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Fernando Stanich, presidente de FOPEA: “2025 fue un año récord en cantidad de agresiones” a periodistas

El periodista tucumano Fernando Stanich asumió a fines de noviembre de 2025 la presidencia de la Comisión Directiva de FOPEA hasta 2028.

El periodista tucumano Fernando Stanich asumió a fines de noviembre pasado la presidencia del Foro de Periodismo Argentino, que en su asamblea anual eligió a la nueva Comisión Directiva para el período 2025-2028. En diálogo con El Séptimo Día (Radio Plaza), Stanich analizó lo que fue el año pasado para el trabajo periodístico en el país en medio de las crecientes agresiones del presidente Javier Milei, describió cómo se sufren las presiones del poder en el interior y trazó algunos de los objetivos para el presente año para el periodismo, como reconectar con las audiencias en para que “el periodismo vuelva a demostrar que es importante y que cumple un rol fundamental en una sociedad y en una democracia”

“El año 2025 fue bastante difícil para los periodistas en la Argentina. Comenzamos un año con la famosa frase del presidente: ‘No oíamos lo suficiente a los periodistas’ y a partir de eso se fueron multiplicando las agresiones en diferentes niveles y escalas, con muchas agresiones en el ecosistema digital, con una hostilidad muy intensa en contra de los periodistas a través de las redes sociales. Pero después de eso se fue dando la violencia en la vía pública. Tuvimos situaciones muy graves, como la de Pablo Grillo, que estuvo internado mucho tiempo, que todavía se está recuperando luego de haber sido alcanzado por un disparo de Gendarmería. Hay una investigación judicial en marcha. Y así situaciones como esas vivimos a lo largo de todo el año. Fue un año muy, pero muy difícil, muy intenso en cuanto a la cantidad de agresiones, a la hostilidad, al hostigamiento en contra de los colegas”, relató Stanich.

“El presidente, por septiembre, dijo que iba a moderar su discurso, que no iba a agredir más y esa promesa la verdad que fue cumplida a medias porque las agresiones continuaron, hubo un tiempo en el que no, pero después de un par de semanas el presidente volvió a insultar a los periodistas, volvió a discriminar, volvió a estigmatizarlos, a deslegitimarlos. Así que fue un año, si lo tenemos que resumir, muy, pero muy complicado para el ejercicio periodístico, con más de 270 agresiones que relevamos a través de nuestro monitoreo de libertad de expresión, marcando que es un año récord en la historia del monitoreo en cuanto al nivel y cantidad de agresiones. Y te diría que la perspectiva para lo que comienza no son alentadoras”, agregó.

Sin embargo, el inicio de 2026 no ha demostrado una mejora en este aspecto, contó el presidente de FOPEA: “Cerramos el año con cartas documento enviadas por el Ministerio de Capital Humano contra una decena de periodistas. Todo indica que esto va a empeorar porque además hay proyectos para derogar el estatuto del periodista profesional, dentro del proyecto de reforma laboral. Hay propuestas para modificar el Código Penal que tienen que ver con el honor y delitos como calumnias e injurias. Eso todavía no está en estado parlamentario. Y ahora una nueva señal de alerta, que es la modificación de mediante decreto de las funciones y el organigrama de la SIDE, de los servicios de inteligencia, creando un área de ciberseguridad, de cibervigilancia, de un centro de información. Todo eso genera una preocupación hacia lo que viene, y en eso estamos bastante abocados”.

—¿En qué medida los ataques del presidente afectan a un ámbito más bien de medios nacionales o porteños, y cuánto al interior? ¿Milei genera un clima en todo el país con su impronta agresiva o hay cuestiones particulares de cada provincia?

