Heridas y sanación

Por Oliva Taleb,
especial para ANÁLISIS DIGITAL

Imposible resistir sin conmoverse sobre los escándalos financieros autóctonos, propio de financistas que invitan a invertir con la moral archivada, con sus fortunas en paraísos fiscales…. Ni siquiera se sonrojan…No invirtieron ni antes ni por ahora… “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”… y bien “argento”… no se inmutan en anunciar al regreso de cada viaje, que el primer mundo lo hará (menos ellos)… y van más lejos… Aseguran que luego viene el “derrame”…

Imposible resistir sin provocar ira, los sectores que se apropiaron indebidamente de fondos públicos y privados, enriqueciendo sus patrimonios personales, representando trabajadores que van al paro por discusiones reiteradas, interminables, de un punto más, de cláusulas gatillos, de cobrarlos en cuentagotas, mientras la inflación los castiga sin reparos.

Si la economía perturba, y uno decidiera decirle “hasta luego”… es imposible abstraerse de las estadísticas en rutas, incluso las dobles vías -que terminarían con el drama vial-, que llevan a la muerte. Acceder al carnet de conducir, no garantiza respetar la vida. La propia y la ajena.

Y como si todo esto fuera poco para poner en vilo al hombre común, valdría reflexionar sobre cada mujer menos que justifica marchar por las calles pidiendo, todos, justicia por ellas.

¿No cae mal que los que no se han reconvertido públicamente con su pasado machista, hoy pontifiquen y den cátedra sobre revolución femenina en programas basuras?.

¿No cae mal la incoherencia del presente con el pasado, justificado en que no se lo haya transitado?

Tampoco estuvo allí este universo femenino, parido en el presente, cuando se escribía y vociferaba en las profundidades y periferias de este país, “viva el cáncer”, y que no satisfechos con tan artera, traicionera e irreligiosa frase, se robaran su cadáver para intentar condenarlo a su olvido,… o que le digan “yegua” a una mujer, sin que condicione la mirada el que resulte agradable o no… o justificarse para disimular la falta de empatía con las duras marchas en círculo de los jueves, el inconcebible comentario de “¡algo habrán hecho!”?... No se puede sostener con absoluta honestidad, no haber sido testigo activo o pasivo de semejantes ofensas,- la primaria era y es obligatoria- ¿No cae mal la amnesia o la ignorancia? No redime ni justifica, y mucho menos convierte en reveladora, globalizar en espacio y tiempo, con, “históricamente la mujer ha sido postergada”…

No se necesita de ideología ni de la política para aceptar que avergüenza haberlas escuchado y que no condenarlas es demorar la sanación de tantas heridas…

¿No cae mal que estén a un paso de la libertad condicional o prisión domiciliaria, genocidas? Sí, GENOCIDAS, los culpables de delito de lesa humanidad… ¿se entiende? Aceptarla por razones “humanitarias” para cientos de hombres que torturaron, violaron, mataron, a mujeres indefensas, secuestraron sus bebés y en simultáneo, considerar legítimo que los femicidas cumplan sus condenas a rajatablas en la cárcel. Que cunda, hasta inundar de ternura el corazón: “Ley rigurosa, si es pareja, es universalmente justa”…

Vale sostener que la historia de la humanidad se ha escrito con la sangre de todas las mujeres, indefensas a merced de la locura.

Agua de manantial para los hombres que salpican con salmuera cada una de las heridas sobre ellas. Agua de jazmín para las mujeres que no renuncian a que cicatricen. Agua clara, para arrastrar tanta miseria…

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