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Novena noche del Carnaval del País: cuatro comparsas hicieron vibrar en el Corsódromo a más de 19 mil personas

Noche de excelencia y multitudinaria. El Carnaval del País vivió un fin de semana largo con esplendor y ahora marcha hacia el gran cierre de febrero.

La novena noche del Carnaval del País no fue simplemente el cierre de un fin de semana extra largo. Fue la confirmación de que Gualeguaychú sostiene -año tras año- uno de los espectáculos de mayor nivel estético y creativo del mundo en su rubro y que significa le motor que impulsa el desarrollo turístico a nivel local y provincial.

Más de 19 mil personas vibraron en el Corsódromo “José Luis Gestro” para presenciar una puesta que trasciende la categoría de desfile y se instala, sin exageraciones, en el terreno del gran teatro popular a cielo abierto.

La edición 2026, que desde este año ostenta el rango de “Fiesta Nacional Carnaval del País”, ha elevado la vara en términos artísticos. El diálogo entre música, danza, diseño de vestuario, construcción escenográfica, iluminación y dramaturgia colectiva alcanza un equilibrio que sólo puede sostenerse con talento y un compromiso que se extiende durante todo el año. Cada comparsa no presenta simplemente un tema: construye un universo estético propio, con coherencia interna y una lectura precisa del espacio monumental que representa la pasarela.

La noche del lunes 16, tercera del fin de semana extendido, tuvo un orden de salida que configuró un recorrido dramático intenso: abrió Papelitos (Club Juventud Unida), le siguió Ará Yeví (Club Tiro Federal), luego fue el turno de Marí Marí (Club Central Entrerriano) y cerró O’Bahía (Club de Pescadores). Cuatro propuestas distintas, cuatro maneras de entender el carnaval, pero todas con un mismo nivel de excelencia.

El desfile

Papelitos asumió la apertura con “Vivos”, bajo la dirección de Juane Villagra. La comparsa volvió a exhibir su impronta contemporánea, esa energía vibrante que dialoga con el presente sin desprenderse de la tradición. A lo largo de la edición 2026, Papelitos ha logrado afinar la coherencia entre bloques coreográficos y estructura musical, generando una lectura más orgánica de la pasarela. En la novena noche se la vio segura, intensa, con un ritmo que no decayó en los 500 metros de recorrido. La estética, marcada por colores potentes y un diseño dinámico, sostuvo una narrativa que apuesta a la vitalidad como concepto central. Papelitos ha evolucionado desde la potencia pura hacia una energía mejor administrada, y esa madurez la mantiene en la conversación grande por el campeonato.

Ará Yeví ingresó en segundo lugar con “La resistencia”, dirigida por Guillermo Carabajal. Si hay una comparsa que conjuga contenido simbólico y precisión técnica, es ésta. Su propuesta se sostiene en una épica colectiva que encuentra en la coreografía sincronizada y en el uso estratégico del color y el movimiento una herramienta expresiva poderosa. A lo largo de la temporada, Ará Yeví ha ganado profundidad escénica: cada cuadro dialoga con el anterior, cada transición está integrado a una misma narrativa y entre cada actuación se refuerza el mensaje sin necesidad de mensajes explícitos. En la novena noche, su desfile se percibió equilibrado, con una iluminación que potenció la atmósfera y una batucada que sostuvo la tensión narrativa. La evolución técnica ha sido evidente, y su candidatura a la copa es tan legítima como indiscutible.

El tercer turno fue para Marí Marí con “Genios”, propuesta dirigida por Gregorio Farina. La rojinegra ha demostrado una vez más que el oficio es un valor que no se negocia. Su equilibrio entre carrozas monumentales y cuerpo de baile habla de una comprensión refinada del espacio. La administración de tiempos y climas es uno de sus mayores aciertos: sabe cuándo impactar y cuándo sugerir. En esta edición 2026, Marí Marí ha trabajado con especial cuidado la armonía cromática y la integración de los distintos elementos escénicos, evitando la fragmentación visual. En la novena noche su paso fue celebrado con una ovación que reconoció no sólo la belleza formal, sino la coherencia artística que sostiene su propuesta. El “hambre” de campeonato se percibe en cada detalle.

