Sección

Entre la propaganda y el peligro real: Venezuela, Trump y el déjà vu de siempre

Germán Andrés Nobile

Acabo de ver una de esas piezas que confirman por qué Fox News se ha convertido en una máquina de propaganda de extrema derecha, alineada sin pudor con Trump y su séquito. Y no puedo evitar preguntarme: ¿ahora qué va a pasar?

Hace apenas unos días muchos celebraban, con una alegría prematura, que Maduro “ya no estaba en el poder”. Pero cualquiera que haya seguido mínimamente la historia venezolana —y no desde un estudio de TV en Miami o Nueva York— sabe que Venezuela no dejó de estar controlada por el mismo entramado chavista. Cambian nombres, cambian caras, pero el sistema sigue ahí. Los responsables de la tragedia venezolana no desaparecieron por arte de magia.

Lo verdaderamente peligroso no es solo lo que ocurre en Venezuela, sino la imprevisibilidad de Trump. Hoy ordena a ciudadanos estadounidenses salir del país “cuanto antes”; mañana se despierta, habla con uno de sus dictadores favoritos —Putin, por ejemplo, que irónicamente también tiene pedidos de captura internacionales— y de pronto los mismos chavistas pasan a ser “buena gente”. Total, el petróleo sigue fluyendo y las mentiras también, como las que Putin repite mientras bombardea escuelas, hospitales y jardines de infantes en Ucrania. Sí, Rusia hizo eso.

No sería la primera vez que a un pueblo se le promete que será “la Suiza de Sudamérica” mientras por detrás se negocian recursos, se arman milicias y se deja un país devastado. Para quienes vivimos en Estados Unidos —la mayoría de los ciudadanos comunes, incluidos muchos republicanos de bien— no queremos otra guerra interminable. No queremos más intervenciones que destruyen economías, países, bosques, animales y miles de vidas inocentes, para luego irse dejando ruinas, caos y violencia, como pasó en Irak o Siria.

Parte del problema también está en casa: los ladrones de guantes blancos, enquistados en el poder desde hace décadas, que se benefician del conflicto permanente. Me duele solo imaginar que lo poco que queda de Caracas termine reducido a escombros por bombardeos, simplemente porque un líder narcisista, inseguro y malcriado decidió que ya no necesita fingir que es una “buena persona”. Bombardear, destruir y robar recursos: un plan tristemente conocido. Bush padre, Bush hijo… ¿por qué no el hombre anaranjado?

Y aun así, hay quienes siguen apoyándolo, aun frente a denuncias gravísimas, incluyendo abusos sexuales, incluso a menores. Tal vez algún día veamos todas las pruebas, si es que no fueron convenientemente destruidas por quienes hoy lo protegen, como Pam Bondi y otros “amigos” del poder.

Esto no va de izquierda o derecha.Va de memoria, dignidad y sentido común.Y de no volver a creer, una vez más, que destruir un país es la forma de “salvarlo”.

Fuente: Orilla y Media

Edición Impresa