Vicente Zito Lema, un imprescindible

Por Martín Smud (*)

Se vive temiendo la muerte propia y la muerte de los seres queridos. Se pueden contar con los dedos de las manos, son aquellos cuya pérdida te vacían la vida, no se van ellos sino que parecen llevarse un poco de nosotros también. VICENTE ZITO LEMA MURIÓ y era alguien imprescindible, como Osvaldo Bayer, como Horacio González, Tato Pavlovsky y tantos otros y otras. Pero Vicente era mi amigo, mucho más que eso, un maestro, un segundo padre, un colega, un compañero de aventuras. Era encontrarlo y saber que iba a acontecer algo mágico. Recorrí el país a su lado, y siempre su lucidez, su poesía, su forma de luchar haciendo y haciendo, y su incomparable oratoria; quién tuvo la suerte de escucharlo, sintió ese deseo de romperse las manos aplaudiendo y así lo despedimos aullando como lobos, la representación del poeta rebelde que es y seguirá siendo y aplaudiendo por la hermosa vida que siempre estaba dispuesto a compartir. Contar el dolor que siento no tiene sentido, me llevaría años y años, seguro lo intentaré, la vida es honrar a los que ya no están, ofreciéndoles que sigan viviendo en alguna parte de la insondable alma.

Me gustaría para recordarlo, siempre vivo, contar algunos fragmentos de charlas que hemos tenido y que aparecen en un libro que recién se ha publicado; y que él y su entrañable y amorosa compañera Regine me han estimulado para publicarlo, “Querido Vicente Zito Lema”, editorial Letra Viva (2022).

Martín: La vejez es la suerte común, la muerte que si bien no se sabe cuándo llegará se la huele dando vueltas la esquina, siempre nos cuestiona lo que se hizo de la vida y lo que se está haciendo. No es nada nuevo pero es una época que, para muchos, se escabulle, no habla claro. Nadie quiere escuchar, hoy no se puede hablar de los viejos, se le quita importancia a esta etapa de la vida sosteniendo de qué nada puede ocurrir salvo el final.

Vicente: La muerte es una paradoja viva, la gran paradoja, las relaciones con los otros y la cuestión del mundo son las otras grandes paradojas. Pero la muerte es la señora paradoja por eso Fijman, un gran poeta, quería estar íntegro para que ella lo dejara estar a su lado, la muerte es la que nos exige lo bello, decía.

Pichón, antes de morir, quería hablar de su destino y quería seguir participando en el destino de los otros, que era su forma de seguir por siempre vivo, en una eternidad siempre vivo; jamás dejó de acompañar mi camino y mis reflexiones, es cómo si se hubiera colado a mi lado, en el resto de mi viaje que empezaba con el exilio que él me conminaba a comenzar en ese momento. No le importaba el cáncer y la proximidad de la muerte que acontecería unos meses después, ese encuentro fue único. La muerte podía acontecer y volvía ese tiempo único, necesitaba como el aire una idea de lo justo. Creo que en el tiempo de la vejez, se siente como en ningún otro momento, la necesidad de lo justo. La vejez es única, se habla de la adolescencia, de las cosas que pasan en la adultez pero de la vejez nada, te agarra un poco desprevenido porque a la necesidad de darle un final a la historia, tenés menos fuerzas, más padecimientos físicos y mentales. Por un lado, un deseo imperioso, de cerrar una historia, nadie puede dudar que el final rearma la historia, no es poco trascendente, siempre decimos que el camino es lo importante pero para el que vive, eso es el disfrutar pero la muerte es un hecho cuya incertidumbre nos marca el destino, la muerte está siempre presente pero al tiempo nunca llega porque nadie puede pensar que la vida termina cuando termina nuestra vida.

Martín: Los actos frente a la muerte definen a una persona. Pero la mayoría de las veces las personas somos llevados a la muerte por la violencia de la época, no creo que sea la mayoría los que pueden pensar acerca de su propia muerte.

Vicente: Los humanos tenemos la conciencia del fin y queremos que ese fin sea único, sin embargo lo que pasa muchas veces es inesperado, hablar cómo muere la gente es una manera de pensar la sociedad en que vivimos. Hoy se teme tanto a la muerte que se termina desnaturalizándola, hace ya mucho tiempo que estos son dos de los problemas principales de nuestra sociedad: la muerte desnaturalizada y la muerte violenta.

Martin: Hoy no se puede hablar de los viejos, se ha tachado el término viejo como discriminativo, se habla de adultos mayores, muchos autores han sostenido que se le quita la decisión sobre su propia vida ayudado justamente por ese empantanamiento de las capacidades cognitivas que dificulta tomar las mejores decisiones. ¿Tan difícil es la vejez?