El cierre estuvo a cargo de O’Bahía con “El pescador, el genio y las mil y una noches”, bajo la dirección de Adrián Butteri. La comparsa del Club de Pescadores ha crecido en claridad narrativa y en administración coherente a lo largo de los 500 metros de la pasarela. Su relato -inspirado en el imaginario clásico oriental- se despliega con mayor fluidez que en ocasiones anteriores. En esta novena noche, O’Bahía mostró una versión envolvente, con transiciones más limpias y una articulación equilibrada entre música, danza y escenografía. La espectacularidad no estuvo en la acumulación, sino en la organización. Esa evolución artística la mantiene en la pelea grande.

Cuando las cuatro comparsas exhiben este nivel, la competencia se vuelve apasionante. Ninguna ha logrado despegarse de manera definitiva; todas tienen argumentos sólidos para aspirar al título. Y cuando eso ocurre, cuando la paridad es real y el desenlace incierto, quien gana siempre es el carnaval. Porque la exigencia mutua eleva el estándar artístico y convierte cada noche en un acontecimiento irrepetible.

El después

El cierre del desfile no marcó el final de la celebración. Como una idea consolidada en esta edición, la fiesta continuó con el “After Billboard”. En la novena noche, “Los Tuka Tuka” tomaron el escenario y transformaron la pasarela en pista multitudinaria. La energía fue inmediata: luces encendidas, espuma en el aire y miles de personas bailando frente a la Casa Rosada. El carnaval dejó de ser contemplación para convertirse en participación directa. Esta propuesta, incorporada este año de manera sistemática y no como en otras ediciones de manera esporádica, amplía la experiencia y consolida al Corsódromo como un espacio cultural integral donde conviven el desfile teatral y el espectáculo musical en vivo. Nadie queda al margen y hay espacios para que todos compartan sus propuestas artísticas y eso es el Carnaval del País.

Entre el público se destacó la presencia del exjugador de la Generación Dorada de básquet, Carlos Delfino, quien disfrutó del espectáculo como cualquier espectador, integrado a un público que celebra cada verano en Gualeguaychú. Su presencia fue una postal más de una noche que tuvo brillo propio.

Con el fin de semana largo concluido, el calendario del Carnaval del País continúa. El próximo viernes 20 de febrero el Corsódromo será escenario de la tradicional Elección de la Reina. Allí se coronará a la soberana 2026 en una ceremonia que combina elegancia, emoción y continuidad histórica. Valentina Giménez (Papelitos), Manuela Scorzelli (Ará Yeví), Mary Ann Morrison (Marí Marí) y Angie Félix (O’Bahía) buscarán convertirse en la sucesora de Felicita Fouce, Reina 2025 del Carnaval del País. Será una noche distinta, donde la estética se expresa en otra clave, pero con la misma intensidad simbólica.

Luego llegarán las dos últimas noches competitivas: sábado 21 y sábado 28 de febrero, ambas desde las 21:30. Serán las jornadas finales donde se definirá el campeonato y donde cada comparsa volverá a poner en juego meses de trabajo.

En cuanto a la venta de entradas -el área de Prensa del Carnaval-, esta semana las boleterías atenderán de miércoles a viernes de 9 a 13 y de 17 a 21, y el sábado desde las 9 hasta la finalización del espectáculo. Los residentes del departamento Gualeguaychú continúan disfrutando de un beneficio exclusivo: entrada general a 20.000 pesos. Para no residentes, el valor es de 35.000 pesos. Vale recordar que el beneficio para residentes se aplica únicamente en compra presencial, con DNI en mano, los días viernes y sábado.

La novena noche dejó una certeza: el Carnaval del País no es solamente una tradición festiva, sino una construcción cultural de alto nivel artístico que se renueva en cada edición. En el equilibrio entre creatividad y disciplina, entre competencia y celebración, reside su grandeza. Y mientras se acerca el tramo final de febrero, Gualeguaychú vuelve a prepararse para lo que ya es una marca identitaria: convertir el verano en una obra colectiva donde el talento popular alcanza dimensiones extraordinarias.

 

La novena noche

 

 

 

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