Causa Hospital Militar: profesionales de la salud prestan testimonio ante el Tribunal Federal

De ANALISIS DIGITAL

Este miércoles reiniciaron las testimoniales en el juicio por el funcionamiento de una maternidad clandestina en el Hospital Militar. La etapa de producción de prueba comenzó la semana pasada con las declaraciones de Sabrina Gullino –quien recuperó su identidad en 2008- y de su hermano Sebastián Álvarez, ambos querellantes en la causa.

En cuanto a la situación de Eduardo Tucu Constanzo, el Tribunal recordó que se esperaba una mejoría para esta semana, por lo que se dispondrá que un médico de Justicia Federal de Rosario vuelva a visitarlo en su domicilio para constatar su estado de salud y analizar la posibilidad de que comparezca en fecha a determinar.

Una instrumentadora dijo desconocer sobre la permanencia de detenidos políticos

“Entré en el ‘69 a trabajar en el quirófano del hospital porque soy instrumentadora. Todos los años de trabajo en el quirófano fueron iguales, estaba de 7 a 13 y luego hacía una semana pasiva”, explicó la profesional. A su vez, remarcó que desempeñaba funciones a “casi una cuadra de la maternidad” -para lo cual detalló la disposición de las salas en el nosocomio- y que no participaba en partos, “salvo que sea una cesárea”.

Interrogada por las partes querellantes la testigo sostuvo que no vio a nadie que fuese detenido en esa época: “La única persona que conocí que estaba por cuestiones políticas fue un ex funcionario, pero fue antes de 1978”, aclaró. También manifestó que “algunos profesionales vivían en el nosocomio”, pero descartó que haya sido la situación de Zaccaría.

Respecto de la declaración de una de las enfermeras que mencionó que colaboró con la atención de los mellizos, la profesional negó haber tomado conocimiento del nacimiento de los hijos de Negro.

Paso seguido, interpelada por el defensor Humberto Franchi, la mujer refirió a los médicos que estaban a cargo de los partos en 1978: “Me acuerdo de dos, han pasado más de 30 años. Yo me acuerdo de (Jorge) Cantaberta y (Miguel) Bottero Brollo”, apuntó, pero señaló que no recordaba los nombres de los pediatras de entonces, así como quién era el encargado de derivar a los pacientes de Terapia Intensiva.

Ante las respuestas inconsistentes de la deponente, el Tribunal le recordó que prestó juramento y que podría caer en la figura de falso testimonio: “Sé del caso, lo sigo por televisión y me da mucha pena la chica que está buscando al hermanito. Pero es todo lo que recuerdo”, enfatizó.

Demartini: “Nunca supe si era embarazada u obesa”

Según el testigo, todos los pacientes que ingresaban al hospital eran registrados, por lo que aseguró que no supo sobre personas internadas en forma ilegal.

“Vine desde Comodoro Rivadavia en el ‘77 hasta el ‘78 y estuve destinado en el laboratorio del Hospital Militar”, indicó Demartini, quien subrayó que no le “competían” esos datos: “Siempre saqué sangre a los pacientes normales. Francamente nunca supe si había una embarazada o era una persona obesa, a mí no se me notificaba, sólo sabía que era un paciente”.

Sin embargo, admitió que supo “por comentarios, de boca en boca” sobre el nacimiento de los mellizos y que “llamó la atención que uno de ellos había fallecido”, aunque no supo qué pasó con el menor. “Era raro que haya parturientas en el hospital, no se acostumbraba”, precisó. Y negó en forma contundente saber dónde estuvieron alojados ni cuál fue su destino.

En ese contexto, la parte querellante le preguntó si recibió amenazas y le recordó que estaba bajo juramento. Frente a lo cual confirmó que sus tareas eran limitadas en el centro de salud, donde se investiga el funcionamiento de una maternidad clandestina durante la última dictadura cívico-militar.

Declaró un médico que trabajó en el Instituto de Pediatría

Sors comenzó su declaración poniendo sobre la mesa que se desempeñó en la guardia del Instituto de Pediatría desde “mayo del ‘78”, cuando tenía 26 años, de modo que no intervino en el parto de la detenida-desaparecida.”Creo que por todo lo dicho, no estaba en esa época desempeñando funciones”, asentó.

El especialista aludió en forma extensa al funcionamiento del centro de salud, puntualmente, sobre las registraciones de los pacientes apuntó: “Es muy difícil decirlo, porque la parte administrativa no la trataba prácticamente nunca. Lo que sí era normal era que se anote el nombre del pacientito, la obra social”. De todos modos, señaló que en “urgencias a veces esos datos no se tenían en cuenta”, porque “lo importante” era la vida del bebé. “De eso se terminaba de encargar la parte administrativa”, insistió.

“Después de mayo puedo asegurar que atendíamos a niños que ingresaban del Hospital Militar, aunque no era lo más frecuente”, certificó, y nombró los centros privados desde los cuales solían ingresar menores en esa época. Igualmente, reconoció que hubiese sido “un hecho inusual” la internación de dos mellizos sin registrar, y entendió que si uno de ellos tenía una cardiopatía congénita debía ser derivado a centros especializados en Córdoba o Capital Federal.

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Opinión

Por Luis María Serroels (*)
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