Apostillas sobre los derechos humanos y la disputa de sentidos

Por Marcelo Boeykens (*)

Hace un tiempo reflexionaba al respecto de los derechos humanos en un artículo titulado “Hacia la recolonización de los derechos humanos por parte de las derechas” y sobre el  ¿qué hacer? Creo oportuno volver a reflexionar y retrabajar algunas categorías y conceptos para dar la disputa de ideas a la que nos convoca el presidente Javier MILEI. Disputa o batalla de ideas como acuñara Fidel – retomando a Gramsci y Marx- .

Con la asunción del presidente ultra derechista en la Argentina, el autopercibido anarcoliberal Javier MILEI, se ha colocado nuevamente en el centro de la escena el rol del Estado y el rol de la mano invisible del mercado, esa mano que todo lo puede, que todo lo arregla y se ha colado de lleno la disputa de sentidos y en particular la disputa de sentidos en relación a los derechos humanos.

Estamos así reviviendo debates propios de principios del siglo XX en relación a los derechos individuales vs. Derechos colectivos, un deja-vú de la Guerra Fría.

Más aún volvemos a debates propios del contractualismo que inspiraron las ideas iluminista de la revolución francesa de 1789, pretendiendo pasar por alto más de un siglo de luchas sociales que lograron el reconocimiento de derechos a las minorías, derechos a los pueblos, de las mujeres, derechos sociales , económicos y culturales. Debates que pretenden obviar la enorme construcción de derechos humanos que ha tenido nuestro país en el pasado reciente y en el presente, sobre todo las famosas leyes 26 mil [ Son llamadas así al conjunto de leyes de ampliación de derechos dictadas entre 2013 y 2015 sobre derechos de personas y grupos en situación de vulnerabilidad y/o históricamente discriminados, niños y niñas, personas LGBTIQ, personas afrodescendientes, pueblos indígenas, personas mayores, personas con discapacidad, migrantes y refugiados, entre otros. En definitiva las que promueven la inclusión social centradas en el respeto de los derechos económicos, sociales y culturales, así como la lucha contra la discriminación.]. Debates negacioncitas de nuestra trágica historia reciente, de nuestro primer genocidio y negacioncitas del cambio climático. Por lo cual resulta imperioso reflexionar con perspectiva histórica al respecto de los derechos humanos y la tensión que subyace a los mismos.

La noción de los derechos humanos – como categoría- nace al calor de las denominadas revoluciones burguesas, fundamentalmente  de la revolución francesa que la cristaliza y plasma en la histórica “DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO DE 1789”, si bien la  expresión  “Derechos Humanos” comenzó a utilizarse de manera generalmente aceptada  a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Asamblea General de Naciones Unidas de 1948.

Los derechos humanos surgen así de la  lucha por los derechos individuales –liberales, tal los que pregona el presidente MILEI. Estos son los derechos que reclama la burguesía naciente y creciente,  en el auge del capitalismo, en contra del poder absoluto de los monarcas europeos y los barones feudales.  Estas luchas estuvieron basadas en la ideología liberal-burguesa y su consecuencia inmediata fue la formación del Estado Liberal-individualista, primero en Europa y luego replicado en las antiguas colonias europeas en América que declaraban su independencia y dictaban sus constituciones y toda su legislación en un calco de Francia y Estados Unidos, como todo nuestro andamiaje jurídico, tanto  el Código de Vélez como la Constitución de Alberdi, que fueron el punto de partida de nuestro Estado-Nación. No es casual que el controvertido y naufragado proyecto de ley que mandara al congreso en sus primeros días de gobierno el presidente Milei se denominará “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” en clara alusión a las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina escrita por Juan Bautista Alberdi, en la formación del estado liberal argentino en el siglo XIX.

