Sufrir o vivir: el dilema de la eutanasia

Por Carlos Gutiérrez (*)

La mayoría de los asistentes no olvidará jamás ese partido de fútbol del sábado 10 de febrero entre el Deportivo Independiente Medellín (DIM) y Santa Fe. Y no por lo que sucedió en la cancha, sino por la historia que se vivió en las tribunas. Hasta ese lugar llegó el joven Sebastián Pamplona a cumplir su última voluntad: ver jugar al DIM, su equipo del alma, antes de practicarse la eutanasia debido a su enfermedad terminal. Miles de asistentes y los jugadores corearon su nombre, en momentos profundamente conmovedores.

Colombia es el país pionero en América Latina en despenalizar la eutanasia. La ley la reguló, en 2015, para pacientes con enfermedades terminales. Un profesional de la medicina debe practicar el procedimiento previa autorización del Comité Científico-Interdisciplinario para Morir Dignamente.

Además de la historia de Sebastián, el debate por la despenalización y regulación de la eutanasia ha vuelto a ser noticia en Latinoamérica. En efecto, a principios de febrero la Corte Constitucional de Ecuador despenalizó la eutanasia activa, luego de que una mujer de 42 años de edad, Paola Roldán, inició desde agosto de 2023 un fuerte movimiento en redes y medios para solicitar la legalización de la muerte asistida.

Hace tres años Paola fue diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica y lleva más de seis meses inmovilizada en una cama sin posibilidad de mejora. En esas circunstancias, se hizo de un equipo de abogados para reclamar a la Corte su derecho a una muerte digna y en el proceso se convirtió en un símbolo de la lucha por la despenalización de la eutanasia, no solo en Ecuador sino en todo América Latina.

Aunque etimológicamente eutanasia significa “buena muerte” o “bien morir”, en la actualidad se refiere al hecho de dar por terminada la vida de una persona que tiene un padecimiento incurable e irreversible. Implica el uso de medios indoloros para evitar la prolongación de un grave sufrimiento físico. Frecuentemente, se lleva a cabo en contextos clínicos donde “un tercero”, generalmente un médico o un grupo de médicos, se encarga de realizar el procedimiento. “El tercero pone en marcha actos de los cuales depende el resultado final, manteniendo siempre control sobre el resultado”, explica Carlos Molina-Ricaurte, de la Universidad Cooperativa de Colombia, en un capítulo del libro Las identidades analizadas a través de las segregaciones histórico-culturales.

A nivel global, apenas nueve naciones han conseguido despenalizar y legalizar el procedimiento. Los Países Bajos iniciaron la tendencia en abril de 2002. Un mes después, Bélgica también legalizó la eutanasia y en 2009 lo hizo Luxemburgo. En 2016, se unió Canadá y Nueva Zelandia en 2020, mientras que España legisló al respecto en julio de 2021 y Portugal en 2023. En Australia, sólo se permite en el estado Nueva Gales del Sur, que lo autorizó en 2022.

En Estados Unidos, entre 1997 y 2017, diez estados legalizaron el suicidio asistido para personas mayores de 18 años y con un pronóstico de vida no mayor a los seis meses. En el suicidio asistido no hay una tercera persona, como en la eutanasia. Se define como la acción de una persona que sufre una enfermedad irreversible para acabar con su propia vida. Para ello, está acompañada de profesionales que le brindan los conocimientos y los medios para hacerlo. Desde 2020, en Alemania no se castiga, lo mismo que Italia, donde se reconoce para casos muy especiales. Austria y Suiza también lo contemplan.

En 2022, Colombia despenalizó el suicidio asistido para personas con enfermedades graves o incurables. Ese mismo año Víctor Escobar, un transportista de 60 años, se convirtió en el primer colombiano en recibir la eutanasia sin padecer un mal en fase terminal. Había sufrido accidentes cardiovasculares, tenía enfermedad pulmonar obstructiva e hipertensión. Su batalla abrió “las puertas para los pacientes que vienen detrás de mí y que en estos momentos desean una muerte digna”, dijo Víctor en un video de despedida publicado por el diario El Tiempo.