Vicente: Eso ya deja de ser una pregunta, jaja. Es una simulación de pregunta, es un comentario camuflado. El problema de la vejez es que también está en un hilo delgado, se estrechan las posibilidades, es un tiempo dónde no se puede hacer tanto, un momento de tranquilidad, el cuerpo va más lento, el cerebro también y ahora me incluyo, pues si hablamos de vejez es para hablar de mi vejez y de mi muerte, somos azotados por los recuerdos, el pasado cobra vida y está acá nuevamente, por eso la demencia senil no me parece ninguna arbitrariedad de lo humano, no hay más lugar para el presente, ése energúmeno aquí y ahora que nos aspiró la vida y que por momentos, nos deja gozar sólo a cachos y a regañadientas lo que hemos hecho en la vida. Todo presente es el pasado. ¿Para qué el presente si ya nada va quedando de él? Este es el gran riesgo de la vejez, una vuelta a un narcisismo enloquecedor, por un lado y por otro, una época donde aparece con crudeza lo bueno y malo que se ha hecho en esta vida. Si seguimos por este camino, nadie seguirá leyendo estos textos, jaja. O al revés, será un libro que articula de una manera novedosa el tema de la vejez, pues nadie quiere saber demasiado del tema, es un poco insoportable, por muchos motivos: esta sociedad pragmática nos dice: cuando venga veremos. Y esta sociedad mortífera nos dice: para qué pensar un tema cuando hay tantas posibilidades de morirse antes de llegar a viejo. La vejez ocurre en pocas ocasiones y, muchas veces, a quienes les acontece tienen tanto miedo que no se detienen a hacer reflexiones acerca de su momento de vida.

Martín: Siempre cuando alguien muere, preguntamos la causa, y nos hay tantas causas, queremos saber si murió de viejo, de enfermedad, de accidente accidental o de accidente causado por la violencia del otro. ¡Qué otras causas nos llevan a la muerte! Pero queremos saber de qué murió. Eso dice mucho, de los que quedan, de nuestra sociedad, de nuestro duelo, de lo que tuvimos que vivir, de lo que tendremos que vivir.

Vicente: Pero ante tu clasificación siento la revulsión que me sigue cuando siento la injusticia. No busco la justicia por una cuestión de ideales humanos sino porque cuando la siento, me agarra una repulsión, un asco que me hace difícil respirar. Por eso escribo poesía. ¡Por qué tener que vivir la muerte como una escena de violencia! Por qué no podremos morir de muerte de viejo, de muerte natural, me lo pregunto. La muerte debería ser por enfermedad o por vejez, la muerte por violencia me altera. La Argentina es un campo inhóspito, hay y hubo muchísimos muertos por violencia. Y lo otro que me altera es que para los viejos no hay lugar. Recuerdo en la época de los noventa, los viejos tenían que salir a luchar para llegar a fin de mes y ahora con la nueva ley previsional pasa lo mismo. Muchos viejos se dejan morir o van a la Ansses (2017) como pasó en Mar del Plata y se suicidan como acto político. Si la vida para el hombre no es natural, mucho menos se puede considerar de la muerte. Quizás podemos pensar que alguien agotó su tiempo de vida pero es un privilegio que pocos tienen. El capitalismo te expropia tu tiempo de vida, entonces ¿quién tiene ese tiempo para agotar? Te arrebatan el poco o mucho tiempo que te queda de vida. Casi toda muerte no deja de ser una muerte social y violenta en nuestra sociedad arreciada por la injusticia y la crueldad.

Martín: Entonces no queda la muerte por vejez, toda muerte es política y no deja de ser sino un privilegio de clase en una sociedad solamente preocupada por la plusvalía. Si el viejo/a (o su familia) tiene dinero seguramente podrá mantener la vida hasta la vejez pero seguramente no se trata solamente de dinero sino de vínculos, de relaciones familiares y emocionales. Nadie vive solamente atado al tubo de oxígeno que da el dinero pero también es cierto que el dinero compra muchas veces afecto.

Vicente: No deja de asombrarme haber llegado a esta edad. Me han puesto bombas, tengo balas en mis piernas, tengo tantos amigos muertos que durante mucho tiempo me daba culpa no estarlo. Sin embargo, ahora pienso que la muerte no es una sola, esa es la absoluta, siento que muero tantas veces, que morí tantas veces, cada vez que abrimos el diario, vemos una película, leemos un libro, cada poesía escrita estuvo motivada por alguna pequeña muerte. La muerte nos vuelve poetas. No podemos dejar a la muerte solamente empantanada con la política, me asfixia pensar así, la muerte es el acto poético, es el arte, somos artistas porque morimos, no es posible dejarnos enlodar en la mierda por el hecho de que la muerte juega con nosotros y nos quiere quitar nuestra humanidad. Eso jamás, llévense lo que quieran pero no me quiten mi humanidad, lo bello y lo justo, como sostenía Aristóteles. Estaré muerto cuando no sienta la tiranía de lo cruel y el descalabro de la injusticia y no quiera hacer algo, por poco que sea, para combatirlo. La vejez es otro combate, quizás un combate en el que se deba perder muchas cosas pero debemos elevar los principios para que no nos quiten la humanidad.

(*) Psicoanalista y escritor. Publicado en Página12

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