Primigeniamente el término liberal encarnaba la idea del individuo libre de las trabas feudales y del estado monárquico absoluto. Desde el punto de vista económico implicaba el libre mercado, en lo político, significaba la libertad de elegir y ser elegido y el sufragio (no universal en principio, vedado a las mujeres) como la materialización de ello. En lo ideológico, era la libertad de pensar y de expresar sus propias opiniones, sin ataduras, tal como lo sugiere la actual la Canciller argentina, Diana Mondino, al señalar la “brillante decisión de cerrar el INADI, …(lo que)  aumenta la libertad de expresión", aún no vislumbramos las consecuencias que esto puede acarrear. Y en lo religioso, la libertad de creer o no creer y de adoptar la religión de su elección, con la indiferencia del Estado en relación a las religiones. Los derechos individuales obtenidos en estas luchas son los que conocemos hoy día, como Derechos de Primera Generación.

La llamada Revolución Industrial , que a decir de Eric Hobsbawm (1964)  se dio un día entre 1760-1780, cambió radicalmente la producción de bienes y la introducción de nuevas máquinas fueron creando nuevas realidades en la sociedad y su economía. Se desarrolló la industria metalúrgica y el ferrocarril fue una punta de lanza del naciente capitalismo industrial. Paralelamente al surgimiento de las fábricas y empresas, en las ciudades, se produce una emigración masiva del campo a las ciudades; comienzan a surgir y crecer en Inglaterra y en el continente europeo las grandes ciudades hacia donde se dirigía la gente en busca de trabajo y se convertían así en el nuevo proletariado industrial. Las condiciones de los obreros que emigraban del campo a la ciudad eran miserable y sufrían una explotación salvaje como nunca se había visto ni aún en otros modos de producción (esclavista-feudal)

Bajo estas paupérrimas condiciones de vida, no tardó en surgir la “protesta social” para los quienes los derechos humanos no tenían sentido sino se garantizaban condiciones dignas de vida y de trabajo. Nada casual que ante el avance contra los derechos de los trabajadores y la inminente “protesta social” y conflictividad social que ello acarrea se instale el “protocolo antipiquetes”, no vaya a ocurrir que el pueblo trabajador no quiera aceptar la libertad propuesta y surjan nuevamente ideas “colectivistas” o “marxistas”. Todo ello que fue canalizado en su momento por grandes pensadores y revolucionarios de la época como Roberto Owen, Luis Blanc, Federico Engels y por supuesto Carlos Marx.

Los obreros se van nucleando para luchar por sus derechos y de esta manera se forman los primeros sindicatos y se crean nuevos movimientos políticos como los anarquistas, los socialistas y los comunistas, dando nacimiento a la Asociación Internacional de los Trabajadores. 

Estas luchas y conquistas, que se fueron obteniendo con mucho sacrificio y peleas sangrientas, sentaron las bases de lo que hoy conocemos como Derechos de Segunda Generación. En nuestro país, estos derechos, los derechos económicos, sociales y culturales fueron plasmados en la abrogada constitución social peronista de 1949, salvaguardados en el art. 14 bis, como son condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea, la salud, el aguinaldo, todos derechos conquistados, todos derechos nuevamente en disputa y que se pensaban ya consagrados.

Desde ahí comienza a mirarse a los derechos humanos como un derecho más vinculado  a las luchas sociales, a la lucha de los pueblos y actualmente las luchas sociambientales como centro necesario de protección frente a las terribles consecuencias del capitalismo global- globalización- y extractivista.
Sumándose también aquí a las luchas por la descolonización, todos estos llamados derechos de 3ra. generación.

Pero, paralelamente, la consolidación de los derechos humanos tomo importancia global como conquistas de la humanidad toda durante el último siglo pasado y el comienzo de éste ante la posibilidad de juzgar las graves y masivas violaciones de los derechos humanos, sobre todo en nuestro país. La jurisdicción universal ante estos hechos de barbarie permitió la creación de tribunales internacionales para juzgar los hechos ocurridos en Alemania, en la Europa ocupada  y en Japón (Neurenmberg y Tokio) , también ante el genocidio de Ruanda, o los tribunales mixtos en Timor Oriental, o Sierra Leona y la utilización de dichos principios en ordenamientos jurídicos nacionales como el juzgamiento en España de los casos argentinos y chilenos o el juzgamiento de lo ocurrido en Argentina, Chile, Colombia y Uruguay por parte de sus propios justicias nacionales.

