Innovación y educación en red: el camino compartido entre lo público y privado hacia el desarrollo sostenible.
A través del diálogo, la constancia y la creatividad se ofrecen herramientas para superar la incertidumbre que a veces marcan el pulso de las decisiones colectivas. Ahora, hay señales que invitan a pensar en clave de esperanza. Una de ellas se encendió en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional Regional Paraná, donde el Consorcio de la Asociación para el Fomento de la Innovación y el Desarrollo del Emprendimiento en Entre Ríos (AFIDEER) llevó adelante su segunda reunión del año. Allí, entre diagnósticos, propuestas y visiones compartidas, se delineó algo más que una planificación estratégica: se trazó una hoja de ruta que busca articular saberes, tender puentes y democratizar oportunidades.
El encuentro, encabezado por Héctor Motta junto al decano Alejandro Carrere, dejó en claro que el desarrollo ya no puede pensarse desde compartimentos estancos. La producción, la educación y la innovación necesitan dialogar de manera permanente. Y en ese entramado, el rol de las universidades se vuelve central, no solo como espacios de formación, sino como verdaderos motores de transformación social.
La propuesta de “llevar al alumnado a la tarea de lo desconocido” -planteada por Motta-, no es apenas una consigna pedagógica: es una definición política en el mejor sentido del término. Implica formar profesionales capaces de moverse en escenarios cambiantes, de asumir riesgos y de construir soluciones allí donde todavía no hay respuestas. En esa línea, la integración de las cátedras que llevan su nombre en la Universidad Adventista del Plata y en la Universidad de Salamanca proyecta una red de conocimientos que trasciende fronteras y fortalece la vinculación internacional.
Pero, si algo quedó en evidencia durante la jornada es que el conocimiento ya no puede permanecer encapsulado. La democratización de los saberes se vuelve una necesidad urgente en sociedades que demandan mayor equidad. En este sentido, la participación activa de instituciones como la Universidad Autónoma de Entre Ríos, la Universidad Católica Argentina sede Paraná y la Universidad Nacional de Entre Ríos demuestra que existe una voluntad concreta de abrir las puertas del conocimiento a la comunidad.
Los proyectos presentados por la UADER, centrados en el vínculo entre emprendedorismo e inteligencia artificial, reflejan una mirada atenta a los cambios de época. La tecnología, lejos de ser un fin en sí mismo, aparece como una herramienta para ampliar horizontes, generar oportunidades y repensar las formas de producir. En paralelo, la UTN Regional Paraná profundiza su trabajo en la aplicación concreta de estas tecnologías en la industria, evidenciando que el diálogo entre lo académico y lo productivo no solo es posible, sino necesario.
La experiencia de la Universidad Adventista del Plata aporta otro componente clave: el arraigo territorial. Sus iniciativas en economía circular y su trabajo con emprendedores de Villa Libertador San Martín muestran que el desarrollo no se impone desde arriba, sino que se construye desde el territorio, con identidad y compromiso comunitario. En esa misma línea, la aspiración de consolidar a la localidad como un referente en economía circular habla de una visión que combina innovación con sostenibilidad.
Por su parte, la Universidad Católica Argentina introduce una dimensión muchas veces relegada en el universo emprendedor: el bienestar. Sus propuestas vinculadas a la salud organizacional y la gestión emocional recuerdan que no hay desarrollo posible sin personas que puedan sostenerlo. En un contexto donde el estrés y la incertidumbre son moneda corriente, pensar en emprendedores saludables es también apostar por proyectos más sólidos y duraderos.
La Universidad Nacional de Entre Ríos, en tanto, asume un rol estratégico en la coordinación del Desafío de Innovación 2026, una iniciativa que no solo impulsa ideas, sino que acompaña procesos. La incubación de proyectos surgidos en la edición anterior marca un punto de inflexión: ya no se trata solo de premiar la creatividad, sino de sostenerla en el tiempo, brindando herramientas para su desarrollo y consolidación.
En este entramado, el diálogo entre lo público y lo privado aparece como una condición indispensable. No como una consigna vacía, sino como una práctica concreta que se materializa en cada proyecto compartido, en cada mesa de trabajo, en cada decisión consensuada. La presencia de actores como la Bolsa de Comercio de Entre Ríos y distintos referentes institucionales da cuenta de que el desarrollo requiere de miradas diversas, capaces de complementarse y potenciarse.
Lo que se gestó en esta reunión de AFIDEER es, en definitiva, una apuesta colectiva. Una convicción de que el conocimiento, cuando se comparte, se multiplica; de que la innovación, cuando se articula, se vuelve más potente; y de que el futuro, cuando se construye en diálogo, deja de ser una promesa lejana para convertirse en una posibilidad concreta.
Participaron también del encuentro Luciano Filipuzzi, rector de Uader; Gisela Müller, decana de la Facultad de Ciencias Económicas de UAP; Paula Nesa, decana de la Facultad Teresa de Ávila de la UCA Paraná; Gabriel Gentiletti, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNER; Eduardo Zamboni, secretario de Gestión Económica Financiera y del Talento Humano de UTN; Nicolás Quaranta, secretario académico de UAP y director de la carrera de Administración; Alcides Balla, presidente de la Bolsa de Comercio de Entre Ríos; Arturo Finis, vicerrector de Comunicación y Relaciones Institucionales de UAP; Alejandra Morales, secretaria de Vinculación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería de la UNER; Diego Álvarez Daneri, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de UTN y coordinador del Polo Tecnológico del Paraná; Evelyn Molina, coordinadora de AFIDEER; y María Isabel Chemez, coordinadora de posgrado de UCA sede Paraná.
En una provincia que históricamente ha sabido reinventarse, estas iniciativas abren un horizonte alentador. Porque allí donde la educación se encuentra con la producción, donde la tecnología se pone al servicio de la comunidad y donde las instituciones deciden trabajar juntas, emerge una certeza: el desarrollo no es un destino, sino un camino que se construye entre todos.