En Cuba, en diciembre la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó una nueva ley con la que “reconoce el derecho de las personas a acceder a una muerte digna, mediante el ejercicio de las determinaciones para el final de la vida, que pueden incluir la limitación del esfuerzo terapéutico, los cuidados continuos o paliativos y los procederes válidos que finalicen la vida”. Esta norma, no obstante, solo entrará en vigor cuando el legislativo apruebe una normativa para su aplicación.

Eneyda Suñer, académica mexicana del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), piensa que la eutanasia debería legalizarse y no solo despenalizarse, porque ello abriría “la puerta a tener protocolos serios, estrictos y cuidadosos. De otra manera, se sigue haciendo de manera subrepticia, sin cuidado y sin protocolo”. En su texto, Molina-Ricaurte reconoce que, en el caso de Colombia, ni la eutanasia ni el suicidio asistido han sido suficientemente regulados. “Es una exigencia justa que se legisle sobre la materia”.

En México, la Ley General de Salud prohíbe la eutanasia, el suicidio asistido y el homicidio por piedad. Sin embargo, existe la voluntad anticipada, una figura legal mediante la cual la persona que sufra una enfermedad terminal o prevea dicha situación puede planificar el tratamiento y cuidados que desee recibir en sus últimos días. Una de las finalidades de este recurso es respetar la voluntad del paciente, así como “garantizar una muerte natural en condiciones dignas”, señala la Secretaría de Salud mexiquense.

Uno de los argumentos a favor de la legalización es el derecho a decidir sobre la propia vida. “Tanto en el suicidio médicamente asistido, como en la eutanasia, yo no estoy provocando ningún daño a derecho de terceros. Y todos sabemos que, por un adagio básico, mi derecho termina donde comienza el derecho del otro”, manifiesta Marina Arias, abogada del Ministerio de la Defensa Pública en Paraguay.

Las discusiones en torno a la eutanasia están llenas de complejidades y mitos. “Los temas que tienen que ver con la moralidad suelen ser tabú. Están el aborto, la eutanasia, los vientres de alquiler, las relaciones homosexuales…”, dice Suñer. Desde su punto de vista, la ley a favor de la eutanasia debería existir porque se trata de convivir mejor. “Y en esta convivencia se tiene que reconocer que hay hechos que, aunque no nos gusten, se dan. Entonces, pues vamos legalizando para poder generar protocolos que cuiden que, efectivamente, se den con respeto a la persona”.

Algunos estudios señalan la influencia de la religión. “Se puede apreciar que una mayor religiosidad se asocia de forma negativa con la aceptación de la eutanasia o el suicidio asistido”. Lo explican Norma Ordóñez y un equipo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el artículo “Exploración del discurso de los enfermos crónicos sobre la legalización de la muerte asistida”.

Pero hay controversia al respecto. Miguel Pastorino, doctor en Filosofía y director del Centro Core de la Universidad Católica de Uruguay, considera un mito argumentar que la principal postura en contra tiene motivos religiosos. “Si uno mira los documentos de los obispos católicos, y acabo de leer el de los obispos de Ecuador, los argumentos no apelan a la religión, apelan a derechos humanos. La pregunta es: ¿es un derecho humano pedir que acaben con mi vida? O, como es hasta ahora en casi todas partes, ¿es una violación de los derechos humanos matar a alguien aunque lo pida? O sea, lo que tenemos son dos encuadres teóricos en materia de derechos humanos en conflicto”, profundiza.

La abogada Arias sostiene que al legalizar, habría que defender sobre todo el derecho a la autonomía de la voluntad. Es decir, “¿hasta qué punto nosotros decidimos sobre nosotros?”, se pregunta. Aduce que, al haber leyes que penalizan la eutanasia y el suicidio asistido, es el Estado quien decide en qué momento cada persona puede disponer de su cuerpo. También defiende que, al legislar sobre la eutanasia, se consideren las enfermedades mentales.

Pastorino también considera un mito confundir la eutanasia con sedación paliativa o sedación final. “No es una forma encubierta de eutanasia, como mucha gente piensa”, dice. Se trata de inducir un coma artificial para que la persona muera de manera natural, pero de forma inconsciente. “Simplemente hace que la muerte no sea un proceso espantoso, sino que sea un proceso pacífico. Esto es éticamente correcto. Es legal”, explica.

