Contaminación agropecuaria: herbicidas y microplásticos, un cóctel que genera toxicidad

Un estudio publicado recientemente por investigadores de Conicet y de la UNL, comprobaron la “toxicidad” a partir de la interacción del uso de glifosato y microplásticos.

Un estudio publicado recientemente por investigadores de Conicet y de la UNL, comprobaron la “toxicidad” a partir de la interacción del uso de glifosato y microplásticos.

Un estudio publicado recientemente por investigadores de Conicet y de la UNL, analizó la “ecotoxicidad en renacuajos” a partir de la interacción del uso de glifosato y gluosinato de amonio junto con microplásticos.

La toxicidad producida por estos dos pesticidas –de uso muy extendido– en invertebrados y el ambiente ya es reconocida. Ahora, el novedoso análisis incorporar la presencia de micro partículas de polímeros como una combinación que potencia los efectos nocivos. En el documento –según consigna el portal Era Verde-, los científicos recomiendan una “disminución urgente en el uso de materiales plásticos en la agricultura (por ejemplo, bolsas de silos)”, la “concienciación ambiental entre los agricultores”, y “un cambio en el modelo productivo a través de la compensación socioeconómica”.

Científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional del Litoral, dieron a conocer los resultados de estudio inédito que vincula los efectos de los herbicidas a base de glifosato y glufosinato de amonio y las partículas microplásticas de polietileno. Para evaluar sus efectos testearon renacuajos que fueron expuestos “a concentraciones nominales de ambos herbicidas” y además midieron “la termoquímica de las interacciones entre los herbicidas y el polietileno”, según se desprende del abstracto del documento que fue publicado por la revista científica Science of the Total Environment.

“Los hallazgos de nuestro estudio indican que estas interacciones pueden conducir a un aumento de la toxicidad cuando los contaminantes están juntos, lo que significa un riesgo ambiental potencial de estas combinaciones, especialmente en el caso de GA (glufosinato de amonio)”, apuntaron respecto al agrotóxico compatible con el uso del polémico trigo transgénico HB4.

La investigación firmada por Rafael Lajmanovich, Andrés Attademo a, Germán Lener, Ana Cuzziol Boccioni, Paola Peltzer, Candela Martinuzzi a, Luisina Demonte  y María Repetti, “es la primera en demostrar que los microplásticos, como los que se desprenden desde silobolsas y otros insumos agrícolas, potencian los efectos nocivos de herbicidas como el glifosato y el glufosinato de amonio, y generan un compuesto contaminante que facilita su dispersión en el ambiente y hasta podría ser imposible de volver a separar”, destacó la Agencia TSS, de la Universidad de San Martín, en donde se plantea que “el uso de plásticos se ha visto incrementado de manera exponencial en los últimos años, tanto en las ciudades como en el campo, adonde se convierten en desechos que muchas veces son difíciles de reciclar. Debido a su baja capacidad de degradación, se acumulan en el ambiente y, por la erosión física y química, se degradan en pequeños fragmentos conocidos como microplásticos”.

“En general, se relaciona al plástico con las botellas y otros residuos de la ciudad, pero en el campo, la industria agropecuaria es un gran generador de este tipo de desechos, ya sea por el uso de silobolsas o los bidones de plaguicidas”, afirmó a la agencia TSS Rafael Lajmanovich, investigador del Conicet y la UNL, quien con un equipo de colegas publicó el primer estudio que analiza los efectos de la exposición de anfibios a dos de los herbicidas más utilizados en el país: el glifosato y el glufosinato de amonio. Los ensayos proponen medir sus efectos solos y también en combinación con microplásticos.


Leyenda

Experimentación

 

 “Lo primero que evaluamos fue qué dosis produce mortalidad (de los agrotóxicos) y si la mezcla con plástico ayuda a que sea mayor, y determinamos que en ambos casos lo es”, contó Lajmanovich, que se desempeña en el Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL. Además, el investigador advirtió que este indicador resultó mayor en el caso del glufosinato de amonio y “muchísimo más tóxico” cuando ese herbicida estaba mezclado con plástico.

Este dato no es menor si se considera que, debido a su tamaño tan pequeño y a su lenta biodegradación, los microplásticos pueden ser ingeridos por otros organismos, incorporarse a la cadena alimentaria y acumularse en suelos y aguas por mucho tiempo. “En general, pensamos al plástico como un contaminante per se, pero también es muy bueno como vehículo de otros contaminantes, entre ellos, los plaguicidas. Es decir, el plástico en sí mismo no es tóxico, pero, al estar mezclado con el glufosinato de amonio, lo vehiculiza y lo hace más biodisponible, volviéndolo más tóxico”, advierte Lajmanovich, que fue uno de los primeros investigadores en generar evidencias científicas sobre la toxicidad de este herbicida en anfibios, hace casi una década.

