Tras los incendios, el suelo del Delta del Paraná tardará más de 10 años en recuperarse

Por la pérdida de materia orgánica que genera el fuego en los suelos, la recuperación tardará más de 10 años.

El suelo es uno de los grandes perdedores de la saga de quemas que desde hace meses incendia los humedales del Delta del Paraná. Invisible para la enorme mayoría, los suelos albergan una enorme riqueza biológica que también desaparece con las llamas y que tardará más de una década en recuperarse por lo intensos y extensos que son los fuegos que arrasan con este ecosistema.

Así lo explicó Graciela Klekailo, docente e investigadora en ecología de comunidades vegetales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quien señaló que el antecedente a tener en cuenta es lo que pasó en 2008, cuando también hubo enormes quemas en todo el Delta.

“Según trabajos hechos por la Universidad de San Martín, las pérdidas de carbono, nitrógeno y fósforo del suelo fueron muy serias en los primeros 20 centímetros. Mientras más intenso, extenso y prolongado el fuego, más suelo se pierde”, sintetizó la especialista. “Se pierde carbono y se pierde la capacidad del suelo y sus principales características, que son muy difíciles de formar en los humedales porque no es el suelo de la pampa. Tiene que ver con depósitos de sedimentos que arrastra el río a lo largo del tiempo, es un proceso muy lento”, puntualizó.

“Se estima que puede llevar 11 años que se recuperen los depósitos de carbono quemados, hablamos de plazos de tiempo largos sobre todo si pensamos que nos acercamos a épocas muy cambiantes y que tal vez no pasen 10 o 12 años hasta una próxima bajante extraordinaria, porque eso parece acelerarse también en función del cambio climático”, razonó.

Pérdida de materia orgánica y más cambio climático 

Esa pérdida de carbono también genera un efecto sobre el cambio climático. Klekailo remarcó que el país asumió metas de reducción de emisiones y lo que atraviesa el humedal va en sentido contrario. “No sólo se libera el dióxido de carbono porque se quema, ya que cada foco de incendio es un emisor, sino que también estamos liberando grandes cantidades de carbono en la atmósfera cuando perdemos la materia orgánica del suelo”, dijo la docente e investigadora.

Los incendios de 2008 dejaron una lección: había que actuar urgente y establecer acuerdos interjurisdiccionales para evitar futuros problemas. Nada de eso se hizo (o se hizo pero se desfinanció y no se avanzó): “12 años después estamos casi igual que en 2008, es una lección no aprendida”.

La pampeanización del humedal 

Si bien siempre se menciona a los bosques como los grandes reservorios biológicos del planeta, lo cierto es que los humedales son enormes depósitos de dióxido de carbono. “Los humedales realizan incluso un poco más de fijación que los bosques a pesar de la idea de que éstos últimos son los pulmones del planeta. En realidad, los humedales lo son”, señaló la investigadora.

Klekailo explicó que, en función de la presión de las actividades humanas de los últimos años, muchos autores que estudian a este ecosistema comenzaron a hablar de “pampeanización” del humedal. Esto es, el traslado a ese ambiente de prácticas productivas importadas de otro espacio geográfico.  

“Este proceso comenzó a edificarse con la construcción de la ruta que une las ciudades de Rosario y Victoria, a partir de allí la actividad ganadera se incrementó porque empezó a ser más fácil llevar ganado a la isla, algo que si bien es una actividad histórica antes se hacía con baja carga”, advirtió la investigadora.

El boom agrícola de precios de 2000/2010 corrió la frontera agropecuaria y ante la mayor presión sobre todo del cultivo de soja sobre el ecosistema pampeano, las prácticas ganaderas que se hacían en la llanura se trasladaron al espinal y al humedal.

Otra presión que también comenzó a hacerse más fuerte en el Delta (más que nada en la parte bonaerense) fue la inmobiliaria, donde barrios enteros contribuyeron a la impermeabilización de los suelos.

Pérdidas difíciles de cuantificar

La magnitud de las pérdidas que dejan las quemas todavía es difícil de calcular, aunque la experta no duda en afirmar que serán “enormes desde el punto de vista de la biodiversidad” y que, si bien algunas se recuperarán, otras tal vez no corran esa suerte. Desde la vegetación, existen amplios sectores de pajonales que se perdieron porque acumularon mucha biomasa seca y se prenden fuego con mucha facilidad. Aun así, para la especialista de la UNR la recuperación de esa flora “será lenta pero posible”.

Por el lado de los animales, los anfibios resultaron muy afectados y habrá “una pérdida enorme del número de individuos”. Para su recomposición, habrá que ver cuál será la extensión total de las quemas, algo que recién sabremos con certeza cuando el fuego pase.

En el caso de los mamíferos también hay poblaciones afectadas directamente por pérdida de individuos: “Hay una afectación muy grande en lo inmediato y en el mediano plazo tendrá que ver, en función de cuánto se queme, con la pérdida de hábitat y de lugar de alimentación”, dijo la experta. Las especies de aves, por su parte, tienen mayor facilidad para escapar de los focos pero también se verán afectadas a mediano y largo plazo al haber perdido la fuente de su alimento, su lugar de nidificación y las perchas que usan para posarse.

Finalmente, también habrá que contar pérdidas de albardones de bosques como los del timbó blanco registrados en la zona de la reserva municipal rosarina Los Tres Cerros. “Se trata de bosques de esta especie que más al sur del continente se encuentran, si estos bosques peligran perdemos algo que como biodiversidad es enorme y tal vez irremplazable”, dijo Klekailo.

Un disturbio importado

 ¿Es “normal” usar el fuego en zonas de humedales? La académica señaló que el fuego puede desatarse de manera natural en los humedales en las zonas de pajonales cuando éstos acumulan mucha materia orgánica. “Tormentas eléctricas pueden encender algún fuego y en ese caso se considera al incendio como un disturbio natural”, dijo.

Pero este evento, que puede ocurrir, no es en absoluto frecuente, ya que la regulación natural de estos ecosistemas se hace a través del agua y los pulsos de crecientes y bajantes. “Puede aparecer algún fuego bajo la forma de un disturbio pequeño y local, pero nunca en la magnitud que lo vemos este año”.

El fuego es, entonces, un disturbio “importado” para ser usado como herramienta de manejo, tal como se hace en otras regiones. “Podemos pensar en el fuego en el humedal si están controlados, son pequeños y están muy limitados a un área específica. Ahora a esta magnitud de fuego no está acostumbrado el humedal, que tiene una capacidad de recuperación diferente a las zonas donde el fuego sí se usa en gran magnitud”, razonó Klekailo.

Fuente y fotos: Aire de Santa Fe

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