Sección

El respeto al derecho ajeno es la paz

Américo Schwartzman

Amanecimos todos con la noticia: el gendarme del planeta, en toda su impunidad, hace lo que se le canta. Como todo imperio en decadencia, cree que puede hacerlo y que no hay nadie en el mundo que lo pueda frenar.

En nombre de “la libertá” se caga abiertamente en el derecho internacional. Y un coro de necedad y estolidez, de incoherencia explícita e hipócrita, lo aplaude.

Mientras se incendia lo poco que queda del “orden internacional” que, paradójicamente, ese mismo imperio había impulsado como construcción global en la segunda mitad del siglo pasado.

Qué tiempos increíbles que estamos viviendo. Y todo lo que, seguramente, veremos aún. (Y no va a faltar la persona pavota o de mala fe que escriba acá abajo que yo soy un “madurista” o algo así. Ah sí.

Porque no pueden, como alguna vez escribió Rodolfo Walsh, “tener dos ideas en la cabeza al mismo tiempo”.

Si te parece una atrocidad que un gobierno, el que sea, se atribuya la potestad de violar de esa manera el derecho internacional, ah, es que seguro defendés y apoyás al régimen afectado por esa medida.

No logran tener dos ideas a la vez en el cerebro, tanto les ha afectado el fanatismo y la indignación selectiva.)

Por último, no hay mejor momento para recordar la frase inmortal del presidente Benito Juárez, aquel sabio mandatario de sangre zapoteca que tuvo México en el siglo XIX, un liberal en serio (cuya existencia y pensamiento seguramente ignoran la caterva de “liberales” y “libertarios” que hoy usurpan esas denominaciones): “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Repítanlo, reléanlo: el respeto al derecho ajeno... eso es la paz.

Algún día, quizás segundos antes de extinguirnos, lo entenderemos.

Edición Impresa