El Gobierno Nacional busca un acuerdo con China por inversiones para carne de cerdo

La Argentina hoy produce unas 750 mil toneladas de carne porcina.

La Argentina hoy produce unas 750 mil toneladas de carne porcina.

El secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Jorge Neme, señaló que el Gobierno está trabajando en un acuerdo para facilitar la llegada de inversiones chinas en la producción porcina argentina.

Así lo expresó en declaraciones a Radio Colonia. China es el país con el mayor stock porcino del mundo y, debido a la peste porcina africana, perdió más de 20 millones de toneladas de producción. Su consumo interno ronda los 54 millones de toneladas y, por el impacto de la enfermedad, no solo incrementó sus importaciones de carne porcina de otros destinos para suplir sus necesidades, sino también vacuna.

La Argentina comenzó a venderle carne porcina a China el año pasado. Entre enero y junio de 2020, el país exportó al mundo 18 mil toneladas, un 40 por ciento más que igual lapso de 2019. Respecto de China, en lo que va del año ese mercado se llevó el 60 por ciento de la carne porcina exportada.

Hace unos meses, en el sector privado comenzó a analizar la posibilidad de que, por la caída en la producción en China, empresas de ese país vinieran a producir acá mismo con foco en la exportación, destacó un artículo del diario La Nación.

Tras una semana donde en redes sociales hubo críticas de sectores ambientalistas y de la izquierda a una eventual llegada de inversiones chinas para producir carne de cerdo, Neme señaló: “Estamos conversando con China el marco en que se darían esas inversiones. Aquí hay una oportunidad de negocios, un país que demanda proteína animal. Nosotros tenemos una enorme capacidad productiva”.

El funcionario no precisó los montos de una eventual inversión de China. Pero detalló que se está conversando el memorándum de entendimiento con ese país. “Lo están considerando”, amplió el funcionario en sus declaraciones radiales sobre el posible acuerdo.

Neme precisó que la Argentina puso condiciones, entre otras, que haya capitales nacionales. Además, que los posibles proyectos se puedan hacer en lugares del interior más allá de la región central de país.

También señaló que hay condiciones para llevar adelante esto con un buen manejo ambiental considerando la experiencia de otras empresas argentinas que ya producen en el país. “La Argentina produce carne de cerdo en establecimientos muy acondicionados, buenas prácticas agrícolas y de alimentación animal, manejo de efluentes”, destacó. Señaló que se está apuntando a hacer algo “de punta” integrado también con frigoríficos y biodigestores.

Remarcó que el país, por ejemplo, es pionero “en cuidar el ambiente” y en esa línea citó trabajos de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid). “Tenemos que transformar nuestra producción de maíz y soja”, afirmó en relación a la transformación en carne.

Según un reciente informe de Juan Uccelli, consultor, la Argentina podría recibir hasta 2026 inversiones chinas por unos 4.800 millones de dólares para que la carne que necesita esa nación se produzca acá.

El experto calculó una inversión de 2.400 millones de dólares con 240 mil madres productivas o de 4.800 millones de dólares con 480 mil madres en producción. En este último escenario los inversores chinos producirían 1,4 millones de toneladas. Vale recordar que la Argentina posee unas 395 mil madres productivas y hoy produce unas 750 mil toneladas.

 

Argentina: ¿la nueva factoría de cerdos para China?

 

En los últimos días, el Gobierno Nacional avanza hacia la firma de un convenio comercial con el gobierno chino para aumentar la producción de carne porcina a 9 millones de toneladas anuales. Para dar una idea de lo que implicaría este salto productivo, se trata de entre 14 y 15 veces la cantidad de carne de cerdo producida en nuestro país durante 2019. El acuerdo implicaría la radicación de empresas chinas en nuestro país y la apertura de miles de criaderos industriales. La negociación del acuerdo la encabeza Felipe Solá, uno de los principales funcionarios responsables de la introducción exprés de la soja transgénica asociada al glifosato en 1995 y la instauración del modelo de cultivos transgénicos-agrotóxicos, cuyas devastadoras consecuencias ambientales y sociales padecemos hoy, destacó un artículo en Prensa Obrera.

El acuerdo con China, que es por cierto el principal consumidor de la soja transgénica argentina, es celebrado por el “mercado”, augurando un futuro de supuesto bienestar económico. Pero ¿cómo llegamos a esto?

