Se cumplen hoy cuatro años de la misteriosa desaparición de José Rubén Mencho Gill, de 56 años; su esposa, Margarita Norma Gallegos, de 26 y sus hijos, María Ofelia, de 12; Osvaldo José, de 9; Sofía Margarita, de 6 y Carlos Daniel, de 4, quienes fueron vistos por última vez el 13 de enero de 2002 en un velorio en la localidad de Viale. El abogado querellante, Elbio Garzón, criticó el accionar de la Justicia porque “no hizo ni el 1 por ciento de la búsqueda de Fernanda” Aguirre y del ex jefe de Policía de la provincia, Ernesto Geuna, quien "no le dio la importancia que era reclamada. Le solicitamos una reunión y lo único que demostró fue un gran desinterés que da para pensar”, afirmó el abogado.
Nada más se supo de los Gill desde 2002. La familia vivía en un puesto de la estancia La Candelaria, propiedad de Alfonso Goette. Desde un principio nunca pudieron unirse las presunciones de los familiares de Mencho con la investigación judicial y policial que avaló sin un respaldo sólido que se fueron por un mejor porvenir.
El juez de Instrucción Sebastián Gallino, fue cuestionado por el entorno de la familia Gill y por el abogado querellante, Elbio Garzón. El temor que alguien de la zona los pudo haber asesinado y enterrado en los campos de la estancia siempre estuvo latente. En medio de las sospechas, la Policía realizó algunos rastrillajes que no conformaron a la querella, ya que no habrían contado con la rigurosidad necesaria.
Pasó el tiempo y ¿qué hay? “Nada”, dijo Garzón en declaraciones realizadas a Diario Uno , y agregó que “pasaron cuatro años de la desaparición y hasta el día de la fecha la Justicia no nos dio una respuesta convincente sobre el paradero de la familia compuesta por seis integrantes”.
“Se desacreditó totalmente la hipótesis del traslado a Santa Fe u otras provincias, como así también a países vecinos”, añadió el letrado para afirmar: “Lamentablemente no ha habido avances significativos en la causa, no hay personas imputadas, más allá de las sospechas que se puedan tener, no hay nada en concreto”.
Asimismo, advirtió: “En este tiempo surgieron muchas dudas sobre la tarea de la Justicia y la Policía, ya que no se investigó con el rigor necesario. Acá hay seis personas desaparecidas y si comparamos esto con la causa Fernanda Aguirre, podemos asegurar que no se ha hecho ni el 1 por ciento de las medidas que se tomaron para ubicar a la menor de San Benito”.
“Desgraciadamente no hemos contado con los medios necesarios para afirmar la investigación, y esto se debió a que el anterior jefe de Policía, Ernesto Geuna, no le dio la importancia que era reclamada. Le solicitamos una reunión y lo único que demostró fue un gran desinterés que da para pensar”.
La última medida dispuesta por Gallino fue solicitar un entrecruzamiento de llamadas telefónicas, que aún no está terminado.
Garzón destacó a su vez que “los elementos que demuestran la posibilidad de que la familia esté muerta, es el miedo que demuestran aquellos habitantes de la zona que declararon y a quienes consultamos en las investigaciones. Allá todos aseguran que había una enemistad entre Gill y el dueño de la estancia, Alfonso Goette, muchos testigos han dicho que existían maltratos y no era la mejor relación la que llevaba el patrón con su empleado”, puntualizó el querellante.
La Candelaria se encuentra a 20 kilómetros de Viale y desde ese lugar se produjo el último llamado saliente del celular de Norma Gallegos. Fue el 13 de enero. Ese mismo día la familia estuvo en un velorio en Viale, según lo dicho por algunos testigos. El 14 fue la última vez que se los vio, en la propiedad de Goette, según sus dichos.