—Hay un poco de cada cosa, pero sí te podría decir de que si la voz más potente de la Argentina, como es la del presidente, agrede con esa liviandad a los periodistas, discrimina a las mujeres periodistas con insultos hasta sexistas, si los estigmatiza, si nos está insultando y agraviando permanentemente, todo eso habilita que, hacia abajo, desde sindicalistas, militantes políticos, etcétera, crean que tienen la atribución o la vía libre para agredir a periodistas. Y sobre el interior del país, efectivamente, todo lo que tiene que ver con el ecosistema digital tiene un epicentro en la Ciudad de Buenos Aires con colegas afectados, pero si te vas hacia el interior del país, hay un crecimiento de las agresiones contra los periodistas, porque además hay un clima que es mucho más difícil de manejar en las provincias, que es el de la precarización laboral. En las provincias los periodistas estamos mucho más precarizados. Me incluyo porque soy de Tucumán, pero además de que hay una precarización laboral importante, hay una cercanía con el poder mucho más directa que la que puede tener un periodista de Buenos Aires con un funcionario nacional. En una provincia te cruzás con el funcionario en la puerta de la escuela de tu hijo, o en el supermercado, o en el cine, o en cualquier actividad deportiva, porque es más chico y es más fácil encontrarte cara a cara. Entonces eso hace que sea más difícil ejercer el periodismo, que haya más posibilidades de que ese poderoso te incomode, te presione. Y eso genera que en el interior del país se utilice además a la Justicia, sobre todo a la justicia penal, para amedrentar periodistas. Han crecido las agresiones en los últimos años mediante la utilización de los tribunales con cartas documento, con citaciones y con el inicio de acciones civiles y hasta penales en contra de periodistas, por lo que han publicado. A eso sumale también la precarización. Los medios de las provincias cada vez están más apretados económicamente y dependen más de la pauta publicitaria estatal. Y eso genera a su vez que haya autocensura, que haya censura interna, que haya mayores dificultades para poder publicar información de calidad.

—¿Cómo crees que estas discusiones podrían dejar de ser una discusión entre periodistas para ser consideradas una problemática para la sociedad que necesita información veraz?

—Ese es el gran desafío que tenemos, reconectar con las audiencias, que el periodismo vuelva a demostrar que es importante y que cumple un rol fundamental en una sociedad y en una democracia. Creo que la clave está en mostrarle lo que hacemos, explicarle a la gente que la causa Cuadernos, que hoy está en juicio oral, llega a juicio oral porque el periodismo tuvo un rol fundamental. El caso Libra, que fue un escándalo largo de todo el año pasado, fue destapado a partir del trabajo del periodismo. Hubo investigaciones periodísticas que fueron mostrando cuál fue el nexo y el entramado detrás de toda esa supuesta estafa con criptomonedas, y así podemos nombrar más y más ejemplos. Y en cada provincia seguramente hay un ejemplo de buen periodismo. Estamos frente a una situación que yo creo que es bastante paradójica, porque buena parte de la sociedad no cree que lo que nosotros hagamos sea importante. Pero cuando hay alguna demanda ciudadana de cortes de luz, falta de servicios públicos, una situación de inseguridad ¿A quién acude la gente primero? A los medios, para que nosotros demos a conocer esto. Nos buscan a nosotros para que le mostremos al poder, al Estado, qué es lo que está reclamando la gente. Entonces, sí somos importantes, somos un nexo fundamental e irremplazable entre la comunidad y el gobierno del Estado, pero la gente en medio de todas esas críticas, de todos esos insultos, termina comprándose el discurso de que los periodistas somos todos ensobrados, somos todos unos corruptos. Y la verdad es que puede haberlos, no vamos a negar eso, pero no es la generalidad. Hay muchísimos periodistas que hacen un gran trabajo silencioso, muy importante, de comunicación, de servicio público y que no se ve, pero que sí vale.

Entonces creo que nuestro desafío es editorializar menos, apartarnos de la editorialización permanente, y apegarnos más a los datos, a la rigurosidad, a la investigación periodística, al trabajo colaborativo. Porque hoy es cierto que hay dificultades para hacer periodismo porque los medios están muy coaccionados, muy apretados económicamente, pero se puede hacer periodismo colaborativo como lo hacen las grandes investigaciones, pero a menor escala en cada una de las provincias o ciudades, trabajos entre dos o tres colegas que permita desentrañar algo o mostrar algo que el poder de ese lugar no quiere que se sepa y la gente va a volver a tomar confianza en el periodismo local. Entonces me parece que hay algunas herramientas que podemos ir empezando a practicar y a utilizar hasta volver a reconectar con las audiencias, porque lo peor que puede pasar en una sociedad es creer que se puede informar solamente con las redes sociales. Las redes sociales no informan, las redes sociales son un canal efectivamente multiplicador de información, pero también de desinformación, pluralizan en la misma medida en la que desinforman y es muy tarde volver de todo eso cuando ya la desinformación ha avanzado y se ha instalado en una sociedad.