Pero estos intentos entender la noción de derechos humanos como herramienta para la trasformación de los pueblos está en disputa, no solo  que se han legitimado bajo la pretensa tutela de los derechos humanos intervenciones imperialistas de distinto tipo, como ocurre acaso en Venezuela, en Cuba, como ocurrió en Bolivia, como ocurre en Nicaragua, sino que actualmente esos derechos humanos conquistados son “el impedimento” para el crecimiento.

Ahora bien , volviendo al desarrollo histórico de los derechos humanos, caído el muro de Berlín en 1989, y terminada la guerra fría con el mentado “fin de la historia”, el sistema de pesos y contrapesos que teñía todo conflicto mundial, sucumbió y el hegemón aprovecho al máximo todos los resortes y por primera y única vez el consejo de seguridad de ONU autorizó la invasión a un país, IRAK, aprovechando la falta de veto de los países que integran ese consejo de manera permanente.

Con el 11-S 2001, luego, tras la caída de las Torres Gemelas,  comenzó un recorrido que llevo a que la propia ONU adopte el concepto de “prevención” y que fue sancionado en 2005 en las Naciones Unidas bajo el rótulo de la “responsabilidad de proteger” a las poblaciones civiles, es decir la posibilidad de invadir un país soberano so pretexto de que allí eventualmente pueden llegar a violarse derechos humanos. 

La constatación de esto pudo observarse en el ataque avalado por las Naciones Unidas contra Libia en marzo de 2011, implementado bajo el argumento de haber recibido informes sobre la “posible” comisión de crímenes de lesa humanidad y la necesidad de aplicar las nuevas herramientas jurídicas que obligaban a “la comunidad internacional” a implementar su “responsabilidad de proteger” ante las “violaciones de derechos humanos” pero llama la atención la inacción total ante los crímenes perpetrados por Israel en Gaza que llevaron a que Sudáfrica lo denuncie por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia  y no solo base a informes de determinadas “agencias”, sino en base a prueba irrefutable. Hay se puede ver casi en vivo los horrores de los crímenes que se comenten contra la población Palestina.

La transformación en el uso del discurso de los derechos humanos es, alarmante. Los medios hegemónicos de comunicación reiteran y reiteran imágenes de supuestas víctimas en Caracas[ Al respecto recomiendo el documental irlandés “La revolución no será transmitida” al que se puede acceder en línea: en Siria, en Nicaragua, o de las imágenes de la masacre perpetrada por Hamas. Pero cabe preguntarse por qué se difunden tanto esas imágenes, por qué esas víctimas merecen nuestra atención en tanto que otras (generalmente más numerosas e incluso en conflictos más antiguos) continúan ignoradas. ¿Acaso la muerte de un Israelí vale más que la de un palestino?; ¿acaso la muerte de George Floyd con el famoso  I Cant´Breathe en manos de la policía norteamericana vale más que la de Ariel Goyeneche muerto en custodia de la Policía de Entre Rios?; ¿acaso es más grave decir negro de mierda en una cancha de futbol europea que en las conversaciones que tenemos a diario con otros?. ¿ Por qué negar el holocausto tiene consecuencias y negar el genocidio argentino no?; 

No es casual la insistencia  de que somos “Argenzuela” que repiten acríticamente formadores de opiniones, académicos, militantes e incluso políticos, para pretender obturar cualquier discusión real. Si ganaba Masa ( o el Kirchnerismo , así linealmente sin 0 critica) íbamos rumbo a ser Venezuela, pues no ganó Masa y superamos a Venezuela, con la inflación más alta del mundo.      