 

La peste porcina africana

 

A mediados de 2018 se reportaron los primeros casos de Peste Porcina Africana en granjas de cerdos en China. Desde entonces, el virus se ha propagado por todo el país, generando una impresionante caída en los niveles de producción. La Peste Porcina Africana (PPA) es una enfermedad originaria de Kenya que afecta a los cerdos domésticos, con una alta tasa de contagio y una mortalidad cercana al 100% en los cerdos afectados. La introducción del virus en China provino de un brote en localidades cercanas a la frontera con Rusia (1). Su propagación por el país fue magnificada por el comercio ilegal, la alimentación de los animales con restos de comida contaminada y la falta de control estatal en el traslado de cerdos enfermos a mercados con una alta concentración de animales. Desde entonces, la producción de carne porcina en China ha sufrido un golpe devastador, con una fuerte caída en la cantidad de animales tanto por la mortalidad de la enfermedad como por la matanza masiva de cerdos para “intentar” evitar la propagación. El gobierno chino calculaba en 2019 1 millón de animales sacrificados (2).

 

El modelo de producción industrial

 

El modelo de fábricas para la producción de carne porcina implica un esquema productivo industrial y altamente concentrado. A diferencia de las granjas tradicionales, los animales son alojados en grandes cantidades, confinados en espacios reducidos y alimentados con prensados industriales para minimizar los costos de producción. A la vez, se utilizan antibióticos y distintos fármacos para reducir la aparición de infecciones. El actual sistema de explotación agropecuaria bajo el capitalismo implica condiciones de profundo sufrimiento para los animales, a la vez que multiplica los riesgos en términos sanitarios por la concentración de miles de animales en una misma granja o fábrica. Lo mismo en relación a la disposición de los residuos generados, que tendrán un alto impacto a nivel local, se consignó en Prensa Obrera.

 

Los riesgos sanitarios: el caso de la pandemia de gripe H1N1

 

Si bien hasta el momento no se ha detectado que la PPA pueda infectar a los seres humanos, estudios científicos han detectado la presencia de virus de la misma familia, Asfarvirus, en el suero de pacientes y en cloacas (3), lo que plantea el interrogante acerca del potencial emergente de esta enfermedad o virus similares. Sin embargo, el principal riesgo sanitario asociado a la producción porcina tiene que ver con el virus Influenza, el agente causante de la gripe.

Los cerdos pueden infectarse con cepas virales de Influenza A que generalmente son genéticamente distintas a las que circulan en la población humana. Sin embargo, los cerdos también pueden infectarse al mismo tiempo con las cepas de Influenza A humanas o las que infectan a ciertas aves. Los virus Influenza tienen una alta tasa de mutación, es decir que el material genético se modifica muy rápidamente, lo cual a su vez genera cambios en la estructura de la partícula viral. De esta forma, los cerdos infectados con distintas cepas actúan como una “coctelera” generando en su interior nuevas variantes virales que tienen en su material genético porciones de distintos orígenes. Cuando estas nuevas cepas virales infectan al ser humano, se habla de un salto de especie, algo similar a lo que ocurrió con la cepa de Covid-19, publicó Prensa Obrera.

Lejos de tratarse de hipótesis meramente científicas, ya existen varios antecedentes sanitarios en los que cuales los cerdos cumplieron un rol central. El más importante, la pandemia de Influenza 2009-2010 que llegó a infectar a alrededor de un 15% de la población global. En ese caso, el virus era una mezcla de un virus de Influenza aviar, dos cepas de origen porcino y una de origen humana (4). Las causas de esta recombinación estuvieron asociadas justamente a las condiciones de producción de carne porcina en China, en particular la cercanía con aves de corral infectadas y la escasa utilización de medidas de protección para los operadores humanos.

 

¿Quiénes ganan con estos acuerdos?

 

Una vez más, asistimos a anuncios gubernamentales sobre la introducción de nuevas formas de producción que traerían grandes beneficios económicos, puestos de trabajo y divisas para la economía nacional que viene atravesando una profunda crisis. Al igual que con la soja transgénica, que venía a terminar con el hambre, la megaminería, el fracking o la explotación de litio, las consecuencias ambientales, sociales y sanitarias de estos no se ponen en discusión. En medio de una pandemia que está ligada en forma directa al avance sobre el ambiente, las formas de producción animal y el comercio de especies silvestres, estos anuncios rimbombantes deben encender las luces de alarma. Argentina no puede convertirse en el plan B de un sistema productivo que ya fracasó en China y que, además, está aparejado a riesgos ambientales y sanitarios difíciles de revertir y de prever.

 

Referencias

(1) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/tbed.12989

(2) https://www.nytimes.com/es/2019/04/26/espanol/peste-porcina-africana-chi...

(3) https://jvi.asm.org/content/jvi/83/24/13019.full.pdf

(4) https://www.nature.com/articles/nature08182

Por Miguel Bonasso
Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, tras conocerse el resultado de las PASO 2021. (Foto: Maximiliano Luna/AFP)

Por Luciana Peker (*)