En paralelo, los investigadores también desarrollaron un modelo químico computacional, conocido como Teoría de la Densidad Funcional (TDF), mediante el cual evaluaron distintos aspectos termodinámicos de la interacción molecular de estos compuestos químicos, como la energía de adherencia, la densidad electrónica y la estructura. Para eso, armaron un modelo matemático, tratando de asimilarlo lo más posible a la realidad, y lo introdujeron en una computadora de alto rendimiento de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

En cuanto a los resultados, Germán Lener, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Físico-Química de Córdoba que estuvo a cargo de este desarrollo, detalló que, cuando pusieron a interactuar estos pesticidas con microplásticos, pudieron constatar que “se pegan muy fuertemente” y “con una mayor energía de absorción o de enlace”, en el caso del glufosinato de amonio. “Básicamente, la termodinámica nos dice es que, cuando se encuentran dos partes, si interaccionan de manera muy favorable, para poder despegar esas dos partes hay que invertir la misma energía. En este caso, esa energía es muy alta, entonces, probablemente, eso ya no se despegue más”, aclara Lener, que también se desempeña en el Departamento de Química Teórica y Computacional de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC.

 

Consecuencias

 

Respecto a las implicancias de esta interacción, una de ellas es que de esa unión de herbicidas y microplásticos puede resultar un nuevo compuesto contaminante que viaje más fácilmente de un lado a otro y que con la misma facilidad también pueda atravesar organismos como los analizados en este trabajo. “Las fibras que conforman un plástico, que son como un ramillete de fibras, tienden a disociarse entre sí, lo que las vuelve más solubles y hace que los organismos las puedan incorporar con más facilidad”, explica Lener. Además, los coadyuvantes que tienen los pesticidas están diseñados justamente para estabilizarlo y romper las paredes celulares de los vegetales. “Entonces, ante un plástico, probablemente se genere un efecto sinérgico con el pesticida que les permita ingresar a los organismos”, dice el investigador.

El uso de herbicidas y plaguicidas está asociado a los cultivos transgénicos que son resistentes a ellos. La Argentina es el tercer productor mundial de este tipo de semillas, detrás de Estados Unidos y Brasil. En el país, existen 61 “eventos transgénicos” aprobados, principalmente de maíz, soja y algodón. Entre ellos, alrededor del 60% son resistentes al glifosato, al glufosinato de amonio o a ambos.

La lista incluye al trigo transgénico HB4 resistente a la sequía desarrollado en la Argentina, que ha sido aprobado a fines del año pasado e inmediatamente generó preocupación y el rechazo de más de mil referentes de la comunidad científica y grupos socioambientales, por el impacto que pueda tener en el ingrediente principal de un alimento tan esencial como el pan y todo tipo de panificados. Es que el glufosinato de amonio, al que también es resistente, es cinco veces más tóxico que el glifosato y las evidencias en contra de su inocuidad llevaron a que la Unión Europea prohibiera su venta en el año 2013. En la Argentina, sin embargo, se ha convertido en una alternativa elegida contra las malezas que se vuelven resistentes al glifosato.

Y junto a la masificación del uso de estos herbicidas, que según este trabajo se estima que se incrementó en un 250% entre el 2000 y el 2015, también se ha expandido e instalado el uso de las denominadas silobolsas para el acopio de granos. En estas bolsas plásticas, que miden entre 60 y 75 metros y tienen dos años de vida útil, se ha pasado de almacenar cinco millones de toneladas en el año 2000 a 40 millones de toneladas en el 2008. Además, según un artículo publicado en el diario La Nación poco antes de que comenzara la pandemia, la Argentina es el mayor productor mundial de estos insumos, lo que hace que se descarten más de 7000 toneladas de plástico por año. “El uso de las silobolsas implica un gran problema de especulación financiera por acumulación de cereales, por eso se necesitan tantas, porque no solo se están usando como una parte de la cadena de comercialización sino también como una parte de una cadena especulativa”, cuestiona Lajmanovich.

“En general, vemos plásticos y vemos que fumigan, como dos cosas que no tienen nada que ver, pero todo está en nuestro ambiente, en nuestro suelo y en donde se produce la comida, que supuestamente debe darnos salud”, dice Lener. Y concluye: “Muchas publicaciones científicas han encontrado plásticos en los alimentos y nunca se supo bien por qué. Si bien es necesario seguir investigando, estos resultados pueden ser un puntapié para repensar algunas prácticas productivas, porque a este nivel, con las cantidades y la conducta con la que se trabaja en el campo argentino, se ha generado un ambiente que es muy difícil de monitorear”.

 

Recomendaciones

 

Finalmente, en su el trabajo los científicos concluyen que “debido al aumento exponencial de la evidencia de los efectos negativos en la vida silvestre de herbicidas como glifosato y gluosinato de amonio, que se utilizan con frecuencia en cultivos transgénicos, y los modelos agrícolas de ecocidio que se dispersan en todo el mundo, es imperativo aplicar requisitos reglamentarios y principios de precaución más estrictos en el uso”.

Asimismo, también “recomendamos la disminución urgente en el uso de materiales plásticos en la agricultura (por ejemplo, bolsas de silos) y la implementación de más sistemas de reciclaje eficientes y obligatorios para la mitigación de estos productos (fuente potencial de contaminación por micro plásticos) mediante el uso de políticas innovadoras y estrategias de concienciación ambiental entre los agricultores.

Finalmente, destacamos la importancia de abordar un cambio en el modelo productivo a través de la compensación socioeconómica. Urge transformar el actual modelo agroindustrial basado en el uso de herbicidas como glifosato y gluosinato de amonio para cultivos transgénicos, que genera miles de toneladas de granos que se acumulan debido a la especulación financiera en silo-sacos plásticos, en un modelo agroecológico que salvaguarde la salud de los ecosistemas”.

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