momentos históricos en los cuales, la cultura y la civilización nos permiten disfrutar de inconmensurables avances científicos y tecnológicos. La ciencia que posibilitó y posibilita tales avances, no tuvo ni tiene como primera pregunta a contestarse si dichos desarrollos científicos y tecnológicos respondían y responden al cuidado de la vida y su optimización. Ello produjo y produce la realidad concreta de que dichos avances científicos y tecnológicos puedan ser utilizados para cuidar la vida dándole mejores condiciones, o puedan producir la muerte: el ejemplo más palpable a nuestro alcance: la energía nuclear con posibles usos maravillosos para la salud, pero también con luctuosos y detestables efectos de las bombas atómicas que produjeron el genocidio de Nagasaki e Hiroshima.

¿No estamos frente a una crisis civilizatoria?¿No es positivo que los niños crezcan con conocimiento de opuestos y sus consecuencias para no repetir errores, para que en algún rincón del horizonte puedan ver una lucecita?

Entonces, ¿es denunciable que a través de teatro de títeres enseñen, inculquen que deforestar para cultivar con agrotóxicos es “anti-vida” pues hay miles de estudios, investigaciones que lo demuestran? ¿Es que no entendemos que sacar árboles disminuyendo la existencia de oxígeno –el esencial elemento para la vida- de la atmósfera nos predestina a lenta mortandad masiva? ¿Es tan difícil sacar conclusiones acerca del daño irreparable que produce al suelo y la salud el uso de agroquímicos en los cultivos? ¿Es recriminable que una docente enseñe lo dañosa y mortífera que es la explotación de metales en minas cielo abierto a través de la enseñanza del imperativo en inglés con oraciones que, traducidas, significan: basta de minas a cielo abierto, basta de contaminación de nuestros ríos…?¿Es reprochable que niños y jóvenes aprendan también que el tratamiento de la mujer como objeto, el embarazo precoz, ciertas evidencias histórico-políticas… atentan contra la vida digna?

Que la concreción de los derechos del docente de adoctrinar en contenidos y valores constructivos –que es su función primera-, orientados al cuidado de la vida digna, la justicia, motiven la constitución de comisiones que denuncian adoctrinamiento a nuestros alumnos, es un flagrante delito que atenta contra la función primera de la escuela, contra los derechos humanos esenciales y contra la responsabilidad de la tarea docente. 

El derecho a la vida digna es un valor superior y, por lo tanto también lo son, la educación, la inculcación, el adoctrinamiento en todos los valores y contenidos que sean necesarios para su cuidado y optimización; como así también, todos los contenidos necesarios para denunciar la violación de dichos valores y contenidos superiores.

En este sentido la tarea de la escuela y el docente constituyen un bastión, y denuncio todo intento de agresión para su concreción.

(*) Profesora de Ciencias de la Educación