Para Pastorino, la ley a favor de la eutanasia “permite al médico matar al paciente. El problema es que se le ha edulcorado y romantizado mucho”. Para él, el único argumento que se da es el de la compasión con el sufrimiento del enfermo, “pero eso se alivia con buenos cuidados paliativos”. Subraya que en este punto hay un problema de injusticia social que nadie quiere mirar, porque hay gente que ni siquiera tiene acceso a dichos cuidados.

En una entrevista para el programa radiofónico uruguayo En perspectiva, el oncólogo y paliativista español Enric Benito habló de su experiencia con Fernando Sureda, exgerente de la Asociación Uruguaya de Fútbol. En 2018, luego de ser diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica, comenzó a solicitar que la ley uruguaya le permitiera la eutanasia. Nunca lo logró. Debido a la pandemia, Benito acompañó a Sureda vía virtual durante sus últimos días.

En el documental Hay una puerta ahí, que recuperó esos videos, se puede apreciar cómo Sureda reconsideró la posibilidad de la eutanasia. A partir de esta experiencia, Benito ha reflexionado mucho sobre el tema. Asegura que cuando alguien pide la eutanasia, en realidad quiere acabar con el sufrimiento. “Y es más elegante, más profesional y más humano acabar con el sufrimiento que acabar con la vida”.   

Gerardo Pérez-Mendoza, investigador del Laboratorio de Genética de la Universidad Autónoma de Yucatán, propone que se considere la opinión de los médicos. Piensa que muchos se resisten porque va en contra de sus principios profesionales. “Su juramento les indica que deben procurar salvar o aliviar al paciente”.

En 2020, el Sindicato Médico del Uruguay llevó a cabo una encuesta donde encontraron que los médicos en ese país mostraban “una actitud muy favorable a la aprobación de legislación que habilite la Eutanasia Activa”. En 62% de los casos, respondieron que estaban a favor “con toda seguridad”.

En todo caso, habría que vigilar estrechamente el papel de los facultativos, para evitar la posibilidad de malas prácticas médicas. En un texto publicado en Prudencia Uruguay. En defensa de la dignidad humana, Carlos María Schroeder, profesor honorario de la Universidad de la República, refiere un informe oficial de la Asociación Médica Canadiense, que señaló que 120 enfermeras belgas habían admitido “haber efectuado la eutanasia sin petición del paciente”. Afirma que en los países donde se ha aprobado, “la práctica de los Cuidados Paliativos ha disminuido francamente: la comunidad médica se ha visto fuertemente desestimulada a continuar con dichos cuidados, ante la creciente práctica descontrolada y muchas veces injustificada de la eutanasia”.

La mayoría de los expertos entrevistados para este artículo coinciden en que muchas de las polémicas sobre el tema se dan entre personas sanas y en un plano teórico. No se hacen muchos estudios con gente que está viviendo enfermedades en fase terminal. “Las personas que realmente desean la eutanasia no están en condiciones de hacer manifestaciones, de firmar documentos. Normalmente se dan cuenta de que desean la eutanasia cuando están en estado terminal y con mucho sufrimiento”, dice Suñer.

La postura de los enfermos ante este tema es relevante “para contar con elementos para una posible regulación, tomando en cuenta la perspectiva bioética, médica y legal”, explican los investigadores de la UNAM.      

El tema requiere análisis y diálogos serios y profundos entre profesionales de diversas disciplinas. Mientras tanto, Pastorino recomienda “avanzar en mejores cuidados paliativos, avanzar en leyes de voluntades anticipadas, mejorar la atención de salud, acompañar mejor a las personas que sufren y a la familia”. Para este experto que hizo su tesis de maestría en Bioética enfocada a la eutanasia, las discusiones se suelen dar en blanco y negro, en defensa acalorada de una posición a favor o en contra. “Y pues no se trata de un partido de fútbol”.  

(*) Periodista mexicano. Miembro de la Mesa Editorial de CONNECTAS.

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