Lo que está en juego en Santa Fe

Por Américo Schvartzman* - Especial para ANALISIS DIGITAL

Los resultados de las PASO santafesinas mostraron un enorme espaldarazo de la sociedad a la gestión de Antonio Bonfatti, que encabeza la lista de diputados provinciales. En esa categoría el actual gobernador obtuvo el apoyo aplastante de casi 500 mil votantes, duplicando con creces a su seguidor inmediato, el postulante de Del Sel, y triplicando al candidato peronista. En ese aspecto se repite, en parte, lo ocurrido en 2011. En aquella elección, la excelente imagen del saliente gobernador Hermes Binner, no se transmitió de manera automática al candidato del FPCyS, el entonces poco conocido Bonfatti, quien obtuvo el 38,7% de los votos, solo tres puntos arriba del comediante macrista. Algo similar sucedió en las PASO de este año, solo que se modificaron los nombres: en esta ocasión fue Miguel Lifschitz quien no se benefició de la gran elección de Bonfatti, ahora sí conocido y valorado tras su gestión como gobernador.

De ese dato duro se pueden obtener algunas conclusiones irrefutables: en primer lugar, el electorado santafesino, en su mayoría, valora positivamente la gestión que encabeza Bonfatti; en segundo lugar, el Frente Progresista no logró transmitir en las PASO esa valoración hacia su candidato a gobernador. En pocos días más se sabrá, para bien o para mal, si ese objetivo se pudo cumplir en el período siguiente de campaña.

El socialismo en el gobierno, además, se disparó un par de tiros en sus pies: se perjudicó en vez de beneficiarse de algunos de los cambios que introdujo. Al eliminar la lista sábana y establecer la boleta única por categoría, dando un poder inédito al ciudadano, sin dudas transparentó el sistema electoral y convirtió en pionera a Santa Fe (también en ese campo) en toda la Argentina, que sigue siendo el único país de América Latina donde aún se vota con el anacronismo denominado “sábana”. No es dificil imaginar que con la “boleta sábana” los votos de Bonfatti hubieran impreso un efecto arrastre al resto de las categorías.

Santa Fe es el único botón de muestra de la capacidad de gestión del progresismo en todo el país, con logros notables: la menor tasa de mortalidad infantil de la república; el récord de trasplantes y donación de órganos; el menor tiempo de espera en el país para un trasplante; fertilización asistida gratuita y pública; producción pública de medicamentos para abastecer no sólo a la provincia, sino a más de 7.000 centros de salud de todo el país. A eso se le podría sumar la inédita experiencia de la participación ciudadana decidiendo líneas de acción que se transforman en políticas públicas; la creación de empresas y entes del Estado con control social; titularizando de a miles a trabajadores antes precarios; con los docentes mejor pagos de la Argentina; otorgando titulos de propiedad de sus tierras históricas a las comunidades aborígenes; un Estado provincial que impulsa las energías renovables (eólica y fotovoltaica) mientras el Estado Nacional sigue apostando al pasado hidrocarburífero y extractivista; y tantos otros aspectos en los que el adjetivo “reformista” se queda corto para encasillarlos.

Por supuesto que hay aspectos por saldar. Pero no es poco en dos gestiones, la segunda de ellas –también a causa de la reforma electoral progresista– con una Legislatura opositora, en manos del indecente peronismo santafesino.

Ese botón de muestra ha sido dura e injustamente bombardeado desde ambos lados de la “grieta” nacional, que aprovechan cualquier resquicio para atacarlo (ya sea el narcotráfico, con un INDEC de la violencia que miente números e inventa portadas a diario; las denuncias delirantes de una monja con pocas ganas de chequear nada; o las fallas groseras al explicar un escrutinio provisorio). Todo sirve para horadar a un gobierno provincial sin duda ejemplar y transformador; pero no solo se especializan en eso los dos contendientes de la pelea Gobierno-Corpo: también el irresponsable revolucionarismo verbal del trotskismo vernáculo aporta sus ramitas al fuego prendido por la derecha, al acusar a los candidatos del PS de ser “los de la narcopolicía, de las patronales que precarizan y de la continuidad reutemista de los 90”. Calificaciones inadmisibles ya no solo desde lo ideológico, sino desde la honestidad intelectual.

Pero lo que está en juego en Santa Fe es también el curso inmediato de la izquierda democrática de la Argentina: la derrota de ese “botón de muestra” progresista impactaría en la posibilidad de desarrollo nacional de una fuerza que se propone como una alternativa que aspira a diferenciarse tanto de las versiones del populismo peronista, como del republicanismo vacío que se enarbola desde la oposición de derecha. Una vía que en 2011 pareció inaugurar una salida distinta a las opciones que exhibe desde hace décadas la Argentina.

La década que termina ha mostrado un choque, casi de manual, entre dos ejes discursivos, entre dos relatos: la igualdad, que supuestamente encarna el oficialismo; y la decencia, que pretende expresar la oposición “republicana”. De manual, porque parece reavivar el debate sobre la perspectiva de los derechos humanos durante la “Guerra Fría”: de un lado, los derechos civiles y políticos, la formalidad de los procedimientos democráticos, las “libertades fundamentales”, la democracia procedimental. Del otro lado, los derechos económicos, sociales y culturales; las cuestiones “de fondo” y no de forma, la democracia sustantiva.

El progresismo de Santa Fe mostró en la gestión que es posible conjugar lo sustantivo y lo formal, la justicia social y la calidad democrática, en suma: la decencia y la igualdad. No es casual que sea éste el eje propuesto por la candidata presidencial del progresismo, Margarita Stolbizer: igualdad y decencia, sin contradicción entre esos términos.

La continuidad de la construcción de una fuerza decente e igualitaria, que tome con fuerza pero además con credibilidad ambos ejes discursivos de la década que termina (la democracia procedimental del relato de la derecha, y la democracia sustantiva del relato del Gobierno) se verá afectada fuertemente por el resultado del 14 de junio, cualquiera sea. Quienes queremos en nuestra tierra una izquierda democrática en el Gobierno, sabemos que eso es lo que está en juego en Santa Fe.

*Dirige La Vanguardia del Partido Socialista. Autor de Deliberación o dependencia. Ambiente, licencia social y democracia deliberativa (Prometeo 2013)

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