Entonces, no decimos que no hay que investigar y atender las “otras violaciones”, por supuesto que hay que hacerlo, como los crímenes perpetrados por

Hamas, pero la militancia, la política y la academia se ven constreñidos a tomar una rápida postura y condenar las violaciones estatales de los derechos humanos en los territorios que ocupan la escena mediática, y son inmediatamente silenciados cuando buscan señalar la desproporción entre dicho territorio y los desastres producidos en otro lugar del mapa, silenciado mediáticamente. Nadie discute Guantánamo, nadie discute Israel, nadie discute la frontera México- EEUU, nadie discute el avance de las derechas en Polonia, Turquía, Ucrania. ¿Se sabe acaso lo que pasa en Sudan del Sur, en Myanmar o en la República Centro Africana?

Los “derechos humanos” en estas horas han logrado ser re-colonizados y apropiados por el poder hegemónico. La marchas anticuarentenas durante la pandemia que asoló inesperadamente al planeta hicieron lo suyo, llamaban a manifestarse por el derecho a la libertad individual de circular, mientras la humanidad luchaba como nunca antes de manera global – aunque no coordinadamente ni cooperativamente- contra una pandemia , ello mostró el poder que aún conserva el poder real, el poder hegemónico, de transformar los derechos humanos en su propia bandera, de transformar símbolos patrios y frases célebres tan caras a nuestro sentir nacional como el “seamos libres” de hacer lo que queramos.

Muchos son  los mismos que nos hablan de los DDHH de los genocidas, para fundar que vayan a campo de mayo o que se beneficien con el 2 x1 y hoy para hacer sobrevolar el fantasma de la amnistía. Nos hablan de los DDHH de las 2 vidas, poniendo de nuevo en el escenario la derogación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, nos hablan de los DDHH de los “manicomializados” y el “derecho” que merecen los usuarios de los servicios de salud mental como de las personas con consumo problemático a estar internados o el derecho de la policía a matar si una persona en una situación de crisis provoca un riesgo para sí o para terceros.

Son los que nos hablan de la competencia de la educación y de la educación como mercancía y no como derecho, de la libertad de contratación de los servicios de salud, destruyendo el sistema solidario que impregna el mismo. De que no tengo porqué mantener planeros con tratamientos oncológicos o de personas con discapacidad, ni de mantener vagos jubilados ni jubiladas, que no agarran la pala.

En este nuevo escenario , es necesario comprender y hacerse frente a estos cambios de época , y recuperar a la lucha por los derechos humanos como una herramienta de trasformación, para lo cual es necesario ejercer permanentemente el pensamiento crítico y dudar de todo lo políticamente correcta , de manera de permitirnos evaluar no sólo la distinta gravedad de las situaciones sino las intencionalidades que, disfrazadas bajo un discurso de los derechos humanos y la “responsabilidad de proteger” a los civiles, hoy solamente buscan un nuevo modo de legitimar el saqueo histórico de los recursos de nuestraamérica y de otros pueblos del tercer mundo, sea por petróleo, litio, cobre, agua o biodiversidad.

Por todo ello es necesario ejercer el pensamiento crítico y así dudar cuando señalan que en Nicaragua se violan DDHH, que en Venezuela se violan DDHH, que en Cuba se violan DDHH obturando la discusión sobre Israel, Estados Unidos, El Salvador o Argentina.

Permítanse dudar críticamente cuando señalan que ha habido un avanece sobre la libertades individuales y se soslayen los avances y conquistas sociales, duden cuando nos hablen de los impuestos asfixiantes y de la libertad de mercado, duden cuando se habla del Estado Elefante y duden cuando se hable de las ineficiencias de las empresas estatales. Por eso es hora de no retroceder, hay quienes dirán de resistir. Pero lo que no está en dudas es que es la hora de la batalla de ideas y porque la razón nos asiste, no tengan dudas que en esa batalla VENCEREMOS. A darla entonces.

(*) Abogado de organismos de Derechos Humanos

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