Kristi Noem en Nueva York, el 8 de enero, tras un atril con un lema nazi.
Carla Gloria Colomé
La pauta se encargó de ponerla el hombre más rico del mundo. El mismo día de la investidura del presidente Donald Trump, Elon Musk colocó su mano derecha en el pecho y luego subió el brazo en diagonal, un gesto lapidario que hizo disparar las alarmas desde el auditorio del Capital One Arena de Washington: ¿se trataba del saludo de nazi? ¿El Tercer Reich reencarnaba ahora en los Estados Unidos MAGA? Un año después de la vuelta del trumpismo a la Casa Blanca, y con ello un auge de la ideología supremacista, las señales y referencias al fascismo, el nazismo y el supremacismo blanco están presentes en numerosas comunicaciones de la Administración.
Han sido los líderes sindicales algunos de los últimos en sonar la alarma con la retórica supremacista del Gobierno. El motivo llegó el fin de semana pasado de mano del Departamento de Trabajo, cuando en sus redes sociales compartieron una animación con la estatua del presidente George Washington, acompañada de las palabras: “Una patria. Un pueblo. Una herencia. Recuerda quién eres, estadounidense”. Rápidamente, comenzaron a cuestionarse si la frase era una referencia a una usada por la maquinaria de propaganda nazi, que rezaba: “Ein Volk, ein Reich, ein Führer”, es decir, “Un pueblo, un imperio, un líder”.
El debate público se acaloró: “El Departamento de Trabajo de Estados Unidos está utilizando un lema nazi adaptado. Esto supera los límites de la depravación”, comentó un usuario en X. “¿Sabes que esa es una frase nazi de la Segunda Guerra Mundial, palabra por palabra, verdad?”, les dejó saber otro, al acompañar su opinión con el cartel de la época donde aparece el eslogan junto a la imagen de Hitler.
Pero en los últimos días esta no ha sido la única instancia similar que ha generado controversia. El 8 de enero pasado, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ofreció una conferencia de prensa tras un atril, donde se leía: “Uno de los nuestros, todos los suyos”, lo cual también ha sido denunciado por tratarse de un lema fascista para justificar represalias colectivas por parte del nazismo y el franquismo en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española, aunque el origen de la frase está en disputa. No obstante, que llegara en medio de la tormenta y el repudio a la ofensiva migratoria del Gobierno tras el asesinato de Renee Good en Minneapolis a manos de un agente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), solo ha hecho más fuertes las respuestas.
La retórica no termina ahí: este miércoles, la Casa Blanca publicó en X una caricatura de dos equipos de trineos groenlandeses con tres huskies cada uno, apuntando hacia la elección de una imagen de cielos azules sobre Washington o una escena tempestuosa junto a la Gran Muralla China y la Plaza Roja en Rusia. Junto a la imagen, una sola pregunta: “¿Qué camino, hombre groenlandés?“. A primera vista, simplemente parece una manifestación de los deseos del presidente Trump de anexionar Groenlandia, que pertenece a Dinamarca. Sin embargo, la publicación también fue denunciada por ser una referencia a un libro canónico de los círculos de extrema derecha estadounidense titulado ¿Qué camino, hombre occidental?.
“Los responsables políticos de esta Administración y agencias como el Departamento de Seguridad Nacional y otros ya casi no se molestan en usar mensajes subliminales ni lenguaje codificado”, aseguró al diario El País Wendy Via, presidenta y fundadora de la organización Proyecto Global Contra el Odio y el Extremismo (GPAHE, por sus siglas en inglés). “Están utilizando descaradamente referencias supremacistas blancas y nazis en sus imágenes y lemas, en un intento de reclutar personal e influir en el pensamiento estadounidense. Ya ni siquiera intentan defender sus acciones. Su vergonzosa resurrección de la propaganda de la América blanca, similar a la de hace décadas, ilustra perfectamente la visión de esta Administración sobre cómo debería ser el futuro de Estados Unidos”.
En ese esquema ultranacionalista y blanco, el contrario sobra. Ese contrario puede ser lo mismo un wokista que un migrante. Desde los inicios de la Administración, la orden fue desfinanciar, debilitar y desaparecer todo lo diferente. Así se implementaron órdenes ejecutivas para eliminar la ideología de género o los programas de inclusión, al mismo tiempo en que se echaba a andar la cruzada migratoria que sumó unos 1,6 millones más a los casi 15 millones de indocumentados en el país y que ha expulsado más de 600.000 personas.
“Desde el primer Gobierno de Trump, nuestro análisis ha sido que MAGA es un movimiento fascista basado en la supremacía blanca, el odio patriarcal hacia las mujeres y las personas LGBT, y una xenofobia despiadada de Estados Unidos Primero”, asegura Coco Das, miembro de la Junta Directiva Nacional del movimiento Refuse Fascism. Para Das, más peligroso que cualquier símbolo es “el hecho de que esta ideología está guiando las políticas y transformando todo el Gobierno y la sociedad”.
La Administración ha implementado desde el inicio un programa de divulgación que a muchos ha transportado hasta la Alemania nazi o la Italia fascista. Algo que llamó la atención fue cuando la Casa Blanca compartió, junto al DHS, la pintura de 1872 El progreso americano, de John Gast, símbolo de la expulsión forzada y exterminio de los nativos americanos por parte de los colonos blancos y de la teoría del “Destino Manifiesto”, pero que ahora era utilizada para calzar la retórica antiinmigrante. Al lado de la imagen se podía leer: “Una herencia de la que estar orgullosos, una patria que vale la pena defender”.
Trump ha aparecido en carteles imitando saludos militares, con el fin de reclutar oficiales para una agencia que el pasado año redobló su personal hasta 22.000 agentes. Asimismo, otros materiales publicitarios han formado parte de la retórica nacionalista blanca de todo un año de Administración republicana: desde El Tío Sam pidiendo denunciar a los “invasores extranjeros”, hasta otros mensajes del Departamento de Trabajo en el que reclaman que “Estados Unidos es para los estadounidenses”, que ha sido comparado con el lema del nazismo que decía “Alemania es para los alemanes”.
Los paralelos no se limitan a las redes sociales o a los círculos que monitorean el extremismo. Son los tiempos del ICE como “La Gestapo moderna de Donald Trump”, en palabras del gobernador de Minnesota, Tim Walz, que la comparó sin tapujos con la policía secreta de la Alemania nazi. O los tiempos en que se ha vuelto a entonar, con fuerza y sin velos, el tema Por Dios, recuperaremos nuestro hogar, una canción popular en los círculos nacionalistas blancos e himno de los Proud Boys. Incluso el actor Robert DeNiro ha comprado a Stephen Miller, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca y principal ideólogo de la política antiinmigrante, con Joseph Goebbels, el jefe de propaganda de Hitler.
Via, la presidenta de GPAHE, insiste en que es imposible dejar de pensar en “la naturaleza peligrosa de este discurso”. “No solo socava nuestros valores democráticos, sino que apoya, e incluso fomenta, en algunos casos, acciones dañinas, si no violentas”, sostiene. “Hay muchas cosas en las que los estadounidenses discrepan razonablemente, pero creo y espero que cada día más personas se den cuenta de que estamos en un camino hacia el autoritarismo, donde se ignoran los principios de nuestra nación y que nuestro Gobierno se está convirtiendo en algo a lo que temer”.
(*) Este artículo de Carla Gloria Colomé fue publicado originalmente en el diario El País de España.