—Por otro lado ¿Cómo evaluó FOPEA la propuesta del Gobierno de derogar el Estatuto del Periodista y el un fallo en el caso Mengolini que busca cambiar el criterio de respecto de interés público?

—Con mucha preocupación. Nosotros en el tema de lo que es interés público, el caso de Julia Mengolini, y en lo que tiene que ver con el Estatuto del Periodista profesional, nos pronunciamos y queremos tener incidencia directa en las conversaciones en el Congreso y eso lo estamos pidiendo a través de los diputados y los senadores de las diferentes provincias, de que nuestra voz, la voz del Foro de Periodismo Argentino, sea escuchada. Porque no se trata de una defensa corporativa, aunque lo parezca, ni de una defensa gremial. Doy un solo ejemplo para que se entienda: el estatuto prevé ciertos criterios para agravar el pago de una indemnización en caso de que haya un despido sin causa, por ejemplo, o sin previo aviso. Imaginemos una situación en que un periodista que está trabajando en un medio investiga o realiza una investigación y el dueño de ese medio recibe presiones políticas por esa investigación y le pide que lo eche a un colega. Sin esos agravantes, sería muy fácil despedirlo. Entonces hay un mecanismo de protección que tienen que ver directamente con el periodista, obviamente, pero ¿qué hacen a las fuentes de información? Porque esas fuentes de información que hoy confían en los periodistas para brindarles información de calidad, información que el poder no quiere que se sepa, se asustarían porque los periodistas primero estarían desprotegidos y si los periodistas están desprotegidos pueden ir tranquilamente por el secreto de fuentes. Entonces me parece que está todo atado y hay que tener mucho cuidado cuando se habla de derogar el Estatuto. Sí hay que modificarlo, por supuesto, tiene más de 80 años, ya sufrió cinco modificaciones a lo largo del tiempo, pero que tiene que incorporar cuestiones vinculadas a las nuevas tecnologías, a la inteligencia artificial, a los descansos, a los trabajos, etcétera. Pero eso va por otro lado, modificación, sí, conversada, discutida, pero no puede haber una derogación lisa y llana.

Respecto de lo de Julia Mengolini, más allá de que podamos estar de acuerdo o no con lo que dijo puntualmente en este caso, que era vinculado a la relación del presidente con su hermana, no entramos en esa valoración porque ahí es subjetivo y algunos dirán que sí y otros dirán que no. Lo que sí está claro es que el fallo que ordena de nuevo la apertura de la investigación pone en juicio o en discusión el alcance del término o de la frase de “interés público”. O sea, qué es lo que se considera interés público y qué no, que en una mesa de periodista se hable sobre la relación del presidente con su hermana, de un candidato a presidente, con su familia ¿Es interés público o no? Bueno, es lo que un juez ahora dice que eso no configura interés público. Lo que nosotros decimos como organización es: tengamos cuidado, porque en la medida en que vayamos achicando el margen y el concepto de interés público, va a ser mucho más difícil poder hablar sobre el poder. Y ahí es donde está la situación peligrosa, porque toda la jurisprudencia nacional e internacional lo que dice es hay que entender la libertad de expresión en un sentido amplísimo, salvo cuestiones muy excepcionales. Entonces, no vayamos hacia lo excepcional, porque ahí es donde el margen de libertad de expresión va a estar cada vez más restringido.

Además, hay un antecedente muy clarito que la gente se acordará. En el caso de un juicio de Carlos Menem contra Jorge Fontevecchia, cuando la revista Noticias publica sobre el hijo extramatrimonial del expresidente Menem, la justicia local primero condenó a Noticias. Eso fue a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y hubo un fallo finalmente a favor de Fontevecchia y de la revista Noticias porque estaban amparados dentro de lo que es la libertad de expresión. Entonces se condenó al Estado argentino a rever esa sentencia porque estaba violando estándares internacionales y la Corte Suprema de Justicia de la Nación después revirtió el fallo, dándole la razón al medio que había publicado esa información. O sea que hay antecedentes. Lo que estamos viendo es una actitud de un juez que modifica el criterio de interés público según una cuestión coyuntural.

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