La Junta Abya yala por los Pueblos Libres publicó un documento sobre la arremetida de los Estados Unidos de América contra Venezuela. Recordó el colonialismo que ejercen Estados Unidos e Inglaterra en el territorio argentino, y lamentó la fragmentación de los pueblos del continente, que según su visión habría aceitado la incursión de Donald Trump.
El centro de estudios con sede en Paraná e integrantes en varias ciudades de Entre Ríos llama en el texto a tomar distancia de los estados guerreros, a no hacerse expectativas con sobornos, “por ahogos de ocasión”, a abonar la vida comunitaria por sobre los intereses verticales, y a buscar soluciones sin más violencia.
Con la firma de una docena de estudiosos, el texto centra su análisis en los propósitos coloniales del imperialismo angloestadounidense y en los padecimientos del pueblo venezolano, y extiende sus críticas al régimen de Nicolás Maduro.
Aquí el documento completo difundido hoy bajo el título Fuera imperialistas y déspotas de Abya yala. Ni amo viejo ni amo nuevo: ¡ningún amo! Lo que sigue es textual.
“Los miembros de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres -JAPL- abrazamos en esta hora al pueblo hermano de Venezuela y llamamos a todas las partes en conflicto a buscar soluciones lúcidas y dignas, sin más víctimas fatales, para que la necesaria defensa de la soberanía de nuestras naciones y la libertad de las comunidades se sostengan en la vida y en la paz como prioridad.
Cuando el planeta se ha cargado y se sigue cargando de ojivas nucleares, y ya no da abasto con el saqueo de su biodiversidad, continuar encendiendo mechas con altísima irresponsabilidad es una garantía de suicidio de la humanidad. Lo hace el capital, lo hacen los imperios, lo hace la arrogancia humana, y abundan las acusaciones recíprocas, pero estamos cerca ya de que nadie pueda contar el cuento, siquiera, por el exterminio.
Este año 2026 se cumplen dos siglos del añorado Congreso Anfictiónico de Panamá, que bregó por la unidad de los pueblos del Abya yala. Un año tan simbólico se está iniciando bajo el signo de otra invasión colonialista de Estados Unidos de América sobre nuestros territorios. Aún en su larga decadencia, el imperio huele división, extravío y petróleo, y ataca.
Los argentinos sufrimos en estas décadas la colonialidad en todo el territorio, estamos empantanados en varios frentes, y el colonialismo más básico, odioso y abusador se sostiene con la razón de los misiles en nuestra provincia de Tierra del Fuego en el Atlántico Sur. Somos el país más invadido del mundo, y el imperio colonialista que nos somete es Gran Bretaña con su aliado: Estados Unidos de América. Jamás debemos poner la sangre de nuestros hermanos caídos en defensa de la patria, y nuestra histórica amistad con los pueblos del Abya yala, como moneda de cambio, por ahogos de ocasión.
En las mismas horas en que los argentinos recordábamos los 193 años del asalto inglés a nuestro territorio en las Malvinas para quedarse con una inmensa porción de nuestra patria, su socio Estados Unidos de América violó una vez más el Abya yala del sur para garantizarse la obediencia y la energía. Inglaterra y Estados Unidos: la rapiña continúa. Son muchas las razones, entonces, y los sentimientos que nos empujan a condenar con indignación el imperialismo destructor anglo estadounidense.
Los pueblos hermanos de todo el Abya yala debemos unirnos para sostener nuestra independencia y acompañarnos ante los atropellos colonialistas. En la fragmentación está nuestra ruina. También debemos unirnos ante los atropellos de los déspotas al interior de nuestros países. Las dictaduras bajo distintas máscaras, incluso disfrazadas de socialismo y antiimperialismo y democracia a veces, cuando no a los gritos, pero dictaduras capitalistas al fin, promueven la división, la desconfianza, y se sostienen con extractivismo y represión.
Esa debilidad llama al imperialismo. Los déspotas le dejan al imperio el plato servido para disfrazar de filantropía su avidez por el petróleo. Esa es una de las peores canalladas de los déspotas: el darle motivos al invasor. Para pedir que se cumplan leyes hay que cumplir algunas. Sin querer, o queriendo, los déspotas son cómplices del imperio. Nuestros ancestros ya nos previnieron desde aquellas Instrucciones de hace dos siglos, bajo el liderazgo de José Artigas: “El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los Pueblos”.
Millones de desplazados y desterrados festejan hoy de manera auténtica la caída de un déspota que incumplió la Constitución que él mismo promovió; nosotros de ninguna manera cuestionaremos a las víctimas, que no merecen ser revictimizadas, al contrario: estos hermanos merecen regresar a su patria sin más persecuciones.
El imperio del capital y la verticalidad de los estados nación, con presidentes que al mismo tiempo que desplazan la vida comunitaria no ejercen la autoridad que pretenden y esgrimen, por especuladores, por irresolutos, por acomodaticios y timoratos, le aceitan el camino a la ambición imperialista, un clásico, y al extractivismo en todas sus formas. Nuestros sistemas, bajo distintos gobiernos, pegan onda con el extractivismo imperial. Repudiamos a los que se inclinan ante la arrogancia del imperio, hoy comandado por el capanga Donald Trump, ayer por otros parecidos; y también repudiamos a los que dilatan los problemas, cortejan a los imperios, ningunean a los pueblos, y luego fingen indignación y declaman repudios. Toda una farsa. Nuestra consigna más vigente que nunca reza Ni amo viejo ni amo nuevo: ¡ningún amo!
Los imperios y sus cómplices compiten en hacer músculo guerrero y en saquear los bienes comunes en una carrera sin precedentes por la destrucción de la vida, rapiñando recursos para repartirse el orbe. Lo hacen Estados Unidos, Rusia, China, Europa… Entonces urge en nosotros abonar la vida comunitaria en armonía con el resto de la naturaleza, la hermandad de los pueblos, la soberanía particular de los pueblos en confederación; con la firmeza que nos dan la verdad y la confianza mutua. Eso equivale a no transigir con los estados guerreros y los capitales que los sostienen, ni hacernos expectativas con sus dádivas y sobornos; y a tener conciencia de que la primera soberanía consiste en que las familias puedan vivir en su territorio. La experiencia nos aconseja no engañarnos con mesianismos.
Los estados nación nacieron para dividir, subordinar y explotar a los pueblos y en eso están. Nada nuevo bajo el sol. Pero señalar a los imperios y a los estados como responsables únicos de la debacle sería menospreciar los saberes y la capacidad de los pueblos para la resistencia y para recuperar otros mundos posibles, donde se practique el mandar obedeciendo, donde los bienes sean compartidos, donde la vida humana sea venerada, tanto como el resto de la biodiversidad.
Por las mujeres y los hombres que lucharon y luchan por la unidad de los pueblos, contra la esclavización, contra el supremacismo, ¡fuera imperialistas del Abya yala! ¡Venezuela para los venezolanos! ¡Viva la patria grande!”.
Por la Junta Abya yala por los Pueblos Libres firmaron Juan Antonio Vilar, María Lucrecia Brasseur, Carlos Alberto Godoy, Pedro Aguer, Fortunato Calderón Correa, César Baudino, Mercedes Fiorotto, Antonio Tardelli, Elio Kohan, Ricardo Bazán, Daniel Tirso Fiorotto, Ana Delia Scetti, Jorge Gaspar Villanova, Luis Lafferriere y Haydeé Orrantia, entre otros.


